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Muy Interesante Extra Historia - 08 2018

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РЕЛИЗ ПОДГОТОВИЛА ГРУППА "What's News" VK.COM/WSNWS
ES
EDICIÓN
ESPECIAL
AÑO 2018 / Nº6
10
pers
onaje
que m
s
a
su vircaron
da
El origen del clan
El fracaso
en Vietnam
¿JFK vs. Trump?
Violencia racial
y derechos civiles
El asesinato y la
maldición familiar
El mundo al borde
de la guerra nuclear
La carrera espacial
y la conquista de la Luna
pág.
30
JOHN F.
KENNE
Perú S/. 12.00 Soles
ÍCONO DEL SUEÑO AMERICANO
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Arte
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De
Mú
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Misterios y
Enigmas
a
La historia en cómic
Coleccionables del conocimiento
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sumario
04 El peso de la estirpe
John F. Kennedy fue parte de una
familia que revestía un halo de
triunfo y grandes cualidades
promovido por el patriarca.
10
personajes que
marcaron la vida
de Kennedy
Amigos, enemigos
y familiares.
12 La fallida invasión
En abril de 1961 los anticastristas
enviados por la CIA a la isla para
derrocar al gobierno cubano fueron
vencidos por Fidel.
30
24 El fracaso en Vietnam
Al conflicto armado para impedir un
gobierno comunista en el país asiático se
unió EUA directamente a partir de 1964.
18 El mundo al borde
del abismo
Una guerra nuclear estuvo
a punto de desatarse. Así se
vivieron los 13 días más tensos
de la presidencia de Kennedy.
muyinteresante.com.mx
1
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sumario
38 Del
Sputnik al
suelo lunar
En la carrera espacial, Kennedy
comprendió que
sólo con una
gran inversión y
una apuesta decidida EUA vencería a la URSS.
46 Una lucha
inacabada
Aunque al inicio su postura fue
tibia, la violencia racial lo llevó
a adoptar una política más
audaz por los derechos civiles.
52 Hacia una nueva frontera
Fue el lema de campaña de JFK rumbo a
la Casa Blanca. Contagió a la ciudadanía y
todo ello fue captado por las cámaras.
Edición Chile
Marisol Camiroaga M.
Directora General de Revistas
Francisca Vives
Editora Ejecutiva
Natalia Bindis
Constanza Vivanco
María Fernanda Aguirre
Coordinadoras Editoriales
Marco Ramírez
Corrector de Estilo
Arte
Elisa Court
Bernardita Cardone
Directora de Arte
Ignacia Rogers
Diseño
Colaborador
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Diseñador
María Eugenia Goiri Rayo
Gerenta General Chile
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Gerenta de Ventas
Josefa Larraín
Coordinadora Comercial de
Proyectos y BTL
Rebeca Salas
Gerenta de Venta Directa
Finanzas
Juan Carlos López
Gerente de Administración
y Finanzas
Marketing y Publicidad
María Paz Aguirre
Gerenta de Marketing
Circulación
Rodrigo Gamboa Espinoza
Gerente
Producción
Gustavo Briones
Coordinador General
de Producción
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Coordinadora
Edición México
Francisco Villaseñor Tadeo
Director Editorial
Editorial
Gerardo Sifuentes
Coordinador Editorial
Arte
Manuel Arrubarrena Luna
Coordinador de Arte
Carlos E. Balan Lara
Diseñador
Alberto Calva
Corrector de Estilo
TELEVISA PUBLISHING INTERNACIONAL
60 Cambio
Porfirio Sánchez Galindo
Director General
Mauricio Arnal
de rumbo
¿JFK vs. Donald
Trump? Ambos parecen estar en lugares
opuestos, pero los dos
alimentaron la misma idea: el cambio.
Director General de Administración y Finanzas
La revista mensual
para saber más de todo
66
El presidente
en la mira
Contra JFK estaban
Cuba, anticastristas, la URSS, la
CIA, la mafia y el
Pentágono. Pero
¿realmente hubo
una conspiración?
2
muyinteresante.com.mx
74 Los
Kennedy:
una saga
maldita
El asesinato de
JFK se ubica en
una larga lista de
muertes y accidentes en el clan
familiar que
creó el mito de
una maldición.
Suscripciones: suscripciones@televisa.cl
Call Center: 6005955000 - 2 595 5000
Editorial Televisa Chile, Rosario Norte 555, Piso 18,
Las Condes, Santiago, Chile.
© MUY INTERESANTE. Marca Registrada. Año XXXV Nº 6. Fecha de publicación: julio 2018. Edición especial de la
revista mensual, editada y publicada por EDITORIAL TELEVISA CHILE, S.A., Rosario Norte 555, piso 18, Las Condes,
Santiago, Chile. Tel. (562) 595-5000. Fax (562) 595-5000 ext 6930,mediante convenio con EDITORIAL ZINET TELEVISA,
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JOHN F. KENNEDY
El peso de la
Orígenes y primeros años de JFK
Quienes habían tratado al futuro
presidente en su infancia conocían bien
sus raíces: una familia que revestía un
halo de triunfo y grandes cualidades.
Por José Ángel Martos
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muyinteresante.com.mx
Descendiente de políticos
Esta conciencia de sobresalir, de ser especiales, había
sido alimentada de modo incesante por el padre, Joseph
Patrick Kennedy –conocido como “Joe”– y su esposa Rose
Elizabeth Fitzgerald. Ambos pertenecían a su vez a sendas familias de Boston que habían logrado ya un singular
éxito en la vida económica y política. En particular, la de
la madre, Rose, cuyo progenitor, John Francis Fitzgerald,
fue el primer alcalde de Boston católico de origen irlandés.
El abuelo Kennedy también había hecho carrera política,
logrando ser elegido en las cámaras legislativas regionales
del estado de Massachusetts.
La fe católica y tener ascendencia irlandesa eran los atributos principales que marcaban a los Kennedy, a los Fitzgerald y a tantos otros en el ambiente bostoniano de la época.
Eso los situaba a un lado de la raya social, enfrentados de
forma implícita a las familias protestantes, los patricios
FOTO: GETTY IMAGES
U
n destello especial. El fulgor del éxito
y la excelencia. Un atractivo natural.
Esas cualidades, que revestirían al
Kennedy adulto, no fueron algo que
naciera accidentalmente o que él hubiera necesitado cultivar de una manera particular. Charles Spalding, uno de
los mejores amigos de la infancia de John –o “Jack”, como
se llamaba ya entonces al futuro presidente–, lo explicaría
así: “Uno los contemplaba vivir sus vidas y tenía la sensación de que no había en el mundo gente más maravillosa
y más comprometida. Había acción sin fin, competencia
sin fin, gente estimulándose entre sí y jalando los unos de
los otros. Era así de sencillo: los Kennedy tenían la sensación de destacar, y esto se contagiaba a los que estaban en
contacto con ellos. Eran una unidad. Recuerdo que pensaba
para mí que no podía haber otro grupo semejante”.
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estirpe
Familia unida. Descendientes de
emigrantes irlandeses que habían
hecho fortuna, la ambición y el carisma
convirtieron a los Kennedy-Fitzgerald
en un poderoso clan que impulsó a
uno de sus miembros a la Casa Blanca.
de Boston: los descendientes de aquellos heroicos colonos
amotinados en 1770 contra la autoridad colonial de Gran
Bretaña, que habían tirado por la borda el cargamento de té
más famoso de la Historia como acto de protesta, iniciando el camino hacia la independencia estadounidense. Los
irlandeses, en cambio, no habían desembarcado en Boston
hasta un siglo después, a mediados del XIX, y lo habían hecho no movidos por grandes ideales, sino por la obligación
ineludible de emigrar para llenar sus estómagos. La Gran
Hambruna que asoló Irlanda entre 1845 y 1849, en la que escaseó incluso el alimento básico de su dieta de entonces, la
papa, los había arrojado a los barcos que se dirigían al Nuevo
Mundo en busca de la supervivencia. La rica Boston había
sido uno de sus principales puertos de destino; pero cuando
llegaron, lógicamente, eran los pobres, los emigrantes, los
muertos de hambre. Los protestantes así se los harían notar
en todas sus convenciones y sutiles apartheids sociales.
Emigrantes irlandeses
El primer Kennedy que vivió en Boston era uno de aquellos huidos de la hambruna. Patrick Kennedy, bisabuelo paterno del presidente, llegó a la ciudad a finales de
la década de 1840 y trabajó como tonelero, se casó con
Bridget Murphy y tuvo tres hijas y un hijo. Su vida se vio
prematuramente truncada al morir en 1858, con tan sólo
35 años, enfermo de cólera. Mayor éxito y longevidad
tuvo el bisabuelo materno, Thomas Fitzgerald, quien
después de un tiempo establecido en Acton, un pueblo a
40 kilómetros de la ciudad, y viendo que no prosperaba
como granjero, decidió mudarse a la ciudad y allí empezó a ganar dinero con todo tipo de trabajos de día y de
noche. Al atardecer, laboraba como encargado de una
taberna en el populoso gueto irlandés de North End. Con
el dinero que ganaba compró pisos que luego realquilaría a trabajadores irlandeses, un negocio que empezó a
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MUY INTERESANTE
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JOHN F. KENNEDY
Abuelo con don de gentes
Hambruna de Irlanda
de mediados del siglo
XIX obligó a emigrar
a Estados Unidos a
miles de irlandeses
católicos; fue el caso
de ambos ascendentes
de JFK. Arriba, sus
abuelos maternos,
los Fitzgerald, en una
foto tomada en 1922,
cuando “Honey Fitz”
ocupaba el cargo de
alcalde de la ciudad
de Boston.
Enlace de poder.
El matrimonio de los
padres de Jack significó
la unión entre dos
poderosas familias
ligadas a la política
bostoniana, católicas
e irlandesas. A la
derecha, un retrato de
los novios, Joe y Rose,
saliendo de la iglesia
tras su casamiento.
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otorgarle buenos réditos, con lo que su familia
empezó a prosperar por encima del promedio.
La fortuna de los Kennedy, en cambio, llegaría
una generación más tarde con el abuelo Patrick.
Como único hijo varón y huérfano de padre, tuvo
que dejar la escuela para empezar a traer dinero
a casa. Lo hizo trabajando como estibador en los
muelles de Boston. Ahorrativo y emprendedor, con
lo que guardaba compró en la década de 1880 una
taberna, a la que luego seguirían otras dos más.
De ahí dio el salto al negocio de la importación de
whisky. Por esa época John Francis Fitzgerald, el
otro abuelo, que había tenido una buena educación
en un colegio prestigioso y llegó a ir un año a Harvard a estudiar Medicina (lo dejó por la repentina
muerte de su padre), conseguía buenos trabajos
como contador e inspector de aduanas, y con los
ahorros creaba su propia compañía de seguros.
Unión de dos importantes familias
Esta elevada consideración paterna sería el principal impedimento a su matrimonio. El alcalde era consciente del interés de su hija por Joe
Kennedy –se habían enamorado cuando ella tenía
16 años y él 18–, pero consideraba al joven como
perteneciente a un escalafón social inferior al de
ellos, y él tenía grandes aspiraciones para su hija.
Y no es que Joe careciera de méritos. Desde los
15 años había demostrado tener un gran olfato y
vocación para los negocios, poniendo en marcha
todo tipo de iniciativas, siempre con vocación
de sacarles beneficio. La primera había sido un
equipo de beisbol en el que no sólo jugaba como
primera base, sino que también era el entrenador y representante. “Si no puedes ser capitán,
no juegues”, era la filosofía que ya por entonces
aplicaba. Esta vocación de liderar era consecuencia de sus lecturas de niño, que lo habían convertido en un admirador precoz de los grandes
empresarios de éxito de su época. Ya en Harvard
–fue todo un éxito que pudiera ingresar en la elitista universidad, algo nada fácil para una familia irlandesa a principios del siglo XX– puso en
marcha iniciativas muy sustanciosas, como la de
comprar junto a un amigo un autobús turístico a
un empresario en quiebra y dedicarse a conducirlo y servir como guías. Su inversión inicial de
FOTOS: GETTY IMAGES
Los padres de
la novia. La Gran
De los negocios, los dos abuelos de John saltaron
a la política. Con especial éxito en el caso de John
Francis, un personaje muy popular entre los irlandeses de Boston, quienes ya cuando ostentaba el
bastón de mando de alcalde lo seguían conociendo
por el jocoso apelativo infantil de “Honey Fitz”, que
se debía a su precoz afición a meter la mano en el
costal de azúcar que su padre tenía en su tienda.
Patrick Kennedy, en cambio, haría su carrera más
entre bastidores, convertido en un “fontanero” clave de la organización de los demócratas locales.
Así, no fue nada extraño que los hijos de dos
familias irlandesas tan prominentes se casaran.
De hecho, lo que estaba muy claro era que no se
desposarían con protestantes, pues a comienzos
del siglo XX las buenas familias de las respectivas religiones cuanto menos, se relacionaban
mejor. Joe Kennedy y Rose Fitzgerald eran dos
figuras de la alta sociedad católica, en especial
ella, la hija mayor del alcalde, por la que éste sentía una especial debilidad y a la que dio una infancia y juventud llenas de privilegios. Rose era,
ya en su juventud, toda una celebridad en Boston
que asistía a actos sociales y políticos, viajaba a
Europa y que se convertiría, durante el segundo
mandato de su padre, en su “primera dama”, rol
que a la madre no le gustaba ejercer.
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Ethel y Joan, alcanzadas por la maldición
A
FOTOS: GETTY IMAGES
unque la aureola de familia perfecta y triunfante
acompañaba a los Kennedy allá por donde iban,
también experimentaron profundos dramas que
marcaron la infancia y la juventud del futuro
presidente. El más próximo fue su propio estado de salud, un
quebradero de cabeza para sus padres y para los médicos,
quienes no sabían encontrar la causa de las muchas dolencias
que lo aquejaban. La más clara sería la de espalda, que en
1940 ya estaba diagnosticada, pero antes y después acudió
al médico por afecciones relacionadas con casi cualquier
parte de su cuerpo. Algunas eran tan severas que JFK estaba
convencido de que su vida iba a ser corta, y eso lo llevaba a
apurarla disfrutando de todo al máximo.
Aumentan las desgracias. El otro gran drama de su infancia
lo personificaba su hermana Rosemary, quien había nacido un
año después que él, en 1918. Tenía un trastorno cognitivo leve,
visible ya a los cinco años, por el que experimentaba un retraso
respecto a las habilidades que debería ya haber adquirido por
entonces. Su padre consultó a diversos médicos, preocupado
no sólo por ella (temía que su falta de juicio la llevara a quedar
embarazada en algún encuentro casual), sino también por la
influencia que ello pudiera tener en la carrera política de sus
hijos. Al final se decidió a que le practicaran una lobotomía en
1943, nueva técnica en la que cifraba muchas esperanzas. El
resultado fue un desastre y desde entonces tuvo que permanecer ingresada en hospitales hasta su muerte en 2005.
Un año después de la fracasada cirugía, los Kennedy iban
a recibir otro golpe terrible. El primogénito, Joe Jr., murió
600 dólares se transformó en 10,000, una rentabilidad estratosférica. Una vez licenciado, se dedicó a la banca y pronto brilló en ella. Creía que
las finanzas eran las raíces primordiales de las
que dependían todos los otros negocios. Superó
las oposiciones a inspector bancario y, ejerciendo esta profesión, encontraría una oportunidad
inaudita para ponerse al frente de un pequeño
banco, el Columbia Trust (muy vinculado a los irlandeses), que estaba a punto de ser absorbido.
Realizó una concienzuda campaña de lo que hoy
llamaríamos lobby y logró convertirse en su presidente con tan sólo 25 años. Convencido y seguro de sí mismo, declaró a la prensa que esperaba
ser multimillonario a los 35.
Por aquel entonces fue cuando Joe y Rose consiguieron por fin el permiso del padre de ella para
casarse. Habían sido novios durante más de siete
años. Sus dos primeros hijos nacieron en plena
Primera Guerra Mundial: Joe Jr. en 1915 y John en
1917. La primera chica, Rosemary, nació en 1918,
con una discapacidad cognitiva que iba a resultar un grave peso para la familia durante décadas.
Luego llegaron seis hermanos más, hasta completar un total de nueve hijos. El último fue Edward o
“Ted” Kennedy, quien nació en 1932.
Eunice Kennedy (a la izquierda), acompañada de su hermana
Rosemary, embarcando en Nueva York rumbo a Inglaterra.
en un accidente de avión en el frente europeo. Sucedió
mientras pilotaba un avión-bomba (una especie de precedente de los drones) del que debía saltar para dejarlo volar
en solitario hasta la Francia ocupada, donde el aparato se
estrellaría contra un objetivo prefijado de las fuerzas nazis.
Se trataba de una misión secreta, por lo que se desconocen
muchos detalles. El fatal accidente de Joe, quien tan sólo
tenía 29 años, sería un shock terrible para su padre, que
soñaba con convertirlo en presidente de Estados Unidos, y
cambiaría el destino de JFK, quien a partir de entonces sería
el candidato para alcanzar la soñada meta.
De los negocios, los dos abuelos de JFK
dieron el salto a la política, con especial
éxito en el caso de John Francis Fitzgerald.
El pasado de los ancestros que habían venido del
otro lado del mar no era algo de lo que se hablara mucho en casa durante la infancia del futuro
ocupante de la Casa Blanca. Por aquel entonces,
Joe Kennedy, a pesar de su incipiente éxito en los
negocios, no dejaba de ser un advenedizo, además
irlandés. Estaba luchando por hacerse un puesto en la élite, pero no se la ponían fácil y tendría
más de un desencuentro, como cuando lo vetaron
para el acceso a un importante club de campo. Así
que tanto él como Rose optaron por educar a sus
hijos en un patriotismo estadounidense que pusiera más el acento en el presente y el futuro, y no
tanto en el pasado. John no sabía gran cosa de sus
antepasados, más allá de sus abuelos. El materno
sentía gran debilidad por él: no era casual que JFK
llevara Fitzgerald como segundo nombre.
Competitividad entre hermanos
Ser el segundo hijo iba a resultar un aspecto decisivo en la infancia de JFK, en parte porque el padre
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MUY INTERESANTE
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JOHN F. KENNEDY
Una obsesión en los hombres de la casa
E
Fue muy sonado el affaire del entonces presidente
con Marilyn Monroe. En la foto, la actriz entre los hermanos
Kennedy, Robert (izq.) y John (der.), en Nueva York en 1962.
relaciones conyugales: “Esa idea tuya de que no hay romance
fuera de la procreación es simplemente equivocada. Eso no
era parte de nuestro contrato en el altar, el sacerdote nunca
lo dijo y los libros sagrados tampoco lo defienden. Y si tú no
abres tu mente en esto, le explicaré al sacerdote lo que haces”.
Pero estas admoniciones no hicieron mella en Rose. Cuando
nació su noveno hijo, Ted, le dijo a Joe: “No habrá más sexo”, y
a partir de entonces durmieron en habitaciones separadas.
El abuelo materno sentía debilidad por
John: no era casual que llevara Fitzgerald
como segundo nombre.
hacía competir constantemente a los dos hermanos mayores y en parte porque John siempre tenía
las de perder en estas pruebas.
La filosofía del patriarca Kennedy era la de que
había que luchar denodadamente por ser el primero en todo: ser el segundo no valía para nada. Eran
los principios que él mismo llevaba años siguiendo, desde que acuñara la frase sobre ser capitán
del equipo de beisbol, y le empezaba a ir muy bien
con ellos.Todo lo que un padre así podía desear de
sus hijos lo encontró en el mayor, Joe Jr.: alto, de
complexión física fuerte, dotado para los deportes
y volcado en cumplir con lo que se esperaba de él.
John también intentaba superar el exigente listón establecido por su padre, pero a él le resultaba
mucho más difícil. No gozaba de fortaleza física y
era bastante delgado, tanto que lo llamaban “Cara
de rata” en su juventud. Y por si estas condiciones no fueran suficientes para hacerle casi imposible vencer a su hermano mayor, se encontraba
con que éste se empleaba demasiado a fondo en
sus rivalidades. JFK hablaría más adelante de la
8
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“agresividad” con la que se comportaba con él,
aunque también señalaría que, con el tiempo, su
actitud se fue suavizando.
Durante los primeros 15 años de vida de John,
su padre estaba amasando un auténtico imperio económico que lo llevaría a esa condición de
multimillonario que había anunciado que conseguiría. Desde 1919 comenzó a operar en la Bolsa;
utilizando, eso sí, todo tipo de trucos y tácticas de
dudosa ética, desde manejar información privilegiada a aliarse con otros brókeres para controlar los precios o apostar por la caída de los títulos
para enriquecerse recomprándolos más baratos
(“bajistas”, en la jerga actual).
A mediados de los años 20 empezó también a invertir en estudios de cine y pasó largas temporadas
en Hollywood. Sus ausencias serían fuente de conflictividad con su esposa, quien soportaba mal la
carga de tener que ocuparse ella sola de los nueve
hijos. El matrimonio pasó por muchas crisis, pues
Joe también era muy mujeriego. Su amorío más sonado iba a ser precisamente con una actriz de Hollywood, la mítica Gloria Swanson, a la que conoció
en 1927. Ella necesitaba dinero para financiar sus
películas –estaba casi en bancarrota– y esto propició
que se desencadenara un tórrido affaire entre ambos y que Kennedy financiara tres de sus películas.
FOTO: GETTY IMAGES
s notorio que el sexo fue uno de los grandes motores
de la vida de JFK y toda una obsesión que lo convirtió
en un coleccionista de amantes. Fue así ya desde su
juventud y en particular desde que llegó al campus
de Harvard, donde gozaba de mucha independencia. “Ahora
puedo tener sexo con tanta frecuencia y tan libremente como
quiera”, le escribió a su íntimo amigo LeMoyne Billings, a
quien gustaba de ilustrar por escrito con detalles muy concretos de sus hazañas, como el número de veces que había
logrado llegar al clímax sexual con una conquista nocturna.
Sus biógrafos creen que parte de la obsesión se explica por
el modelo ejercido por su padre, cuyas correrías sentimentales, vox populi en Nueva York, sus dos hijos mayores conocían
muy bien. “Procura cerrar con llave la puerta de tu dormitorio.
El embajador tiene una cierta tendencia a deambular por ahí
de noche”, les decían con humor Joe Jr. y John a las chicas que
visitaban las residencias de verano de los Kennedy. Una mujer
bien conectada de la alta sociedad de Washington contó que
los dos hijos le habían pedido una reunión para que les sugiriera a qué chicas podía llamar el padre durante una estancia
en la capital, porque “necesitaba compañía femenina”.
Problemas conyugales. De hecho, el tema de las relaciones sexuales había sido un problema desde el principio en
el matrimonio entre Joe y Rose. Él se quejaba mucho de lo
mojigata que era ella en ese terreno. En los encuentros con
sus dos mejores amigos para jugar a las cartas los viernes por
la noche, Joe solía tachar a su mujer su poco interés por las
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Rivalidad fraternal.
Tanto Joseph Jr.
(aquí, a la izquierda
de JFK en 1925)
como John ingresaron
en la prestigiosa
Universidad de Harvard.
Abajo, el primogénito
practicando fútbol
americano en su etapa
universitaria. Arriba
a la izquierda, la
matriarca con Joseph,
Rosemary y John.
Para el patriarca Kennedy esta aventura significaba otra etapa de su triunfo absoluto, que parecía llevarlo a conquistar todo aquello que se
propusiera. Gloria Swanson era la actriz más deseada del momento, y un número uno como él no
podía aspirar a menos.
La necesidad de Joe de atender sus negocios en
Hollywood tendría otra consecuencia para la familia. El mismo 1927 en que conoció a la actriz,
los Kennedy en pleno abandonaban Boston para
mudarse a Nueva York, desde donde era más fácil
la comunicación por avión con Los Ángeles. Ése
era el motivo principal, pero también se movían
por una consideración de orden social no explícita: querían que sus hijos crecieran en un universo
más abierto y en el que el hecho de ser católicos
e irlandeses no supusiera un techo de cristal para
su aceptación desde jóvenes entre la élite.
FOTOS: GETTY IMAGES
De Boston a Nueva York
Así trataban de anticiparse a todo lo que sus hijos
necesitarían para llegar a lo más alto. Porque, en
lo material, nada alteraba la senda del éxito de los
Kennedy. Ni siquiera la Gran Depresión les afectó. Todo lo contrario: fue por entonces cuando la
fortuna amasada por Joe creció de manera exponencial, ya que supo eludir el crac bursátil del 29
y trasladar su inversión al mercado inmobiliario,
lo que se demostró como todo un acierto. En 1935,
cuando Estados Unidos vivía sus peores años, con
el hambre y el desempleo a sus anchas, Kennedy
acumulaba una fortuna estimada en 180 millones
de dólares (unos 3,000 millones al cambio actual).
LIBRO
Los Kennedy
D. Horowitz y P. Collier,
Tusquets, 2011. Cuenta
la compleja trama de
circunstancias que dio
lugar a la irresistible
ascensión al poder de
los Kennedy.
De este modo, la infancia de John y los demás
resultó una burbuja de comodidades y privilegios que los alejó del terrible drama que vivían
muchos de sus compatriotas. El propio JFK explicaría en una entrevista en la revista Time en 1960
lo poco que había sabido de lo que sucedía a su
alrededor: “No tengo conocimientos de primera
mano de la Depresión. Mi familia tenía una de las
mayores fortunas del mundo, y entonces se había hecho enorme. Teníamos casas más grandes,
más sirvientes y viajábamos más. Lo único que vi
directamente fue que mi padre contrató a algunos jardineros más para darles un trabajo que les
permitiera comer. En realidad, no supe nada de la
Depresión hasta que llegué a Harvard”.
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JOHN F. KENNEDY
Colaborando
con su país. El
ascenso político del
padre de JFK en el
Partido Demócrata
lo llevó a alcanzar un
puesto diplomático:
embajador de EE.UU.
en el Reino Unido
(arriba, a la derecha,
en una foto de 1939,
con el rey Jorge VI y su
esposa Isabel, padres
de la actual monarca,
Isabel II). Arriba, el
futuro presidente (de
pie, a la der.) enrolado
en la Armada, en la
base naval del Pacífico
Sur durante la Segunda
Guerra Mundial.
En estos años neoyorquinos, JFK se formó como
estudiante. Le iba bien en Lengua Inglesa y en Historia, materia por la que iba a sentir un gran interés. En cambio, se le dificultaban las Ciencias y, en
especial, el Latín. Sus calificaciones no eran brillantes. Un acontecimiento que iba a influirle en
gran medida en este tiempo fue el ingreso de su
hermano mayor en el internado de Choate. A John
le afectó su falta y su rendimiento bajó en proporción. Esto acabaría por provocar que él también
fuera enviado a un internado, pero distinto, hasta que sus protestas lograron que en septiembre
de 1931 a él también lo trasladaran a Choate para
cursar sus estudios de secundaria y prepararse
para ingresar en alguna universidad prestigiosa.
Universitario enfermizo
Por aquel entonces la gran preocupación de sus
padres sobre John era su endémica mala salud,
una constante desde sus años de infancia y que
siempre lo iba a acompañar. Su biógrafo Robert
Dallek escribe: “Desde que tenía tres años, no había pasado un año entero sin una aflicción física u
otra”. Con el inicio de la adolescencia, ya en 1930
había sufrido algunos episodios de adelgazamiento brusco y mareos por causa no identificada, pero
estando en Choate su situación empeoraría: pasaba constantemente por la enfermería, por una
razón u otra; no ganaba peso y llegó a ser ingresado en el hospital de New Haven. Los médicos incluso temían que padeciera leucemia, algo que no
se confirmó. Ése era en buena parte el problema:
no se conseguía detectar qué le ocurría.
Casi en plena postración, la etapa universitaria
de John comenzó en Princeton, pero no le gustó el
clima físico ni el humano (demasiado elitista), así
que consiguió que lo cambiaran a Harvard, donde
ingresó en el otoño de 1936.Volcado en los deportes, que practicaba con la avidez por la competitividad que su padre le había inculcado, también
empezó a desarrollar interés por los asuntos públicos: estudió Historia (hizo un trabajo sobre el
rey Francisco I de Francia, el gran rival de Carlos
V) y planeaba trabajar para el gobierno. Ahora
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bien, no participaba en las grandes causas progresistas que movían a sus jóvenes compañeros.
Eso se debía tanto a provenir de una familia rica
como a no adherirse nunca a nada de manera
desmedida, porque su padre le había transmitido que había que tener puntos de vista independientes y críticos hacia todo.
En algo en lo que también destacaba el joven
JFK era en la actividad social. Ya en su juventud
resultaba bastante popular y muchas veces era
votado por sus compañeros como el que más
probablemente iba a tener éxito en el futuro. Su
talante de ganador gustaba mucho y él lo mejoraba con su personalidad y simpatía. El director
del internado de Choate escribió acerca de él que
“en cualquier escuela habría conseguido cosas
simplemente con su sonrisa. Era una persona
muy agradable, encantadora”.
Sonrisa magnética... y algo más
Este éxito social incluía también las conquistas
femeninas. John no tuvo problemas nunca para
conseguir novias, algo en lo que por fin rebasaba
a su hermano. Más bien le sobraban, como afirmarían sus amigos de entonces. El más cercano
de ellos, LeMoyne Billings, recibía cartas de él
con relatos muy detallados y hasta cuantificados
de sus hazañas sexuales.
En diciembre de 1937, la vida de John y la de todos los Kennedy cambió de nuevo radicalmente
cuando su padre fue nombrado embajador en el
Reino Unido por el presidente Franklin Delano
Roosevelt. Era el máximo puesto diplomático al
que se podía aspirar en Estados Unidos. Para el
patriarca Kennedy resultaba un peldaño más en
su incontable lista de éxitos, y además lo deseaba
vivamente: un irlandés –o descendiente de irlandeses– codeándose con la realeza y la aristocracia
inglesa era algo que habría resultado prácticamente imposible de concebir años antes.
El joven John F. Kennedy también estaba fascinado por la vida que podría llevar: él también conocería a la familia real inglesa y a muchos otros
mandatarios europeos, como el nuevo papa, Pío
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El Grand Tour por Europa del joven John F. Kennedy
C
omo habían hecho los jóvenes caballeros anglosajones desde el siglo XVIII, JFK emprendió un Grand
Tour, un viaje iniciático por varios países de Europa,
durante el verano de 1937 y en compañía de su gran
amigo Billings. En Francia se informó con mucho interés de lo
que estaba sucediendo en la Guerra Civil española, a través
de los relatos de los refugiados. Tuvo incluso tiempo de asistir
a una corrida en Biarritz, que no le gustó. Tras verla escribió:
“Ahora creo todas esas historias de atrocidades entre los sureños, como los franceses y los españoles, ya que disfrutan con
escenas de crueldad. Creen que es una imagen muy divertida
ver cómo corre el toro por el ruedo arrastrando las tripas”.
XII. Viajaría por los lugares más selectos de Europa –París, Cannes, Roma, las estaciones de esquí suizas– codeándose con lo más granado de la
sociedad, residiendo en las embajadas, aumentando su libreta de conquistas... Únicamente el
estallido de la Segunda Guerra Mundial vino a
poner fin a esta etapa dorada.
Primeros pasos, primeros éxitos
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Regresó a Estados Unidos, y demostró que su
estancia no había sido tan frívola como él mismo parecía dar a entender por sus relatos. De
hecho, había ido recabando información para
su tesis doctoral, que convirtió en libro con el
título Por qué dormía Inglaterra (surgido de una
obra anterior del mismísimo Churchill, Mientras
Inglaterra dormía). En 1940, con tan sólo 23 años,
se convertía en autor. Obviamente, si no hubiera
pertenecido a la familia Kennedy y su padre no
hubiera sido el embajador en Inglaterra, ningún
editor se la habría publicado, pero eso no significa que la obra careciera de interés. Es más, obtuvo buenas ventas y críticas elogiosas, tanto en
Estados Unidos como en Inglaterra. Su tesis era
Amoríos extramatrimoniales. El idilio de
Gloria Swanson (aquí, en 1927) con el patriarca,
Joseph P. Kennedy, ayudó a la actriz a convertirse
en uno de los personajes más poderosos de la
industria cinematográfica del momento.
John posa con una mujer en un puerto de
Bélgica, durante su paso por Europa en 1937.
Aunque su padre trató de impedirlo, JFK
fue llamado a ilas y se enroló en la Marina:
su destino fue la guerra en el Pacíico.
que había que profundizar en la resolución de los
“numerosos puntos débiles” que tenía el sistema
de gobierno democrático para preservarlo de que
pudiera sucederle algo como a Inglaterra, que en
su opinión se había “dormido” ante la amenaza
nazi. Era una llamada al realismo en una política internacional de la que él creía que había que
desterrar los dogmatismos y las visiones ideales
y sentimentales sobre el mundo.
Pronto iba a tener ocasión de conocer los peligros
que, en efecto, ese mundo podía deparar a cualquiera. Cuando Estados Unidos finalmente entró
en la guerra tras Pearl Harbor, y a pesar de sus problemas de espalda –que se habían agudizado en
1940– y de otras cuantas afecciones importantes
más (sobre todo de estómago), John fue llamado a
filas. Se enroló en la Marina y fue destinado a la
guerra en el Pacífico, aunque su padre trató de impedirlo. John, que deseaba vivamente luchar, tuvo
que recurrir a las influencias de su abuelo, el antiguo alcalde, para ir al teatro de operaciones. Estuvo
en las islas Salomón, donde dirigió una embarcación patrullera con una tripulación de 12 hombres.
En una de sus salidas, la embarcación fue atacada por un destructor japonés, que la partió en dos.
En el agua y completamente lastimado, John logró
salvar la vida de uno de sus hombres con quemaduras graves, al que arrastró mientras luchaba
contra la corriente en condiciones muy difíciles.
Luego todavía tuvo fuerzas para sumergirse y
ayudar a dos soldados más. Su valerosa acción lo
convirtió en un héroe de guerra. A su vuelta, obtuvo tres medallas al valor.
Con la experiencia europea, con un libro publicado, sus condecoraciones de guerra y el entusiasta e
incondicional apoyo de su padre, todo estaba preparado para que JFK diera el salto a la política.
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JOHN F. KENNEDY
Desembarco en Bahía de Cochinos
La fallida
invasión
En abril de 1961, los anticastristas
enviados por la CIA para derrocar al
gobierno cubano fueron vencidos
por Fidel. El revés marcaría la política
exterior de JFK. Por Fernando Cohnen
U
na vez que tomó el poder en
Cuba, Fidel Castro trató de
disipar los temores del gobierno estadounidense asegurando que respetaría el
tratado de defensa recíproca
con Estados Unidos y las inversiones estadounidenses en la isla. En un tono
conciliador, el líder revolucionario mostró su apoyo a la prensa libre y su rechazo del comunismo.
Dos guiños con los que intentó apaciguar los ánimos en Estados Unidos, que en aquel entonces
era el mayor comprador de azúcar isleño.
A finales de 1959, el Che asumió el cargo de presidente del Banco Nacional y Fidel ordenó la intervención de varios medios de comunicación, como
el diario conservador Avance o el Canal 12 de televisión. En enero de 1960, cuando dio inicio el denominado “año de la confrontación”, las relaciones
entre EUA y Cuba se agriaron de tal modo que en
Washington ya nadie confiaba en la posibilidad de
un acuerdo con el gobierno revolucionario.
En aquellos días, John Fitzgerald Kennedy manifestó su intención de competir en las elecciones presidenciales estadounidenses de 1960. El 13 de julio
de ese año, Kennedy consiguió en efecto ser elegido
candidato presidencial por el Partido Demócrata;
era el segundo católico que lo lograba en la historia
del país. El joven político pidió a Lyndon B. Johnson
que fuera su candidato a la vicepresidencia,pues necesitaba su popularidad en los estados del sur para
ganar las que iban a ser consideradas las elecciones
presidenciales más reñidas de los últimos tiempos.
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Los temas de mayor importancia que se pondrían
sobre la mesa eran la creciente tensión con la Unión
Soviética, los éxitos rusos en la denominada carrera
espacial, los programas de misiles balísticos y, por
supuesto, el método más adecuado para frenar la
deriva revolucionaria en Cuba.
Mientras arrancaba la carrera presidencial en
Estados Unidos, el secretario de Estado, Christian
Archibald Herter, protestó en Washington por las
expropiaciones ilegales de propiedades estadounidenses llevadas a cabo por el gobierno revolucionario de Fidel Castro. Aquella protesta formal de Herter
coincidió con varios bombardeos sobre plantaciones
cubanas llevados a cabo por aviones encubiertos de
la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Los planes
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Un imposible acuerdo con
el gobierno revolucionario
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Del apoyo al rencor. Los votos del exilio cubano en
EUA recayeron en Kennedy, pero el presidente perdió su
confianza tras la fracasada invasión: le recriminaban no
haber recibido el apoyo suficiente para vencer al gobierno
castrista. En la foto, el matrimonio Kennedy en Florida.
estadounidenses para invadir la isla o para eliminar
a Castro y a otros importantes revolucionarios se
multiplicaron en los últimos meses de Eisenhower
como presidente de Estados Unidos.
Cuba, peón de los soviéticos
El nuevo candidato republicano para la Casa Blanca
era el vicepresidente Richard Nixon, cuya campaña a la presidencia incluía la promesa de resolver
el problema cubano y la amenaza a los castristas
de reducir las adquisiciones de azúcar isleño. Fidel
contraatacó anunciando la confiscación de todos
los latifundios extranjeros. El 4 de febrero de 1960, el
viceprimer ministro de la Unión Soviética, Anastás
Mikoyán, llegó a La Habana para firmar un acuerdo
comercial con los cubanos. Moscú aceptó comprar
casi medio millón de toneladas de azúcar ese año y
cuatro millones más en los siguientes cuatro años,
pagándolo con petróleo y otros productos. A partir
del quinto año, los soviéticos pagarían en efectivo.
Asimismo, Cuba recibiría un préstamo de 100
millones de dólares al 2.5 de interés a lo largo de
10 años para financiar la compra de maquinaria
industrial. La reacción de la CIA se produjo semanas
después. Al menos eso fue lo que pensó el gobierno
cubano, que denunció el sabotaje sufrido por el carguero francés La Coubre. Tras amarrar en el puerto
de La Habana, una tremenda explosión lo mandó a
pique. En sus bodegas transportaba armas de origen belga para el gobierno cubano.
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JOHN F. KENNEDY
Un gran recurso
natural. Desde el
siglo XIX, la economía
cubana dependió
en gran medida del
cultivo de la caña
de azúcar, producto
que intercambiaban
por otros recursos
no disponibles
en la isla, como
hicieron con la URSS
durante la Guerra
Fría. En la imagen
arriba, agricultores
trabajando en una
plantación de caña de
azúcar en 1960.
El 8 de mayo, el líder de la Revolución cubana
anunció la reanudación de relaciones diplomáticas
con Moscú. Cuba se convertía en un peón estratégico de los soviéticos en su Guerra Fría contra Estados
Unidos y Washington no estaba dispuesto a permitir que la isla, situada en el Caribe a pocas horas de
navegación de Miami, se convirtiera en una base
militar manejada desde Moscú. Pocos días después,
el nuevo agregado cultural soviético, Serguéi Kudriátzov, entregó sus credenciales a Castro. Éste le
informó las principales necesidades de Cuba para
defenderse de EUA. Entre otras armas, le pidió aviones, cañones antiaéreos y carros de combate. Los
soviéticos ofrecieron vehículos militares, armas y
tanques T-34 que habían sido utilizados durante
la Segunda Guerra Mundial, pero que eran de una
gran calidad técnica. Semanas después, las armas
soviéticas empezaron a llegar a la isla.
Entrenamiento para el desembarco
Durante la celebración del Primero de Mayo, Castro hizo hincapié en la amenaza de una invasión
inminente por parte de cubanos disidentes con la
ayuda más o menos encubierta de Estados Unidos.
Y así era: mientras su potente voz atronaba en La
Habana, la CIA instruía a cientos de cubanos anticastristas para organizar un desembarco en la isla.
Casi al mismo tiempo que los primeros barcos
cisterna rusos llegaban a La Habana, Castro ordenó
la confiscación de las refinerías de Esso y Shell.
Washington contraatacó reduciendo drásticamente la compra del azúcar cubana. En plena espiral
de represalias mutuas, el gobierno cubano nacionalizó las propiedades estadounidenses en la isla,
una medida contundente que echó abajo el último
puente de entendimiento que todavía conectaba
sus intereses con los de Estados Unidos.
Por su parte, Eisenhower y la mayor parte del Congreso estadounidense no supieron entender ni por
un momento que aquellos jóvenes nacionalistas
estaban dispuestos a todo con tal de quitarse de
encima la tutela de su poderoso vecino. En esa escalada de confrontación entre las dos naciones,
el presidente Eisenhower no dudó ni un instante
en impulsar las misiones encubiertas de la CIA en
la isla, cuyo objetivo era amedrentar a los revolucionarios, apoyar a los disidentes y, como colofón,
acabar con Fidel Castro.
Primera acción contra Castro. El vapor francés La Coubre (aquí) fue
saboteado en el puerto de La Habana el 4 de marzo de 1960. Sufrió una
explosión cuando se estaban descargando las armas y municiones que había
transportado desde Amberes, Bélgica, hasta la isla para el gobierno cubano.
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En la Primera Declaración de La Habana de septiembre de 1960, Fidel Castro no hizo alusión alguna al marxismo, pero advirtió a las naciones que
quisieran escucharlo que su gobierno impediría
las injerencias exteriores. El líder cubano agradeció el apoyo de la Unión Soviética, que había
anunciado el envío de fuerza militar a Cuba si ésta
era invadida por Estados Unidos. Era el anuncio
de la Crisis de los Misiles que se iba a producir dos
años después y que mantendría en vilo a todo el
planeta. Esta declaración fue la respuesta del gobierno cubano al documento salido de la Séptima
Reunión de Consulta de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizada
el 2 de agosto de ese año en San José, Costa Rica.
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El gobierno de Castro toma posiciones
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Cuba se alinea con la Unión Soviética
P
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oco antes de producirse la
invasión de Bahía de Cochinos,
el 15 de abril de 1961, Fidel
Castro proclamó en un discurso en La Habana el “carácter socialista”
de la Revolución y la enmarcó dentro
del conflicto con Estados Unidos y de
la Guerra Fría que enfrentaba a las dos
grandes potencias. A partir de entonces,
los dirigentes cubanos utilizaron sin
ambages el término “marxista”. Castro
dijo que Washington no les perdonaba
haber llevado a cabo una revolución delante de sus narices. A continuación, el
líder cubano tomó juramento al pueblo:
“Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria, ¿juran defender hasta la última gota de sangre esta
revolución socialista, de los humildes,
por los humildes y para los humildes?”.
Los asistentes al acto respondieron a
gritos: “¡Sí!”, “¡Somos socialistas!”, “¡P’alante y p’alante
y al que no le guste que
tome purgante!”.
Repercusión inmediata
del discurso. Una vez más,
la potente voz de Castro
y su fácil oratoria sedujeron a los habaneros. Al
presidente John F. Kennedy
no le debió gustar nada la
respuesta del pueblo cubano, ya que horas después
Pocos meses antes del intento de invasión de Cuba,
dio luz verde finalmente
su líder viajó a la URSS. Arriba, Fidel Castro en Moscú
junto al presidente soviético Nikita Kruschev.
a la invasión de Bahía de
Cochinos, llevada a cabo por 1,500 exitoda costa implicar a fuerzas militares
liados cubanos entrenados y financiados
propias en esa operación encubierta, lo
por la CIA. El cuerpo expedicionario cuque resultaba un tanto sorprendente,
bano no contó con apoyo de tropas tepues todo el mundo era consciente de
rrestres ni con cobertura aérea por parte
que la Casa Blanca preparaba algo así
del Pentágono. Kennedy quería evitar a
desde hacía tiempo.
En dicho encuentro el secretario de Estado estadounidense, Christian Archibald Herter, en abierta
alusión a la ayuda de la Unión Soviética a Cuba, expresó que “todo régimen comunista establecido en
cualquiera de las repúblicas americanas constituye
una intervención extranjera en América”. Herter
hizo una dura advertencia específicamente dirigida
a La Habana: “Un régimen semejante se convertirá,
automáticamente, por su propia naturaleza, en una
base de operaciones para la propagación de las ideas
comunistas, la infiltración, subversión e interferencia en los asuntos internos de toda América Latina”.
Al final del encuentro se aprobó un documento
que llevaba implícita una advertencia a Cuba de
atenerse a la disciplina del sistema interamericano
y a la carta de la OEA, con lo que quedaban abiertas
las puertas a una sanción futura. Por su parte, el
gobierno cubano condenó de manera categórica las
atrocidades y los crímenes del imperialismo estadounidense y proclamó el derecho de los oprimidos
a combatir por alcanzar reivindicaciones económicas,políticas y sociales y a decidir su propio destino.
Castro viajó a NuevaYork el 18 de septiembre para
asistir a la inauguración de la Asamblea General de
las Naciones Unidas. Se alojó en el Hotel Theresa,
ubicado en el barrio negro de Harlem, para mostrar
su solidaridad con la población de color oprimida.
En aquel hotel de la calle 125, el líder cubano recibió al presidente soviético, Nikita Kruschev; al
presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser; al primer
ministro indio, Jawaharlal Nehru, y al dirigente de
color Malcolm X, lo que no debió gustar mucho al
Congreso estadounidense.
Eisenhower no dudó ni un instante
en impulsar las misiones encubiertas
de la CIA en la isla, cuyo objetivo era
amedrentar a los revolucionarios.
En la Asamblea General, Castro y Kruschev acusaron a Estados Unidos de agresión e imperialismo,
reclamando el desarme nuclear global.El presidente soviético pasó a la Historia cuando interrumpió
el discurso del primer ministro británico, Harold
Macmillan, golpeando la tarima de la delegación
soviética con su zapato. El 15 de octubre, Castro
dispuso la confiscación de la propiedad urbana,
medida que afectó a intereses estadounidenses.
La respuesta de Washington se produjo poco después al decretar el embargo a la isla, salvo ciertos
alimentos y suministros. Cuatro meses más tarde,
en febrero de 1961,Washington endureció las medidas y el bloqueo comercial, económico y financiero
a Cuba llegó a ser prácticamente total.
Una ofensiva de 72 horas
El 1 de enero de 1961, Fidel Castro llevó a cabo un
desfile militar en La Habana para mostrar al mundo el armamento que había comprado a la Unión
Soviética. Dos días después, en una de sus últimas
medidas antes de abandonar la presidencia, Eisenhower cortó definitivamente las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Ese mismo
mes comenzó el mandato del presidente John Fitzgerald Kennedy, quien heredó de la administración
anterior los planes de invasión a Cuba.El 15 de abril,
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JOHN F. KENNEDY
El desastre en las playas cubanas
erosionó la igura de Kennedy, quien
para los anticastristas los traicionó.
JFK
Oliver Stone (1991).
El filme, ganador de
dos Oscar, indaga en
las diferentes teorías
conspiratorias sobre el
asesinato de Kennedy.
Una de ellas apunta
a la mafia cubana, en
busca de venganza
por el fracaso en Bahía
de Cochinos.
Planes para un nuevo intento
William K. Harvey fue el elegido para dirigir la misión de asesinar a Fidel Castro. Los 50 millones de
dólares que la CIA puso a disposición de Harvey
sirvieron para establecer una pequeña red de espionaje en Cuba. Antes de que la CIA pusiera en
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Cuba muestra sus armas. 400,000
efectivos del Ejército Revolucionario de
Cuba desfilaron por La Habana con el
armamento que habían comprado a la
Unión Soviética el 1 de enero de 1961.
marcha la Operación Mangosta, Rolando Masferrer,
antiguo colaborador del dictador Fulgencio Batista, había sido detenido en la isla caribeña por las
fuerzas de la Policía Nacional Revolucionaria en
marzo de 1959. Según afirmaron las autoridades
cubanas, el magnicidio que planeaba Masferrer
también fue organizado por la CIA.
Una de las misiones más espectaculares de la Operación Mangosta fue el envío a Cuba de unos 5 espías
y saboteadores en un submarino, aunque los resultados fueron escasamente significativos. Cuando
Washington supo que Castro había autorizado a la
Unión Soviética la instalación en Cuba de misiles
con cabeza nuclear, el hermano del presidente, Robert Kennedy, ordenó a McCone que detuviera las
operaciones encubiertas en la isla. Había llegado el
momento de negociar con Moscú y La Habana, y no
era adecuado que en aquel clima de crisis la CIA
siguiera operando en la perla del Caribe.
Preludio de la invasión. Días antes del ataque a Bahía
de Cochinos, los aeropuertos militares de la isla caribeña
sufrieron el bombardeo de ocho aviones estadounidenses
con insignias cubanas pintadas en el casco. Abajo, los
desperfectos causados en el aeropuerto de Santiago.
FOTOS: GETTY IMAGES; WARNER BROS. PICTURES/ LE STUDIO CANAL+
PELÍCULA
ocho aviones estadounidenses A-26 Invader (con
insignias cubanas) bombardearon los aeropuertos
militares de Ciudad Libertad y San Antonio de los
Baños y el Antonio Maceo de Santiago de Cuba.
Antes de que Kennedy llegara a la Casa Blanca, la
Administración de Eisenhower diseñó el plan para
derrocar definitivamente a Castro. Dicho plan, estructurado por la CIA, incluía entrenar, financiar y
armar a un grupo de cubanos anticastristas cuyo
objetivo era invadir la isla e instar a la sublevación
del pueblo. El 17 de abril de ese año, Kennedy dio luz
verde a ese operativo. Horas después, una expedición de alrededor de 1,500 hombres de la denominada Brigada 2506 desembarcó en Playa Girón y Playa
Larga (en la Bahía de Cochinos). Los invasores eran
latinos, mayoritariamente cubanos, y entrenados
en Nicaragua por la CIA. La expedición partió desde
Guatemala, lo que sirvió a la diplomacia estadounidense para negar cualquier conocimiento del asunto en Naciones Unidas, aunque posteriormente
Kennedy reconoció la participación de su gobierno.
El 18 de abril se produjo la contraofensiva de las
fuerzas cubanas dirigidas por el propio Fidel Castro. La invasión fracasó 72 horas después de haber
comenzado. Las tropas cubanas apresaron a 1,197
combatientes, que fueron juzgados y devueltos a
EUA a cambio de una indemnización en medicinas
y alimentos. Pocos días después, Castro reafirmó
su toma de partido en la Guerra Fría que enfrentaba a Estados Unidos y la Unión Soviética: “Anuncio
con entera satisfacción y con entera confianza que
soy marxista-leninista y seré marxista-leninista
hasta el último día de mi vida”.
Tanto la CIA como el Departamento de Estado
habían concluido que la única solución para resolver el problema cubano era derrocar al gobierno
revolucionario o asesinar a Fidel Castro. El presidente Kennedy pensaba lo mismo y ordenó a John
McCone, director de la CIA, que pusiera en marcha
una serie de operaciones encubiertas para desestabilizar la isla y eliminar a Castro. El conglomerado de sabotajes militares y atentados que encargó
Kennedy a McCone fue bautizado con el rimbombante nombre en clave de Operación Mangosta, sin
duda el segundo gran descalabro en política exterior del nuevo presidente.
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Documentos desclasificados
L
a reciente desclasificación de
documentos como el informe
de 1961 de Lyman B. Kirkpatrick,
que en aquellos años era inspector general de la CIA, revela nuevos
aspectos de la fallida invasión de Bahía
de Cochinos. Kirkpatrick reconoce tres
graves errores en la operación: la subestimación general por parte del gobierno
de Estados Unidos de la magnitud de la
invasión, la ceguera de Washington al
no incluir fuerzas militares estadounidenses en el desembarco y su negativa
a comprometer otros apoyos para asegurar el éxito de la misión. Otra nueva
fuente de datos sobre el episodio es un
libro de Richard M. Bissell, que en ese
momento era subdirector de operaciones encubiertas de la CIA.
Drástica reducción de recursos. El
autor admite dos fallas fundamentales:
no cederle al Estado Mayor Conjunto la
principal responsabilidad de la expedición y no decirle claramente a Kennedy
que la operación no era factible con
los cambios y limitaciones impuestos
a última hora por el propio presidente.
Meses antes de que se llevara a cabo
el desembarco, el coordinador general
de la operación, el estadounidense
Whiting Willauer, recomendó complementar la brigada de exiliados cubanos
con un contingente de unos 10,000
reclutas latinoamericanos, así como la
utilización de cazas desde bases aéreas
de Estados Unidos para proteger a los
B-25 que iban a bombardear puntos
estratégicos de la isla. Finalmente,
FOTOS: GETTY IMAGES; THE CUBA SOLIDARITY CAMPAIGN/ ARCHIVE
Traición a los cubanos exiliados
La fallida operación de Bahía de Cochinos, en la
costa sur de la isla, fue un duro revés para Kennedy,
pero evidenció la determinación de Estados Unidos
de impedir a toda costa que se instaurara un gobierno comunista en su patio trasero.El desastre en
las playas cubanas erosionó la figura de Kennedy,
quien desde entonces fue visto por los cubanos
exiliados como el político que los traicionó, permitiendo que el régimen de dictadura se alargara más
de cinco décadas.Pero es posible que esa crítica sea
injusta. Si la invasión no se hubiera producido, los
líderes revolucionarios no habrían tirado la toalla:
habrían actuado de la misma manera.
Kennedy desautorizó el apoyo aéreo y
el incremento de hombres que iban a
desembarcar en las playas cubanas.
El fracaso del desembarco también dañó la
imagen de Kennedy en la Unión Soviética. Desde
entonces, los soviéticos lo percibieron como un
presidente incapaz de controlar sus impulsos. Al
menos, eso fue lo que pensaron hasta que concluyó
la Crisis de los Misiles, momento en que Kennedy
enmendó sus errores, consagrándose como un
hábil negociador. Algunos analistas, como Carlos
Chirinos, de la BBC, creen que el desastre de Bahía de Cochinos impulsó al soviético Kruschev a
levantar el Muro de Berlín, aunque este razonamiento parece un tanto exagerado.
Lo que sí es cierto es que la beligerante actitud de
Washington provocó la reacción de la URSS, cuyo
gobierno ofreció al cubano la posibilidad de instalar
una base de misiles en la isla, capaces de alcanzar el
territorio estadounidense. Además de fastidiar a la
Casa Blanca, los soviéticos querían de esta manera
equilibrar la amenaza que significaba para ellos la
instalación de misiles estadounidenses en Turquía,
un Estado que hacía frontera con la Unión Soviética.
Una vez que los cubanos aceptaron el ofrecimiento
de los soviéticos, Kruschev y su gobierno dieron luz
verde al envío de misiles con cabeza nuclear capaces de disuadir a los militares estadounidenses de
intentar llevar a cabo nuevas invasiones de la isla.
Tras la llegada de los misiles, los soviéticos instalaron varias rampas de lanzamiento que poco después
fueron descubiertas por un avión espía estadounidense. Con las fotografías aéreas que demostraban
la presencia de misiles rusos en Cuba, Kennedy ordenó desplegar barcos y aviones para establecer una
cuarentena y un cerco alrededor de la isla. El mundo
contuvo la respiración durante los 13 interminables
días que iba a durar la Crisis de los Misiles.
Tras el fracaso de
la invasión, el inspector
general de la CIA,
Lyman B. Kirkpatrick
(arriba), elaboró
un informe en el
que recoge los
errores cometidos
en la misión.
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JOHN F. KENNEDY
La crisis de los misiles
El mundo
al borde del
abismo
A comienzos de la década de los 60 del
siglo XX, el frágil equilibrio entre los dos
bloques enfrentados en la Guerra Fría
–liderados por Estados Unidos y la
URSS– estuvo a punto de hacerse
pedazos en Cuba. Fueron los 13 días más
tensos de la presidencia de Kennedy.
Por José Luis Hernández Garvi
L
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produjo el desembarco de las fuerzas anticastristas, entrenadas y equipadas por Estados Unidos,
en las playas de la Bahía de Cochinos, situada en la
costa suroccidental de Cuba. Sin embargo, la invasión fue frenada en seco por la enérgica respuesta
de las fuerzas revolucionarias dirigidas personalmente por Castro. La falta del adecuado apoyo
aéreo y la ausencia de respaldo oficial y militar
del gobierno estadounidense a los desembarcados
contribuyeron a su aplastante derrota y al fracaso
de la operación en apenas 72 horas.
El fiasco de Bahía de Cochinos
La intervención de Estados Unidos en la fallida intentona de derrocar al régimen castrista provocó
la indignación de la opinión pública internacional
y una oleada de condenas y protestas. La situación
fue aprovechada por Castro para proclamar a Cuba
FOTO: GETTY IMAGES
as medidas políticas y económicas
adoptadas por Fidel Castro tras el
triunfo de la Revolución cubana
perjudicaron gravemente los intereses de Estados Unidos en la isla.
El giro radical hacia posiciones de
izquierda de su gobierno y las nacionalizaciones de empresas estadounidenses
provocaron la reacción de Washington. Durante
la administración del presidente Eisenhower se
aprobaron las primeras sanciones contra Cuba,
mientras la CIA elaboraba planes para una posible intervención militar en la isla. La posición
norteamericana se endureció cuando el 3 de
enero de 1961 Estados Unidos rompió relaciones
diplomáticas con La Habana, al mismo tiempo
que se aceleraron los preparativos para un golpe
contrarrevolucionario.
En el transcurso de su campaña electoral para
las presidenciales, John F. Kennedy se comprometió a prestar ayuda a los exiliados cubanos para
derrocar al régimen castrista en caso de ganar las
elecciones. Cuando Kennedy llegó a la Casa Blanca
se encontró con que estaban bastante avanzados
los detalles de un plan elaborado por la CIA bajo
la denominación Operación Must Go (“Debemos Ir”),
preparativos que siguieron su curso sin la intromisión del joven presidente. El 17 de abril de 1961 se
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como República Democrática Socialista, mientras
Nikita Kruschev, sucesor de Stalin y Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, se
apresuraba a lanzar una severa advertencia contra
cualquier nuevo intento de invadir la isla.
Lo sucedido en Bahía de Cochinos dejó en muy
mal lugar a Kennedy, al que los anticastristas y el
sector duro de Washington acusaron de ser el máximo responsable del fracaso de la invasión por no
facilitar apoyo militar estadounidense a la causa
anticastrista. El presidente quiso compensar su
error de estrategia dando luz verde a la Operación
Mangosta, nombre en clave de un plan de operaciones encubiertas diseñado por la CIA para atacar
objetivos económicos en Cuba, sabotajes que endurecerían las condiciones de vida en la isla forzando
así la caída del régimen comunista impuesto por
Castro. El órdago lanzado por los estadounidenses
obtuvo respuesta inmediata por parte de los soviéticos. Kruschev, con su habitual falta de tacto diplomático y sin prever las posibles consecuencias de sus
palabras y actos, se había comprometido a actuar
en caso de una nueva agresión de EUA contra Cuba.
Aceptado el desafío, el premier soviético no podía
dar marcha atrás a sus amenazas, subiendo una
apuesta que iba a ser difícil de igualar. El cuartel general de la Operación Mangosta se estableció en unas
instalaciones militares en desuso cerca del Parque
Zoológico de Miami. Bajo control directo de la CIA,
se entrenó a más de 3,000 mercenarios cubanos y
estadounidenses para llevar a cabo misiones encubiertas en la isla. La guerra subversiva contra el
régimen castrista incluyó operaciones militares de
comandos, atentados contra infraestructuras sensibles, destrucción de cosechas, sabotajes a los medios
de producción y asesinatos políticos.
El planeta contuvo
la respiración. Del
16 al 28 de octubre de
1962, las dos grandes
potencias, EE.UU. y la
URSS, se enfrentaron
a un conflicto en el
que la isla caribeña de
Cuba fue el escenario:
allí se emplazaron los
misiles que crearían
la mayor crisis de la
Guerra Fría. La supervivencia planetaria
dependió en buena
medida de los pasos
que dio John Fitzgerald
Kennedy (arriba, con
el alto mando militar
estadounidense).
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JOHN F. KENNEDY
Anuncio del bloqueo
naval. El 22 de octubre
de 1962 Kennedy se dirigió
al pueblo estadounidense
con un mensaje televisado
de 17 minutos en el que
habló por primera vez de
establecer un “cerco naval”
alrededor de Cuba.
Los intereses de la URSS
El gobierno cubano se sintió víctima de una campaña terrorista coordinada desde Estados Unidos y
en el transcurso de 1962 valoró las opciones a su alcance para dar una debida respuesta a la injerencia
externa. Fue entonces cuando Kruschev acudió en
su ayuda. El ambicioso Primer Secretario del PCUS
entendió la agresión estadounidense como una
oportunidad que debía ser aprovechada para extender la influencia de la Unión Soviética por el Caribe
y de allí a toda América del Sur. Decidido a pasar a
la Historia como el líder que venció definitivamente
al capitalismo, estaba convencido de que el destino
de la revolución socialista mundial se decidiría en
Latinoamérica. En esta estrategia, Cuba desempeñaría el papel de punta de lanza en el continente.
La CIA entrenó a más de 3.000 cubanos
y estadounidenses para llevar a cabo
misiones encubiertas en la isla.
El 29 de mayo de 1962, Fidel Castro recibió a una
delegación soviética que acudió a la isla para transmitirle la oferta personal de Kruschev. Como respuesta a los ataques amparados bajo la carpeta
de Operación Mangosta, la Unión Soviética estaba
dispuesta a instalar secretamente en Cuba varias
baterías de misiles con sus ojivas nucleares apuntando directamente al territorio de Estados Unidos,
medida disuasoria que debía servir para poner en
su sitio a la Administración Kennedy.
En un primer momento la propuesta soviética
generó ciertas reticencias pero, pasada la sorpresa inicial, Castro se entusiasmó con la idea. Con
los misiles ofertados por Moscú y la presencia en
la isla de varios miles de técnicos y asesores militares soviéticos, Cuba sería inexpugnable. Como
efecto secundario, Estados Unidos, amedrentado
por aquella intimidación, no pondría objeciones
a su deseo de exportar el proyecto revolucionario
cubano al resto de Latinoamérica. Desde el visceral
punto de vista de Castro, el ofrecimiento soviético
presentaba muchas ventajas y pocos inconvenientes, por lo que terminó aceptando.
El plan se pone en marcha
Cumpliendo con el compromiso adquirido, los soviéticos pusieron en marcha en el más absoluto
secreto la Operación Anádir, plan bajo el que se iba
a llevar a cabo el despliegue de los misiles en la
isla. El 4 de octubre de 1962 llegó al puerto cubano de Mariel el buque mercante ruso Indigirka. A
bordo transportaba la primera remesa de ojivas
nucleares para armar los 42 cohetes del modelo
R-12 que iban a instalarse en las 24 rampas de
lanzamiento previstas. Su potencial destructor
era 20 veces superior a todas las bombas aliadas
El teléfono rojo
20
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jeron precisamente durante la llamada
Crisis de los Misiles en Cuba.
En aquellos días los mensajes entre
Washington y Moscú tardaban horas en
ser desencriptados y traducidos por los
especialistas, un tiempo valioso que no
podía perderse cuando la espada de Damocles pendía sobre la paz en el mundo.
Comunicación fluida. Superada la
tensión de esas semanas, el 30 de agosto
de 1963 se estableció una línea de télex,
reforzada por otra de radio, que facilitaba la recepción inmediata de mensajes,
evitando así el riesgo de que los textos
fueran sacados de contexto dando lugar
a peligrosos malentendidos. En 1971 se
añadieron dos canales adicionales de
Cartel original del filme de Stanley
Kubrick Dr. Strangelove (1964).
comunicación vía satélite y a mediados
de la década de los ochenta entró en funcionamiento una línea de fax. Adaptado
a las nuevas tecnologías, hoy más que
nunca el teléfono rojo sigue jugando un
papel muy importante en la nueva era de
relaciones entre Estados Unidos y Rusia.
FOTOS: GETTY IMAGES; COLUMBIA PICTURES
P
rotagonista de numerosos libros
y películas, el teléfono rojo que
mantenía –y todavía mantiene– un canal de comunicación
directa permanentemente abierto entre el
Despacho Oval de la Casa Blanca y el del
premier ruso en el Kremlin se convirtió en
todo un símbolo de la Guerra Fría.
El término, acuñado por la prensa estadounidense, no se correspondía exactamente con la realidad. Instalado a finales
de agosto de 1963, al principio ni fue un
teléfono ni tampoco era de color rojo.
Más bien se trataba de una línea rápida
y fiable que respondió a la necesidad de
resolver los problemas de comunicación
entre ambos gobiernos que se produ-
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lanzadas durante la Segunda Guerra Mundial. El
contingente soviético incluyó bombarderos de
medio alcance, un regimiento de 40 aviones de
caza MiG-21, varios regimientos de infantería mecanizada y artillería antiaérea, además de otras
unidades militares, fuerza de combate que superaba los 47,000 soldados y que fue transportada
sigilosamente hasta Cuba en una flota compuesta por varias decenas de barcos mercantes. Pero,
en contra de lo que soviéticos y cubanos habían
previsto, su presencia no pasó inadvertida.
El 14 de octubre de 1962, aviones espía U-2 norteamericanos, en vuelo de reconocimiento sobre Cuba,
tomaron una serie de fotografías que revelaron la
inquietante presencia de algo que no debía estar
allí abajo. Después de analizar cuidadosamente las
imágenes, los analistas de la CIA acudieron el 16 de
octubre a Kennedy para informarle de la existencia
de lo que parecían ser misiles balísticos de fabricación soviética sobre suelo cubano.
La noticia proporcionada por los servicios secretos
estadounidenses causó la lógica conmoción en el
presidente, quien debía lidiar con una nueva crisis de
consecuencias inquietantes e imprevisibles. Como
el propio Kruschev declararía en 1963, Cuba era “la
espina que Kennedy tiene clavada en el gaznate”.
FOTOS: GETTY IMAGES; EFE/ ZUMA PRESS
Se anuncia el bloqueo naval a Cuba
La respuesta de Washington no se hizo esperar. El
22 de octubre, Kennedy se dirigió a la nación en un
mensaje radiotelevisado en el que expuso la amenaza a la que se enfrentaban, denunciando la presencia
de misiles soviéticos en suelo cubano. En el transcurso de su alocución habló de establecer un bloqueo
naval a la isla, medida de presión que debía servir
para que cubanos y soviéticos reconsideraran su
postura. Al día siguiente, barcos y aviones de guerra
estadounidenses establecieron un cerco alrededor
de Cuba cumpliendo las órdenes del presidente.
Como era de esperar, Kruschev no pudo quedarse
callado y el 24 de octubre dirigió a Kennedy un mensaje en términos amenazadores, en el que expresaba
que cualquier intento de interceptar a los barcos con
bandera soviética que navegaban rumbo a Cuba sería interpretado como un acto de agresión.
La escalada del clima de tensión que se desprende de estas declaraciones, pronunciadas de cara
al mundo, fue amortiguada por la realidad de los
hechos. Desde Moscú se radiaron órdenes para
que los buques redujeran la velocidad mientras se
abría la puerta a la posibilidad de una negociación
diplomática. En un principio ninguna de las dos
potencias parecía dispuesta a ceder, poniendo así
en riesgo la paz mundial. El estallido de una guerra
entre EUA y la URSS hubiera supuesto el uso masivo
de armas nucleares, lo que habría desencadenado
un auténtico Armagedón sobre la faz de la Tierra.
Reconociendo el territorio hostil. Estas vistas aéreas –tomadas por cazas
estadounidenses– pusieron al descubierto las bases de misiles nucleares de alcance
medio soviéticos que se hallaban en la costa cubana apuntando hacia Estados Unidos.
Ante este inquietante panorama quedaban dos
opciones: confiar en la cordura de los dirigentes políticos o ponerse a rezar. En medio del clima prebélico de aquellos días, fueron muchos los que optaron
por acudir a los templos a orar junto a sus familias.
Desde el 23 de octubre, aviones de combate estadounidenses violaron constantemente el espacio aéreo cubano en un claro acto de provocación.
Mientras tanto, en la Oficina Oval se palpaba la tensión. Kennedy tenía que hacer frente a las presiones de los militares y los representantes del sector
más duro de su administración, quienes exigían
desencadenar un ataque preventivo contra la isla
como respuesta al despliegue de los misiles soviéticos. Declarado el estado DEFCON 2 –nivel de
alerta de las Fuerzas Armadas estadounidenses
previo al lanzamiento de todo su arsenal nuclear–,
parecía como si muchos de los colaboradores del
presidente estuvieran esperando que se produjera
el menor incidente para dar la orden.
Mientras Kennedy aún confiaba en la resolución
pacífica de la crisis, la situación estuvo muy cerca
de alcanzar un punto de no retorno cuando a las
ocho de la mañana del sábado 27 de octubre un
avión U-2 fue derribado sobre el municipio de Banes, en el extremo septentrional de la isla, por un
Guerra o paz. Un
titular de The New York
Times revela el alcance
de lo que se decidió
en aquellas semanas
inciertas: “Kennedy,
listo para la confrontación con los soviéticos”.
La frase entrecomillada
se publicó solo unas
horas después de que
el presidente de EE.UU.
(abajo, en la Oficina
Oval), a través de la
radio y la televisión,
alertara a su país del
peligro que se cernía
sobre ellos.
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JOHN F. KENNEDY
La cuerda se tensa
El “sábado negro”
El sábado 27 de octubre de 1962, la defensa
antiaérea soviética
estacionada en suelo
cubano logró detectar
e interceptar un avión
espía estadounidense tipo U-2, que fue
derribado (arriba, en la
foto) por un misil tierra-aire cuando espiaba
el oriente de Cuba.
misil lanzado por una batería antiaérea soviética.
Aunque los artilleros habían recibido órdenes expresas de no responder a las provocaciones salvo
en caso de ser atacados, todo indica que el mayor
del ejército soviético Iván Minovich Guerchenov,
jefe de la batería de misiles antiaéreos emplazada
en esa región, ordenó abrir fuego sobre el avión
espía por iniciativa propia al perderse las comunicaciones con el puesto de mando.
Esta versión oficial ha sido rebatida por el testimonio reciente de mandos militares cubanos que
sirvieron en esos días. Según estas fuentes, aquella mañana Castro había dado la orden de derribar
cualquier avión no identificado sobre el espacio
aéreo cubano. El U-2 no fue el único atacado por la
artillería antiaérea ese día: varios cazas y aviones de
reconocimiento norteamericanos estuvieron en el
punto de mira de las baterías cubanas y soviéticas,
aunque ninguno más fue abatido.
Aviones de combate estadounidenses
vulneraron el espacio aéreo cubano en
un claro acto de provocación.
En medio de los presagios de guerra inminente,
la noche anterior se había procedido al transporte de las ojivas nucleares hacia las rampas
de lanzamiento instaladas en la zona central de
la isla. A los responsables soviéticos les fueron
entregadas las claves necesarias, que debían ser
introducidas para que los cohetes siguieran sus
trayectorias balísticas hacia objetivos situados
en territorio de Estados Unidos.
Mientras se desarrollaban estos hechos, a las 10 de
la mañana del 27 de octubre se realizó en Washington una reunión de emergencia del Comité Ejecutivo para analizar el contenido del mensaje personal
remitido por Nikita Kruschev a John F. Kennedy. Según expresaba en su texto, el premier soviético se
comprometía a la retirada de los misiles y de los
buques que navegaban rumbo a Cuba si el gobierno
norteamericano emitía una declaración pública renunciando a derrocar al régimen castrista.
La noticia del derribo del U-2 se conoció varias
horas después, mientras los asesores de Kennedy
discutían acaloradamente sobre los pasos que
debían seguirse antes de recurrir a una solución
armada. En reuniones previas se había decidido
que, en caso de que un avión estadounidense fuera abatido, se respondería con el uso de la fuerza.
Cuando la información se filtró a los medios, el
mundo entero contuvo la respiración.
La renuncia a la invasión de Cuba o a dar apoyo a
los anticastristas no fue la única condición exigida
por los soviéticos para la retirada de los misiles.
Si Estados Unidos optaba por la solución pacífica
del conflicto, también debían retirar las baterías de
misiles nucleares instaladas en la frontera turca
que apuntaban directamente al corazón de la URSS.
El hombre que protestó con un zapato
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fue elegido Primer Secretario del PCUS.
Tras asumir la presidencia del Consejo de
Ministros, su mediática visita a EUA contribuyó a mejorar la imagen internacional
de la URSS y abrió un periodo de cierta
distensión entre las dos superpotencias,
que no duró demasiado. El derribo del
U-2 pilotado por Gary Powers sobre
territorio soviético hizo reaparecer los
fantasmas de la Guerra Fría.
De rudos modales. Hombre poco refinado, Kruschev saltó a las primeras páginas de los diarios y a los noticiarios al
protagonizar un incidente en la sede de
las Naciones Unidas de Nueva York, durante la reunión plenaria de la Asamblea
General celebrada el 12 de octubre de
El mítico momento en que
Kruschev golpea la mesa con un
zapato en la Asamblea de la ONU.
1960. En un momento determinado, no
dudó en emplear uno de sus deformados zapatos para golpear con él la mesa
que ocupaba la delegación soviética en
señal de protesta ante la intervención
del representante filipino, quien había
acusado a la URSS de tener sometidos
a los países de Europa Oriental.
FOTOS: GETTY IMAGES
N
ikita Kruschev nació en 1894
en el seno de una modesta familia de campesinos
ucranianos. En 1918 se afilió al
Partido Comunista, donde desarrolló una
vertiginosa carrera política que lo llevó a
ocupar importantes puestos al interior del
régimen soviético. Fiel vasallo de Stalin,
colaboró en las siniestras purgas de los
años 30, y durante la Segunda Guerra
Mundial tuvo una destacada participación
como miembro del Politburó en la batalla
de Stalingrado. Tras la muerte del Zar
Rojo, Kruschev no figuraba entre los candidatos a sucederlo; sin embargo, supo
hacer valer sus opciones dentro del aparato del partido y en septiembre de 1953
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Un amistoso paseo. Cuba se convirtió en aliado soviético
después de que Anastás Mikoyán, amigo íntimo de Kruschev,
viajara a La Habana en misión de reconocimiento en febrero
de 1960. Dos años después, Fidel Castro en persona se
paseaba por la Plaza Roja de Moscú (en la imagen).
FOTOS: GETTY IMAGES
Aumento de la presión
Mientras JFK y su hermano Bobby Kennedy, su más
fiel confidente, intentaban contener a los radicales
que se negaban a ceder ante los soviéticos, los equipos diplomáticos de ambas potencias trataban de
llegar a un acuerdo in extremis que evitara la guerra.
Aquel 27 de octubre se mantuvieron continuas y
tensas negociaciones entre Washington y Moscú,
en muchos casos peligrosamente demoradas debido a problemas en las comunicaciones. Fidel Castro fue excluido de las mismas, desempeñando el
papel de simple peón en la partida decisiva que se
jugaba entre las dos superpotencias.
Tal y como recogen los historiadores Aleksandr
Fursenko y Timothy Naftali en su magnífico libro
sobre la historia secreta de la Crisis de los Misiles,
ese mismo día el líder cubano envió un telegrama
a Kruschev en el que le pidió encarecidamente que
lanzara un ataque nuclear contra las ciudades de la
costa este de EUA, adelantándose así a las intenciones que pudieran albergar los estadounidenses. En
el texto de su mensaje, Castro defendía su postura
declarando sin ambages que “sería un acto claro
de legítima autodefensa. Aun cuando la solución
es dura y terrible, no hay ninguna otra”.
Kruschev se mostró profundamente impresionado por el contenido del mensaje, que ponía de manifiesto la ligereza con la que Castro trataba el tema.
Cegado por el odio que sentía hacia Estados Unidos,
parecía como si realmente no llegara a entender
la verdadera dimensión de la crisis. La respuesta
del premier soviético incidió en ese aspecto, intentando que comprendiera el alcance que podría
tener una guerra nuclear a escala global. Teniendo
en cuenta estos testimonios, la actitud mantenida
por Castro en aquellos días posiblemente influyó
en que fuera apartado de cualquier negociación.
Tras horas de secretas negociaciones contrarreloj, Kennedy aceptó las condiciones soviéticas en
la madrugada del 28 de octubre, garantizando que
Estados Unidos no intervendría en Cuba. Como
contrapartida, los buques soviéticos recibieron la
orden de regresar a sus bases. El mundo dejó entonces escapar un suspiro de alivio.
A comienzos de noviembre, los vuelos de reconocimiento sobre Cuba confirmaron el desmantelamiento de las bases de misiles; de este modo,
Kruschev cumplía con su parte del trato. Confirmada
la retirada, los barcos de guerra estadounidenses dejaron de patrullar las aguas que rodean la isla. El desmantelamiento de las baterías situadas en la región
fronteriza entre Turquía y el territorio de la URSS se
mantuvo en secreto hasta que fue filtrada a la opinión pública seis meses después del final de la crisis.
Pacifismo en
acción. Durante la
llamada Crisis de los
Misiles, unas 800
mujeres se manifestaron frente a la Oficina
de Naciones Unidas en
Nueva York en favor
de la paz, una imagen
(arriba) que contrastaba con el ambiente
bélico que respiraba
la sociedad estadounidense en general.
Víctimas políticas
Fursenko y Naftali afirman en las páginas de su
libro que Fidel Castro se enteró del acuerdo entre
Washington y Moscú al oír las noticias por la radio.
Furioso, el líder cubano insultó a Kruschev llamándolo “maricón cobarde sin huevos”.
En un intento por calmar los ánimos, el premier
soviético envió a Cuba al diplomático Anastás Mikoyán para que explicara a los dirigentes cubanos
los motivos que habían llevado a la retirada de los
misiles. Durante la visita, Mikoyán tuvo que soportar
los reproches de Castro y del Che Guevara, quienes
acusaban a los soviéticos de capitulación ante los
norteamericanos. No fue la única humillación que
sufrió el diplomático. Enviado a las asambleas de
base del Partido Comunista, los asistentes le arrojaron fruta podrida. Habría que esperar hasta el viaje
de Castro a Moscú en la primavera de 1963 para que
se ‘cerrara’ la crisis de confianza entre ambos países.
La resolución de la Crisis de los Misiles –o Crisis del Caribe, como es citada en la historiografía
rusa– dejó un claro vencedor. Ante la opinión pública mundial, Kennedy fue presentado como un
hábil negociador que salvó al mundo de una guerra
nuclear de inquietantes consecuencias. En la URSS,
la posición de Kruschev dentro del PCUS se vio comprometida por las decisiones tomadas, lo que acabó
provocando que en 1964 fuera destituido de todos
sus cargos por el Comité Central.
LIBRO
Trece días. La
crisis de Cuba
Robert F. Kennedy,
Torres de Papel, 2015.
El hermano de JFK,
entonces secretario
de Justicia, ofrece un
excepcional testimonio
de primera mano de lo
ocurrido en Washington
durante la Crisis de los
Misiles en Cuba.
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JOHN F. KENNEDY
Símbolo de la Guerra Fría. La contienda directa comenzó en la década
de 1960 y enfrentó a la guerrilla de Vietnam del Sur, que dependía del apoyo
económico y militar de Estados Unidos, con el ejército de Vietnam del Norte,
que recibía ayuda de la Unión Soviética y China. El fin del conflicto llegó
cuando los últimos civiles y militares survietnamitas salieron de Saigón.
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JFK y sus sucesores contra el Vietcong
El fracaso
Vietnam
en
Al conflicto armado librado entre 1955
y 1975 para impedir la reunificación del
país asiático bajo un gobierno comunista
se unió Estados Unidos de manera
directa a partir de 1964. Por Juan Carlos Losada
T
ras la Segunda Guerra Mundial, Francia trató de recuperar el control de su colonia en Vietnam. Sin embargo, sólo un año después de la victoria sobre Japón,
comenzó una guerra entre las fuerzas galas y los
independentistas vietnamitas, encabezados por Ho
Chi Minh, cuyos seguidores tenían más fuerza en el
Norte. La Guerra Fría había estallado, por lo que –al
mismo tiempo que enviaba fuerzas a luchar en Corea– el presidente
estadounidense Harry Truman comenzó a apoyar a los franceses. Sin
embargo, éstos fueron derrotados por los vietnamitas en Dien Bien Phu,
en 1954, lo que los obligó a retirarse y reconocer la independencia de su
colonia, la cual quedó partida en Vietnam del Norte, donde se instauró
un régimen comunista con apoyo de la URSS y China, y Vietnam del
Sur, donde se impuso una dictadura de corte prooccidental apoyada por
EUA, en ese momento ya bajo la presidencia de Dwight D. Eisenhower.
Los estadounidenses, escarmentados con Corea y la amenaza china en
Oriente, creían en la “teoría del dominó”, según la cual si un país caía en
manos comunistas sus vecinos acabarían cayendo poco después.
Un dictador impuesto
Empeñados en impedirlo, en esos años 50 enviaron apoyo económico y
militar a países asiáticos como Taiwán, Corea del Sur, Filipinas, Indonesia,
etc., para imponer sus regímenes anticomunistas, aunque fueran corruptos y dictatoriales. Vietnam del Sur recibió el mismo apoyo para impedir
que el vecino del Norte lo invadiera, o que su misma población apoyara
en unas elecciones libres la unificación con el Norte y el comunismo se
hiciera con el control total del país. De esta manera, la CIA patrocinó un
golpe de Estado e impuso, en 1955, al general católico Ngo Diem como
dictador, pensando que frenaría el avance izquierdista: craso error. La
implicación estadounidense no iba a dejar de incrementarse a partir de
este momento, empezando con el envío de asesores y el pago de la mayor
parte del presupuesto militar. Sin embargo, las protestas y los disturbios
internos en contra de la dictadura se dieron desde el primer momento,
aunque no fue hasta noviembre de 1955 cuando se produjeron los primemuyinteresante.com.mx
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JOHN F. KENNEDY
La preguerra de
Vietnam. (Arriba a la
derecha) Entre 1946 y
1954, Francia se enfrentó a su protectorado
en Asia, la Indochina
francesa, en un conflicto cuyo desenlace
fue la derrota gala y la
independencia de tres
países: Vietnam, Laos y
Camboya (y la división
temporal de Vietnam).
(Arriba) Combatientes
asiáticos observan el
cielo cubierto de paracaidistas franceses en
noviembre de 1953.
PELÍCULA
Platoon
Oliver Stone (1986).
Protagonizada por
Charlie Sheen, Willem
Dafoe y Tom Berenger,
es la primera de la
trilogía de películas
que Oliver Stone dirigió
sobre la Guerra de
Vietnam; las otras dos
fueron Nacido el 4 de
julio (1989) y El cielo y
la tierra (1993).
ros incidentes armados, por lo que muchos fijan en
esas fechas el inicio de la guerra. Pese a las dificultades, Diem, con el respaldo de Estados Unidos, pudo
mantenerse en el poder. No obstante, la oposición
interna, con el apoyo del Norte, fue reforzándose y
pronto amenazaría seriamente al gobierno.
En 1960 surgió en Vietnam del Sur el Frente Nacional de Liberación de Vietnam, con entre 5,000 y
10,000 efectivos, integrado por comunistas y otros
sectores que rechazaban el régimen corrupto y
dictatorial impuesto por EUA y abogaban por la
unificación del país. A partir de entonces sería conocido como Vietcong y sus acciones guerrilleras,
ejecutadas con el apoyo del Norte, comenzaron a
cobrarse la vida de funcionarios del régimen y de
mandos policiales (1,400 en ese año), así como de
algún asesor militar estadounidense. Enseguida se
hicieron fuertes en el ámbito rural y gran parte del
Sur pasó a ser controlada por la guerrilla.
Lucha contra el comunismo
En enero de 1961, Kennedy llegó al poder y asumió
la política de sus antecesores para detener el avance comunista en la región. Convencido de que era
necesario un salto adelante, otorgó medios para
incrementar en 20,000 integrantes el ejército del
Sur y crear una guardia especial de 32,000 hombres
dedicados a la contrainsurgencia. Creía que el pueblo vietnamita aprobaba luchar contra el comunismo, sin percatarse de que el Vietcong contaba con
apoyo popular por oponerse a la corrupción y a la
explotación de los dirigentes políticos latifundistas.
Además, era la única organización que enarbolaba
la bandera del nacionalismo vietnamita y la reunificación del país. No valoró –ni él ni su equipo político,
y menos el Pentágono– que en Vietnam del Sur sólo
El Pentágono advirtió que, si se quería
aniquilar deinitivamente al enemigo,
serían necesarios casi un millón de
hombres y siete años de guerra.
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se podía crear una conciencia social anticomunista
si había avances económicos, justicia social y democracia. Meses después, envió a 400 militares más
para instruir a los vietnamitas en las tácticas contraguerrilleras. Luego, ante la extensión de conflicto al
vecino Laos, ordenó el envío de la VII Flota, así como
de fuerzas de combate y helicópteros, a Tailandia, y
activó el estado de alerta en Okinawa.Aun así, la guerrilla seguía ganando terreno en el delta del Mekong
y en el verano de ese año se estima que el gobierno
sólo controlaba un 40% del país. Como respuesta,
en otoño los asesores aconsejaron al presidente el
despliegue inmediato de 8,000 soldados estadounidenses que no fueran meros asesores y técnicos.
Aunque receloso, Kennedy comenzó a enviar más
fuerzas, pero oficialmente como instructores. En
febrero de 1962 se creó el Comando de Asistencia
Militar Vietnam, pudiéndose decir que a partir de
ese momento comenzó realmente la intervención
estadounidense, aunque se ejecutó sin la autorización del Congreso y con muy escaso conocimiento
de la opinión pública. A mediados de año eran 8,000
los soldados desplegados; en diciembre, 11,000, y
10 meses después, 17,000.
Vietnam del Sur, un país inestable
Aunque no entraban directamente en combate, los
soldados de EUA acompañaban a los guerrilleros
del Sur en todas las misiones, transportaban tropas y materiales, construían aeródromos e infraestructuras, entrenaban, dirigían el fuego artillero y
aéreo y comenzaron la acción defoliante al norte
de Saigón. Como resultado, sufrieron las primeras
bajas: 14 en 1961, 109 en 1962 y 489 en 1963. Pero, a
pesar de los miles de millones enviados, Vietnam
del Sur seguía siendo un país inestable y sometido a
tensiones sociales y a una corrupción insoportable.
Además, los estadounidenses, al ser vistos como
FOTOS: GETTY IMAGES; METRO GOLDWYN MAYER/ ORION PICTURES
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La primera derrota
militar de Estados Unidos
E
El inicio de la colaboración. En la breve
presidencia de Kennedy (en la foto, en una
conferencia sobre Vietnam en 1961), miles de
oficiales estadounidenses adiestraron a soldados
survietnamitas e incluso llegaron a pilotar aviones
de guerra vietnamitas en combate.
apoyo al régimen corrupto del Sur, se encontraron
rechazados por gran parte de la población.
En el verano de 1963, el gobierno del general Diem
fue cuestionado por una revuelta budista ampliamente respaldada por el pueblo. Poco después, el
1 de noviembre, fue depuesto y ejecutado –al parecer con apoyo de la CIA– y reemplazado por un
equipo de varios generales, entre los que acabaría
imponiéndose Nguyen Van Thieu, quien según los
estadounidenses era quien tenía mayor capacidad
para asentar el régimen; tres semanas después,
Kennedy era asesinado en Dallas y Lyndon B. Johnson accedía a la presidencia.
UA perdió la primera guerra de su historia debido a problemas
políticos internos. Por mucho que se agitara el fantasma de la
amenaza comunista, el pueblo estadounidense no veía que la caída de Vietnam supusiera un peligro para su seguridad. Además,
las imágenes terroríficas de las matanzas sufridas por la población civil, la
llegada de miles de cadáveres de soldados americanos y las noticias sobre
los excesos cometidos tanto por las fuerzas estadounidenses como por
Vietnam del Sur fueron minando el prestigio del ejército.
Masivas manifestaciones. Por otra parte, sólo acudían a luchar (el servicio militar era entonces obligatorio en EUA) los soldados de extracción
humilde que no estudiaban y, por tanto, no podían acogerse a las prórrogas por estudios. El resultado fue que la juventud estadounidense se
fue oponiendo cada vez más
a la guerra y, como muestra
de rechazo, se quemaron
miles de cartillas militares,
se produjeron deserciones y
fueron cada vez más masivas
las manifestaciones pidiendo
el fin del conflicto y la vuelta
a casa de los soldados.
Frente al Pentágono, los activistas
protestaron contra la guerra de Vietnam.
Los ataques sobre Laos y
Aquí, una pacifista ante la policía en 1967.
Camboya a partir de 1970
supusieron una escalada en el rechazo; en una manifestación en
mayo, en la Universidad de Kent, Ohio, murieron cuatro estudiantes a
manos de la Guardia Nacional, lo que produjo una conmoción en todo
el país. La opinión pública estadounidense cada vez estaba más en
contra de la guerra: en 1971, ya sólo la apoyaba un 28% de la población. La guerra no se había perdido en el campo de batalla, sino en el
terreno político doméstico. No es extraño que, acabada la contienda,
se suprimiera el servicio militar obligatorio.
FOTOS: GETTY IMAGES; LIBRARY OF CONGRESS/ ARCHIVE; JOHN F. KENNEDY PRESIDENTIAL LIBRARY & MUSEUM
La intervención ya es un hecho
El nuevo presidente, tras ser informado de la difícil situación en Vietnam del Sur, declaró: “No voy
a ser el primer presidente de Estados Unidos que
pierda una guerra”. Para dar el salto a una contienda abierta necesitaba una excusa, y la encontró –o
la inventó– cuando alegó que el destructor U.S.S.
Maddox, ubicado en el golfo de Tonkín, había sido
atacado en agosto de 1964 por lanchas torpederas
de Vietnam del Norte. Como respuesta, el Senado
autorizó la concesión al gobierno de poderes para
aumentar su intervención y que los asesores militares pudieran actuar fuera de sus bases.
Sin embargo, todo se haría sin declararse oficialmente la guerra,por miedo a una reacción de China y
laURSSypornopoderexplicaralapoblaciónqueese
conflicto tan lejano era una amenaza a la seguridad
nacional; era un intento de mantener una“guerra limitada”.A pesar de ello se desencadenó la operación
RollingThunder,consistente en bombardeos masivos
sobreVietnam del Norte y las rutas de suministro (la
ruta Ho Chi Minh) delVietcong.Al mismo tiempo se
enviaron más “asesores”, de modo que a finales de
1965 los soldados de Estados Unidos alcanzaban el
número de 200,000, con ciega confianza en doblegar
la resistencia comunista. Sin embargo, el Pentágono
advirtió que, si se quería aniquilar definitivamente
al enemigo, serían precisos casi un millón de hombres y siete años de guerra.Johnson prefirió tratar de
demostrar al enemigo que no podría ganar, lo cual
era diferente, por lo que no era necesario un despliegue tan numeroso. Aun así, en abril de 1966 los
estadounidenses ya eran 245,000, con un gasto de
2,000 millones de dólares mensuales.
Empleando la última tecnología. El
Skyhawk A-4 (abajo)
fue el principal bombardero de la Armada
de Estados Unidos,
que lo utilizó sobre
Vietnam del Norte en
los primeros años de
la Guerra de Vietnam
(a partir de 1964).
Choque de fuerzas en la jungla
A finales de año ya eran 375,000 soldados y a mediados de 1967, 463,000; en el máximo de la presencia de EUA, en 1968 estaban en el país 536,000
hombres. Al frente estaba el general William
Westmoreland, quien no cesaba de pedir más y
más hombres. Pero los soldados estaban con muy
baja moral, consumiendo drogas en buena medida para olvidar el peligro y la hostilidad constante
que sufrían y, sobre todo, sin entender bien por
qué combatían. Desde julio de 1965, los soldados
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MUY INTERESANTE
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JOHN F. KENNEDY
Ataques planificados sobre el Sur
Durante la Guerra de
Vietnam, una unidad
de la Armada de EUA
perpetró el asesinato de 504 civiles
(arriba, los cadáveres
amontonados) que
se conoce como la
matanza de My Lai. No
fue el único crimen de
guerra cometido por
las fuerzas estadounidenses, pero por su
magnitud fue el que
más escándalo provocó en Estados Unidos
y en todo el mundo.
de EE.UU. empezaron su lucha abierta en los campos. Las operaciones terrestres eran apoyadas por
los helicópteros (con fuego de apoyo o como transporte), la aviación y la artillería naval. Al tiempo
seguían los bombardeos masivos sobre el Norte y
el esparcimiento de defoliantes (sobre todo el infame “agente naranja”) sobre las junglas. En cada
batalla el Vietcong sufría cinco o seis veces más
bajas que los estadounidenses, pero sus reservas
de hombres y su motivación no se agotaban. Era
una guerra sucia, de bombardeos masivos indiscriminados (bombas y napalm), junto con otra de
guerrillas, de emboscadas en la selva, irregular,
sin frentes precisos, en la que los integrantes del
Vietcong no se distinguían de la población civil en
la que estaban camuflados, tuvieran o no su apoyo, y que, literalmente, desquiciaba a los soldados
estadounidenses. Por ello se calcula que, por cada
soldado regular muerto de cualquier ejército, murieron seis integrantes de la población civil.
La difícil salida de EE.UU.
Cuando Richard Nixon llegó a la presidencia en
1969, no le quedó más remedio que acometer el
retorno de los soldados para desactivar las protestas internas, pero al mismo tiempo ordenó incrementar las ofensivas aéreas, que se extenderían
–en principio de modo secreto– a Laos y a Camboya para tratar de estabilizar al régimen de Vietnam
del Sur, lo que despertó nuevas iras en la opinión
pública. Su plan exigía formar y dotar al ejército
de Van Thieu (se le entregaron navíos, helicópteros, 40,000 lanzagranadas, un millón de fusiles
M-16, 2,000 morteros pesados...) para que asumiera por sí solo la defensa de su territorio. El objetivo
era consolidar un régimen anticomunista en el
Las cifras de la Guerra de Vietnam
A
lo largo de sucesivos reemplazos, pasaron por Vietnam más
de 2.5 millones de soldados
estadounidenses. Junto a
ellos también combatieron 50,000
coreanos del Sur, 12,000 tailandeses,
7,700 australianos, 2,000 filipinos y 550
neozelandeses. Cuando Estados Unidos
se retiró, dejó formado, teóricamente, un
ejército de más 700,000 survietnamitas.
Por su parte, Vietnam del Norte y el Vietcong movilizaron a más de dos millones
de hombres, más unos 5,000 chinos que
acudieron como aliados; casi la mitad de
todos ellos causaron baja, por muerte o
heridas. En el campo aliado, los estadounidenses sufrieron la muerte de 58,220
28
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hombres. También murieron 250,000
soldados del Sur, 5,000 coreanos, 1,000
filipinos, 500 australianos, 350 tailandeses y 37 neozelandeses; aparte estarían
las bajas por heridas, que superaron
el número de 1,700,000 entre todos
ellos. También se calcula en 2,500,000
los civiles de Vietnam, Laos y Camboya
muertos. En total fallecieron, desde 1955
a 1975, casi 4,000,000 de personas. Se
estima además que cayeron presos o
desaparecieron en la guerra unos 3,000
estadounidenses.
Refugiados del Sur a Estados
Unidos. Los aliados lanzaron, además,
8,100,000 toneladas de bombas, más
del doble de las que arrojaron en la
Se estima que 500,000 niños nacieron con
malformaciones congénitas por el uso del “agente
naranja”, herbicida empleado por Estados Unidos.
Segunda Guerra Mundial, y millones
de litros de defoliantes, sobre todo
el llamado “agente naranja” que, por
su toxicidad, provocó graves secuelas
en más de un millón de habitantes.
Estados Unidos se gastó en la contienda 250,000 millones de dólares de la
época. Tras la derrota del Sur, más de un
millón de refugiados huyeron del país,
sobre todo a Norteamérica.
FOTOS: GETTY IMAGES
Masacre en busca del Vietcong
1968 fue un año decisivo que cambió el rumbo de la
guerra.A pesar de todos los esfuerzos estadounidenses, en enero de ese año el ejército de Vietnam del
Norte y el Vietcong lanzaron la ofensiva del Tet, que
supuso el ataque simultáneo sobre 32 ciudades del
Sur. La misma embajada de EUA en Saigón fue atacada y cayó la vieja ciudad imperial de Hue. Al mismo
tiempo se produjo el ataque sobre la base de Khe
Sanh, que durante 77 días fue sitiada. Aunque los
contraataques norteamericanos hicieron retroceder
al enemigo con enormes bajas, se puso de manifiesto que la situación política y militar estaba cada vez
más deteriorada. En ese año habían muerto unos
45,000 guerrilleros, pero también 14,000 soldados
estadounidenses. En esas mismas fechas, fuerzas
de Estados Unidos perpetraron la matanza de civiles
en la aldea de My Lai, que según algunas fuentes
supuso el asesinato de 504 civiles y tuvo un fuerte
eco en la opinión pública internacional.
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Sur capaz de defenderse –la llamada “vietnamización” de la guerra–, pero la impopularidad de sus
gobernantes lo hacía imposible.
En 1970 se retiraron 150,000 soldados de EUA, pero
en un intento de cortar las vías de penetración enemigas –y para tratar de ganar fuerza en una negociación que asegurara la pervivencia de Vietnam del
Sur como Estado– fuerzas de Estados Unidos y de
sus aliados invadieron por tierra Camboya y Laos,
en 1970 y en 1971 respectivamente, lo que provocó
aún más rechazo en la sociedad estadounidense. En
tanto, Nixon emprendió conversaciones en París con
Vietnam del Norte para tratar de encontrar una salida política negociada a una guerra que ya sabía que
no se podía ganar. En el terreno militar las invasiones
de Camboya y Laos fueron un fracaso, pues no se
cortaron las líneas de abastecimiento enemigas y,
además, despertaron la animosidad de su población,
que apoyó aún más a las guerrillas comunistas.
FOTOS: GETTY IMAGES
Conversaciones para un alto el fuego
En marzo de 1972 –cuando ya se había retirado
la mayor parte de efectivos estadounidenses– el
ejército del Norte atacó con 120,000 hombres y
material pesado (la Ofensiva de Pascua) y Nixon
reaccionó con más bombardeos masivos y un
bloqueo naval con minas, aunque no se pudo recuperar todo el terreno perdido, que pasó definitivamente a manos de los vietnamitas del Norte.
Además, los ataques aéreos estadounidenses de
diciembre de 1972 –los más duros de toda la guerra– fueron contestados con intenso fuego antiaéreo de misiles, que provocó que más de 100
pilotos cayeran prisioneros. En enero de 1973 se
reanudaron las conversaciones de París y el día
27 se firmaron. Se establecía un alto el fuego, se
desminaban los puertos del Norte, se aceleraba la
salida de las fuerzas estadounidenses y se acordaban elecciones y el intercambio de prisioneros.
Por fin EUA había salido del avispero.
Desde la primavera de 1973, el régimen del Sur
se quedó solo. Su ejército, en teoría bien abastecido y numeroso, debía enfrentarse solo a las ofensivas comunistas, pero controlaba menos de la
mitad del país y el desprestigio del gobierno entre
la población, agotada por la guerra, lo privaba de
apoyo popular. Tras reponerse del gran desgaste
durante más de un año, en 1974 las fuerzas del
Norte volvieron a atacar, pero la gran ofensiva se
desencadenó en marzo de 1975. Los resultados
fueron demoledores y las fuerzas armadas del
Sur iniciaron una retirada general que, al poco, se
convirtió en desbandada, comenzando las rendiciones en masa y la pérdida de grandes arsenales
de armas. Tras pocas semanas, sólo controlaban
Saigón y las provincias del Sur y su única esperanza era que los monzones paralizaran las ope-
Éxodo y refugio. Tras la
toma de Saigón, que significó
el final de la guerra, miles de
vietnamitas abandonaron aquel
día el país en helicópteros
militares que aterrizaron en
portaaviones de la Séptima
Flota. En la foto se recoge la
operación estadounidense para
poner a salvo a los evacuados.
Las invasiones de Camboya y Laos
fueron un fracaso, pues no se cortaron
las líneas de abastecimiento enemigas.
raciones o que los estadounidenses reanudaran
sus bombardeos, a lo que éstos se negaron rotundamente para no volver a verse implicados.
Fin de la guerra
Viendo la debilidad del Sur y el caos en el que se
había sumido el régimen, el objetivo de los comunistas fue Saigón. Ante lo irremediable, EUA inició
la evacuación de su embajada el 18 de abril de 1975.
Diez días después, la ciudad fue atacada desde varios
puntos a la vez y casi todos los dirigentes políticos
y militares del gobierno huyeron como pudieron,
si es que no lo habían hecho antes; era el “sálvese
quien pueda”.También trataron de escapar aquellos
que creían correr peligro por sus opciones políticas
o por haber apoyado al régimen agonizante, quienes se agolparon desesperados en las puertas de la
legación estadounidense: imploraban a los de EUA
que los llevaran con ellos en los helicópteros que
despegaron desde la embajada, hasta el último momento, con destino a los portaaviones cercanos. Pero
muchos de aquellos a los que se les había prometido
la evacuación fueron abandonados en tierra por falta
de efectivos, en medio de escenas estremecedoras.
El último aparato despegó atestado de gente a las
7:53 horas del día 30 de abril de 1975. Ese mismo día
acababa oficialmente la contienda.
Victoria norvietnamita. El 30 de abril
de 1975, columnas del
ejército de Vietnam
del Norte entraban
victoriosas y sin apenas
resistencia en Saigón
(hoy Ho Chi Minh),
mientras casi al mismo tiempo miles de
survietnamitas que
habían colaborado con
los estadounidenses
buscaban refugio en
la embajada de EUA.
Abajo, la ocupación del
Palacio Presidencial.
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JOHN F. KENNEDY
10
Amigos, enemigos y familiares de JFK
personajes
que marcaron
la vida de
Kennedy
FOTO: EFE ZUMA PRESS
En su breve vida –y presidencia–,
con el apoyo incondicional del
rico clan al que pertenecía, brilló
y dio esplendor al inicio de los
convulsos años 60 en Estados
Unidos, lo que no evitó que tuviera
enemigos, amantes y un trágico fin.
Presentamos a 10 personajes que
influyeron de un modo u otro en la
biografía del gran ícono del “sueño
americano”. Por Roberto Piorno
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Joseph P. Kennedy:
el patriarca del clan
F
orjó un imperio colosal y moldeó
con sus manos la leyenda de los
Kennedy, imprimiendo su huella
en un tiempo especialmente turbulento en la historia de Estados
Unidos y allanando así el camino
para que sus vástagos recogieran el
fruto de su incansable empeño por sobresalir en el
mundo de los negocios y de la política.
No habría existido un Kennedy presidente sin
la fortuna y la red de influencias del patriarca del
clan. A pesar de ello, en los libros de Historia es,
simplemente, el padre de John y Robert Kennedy.
Pero Joseph fue, en realidad, mucho más que eso.
Nacido un día de septiembre de 1888 en Boston, en
el seno de una familia y una comunidad de origen
irlandés, el patriarca de la familia Kennedy venció
todos los prejuicios ligados a sus raíces “foráneas”
y comenzó a despuntar a muy temprana edad: se
graduó en Harvard en 1912 para convertirse, poco
tiempo después –apenas cumplidos los 25–, en el
presidente de banco más joven de la historia de
Estados Unidos. Su carrera no había hecho más
que despegar, pero su nombre ya estaba aliado con
el éxito. En 1914 contrajo matrimonio con Rose
Fitzgerald, hija del alcalde demócrata de Boston,
sumergiéndose así de lleno en el escenario de la
alta política y forjando lazos ya irrompibles con
el partido que lanzaría a su hijo a la presidencia.
FOTO: GETTY IMAGES
Especulación y riqueza
Hizo fama y fortuna en el mercado de valores, en
un tiempo de especuladores y desregulación que
supo exprimir como nadie, desde la correduría
Hayden, Stone & Co. Aquellas aguas trajeron los
lodos del crac del 29, pero Kennedy había movido
sus fichas a tiempo y no sólo no se vio afectado,
sino que hizo una auténtica fortuna, llenándose
los bolsillos mientras la mayoría de los ciudadanos
estadounidenses perdía hasta la camisa debido a
las turbulencias financieras. Su inmejorable olfato,
sus contactos y su habilidad para moverse entre la
manada de lobos de Wall Street le abrió las puertas
de la política. Franklin D. Roosevelt le ofreció la presidencia de la Securities and Exchange Commission,
encargada de regular el mercado de valores: nada
mejor que un tiburón para cazar a otros tiburones. En
efecto, Joseph desempeñó el cargo con enorme éxito.
Pero, entre tanto, el patriarca colmaba otras ambiciones personales con el punto de mira en Hollywood. Llegó a tener bajo su control tres estudios
y una de las cadenas de salas más importantes del
país. De hecho, fue uno de los principales culpables
de la transición del cine mudo al sonoro. Su aventura hollywoodiense duró apenas unos cinco años,
pero la obsesión con la meca del cine pervivió, y no
precisamente por su interés en las películas: desde
1927 mantuvo un acalorado y largo romance con la
diva del cine mudo Gloria Swanson. Comenzó haciéndose cargo de sus maltrechas finanzas y acabó
compartiendo su lecho indefinidamente a espaldas
de Rose, hasta que en 1929 decidió producir La reina
Kelly, para lucimiento de su amante.
El estrepitoso fracaso de la cinta (que quedó inacabada), el más grande de su carrera como productor,
finiquitó definitivamente su affaire con Hollywood
y, de paso, también con Swanson.
Habilidad en los
negocios. El padre de
JFK, Joseph P. Kennedy
(en esta foto, en 1920)
fue uno de los líderes
del Partido Demócrata,
especialmente dentro de la comunidad
católica irlandesa. Con
negocios por todo EUA,
creó la fortuna política
y económica de la
familia Kennedy.
Grandes esperanzas
Oportunista como siempre, hizo negocio en la industria del alcohol durante la Ley Seca hasta que,
en 1938, decidió cambiar de aires aceptando el cargo
de embajador estadounidense en el Reino Unido.
Fijó su residencia en Londres, donde puso más empeño que nunca en la promoción política del clan,
y muy especialmente de sus hijos, en los que tenía
depositadas grandes esperanzas. Fue en este periodo cuando emergió una de las grandes manchas de
su carrera y legado: la enconada defensa de la política de apaciguamiento frente a Alemania. Tanto es
así, que llegó a ser acusado de filonazi y antisemita
(como también de simpatizar con la causa del senador McCarthy y con los propósitos de la “caza de brujas” ). En realidad el viejo Joseph ya estaba más allá
de todo y había abandonado el primer plano para
ocultarse entre bambalinas, mover todos los hilos
que podía agitar en la alta política y promocionar la
imparable carrera de su hijo John, al que soñaba con
ver algún día en el trono de la Casa Blanca.
Vivió lo suficiente para ver su sueño convertido en
realidad: John fue elegido presidente en noviembre de
1960. Pero su padre, su gran impulsor, el hombre que
hizo posible su meteórico ascenso, sufrió 11 meses
después una embolia que lo mantuvo paralizado hasta su muerte en 1969. De este modo, fue también testigo mudo e impotente del asesinato de John y del de su
hermano Robert. El sueño había acabado en pesadilla.
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JOHN F. KENNEDY
Robert Kennedy:
la maldición continúa
T
ocado, él también, por el halo
trágico que acompañaba entonces a la mayoría de los
miembros del clan, Robert
Kennedy tenía, como su hermano John,
madera de gran líder. Pero, al igual que
le sucedió a aquél, una bala se cruzó en
su camino y, una vez más, en el de las
ambiciones políticas de la familia más
poderosa de Estados Unidos.
Hijo de Joseph P. Kennedy y de Rose
Fitzgerald, Robert se crió, como sus hermanos, en un ambiente de opulencia,
codeándose con lo más granado de la
alta sociedad y la política estadounidense. Pasó parte de su infancia y adolescencia en Londres, donde su padre era
embajador de Estados Unidos, hasta que
en 1939, en vísperas del estallido de la
Segunda Guerra Mundial, el patriarca
del clan decidió emprender el camino
de regreso a este lado del Atlántico. Bob
sirvió brevemente en la Armada antes
de graduarse en Harvard en 1946 y, posteriormente, cursar estudios de Derecho
en la Universidad de Virginia.
lo hizo de la mano de su hermano John,
la gran esperanza de la familia que ya
visualizaba a uno de los suyos sentado
en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Su
primer desempeño a su sombra fue el
de asesor en su campaña de candidatura al Senado en 1952, y un año después,
fue nombrado asesor de un subcomité
del Senado a las órdenes del mismísimo
Joseph McCarthy, cuyos métodos y tesis
no tardó en aborrecer. Ello precipitó su
dimisión para centrarse desde entonces
en la defensa de los derechos civiles y en
la protección de las minorías.
Tras una década de frenética actividad
en el Senado, Robert decidió implicarse
en primera persona en la campaña de
su hermano a la presidencia del gobierno. John supo reconocer los esfuerzos
de Robert nombrándolo fiscal general y
convirtiéndolo en uno de sus asesores
de máxima confianza. El “hermanísimo”
jugó un papel determinante en las tensiones derivadas de la invasión de Bahía
de Cochinos y de la Crisis de los Misiles,
y continuó erigiéndose en un pilar de la
lucha en defensa de los derechos civiles.
Asesor y apoyo de JFK
Tras un paso fugaz por la División Criminal del Departamento de Justicia, no
tardó en lanzarse a la arena de la política y, como no podía ser de otro modo,
El séptimo hijo de Joseph y Rose, Robert F. Kennedy o Bobby (en la foto), fue
asesor de su hermano en la Casa Blanca
y, cinco años después de la tragedia de
Dallas, sería asesinado como él.
32
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Nueva tragedia en el clan
Cuando varios impactos de bala acabaron
con la vida del presidente, Robert dimitió
de su cargo de fiscal general. Tras un fallido intento de formar equipo, en calidad
de vicepresidente, con Lyndon B. Johnson,
decidió presentar su candidatura al Senado por Nueva York; en noviembre de
1964, derrotó a su oponente republicano,
Kenneth Keating. Pasó tres años en el cargo defendiendo los intereses de los más
débiles y comprometido con poner fin a
las tensiones en Vietnam.
En 1968 dio un paso más, intentando
emular a su hermano, y decidió optar a
la presidencia. Tras imponerse en las primarias del Partido Demócrata a Eugene
McCarthy el 5 de junio, Robert se disponía
a dirigirse a los suyos en el Hotel Ambassador de Los Ángeles para pronunciar su
discurso triunfal cuando Sirhan Sirhan,
un cristiano palestino, efectuó varios disparos que acabaron con su vida. Murió a
la edad de 42 años. La maldición de los
Kennedy volvía a golpear.
Jackie K.:
la esposa
de América
S
ímbolo e ícono de toda una
época, Jackie Kennedy encarna
como nadie el ideal de mujer estadounidense de la posguerra:
culta, ilustrada, sensible... Pocas figuras
han generado en la historia reciente de
Estados Unidos tanto consenso y admiración entre sus compatriotas como la
esposa de John Fitzgerald Kennedy, una
mujer marcada a fuego por la tragedia
del 22 de noviembre de 1963 en Dallas.
Hija de un adinerado corredor de bolsa,
Jacqueline Lee Bouvier vino al mundo
el 28 de julio de 1929 en Southampton,
Nueva York, y disfrutó de una infancia feliz y sin preocupaciones entre sus clases
de ballet, francés y equitación. Estudió
Historia, Literatura y Lengua francesa y
pasó un año de estudios en París, periodo que siempre recordó como uno de los
más felices de su vida.
El pilar de John
Se enamoró de Europa y de la cultura
francesa, por lo que a su regreso a Estados
Unidos decidió cursar estudios de Literatura francesa en la George Washington
University de Nueva York. Se graduó en
1951 y poco después comenzó a trabajar
como reportera para el Washington Times
Herald, un año antes de coincidir en una
cena de gala con John Fitzgerald Kennedy,
entonces senador por Massachusetts, con
quien surgió inmediatamente la chispa.
Comenzaron a salir, y en septiembre de
1953 contrajeron matrimonio.Jackie se
convirtió en uno de los grandes pilares
en la carrera política de John, y en la campaña presidencial de enero a noviembre
de 1960, incluso estando embarazada, le
brindó un apoyo decisivo para derrotar a
Richard Nixon y convertirse así en el 35º
presidente de Estados Unidos.
La flamante primera dama se esmeró
en transformar la Casa Blanca en una
suerte de museo-santuario de homenaje
a la historia de su país, decorándola con
muebles y objetos personales de los grandes presidentes del pasado. Los resultados de su esfuerzo se hicieron públicos en
una legendaria velada televisiva en febre-
FOTOS: GETTY IMAGES; EFE ZUMA /PRESS
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Richard Nixon:
el perfecto antagonista
N
Como primera dama, en esta imagen, fue
portavoz de la obra de su esposo. Cultivada y muy
distinta de sus predecesoras, cambió la fría mansión donde residían por un hogar que se convirtió
en ícono de estilo para toda una generación.
ro de 1962, en la cual Jacqueline Kennedy
abrió a los estadounidenses la puerta de
la nueva Casa Blanca y se hizo con ello
merecedora de un Premio Emmy.
FOTOS: GETTY IMAGES; EFE ZUMA /PRESS
Embajadora cultural
Era además una entusiasta mecenas de
las artes, empeñada en llenar la residencia presidencial de escritores y artistas,
y una viajera incansable, que enseñaba
en el exterior la mejor cara de Estados
Unidos. Su suerte comenzó a cambiar en
agosto de 1963, cuando la pareja perdió a
su tercer hijo, Patrick Bouvier Kennedy,
poco después del parto. Pero lo peor estaba por llegar. El 22 de noviembre de ese
año, Jackie recorría en coche las calles
de Dallas con su marido cuando éste
fue asesinado a plena luz del día. Quedó
viuda a la edad de 34 años y, aunque no
le fue fácil sobreponerse a la muerte del
hombre de su vida, contrajo matrimonio
en 1968 con el magnate naviero y multimillonario Aristóteles Onassis, con el
que estuvo siete años casada hasta la
muerte de éste en 1975. Su relación fue
tormentosa, especialmente en los últimos años, cuando el empresario se hartó
de las lujosas aficiones de Jackie, enamorado como estaba de Maria Callas. Tras
la muerte de Onassis, Jackie se dedicó en
cuerpo y alma al mundo editorial, trabajando para firmas como Viking Press
o Doubleday. Falleció el 19 de mayo de
1994, a causa de un linfoma.
acido en 1913 en Yorba Linda,
California, Richard Nixon se
crió en el seno de una familia de escasos recursos: tuvo
que renunciar a su sueño de estudiar en
Harvard por la incapacidad de sus padres
para afrontar el gasto. Fue un magnífico
estudiante y, gracias a ello, logró una
beca para cursar Derecho en la Universidad de Duke. Durante un tiempo ejerció
como abogado tras su graduación, pero
Nixon era un joven ambicioso que soñaba a lo grande, por lo que decidió hacer
las maletas y poner rumbo a Washington
D.C. en compañía de su esposa Pat. Allí
trabajó como empleado de la Oficina de
Administración de Precios y, posteriormente, en la Armada. Al concluir su periodo de servicio decidió dirigir todos sus
esfuerzos a la política, como congresista
en primera instancia y como senador
después, ganándose una reputación de
anticomunista convencido, lo que llamó
la atención de Eisenhower, quien decidió
proponerlo como candidato a vicepresidente en las elecciones de 1953.
El caso Watergate
Con 300 soldados muertos cada día por
parte de Estados Unidos y un gasto de 80
millones de dólares diarios, la presión
popular era inmensa. Más brillante fue
su gestión de las tensiones con Moscú,
diseñando una aproximación a China sellada con un viaje inédito al país asiático
para reunirse con Mao Zedong, que dejó a
los soviéticos fuera de juego. En 1972 optó
por la reelección, aplastando a su rival demócrata, George McGovern. Nixon vivía
un momento dulce que, no obstante, fue
demasiado efímero por culpa del estallido del caso Watergate, que apuntaba directamente al presidente como culpable
de las grabaciones telefónicas ilegales
llevadas a cabo durante la campaña en el
cuartel general de los demócratas. Nixon
resistió todo lo que pudo, negando la evidencia, pero la apertura en 1974 de un
proceso de acusación forzó su dimisión
el 9 de agosto de ese año. Nixon abdicó en
favor de su vicepresidente, Gerald Ford, y
se retiró de la vida pública para centrarse
en escribir sus memorias y varios libros
sobre política exterior.
La carrera presidencial
El dúo Eisenhower-Nixon logró la victoria, y el segundo hombre más poderoso
de Estados Unidos puso un énfasis sustancial en el ámbito de las relaciones internacionales, llegando a viajar a Moscú
en 1959 para relajar tensiones entre las
dos potencias.
Nixon ya estaba listo para dar el salto, y en 1960 optó al fin por presentarse
como candidato a la presidencia. Era la
imagen de la experiencia, pero enfrente
tenía al mediático joven Kennedy, quien
acabó por lograr lo que parecía imposible con una ajustada victoria por un
margen de 120,000 votos. Tras el asesinato del demócrata y los seis años en el
cargo de Johnson, Nixon decidió optar a
la presidencia por segunda vez en 1969 y
consiguió una victoria contundente, con
un margen de más de medio millón de
votos a su favor. Más allá de los éxitos en
política interior, fue la agenda exterior la
que se llevó el protagonismo en la Administración Nixon. Acabar con el lodazal
de la guerra de Vietnam fue su prioridad.
El candidato republicano a la
presidencia, Richard Nixon (en esta foto,
a la izq.), se presentó ante el electorado
como un político con experiencia y madurez frente al nuevo senador Kennedy.
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JOHN F. KENNEDY
Nikita Kruschev:
Lyndon B.
Johnson:
el rostro de Moscú
D
ebía ser el hombre encargado
de conducir una transición
entre el rigor y la severidad
del estalinismo más intransigente y una URSS fiel a sus principios
pero más abierta y humana. Encontró
mil obstáculos en el camino, y poco a
poco se ganó la hostilidad de los próceres del partido hasta caer en desgracia,
dejando un legado inacabado.
Nacido en Kalinova el 5 de abril de
1894, a pocos kilómetros de la frontera
ucraniana, Nikita Kruschev vivió una
infancia limitada. Su familia era pobre
y no tuvo acceso a una educación formal de tiempo completo. Sin embargo,
dio muestras de una gran sensibilidad
política desde muy temprana edad: se
afilió al Partido Bolchevique en 1918
y formó parte de las filas del Ejército
Rojo durante la guerra civil para, una
vez concluido el conflicto, trasladarse
a Moscú a estudiar en la Academia Industrial, fundada por Stalin.
Desde comienzos de los años 30 trabajó para el Partido Comunista; tres años
después ingresó en el Comité Central y
en 1938 fue nombrado Secretario del Comité del Partido en Moscú, paso previo
a su elección, 12 meses después, como
miembro del Politburó.
el sucesor
imprevisto
Durante la grave crisis de 1962,
Kruschev accedió a retirar los misiles soviéticos de Cuba a cambio
de que Estados Unidos quitara los
suyos en Turquía e Italia.
Su gran objetivo fue lograr una sustancial mejora en la calidad de vida de los
ciudadanos soviéticos incrementando la
producción de bienes de consumo en detrimento del presupuesto militar; por otro
lado, en 1954 trató de fomentar el cultivo
de tierras hasta entonces no cultivadas.
Intentó, por otro lado, afianzar el liderazgo global de la URSS con una actitud
más abierta y relajada hacia Occidente,
pero defendiendo su posición hegemónica con,entre otras políticas,el incremento
del presupuesto para el programa espacial, coronado con la puesta en órbita del
Sputnik 1 en 1957,un triunfo propagandístico sin precedentes para los soviéticos.
Caída y dimisión
Paradojas del poder
Durante la Segunda Guerra Mundial,
ejerció como comisario político en el
ejército y se afanó activamente en la
consolidación de las posiciones rusas en
Polonia y Ucrania.Tras la muerte de Stalin en 1953, maniobró hábilmente para
desplazar a sus adversarios en el Partido
hasta hacerse con el liderazgo.
Llegó al poder con la firme intención de
erradicar los excesos del estalinismo: relajó las restricciones a la libertad de expresión,liberó a presos de los gulags y trató de
humanizar el sistema, enfrentándose por
ello a fuertes resistencias en el Partido Comunista. El proceso de desestanilización
fue arduo e incompleto, y Kruschev siempre arrastró la paradoja de enfrentarse a
un terror que él había alimentado y contribuido a propagar en los años en que no
cuestionaba al régimen.
34
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Kruschev quiso aminorar tensiones y
evitar callejones sin salida durante la
Guerra Fría, pero esa política conciliadora sufrió un colosal revés con la invasión
estadounidense de Bahía de Cochinos
y la Crisis de los Misiles, que pusieron
al mundo al borde de la Tercera Guerra
Mundial. El líder soviético resistió las
presiones del ala dura del régimen para
evitar el desastre,accediendo a retirar los
misiles tras 13 días de tensas negociaciones a cambio de que los estadounidenses hicieran lo propio con los suyos
en Turquía e Italia. Muchos vieron en la
gestión de Kruschev de la crisis una concesión intolerable que dañaba el prestigio internacional de la URSS. Fue lo que
faltaba: la mala situación económica y el
alejamiento de China fueron otros factores que forzaron su caída y dimisión,
formalizada el 14 de octubre de 1964.
D
os acontecimientos marcaron la carrera política de Lyndon B. Johnson: el asesinato
de Kennedy, que le brindó de
manera inesperada la llave de la Oficina
Oval en la Casa Blanca; y el otro fue la
guerra de Vietnam.
Natural de Stonewall,Texas, Johnson se
crió en el seno de una familia que debía su
sustento a la tierra. Su padre, sin embargo, no supo gestionar el patrimonio del
clan y los Johnson perdieron su granja a
mediados de la segunda década del siglo
XX. Lyndon nunca quiso seguir los pasos
de su padre y, después de laborar como
profesor durante un breve periodo, dio el
salto a la política muy joven. Nombrado
secretario legislativo del congresista demócrata Richard M. Kleberg, se mudó a
Washington y allí no tardó en tejer una
red de relaciones políticas decisivas en
busca de lograr sus elevadas ambiciones.
Una pareja ganadora
En 1934 Johnson contrajo matrimonio con
Claudia Alta Taylor, alias Lady Bird, quien
habría de convertirse en el principal sostén moral y financiero en la carrera política de su marido.Lady Bird utilizó el dinero
de una herencia para costear la candidatura y campaña de Lyndon en las elecciones al Congreso de 1937. Su ascenso era
ya imparable y, tras servir en la Segunda
Guerra Mundial desde la reserva como teniente comandante de la Armada, Johnson logró el cargo de senador por Texas en
unas apretadas elecciones en 1948.
En 1960 ya tenía la Oficina Oval como
objetivo, pero en la Convención Demócrata de ese mismo año emergió imparable la figura del joven JFK, que eclipsó
las ambiciones de Johnson, el favorito
de los demócratas de los estados del sur.
Para ganarse el apoyo de éstos, Kennedy
le ofreció la vicepresidencia en caso de
ganar las elecciones.Johnson aceptó y,en
efecto, en noviembre el dúo Kennedy-Johnson se impuso en unas competidas
FOTO: GETTY IMAGES
MUY INTERESANTE
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elecciones al candidato republicano Richard Nixon. Aunque Lyndon tuvo un papel determinante en asuntos cruciales,
como la negociación del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares o la
intervención estadounidense enVietnam,
siempre estuvo excluido del círculo de
confianza del presidente.
FOTOS: GETTY IMAGES
Cambio de situación
El 22 de noviembre de 1963, el día que asesinaron a Kennedy, Johnson formaba parte de la comitiva que recorría las calles de
Dallas y su coche estaba sólo a unos metros
del que llevaba al presidente. Pocas horas
después del magnicidio fue nombrado
presidente en sustitución de JFK, y en el
año que le quedaba de mandato siguió las
líneas programáticas fijadas por su antecesor. Johnson fue el candidato demócrata
en las siguientes elecciones presidenciales
y obtuvo una aplastante victoria sobre su
rival republicano, Barry Goldwater. El más
significativo de todos sus legados fue la
ejecución del programa Great Society, que
contemplabadesdepolíticasderenovación
urbana hasta ambiciosas reformas educativas, pasando por la inversión en regiones
pobres, la mejora de la atención en salud
o la lucha contra el racismo. Fue el New
Deal de Johnson uno de los paquetes de
reformas más ambiciosos de la historia de
Estados Unidos. Con todo, la incapacidad
para dar una solución al drama deVietnam,
cada vez más criticado, mermó su popularidad y fracturó al Partido Demócrata. Así,
en marzo de 1968 Johnson anunció, para
sorpresa de todos, que no se presentaría
a la reelección. Cuatro años después de su
salida de la Casa Blanca,en 1973,murió víctima de un infarto en su rancho de Texas.
Comentaristas políticos apuntaron
que sin Johnson como compañero,
Kennedy habría perdido las elecciones.
Las relaciones de
Cuba bajo el gobier-
Fidel Castro:
enemigo a las puertas
N
acido el 13 de agosto de 1926,
Fidel Castro se crió en una
familia acomodada, una excepción en una Cuba en la
que las carencias eran la norma. Su padre era propietario de una plantación
de azúcar e hizo fortuna debido a sus
negocios con la estadounidense United
Fruit Company. Fidel recibió la mejor
educación posible y en 1945 ingresó en la
Universidad de La Habana para estudiar
Derecho. Allí comenzó a desarrollar su
conciencia política y a ‘coquetear’ con el
socialismo por primera vez.
Comenzó a mostrarse como un hombre
de acción cuando decidió participar en el
fallido intento de derrocamiento de Rafael
Trujillo en la República Dominicana. De regreso en Cuba, se afilió al Partido Ortodoxo
a la vez que contraía matrimonio con Mirta Díaz Balart, perteneciente a una de las
familias más ricas y poderosas de Cuba, la
cual proporcionó a Fidel múltiples contactos en el mundo de la política.
Organizando la Revolución
Castro aspiraba a lograr un escaño en el
Congreso, pero ese plan se vio frustrado por el golpe militar de Fulgencio Batista, quien impuso un nuevo orden en
Cuba y ahogó las esperanzas de cambio
de Castro y sus correligionarios, que se
reorganizaron rápidamente para fundar
El Movimiento, el cual trató sin éxito de
derrocar al dictador.
Junto a su hermano Raúl y a otros rebeldes cubanos Fidel viajó a México, donde
los revolucionarios se rehicieron y entraron en contacto con Ernesto “Che” Guevara, quien se unió a la causa.
El 2 de diciembre de 1956, Castro y los
suyos regresaron finalmente a Cuba,
desembarcando, al frente de un pequeño contingente de 80 insurgentes, en la
no de Fidel Castro
(aquí, en 1959, en
Washington) con la
superpotencia estadounidense fueron
antagónicas, lo que se
confirmó tras la fracasada invasión de Bahía
de Cochinos (1961).
playa Las Coloradas. La mayoría cayeron
en combate, pero Fidel, Guevara y otros
hombres fuertes del movimiento consiguieron escapar a Sierra Maestra. Allí se
reagruparon y formaron un ejército de
guerrilleros que en los dos años siguientes se convirtió en la peor pesadilla del
dictador, quien acabó claudicando, abandonando el poder y huyendo de la isla.
Finalmente, Castro tenía Cuba en sus manos: la Revolución había triunfado.
Conflicto con EE.UU.
Tras un breve periodo de transición, Fidel
asumió el cargo de primer ministro. La
prudencia inicial de Estados Unidos se
transformó en hostilidad cuando el líder
de la Revolución comenzó a nacionalizar fábricas y plantaciones, acercándose
cada vez más a la URSS ante la creciente
preocupación de Washington. La gota
que derramó el vaso en la escalada de
tensión fue la negativa de las refinerías
estadounidenses a procesar el petróleo
comprado a la URSS, lo que empujó a Fidel a expropiarlas. En 1961 EUA rompió
definitivamente relaciones diplomáticas
con la isla. La fallida invasión de Bahía de
Cochinos, diseñada por Eisenhower pero
ejecutada por Kennedy; el embargo económico y la posterior Crisis de los Misiles
marcaron el desencuentro cubano-estadounidense. Fidel sobrevivió a más de 600
intentos de asesinato perpetrados por la
CIA a lo largo de las décadas siguientes,
pero el golpe más duro a su revolución
fue la caída de la URSS en 1991, que privó
a La Habana de su mejor aliado y disparó
la inflación y los índices de desempleo.
Con su salud cada vez más debilitada,
Castro “abdicó” definitivamente en su
hermano Raúl en 2008, manteniéndose
en un discreto segundo plano hasta su
muerte el 25 de noviembre de 2016.
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JOHN F. KENNEDY
Marilyn
Monroe:
la ambición rubia
Premio Nobel de la Paz
Inicios en Hollywood
Por todo ello, se convirtió en ícono y símbolo del movimiento. Nombrado en 1957
líder de la Conferencia Sur de Liderazgo
Cristiano, King recorrió en los años sucesivos nueve millones de kilómetros con su
mensaje de paz e integración, coordinando y encabezando incontables protestas.
La más célebre fue sin duda la Marcha sobreWashington por el trabajo y la libertad,
el 28 de agosto de 1963, en la que pronunciaría su más mítico discurso: “I have a
dream” (“Tengo un sueño”). King buscó la
colaboración y complicidad de John Fitzgerald Kennedy y Lyndon B. Johnson.
En 1964 recibió el Premio Nobel de la Paz
y tres años después, mientras se encontraba en el balcón de su habitación en un
motel de Memphis, también un disparo
letal en la cabeza efectuado por un francotirador: James Earl Ray.
Trabajó durante un tiempo en una fábrica de municiones hasta que fue casualmente descubierta por un fotógrafo, que
la animó a iniciar una carrera como modelo. Se divorció en 1946 y centró todos
sus esfuerzos desde entonces en hacerse
un lugar en la industria del cine. Tardó
unos años en obtener los frutos deseados
al lograr un breve pero llamativo papel en
La jungla de asfalto (John Huston, 1950).
Poco a poco su físico y su arrolladora sensualidad le abrieron las puertas del éxito.
En 1953 defendió su primer papel protagonista en Niágara (Henry Hathaway,
1953) y se consagró como uno de los
mitos eróticos de la edad dorada de Hollywood, condición que alimentaría títulos como Los caballeros las prefieren rubias
(Howard Hawks, 1953), Cómo casarse con
un millonario (Jean Negulesco, 1953) o Bus
la conciencia social
E
Un pastor muy comprometido
Continuó su formación en el Seminario
Teológico de Crozer y posteriormente
cursó estudios de posgrado en la Universidad de Boston, entre 1953 y 1955.
Fue allí, en la capital de Massachusetts,
donde conoció a la que habría de ser su
compañera, aliada y confidente, Coretta
Scott, una activista incansable y un pilar
fundamental en la vida del líder afroamericano. En 1954 Luther King se convirtió
finalmente en pastor de la iglesia bautista de la Avenida Dexter en Montgomery,
Alabama, mostrándose desde el primer
momento como un incansable defensor
de los derechos civiles de sus feligreses.
Miembro del comité ejecutivo de la
Asociación Nacional para el Progreso de
las Personas de Color, el comprometido
pastor dio un paso al frente para erigirse
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do un discurso
en Washington),
coetáneo de
Kennedy, solicitó
a éste su apoyo
en la lucha por
los derechos
civiles para los
afroamericanos.
FOTO: GETTY IMAGES
en líder del movimiento contra la segregación racial al encabezar el primer gran
acontecimiento no violento contra la
discriminación sistemática de la población de color: el boicot a los autobuses de
Montgomery, iniciado el 1 de diciembre
de 1955 por Rosa Parks y convertido en
la mecha que encendió la conciencia de
toda la nación.King no dudó en canalizar
todo ese descontento dando la cara por
la comunidad negra de dicha ciudad del
estado de Alabama, lo que cristalizó en
una propuesta histórica que se prolongó
durante 382 días, hasta que la Corte Suprema falló declarando inconstitucionales las leyes que imponían la segregación
en los autobuses. King fue arrestado y
agredido y su casa resultó atacada en
represalia por su ‘osadía’.
Martin Luther King:
l hombre que derrotó al sistema sin empuñar un arma, con
la sola fuerza de los valores
que defendía; el paladín de los
derechos civiles, Martin Luther King,
es sin duda uno de los personajes más
influyentes del siglo pasado. Nacido el
15 de enero de 1929, nieto e hijo de dos
pastores de la iglesia bautista de Ebenezer, en Atlanta, siguió los pasos de sus
mayores en la carrera eclesiástica. Se
educó en colegios en los que imperaba
la segregación racial y se graduó en 1948
en el Morehouse College, una institución
para personas de color en Atlanta, desarrollando en ese tiempo una gran conciencia social y una sensibilidad muy
profunda hacia la discriminación que
sufrían los afroamericanos en una de las
democracias más avanzadas del mundo.
R
íos de tinta han corrido sobre Norma Jeane Mortenson,
ícono del cine estadounidense conocido como Marilyn
Monroe. La actriz gustaba de adornar
los relatos sobre sus años jóvenes con
anécdotas que reforzaban el estereotipo de mujer vulnerable y frágil por culpa de una infancia difícil. En cualquier
caso, no fue una niña afortunada. Nacida el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles, Marilyn nunca conoció a su padre,
y su madre, Gladys, era una mujer
inestable psicológicamente que llegó
a ingresar en una institución mental.
Por ello pasó buena parte de su infancia en un orfanato hasta que en 1937
Grace y Doc Goddard, amigos de la
familia, se hicieron cargo de ella, educándola en una inflexible ortodoxia
religiosa. En 1942 se mudaron a otro
estado y dejaron atrás a Marilyn, quien
tuvo que regresar al centro asistencial.
Al parecer en ese periodo pudo haber
sido víctima de abusos sexuales, y sólo
su precoz matrimonio, a la edad de 16
años, con el marino mercante Jimmy
Dougherty, le permitió escapar.
King (aquí, dan-
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Lee Harvey Oswald:
el magnicida improbable
D
A Marilyn, se le atribuyeron relaciones
con los hermanos John y Robert Kennedy;
este último fue incluso acusado de haber
ordenado acabar con la actriz, según una de
las teorías nunca probadas sobre su muerte.
Stop (Joshua Logan, 1956). Marilyn sufría
episodios de ansiedad previos a los rodajes, lo que provocaba continuos retrasos
y ausencias. Empeñada en demostrar
que era mucho más que un rostro bello,
tomó clases de interpretación con Lee
Strasberg en Nueva York a mediados de
la década de los 50, pero poco a poco su
estrella se fue apagando.
FOTOS: EFE ZUMA /PRESS
Una estrella que se apagó
El 5 de agosto de 1962, con apenas 36
años de edad, falleció en su casa de Los
Ángeles, probablemente víctima de una
sobredosis de barbitúricos. No faltaron,
ni faltan aún, teorías de conspiración
que quieren ver en las enigmáticas circunstancias de su muerte la escena de
un crimen. Un crimen, para más señas,
perpetrado por los hermanos Kennedy.
Marilyn mantuvo un romance con JFK
durante ocho años. Se conocieron en
1954 y sus encuentros eran facilitados
por el ‘celestino’ Peter Lawford, quien
en 1962 se encargó de comunicar a la actriz, por teléfono, el fin de la relación. Al
parecer la estrella mantuvo también una
relación muy estrecha con Robert Kennedy; según los aficionados a las teorías
de conspiración, Marilyn sabía demasiado, por lo que los dos hermanos –con
ayuda de J. Edgar Hoover, director del
FBI– habrían decretado su eliminación.
Pero hasta que se demuestre lo contrario, Marilyn murió, simplemente, por una
ingesta excesiva de pastillas.
ebía haber pasado a la Historia, simplemente, como
el hombre que mató a John
F. Kennedy, pero el relato
oficial mostró grietas desde un inicio,
cuando comenzó a quedar patente que
quizá Oswald no era más que el hombre
elegido para cargar con la culpa. A priori
lo tenía todo para desempeñar el papel
de villano antiestadounidense.
Nacido en Nueva Orleans el 18 de octubre de 1939, tuvo que sobreponerse a
una infancia y adolescencia llenas de
dificultades. Su padre murió víctima de
un infarto apenas dos meses antes de su
nacimiento, y Marguerite, su madre, incapaz de llevar sola la carga de la crianza
de sus tres hijos, internó a Oswald y a sus
dos hermanos en un orfanato. Finalmente pudo rehacer su vida y entonces recuperó a sus hijos, con los que se mudó a
una casa del Bronx, donde el pequeño del
clan mostró una actitud rebelde que sólo
encontraba consuelo en sus continuas
visitas a la biblioteca. Reinstalados en su
Nueva Orleans natal, Oswald comenzó a
interesarse por los principios del socialismo, si bien en 1956 decidió alistarse en
la Armada, donde brilló como un magnífico tirador, pero también como un recluta problemático e indisciplinado, que
fue procesado hasta en dos ocasiones por
posesión ilegal de armas.
Experiencia soviética
Cada vez sentía mayor fascinación por el
comunismo; por esa razón, viajó a Moscú e intentó allí obtener la protección de
las autoridades soviéticas. Finalmente,
le dieron permiso para residir en Minsk
estrechamente vigilado por la KGB, con
la esperanza de utilizarlo como espía,
pero Oswald no era feliz en la URSS, por
lo que decidió regresar a Estados Unidos
en el verano de 1962 en compañía de su
flamante esposa rusa, Marina Prusakova.
Fijó su residencia en Dallas, sin abandonar su militancia comunista; allí adquirió por correo una pistola y un rifle que,
según la versión oficial, utilizaría poco
después para asesinar al presidente de
Estados Unidos. En abril de 1963 perpetró,
presuntamente, el fallido asesinato del
general Edwin A. Walker desde la ventana
de su casa. Tras un breve periplo por México, intentó sin éxito obtener un visado
para viajar a Cuba o, en su defecto, a la
Unión Soviética, pero el documento le fue
denegado. Encontró entonces un trabajo
en una biblioteca de Dallas y, a partir de
ese momento, su rastro se liga al magnicidio de JFK. Al parecer, el 22 de noviembre
de 1963 Oswald fue visto, poco antes del
asesinato de Kennedy, en los alrededores
del lugar donde se cometió el crimen.
¿La punta del iceberg?
A las 12:30 del mediodía, sonaron tres
disparos, de los cuales dos impactaron
en el presidente. Presuntamente, en su
huida de la escena del asesinato, Oswald
habría disparado también al policía J. D.
Tippit. Poco después fue detenido en el
interior del Texas Theatre, un cine en
los suburbios de Dallas. En los dos días
sucesivos el presunto asesino fue sometido a varios interrogatorios, pero no
hubo tiempo de llegar al fondo del asunto porque el 24 de noviembre, mientras
era trasladado a la prisión del condado,
murió víctima de los disparos efectuados por el mafioso Jack Ruby, a plena luz
del día y con las cámaras de televisión
grabando. Aunque el asesino se escudó en su deseo de vengar la muerte del
presidente, no tardaron en surgir voces
que desacreditaban la versión oficial y
apuntaban hacia una conspiración en la
que Oswald no era más que la punta del
iceberg. El presunto magnicida se llevó
el secreto a la tumba.
Detenido a los
pocos minutos
del atentado
contra JFK, Oswald
(en esta foto) fue
asesinado dos
días después por
Jack Ruby, justo
cuando iba a ser
trasladado de
prisión para su
interrogatorio.
MUY INTERESSANTE
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JOHN F. KENNEDY
La carrera espacial
p
Del
al
suelo lunar
Si bien la NASA fue creada por
Eisenhower, Kennedy comprendió
que sólo con una gran inversión y
una apuesta decidida EE.UU. vencería
a la URSS en el espacio. Por Fernando Cohnen
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Mundial, Korolev fabricó el cohete R-7, la lanzadera que puso
en órbita al Sputnik. En 1955 Moscú había ordenado la construcción del primer centro de lanzamiento de cohetes en
Baikonur, lo que situaba al régimen soviético en una situación ventajosa frente a Estados Unidos. Un mes más tarde
del lanzamiento del Sputnik, el programa espacial ruso logró
un nuevo éxito al poner en órbita otro satélite –Sputnik 2– que
pesaba más de media tonelada y llevaba en su interior al
primer ser vivo que llegaba al espacio: la perra Laika.
La URSS toma la delantera
La noticia fue publicada en la primera página de los periódicos de todo el mundo: los rusos lo habían vuelto a lograr.
Demostraron que un ser vivo podía sobrevivir a la microgravedad (aunque, en realidad, Laika murió poco después del
despegue). Por si fuera poco, ese segundo satélite llevaba a
bordo instrumentos para medir la radiación solar y estudiar
FOTO: NASA
E
l 4 de octubre de 1957, cuando llegó la noche, las miradas de muchos estadounidenses se dirigieron al cielo para ver si podían
contemplar el paso de un débil punto de luz
que cruzaba la bóveda celeste. Se trataba
del rastro de un satélite soviético llamado Sputnik, de 84 kilos de peso y 58 centímetros de diámetro, que llevaba a bordo dos emisores de
radio que emitían regularmente un sonido que se pudo
escuchar en la Tierra. La asombrosa proeza de poner en
órbita el primer satélite artificial de la Historia situaba a
la Unión Soviética a la cabeza de la carrera espacial, para
gran consternación de Washington.
El responsable de aquella victoria fue Serguéi Korolev
(1907-1966), la gran figura del desarrollo espacial soviético. A partir de los cohetes V-2 que los rusos confiscaron en
las bases secretas alemanas al finalizar la Segunda Guerra
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Race to space. Ése fue el lema (Carrera
al espacio) con que Kennedy logró vencer
las reticencias del Congreso para que al fin
financiara los programas de la NASA. Con dicho
esfuerzo millonario se produjeron hitos como
el vuelo orbital de Glenn (en la foto, junto a
su familia y JFK al regreso de su misión) o, ya
muerto el presidente, la llegada a la Luna.
las capas exteriores de la atmósfera, lo que convertía ese
vuelo en la primera misión científica llevada a cabo en el
espacio. La muerte de la perra no había sido en balde: se
había producido en aras de la investigación científica.
El nuevo logro soviético fue recibido en Estados Unidos
como una sonora bofetada a su orgullo nacional. Para intentar mitigar el estupor de la opinión pública de su país y la de
sus aliados, Washington anunció que iba a aportar grandes
medios económicos para que sus científicos e ingenieros
pusieran en órbita su propio satélite, lo que lograron el 31
de enero de 1958 cuando un cohete Júpiter lanzó con éxito
al Explorer 1. El pueblo estadounidense recibió la noticia con
alivio, porque mostraba el camino adecuado para acercarse
y superar a los temidos rusos.
Cuatro meses después, Estados Unidos lanzó al espacio
un satélite en cuya ojiva iban dos monos conectados a instrumentos destinados a medir su ritmo cardiaco, su tem-
peratura y otros datos. Una hora más tarde, los dos monos
fueron recuperados con éxito. La noticia devolvió parte del
orgullo patrio perdido meses antes. El 29 de julio de 1958,
Eisenhower firmó la National Aeronautics and Space Act,
que creó –y le dio nombre con sus siglas– a la NASA. Cuando
todo parecía que iba bien encaminado, en septiembre de
1959 los soviéticos volvieron a dar la campanada al lanzar
un cohete que logró estrellarse en la superficie lunar. El
nuevo éxito se producía días antes de que el jefe del gobierno soviético, Nikita Kruschev, iniciara su visita a Estados
Unidos. Para mayor ‘burla’, la prensa rusa reveló que el
cohete llevaba a bordo un escudo de la URSS con el característico símbolo de la hoz y el martillo. Era como si los soviéticos ya hubieran iniciado la colonización de la Luna. El
académico soviético Leonid Sedov afirmó que aquel acontecimiento científico debía contribuir a la paz mundial, lo
que en Estados Unidos sonó como una provocación.
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MUY INTERESANTE
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JOHN F. KENNEDY
soviéticos y la amenaza que representaban para
la seguridad nacional, Washington quiso reforzar
sus bases militares en el exterior. Por este motivo,
Eisenhower debió pensar que dejarse fotografiar
junto a un dictador no era para tanto si eso contribuía a la defensa de Estados Unidos. Y así salió en
las portadas de los diarios de medio mundo: abrazado a Franco y sonriente ante las cámaras. Luego
se dio un baño de masas en las calles de Madrid,
repletas de gente que lo vitoreaba como si fuera un
dios recién llegado del mismísimo Olimpo.
La heroína
involuntaria. Hoy
tal vez a nadie se
le ocurriría lanzar a
un can al espacio
exterior sin saber
si va a sobrevivir,
pero en 1957 el
“vuelo” de la perra
Laika (muerta
al poco tiempo
de despegar;
arriba, antes del
lanzamiento) en el
Sputnik 2 fue muy
celebrado.
Cerebro
privilegiado. El
ingeniero aeronáutico
ruso Serguéi Korolev
(aquí, su foto) fue
un brillante científico
soviético, varias veces
condecorado por sus
servicios. Sin él la URSS
no habría logrado
tomar la delantera en
los primeros años de la
carrera espacial.
40
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Eisenhower y Franco, la extraña pareja
Los expertos del Pentágono y la Casa Blanca estaban más que preocupados. El nuevo éxito espacial soviético demostraba que su arsenal militar
de cohetes intercontinentales representaba un
serio peligro para la seguridad de Estados Unidos.
Los más alarmistas creyeron oír el zumbido de los
cohetes rusos sobre sus cabezas. En diciembre
de 1959, casi dos meses después de la llegada del
cohete soviético a la Luna, el presidente de Estados Unidos, Eisenhower, llegó a la base militar de
Torrejón de Ardoz, cercana a Madrid, donde fue
recibido por Francisco Franco.
Tras saludarse en la base militar, ambos mandatarios se dirigieron a Madrid, donde hablaron de
los acuerdos económicos y de defensa firmados en
1953. Ante los crecientes éxitos espaciales de los
Un año más tarde, en noviembre de 1960, el joven
candidato demócrata John Fitzgerald Kennedy se
impuso a su rival, Richard Nixon, por un puñado
de votos. El anciano presidente Eisenhower fue
reemplazado en la Casa Blanca por un dinámico
político de 43 años que en su campaña electoral
había prometido lanzar al país “hacia una nueva
frontera”. ¿Se refería a las fronteras del espacio?
Evidentemente, Kennedy pensaba en otros retos,
pero pronto se convenció de la necesidad de que
su nación tomara la delantera en la carrera espacial. Había que demostrar al mundo que la mayor
potencia económica del planeta también lo era en
el campo tecnológico.
Cinco meses después de llegar a la Casa Blanca,
Kennedy fue informado de que los soviéticos habían
logrado poner en órbita al primer ser humano gracias a la potencia de un nuevo cohete llamado Vostok
1. El cosmonauta soviético tenía 27 años y se llamaba
Yuri Gagarin; había completado una órbita alrededor de la Tierra hacía tan sólo unas horas. Aquel 12
de abril de 1961 tuvo el efecto de una cubetada de
agua lanzada a la cara de todos los estadounidenses.
Para Kennedy, fueron dos las cubetadas de agua fría.
Unos días después, sus asesores le informaron que la
fuerza anticastrista financiada por Estados Unidos
había sido derrotada por los revolucionarios poco
después de su desembarco en Bahía de Cochinos,
lo que supuso el primer gran fracaso del flamante
presidente estadounidense en política exterior.
El histórico vuelo de Gagarin se inició a las 9:07,
hora de Moscú, en la base espacial de Baikonur.
La nave dio la vuelta a la Tierra a una altura de
unos 300 kilómetros y aterrizó sin contratiempos
a las 10:55 horas en Smelovka, cerca de Saratov. La
prensa de todo el mundo saludó al nuevo héroe
de la Unión Soviética, un comandante del ejército
que fue fundidor antes de graduarse en ingeniería.
Moscú organizó un desfile en honor de su aguerrido cosmonauta y la maquinaria propagandística
soviética hizo que se editaran sellos, postales y
todo tipo de reportajes y artículos ensalzando los
valores de la juventud soviética y los avances de la
tecnología espacial del país.
FOTOS: GETTY IMAGES
Kennedy se estrena con dos fracasos
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El Sputnik asombra al mundo
E
n octubre de 1957, el sonido de un bip procedente del espacio conmocionó a Estados Unidos. Ese
inquietante bip lo emitía regularmente un satélite que
la Unión Soviética había puesto en órbita alrededor
de la Tierra. Era la primera vez que un artefacto construido
por el ser humano llegaba al espacio. Se llamaba Sputnik 1
y tardaba 95 minutos en realizar una revolución completa
alrededor del planeta. El logro soviético tuvo una enorme
repercusión en todo el mundo y despertó un gran temor en
Estados Unidos: la posibilidad de que ese pequeño satélite
llevara armas letales en su interior desató el pánico. La alarma
no tenía sentido, pero la puesta en órbita del satélite soviético
fue un tremendo golpe para el orgullo estadounidense. Su
tecnología había sido superada por la del enemigo; la carrera
espacial había comenzado y Moscú llevaba la delantera.
Como respuesta a esa hazaña, que fue publicada en los periódicos de todo el mundo, los estadounidenses anunciaron
que su programa de investigación iba a ser reforzado. Pronto
llegaría la noticia de la puesta en órbita de una nave que
FOTOS: GETTY IMAGES
Dólares para un sueño
La propaganda estadounidense tenía que hacer
algo para contrarrestar aquel duro golpe, pero para
lograrlo iba a hacer falta mucho dinero.En realidad,
toneladas de dólares,que sólo estarían disponibles
si el Congreso daba luz verde a la revitalización
del programa espacial de la NASA. Días después
del nuevo éxito soviético, el presidente Kennedy
convocó al vicepresidente Lyndon B. Johnson para
entregarle un memorándum que planteaba una
serie de preguntas sobre la capacidad de la industria aeroespacial estadounidense para hacer frente
al reto de los soviéticos.
El 5 de mayo de 1961, el astronauta del programa
Mercury Alan B. Shepard realizó el primer vuelo
suborbital estadounidense. Veinte días después,
Kennedy anunció en una sesión conjunta del Congreso y el Senado de Estados Unidos que estaba
dispuesto a hacer todo lo necesario para ganar la
carrera espacial. “Primero, creo que esta nación
debe asumir como meta el lograr que un hombre
vaya a la Luna y regrese a salvo a la Tierra antes
del fin de esta década. Ningún otro proyecto individual será tan impresionante para la humanidad
ni más importante que los viajes de largo alcance
al espacio; y ninguno será tan difícil y costoso de
conseguir”, subrayó el joven mandatario.
En septiembre de 1962, el presidente estadounidense pronunció un discurso en la Universidad de
Rice, en Texas, en el que dijo: “Ninguna nación que
espere ser líder de otras naciones puede mantenerse atrasada en la carrera por el espacio”. Kennedy estaba presionando al Congreso para que
diera luz verde a ese objetivo, para el cual era necesario aprobar una enorme inyección de dinero.
Ilustración propagandística
soviética de 1959 en la que se
ve el Sputnik surcando el espacio.
llevaba en su interior a Yuri Gagarin, el primer cosmonauta
soviético en alcanzar el espacio. La opinión pública de Estados Unidos no salía de su asombro. ¿Qué sería lo próximo?
Tendrían que pasar algunos años para que el programa espacial estadounidense comenzara a acercarse al primer puesto
de privilegio que ostentaba entonces indiscutiblemente la
Unión Soviética, que por supuesto no perdió la oportunidad
de sacar partido propagandístico a sus triunfos en el Cosmos.
Los primeros éxitos soviéticos –primer
satélite, primer vuelo tripulado y primer
cosmonauta en órbita– supusieron una
humillación para Estados Unidos.
“Nosotros escogemos ir a la Luna y hacer otras
cosas no porque sea fácil, sino porque es difícil”,
enfatizó. Finalmente, el Congreso aprobó un presupuesto de más de 25,000 millones de dólares de
la época para poner en marcha el programa Apolo.
De Mercury a Gemini: EE.UU. reacciona
Los estadounidenses habían sufrido un nuevo golpe con la proeza de Gagarin,pero no permanecieron
con los brazos cruzados. El programa Mercury hizo
posible el primer vuelo orbital estadounidense en
febrero de 1962,protagonizado por el teniente coro-
Un ruso en órbita. El astronauta soviético Yuri Gagarin
fue el primer ser humano que orbitó en el espacio. En la
imagen, durante una comprobación de última hora antes
del lanzamiento del Vostok 1, el 12 de abril de 1961.
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MUY INTERESANTE
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JOHN F. KENNEDY
Entre 1965 y el inal de esa década, los
estadounidenses consiguieron al in la
hegemonía espacial que tanto deseaban.
El héroe del
espacio. La hazaña
que protagonizó John
H. Glenn a bordo de
la Friendship 7, en
febrero de 1962, lo
convirtió en un ícono
popular y en amigo de
los Kennedy. Abajo,
Glenn sonríe con el
traje espacial puesto y
al lado del cohete de
su vuelo orbital.
nel John H. Glenn. La cápsula espacial Friendship 7, a
bordo de la cual viajaba Glenn, recorrió una distancia de 129,000 kilómetros a una velocidad promedio
de 28,000 kilómetros por hora. Durante el vuelo orbital, que duró 4 horas y 56 minutos, el astronauta
pudo utilizar controles manuales. La cápsula con
Glenn dentro amerizó a unos 60 kilómetros del sitio
previsto, cerca de las Bahamas.
Poco después, el nuevo héroe fue recibido con auténtico entusiasmo por los neoyorquinos. Su fama
le abrió las puertas de la Casa Blanca, lo que facilitó que el astronauta entablara una rápida amistad
con la familia Kennedy. La odisea espacial de Glenn
motivó a la NASA, que puso en marcha el programa
Gemini, cuyo objetivo era desarrollar una tecnología capaz de transportar a un ser humano a la
superficie lunar. Para cumplir esa meta, se fabricó
una nave que pesaba el doble que la Mercury y un
nuevo cohete más potente, el Titán II.
Una carrera con la meta en la Luna
En agosto de ese año, la nave Vostok 3, tripulada
por el cosmonauta Andrián Nikoláyev, aterrizó en
Kazajistán tras efectuar un vuelo de 95 horas y 25
minutos, durante el cual recorrió 2,600,000 kilómetros. Otra nave soviética, la Vostok 4, tripulada
por el teniente coronel Pavel Popovich, aterrizó
7 minutos más tarde tras haber dado la vuelta al
mundo 48 veces (la nave recorrió ese trayecto en
71 horas). Las dos nuevas hazañas confirmaron el
papel aún protagonista de la Unión Soviética en
la carrera espacial. Estados Unidos seguía yendo
un paso atrás en esa enloquecida lucha, cuyo final
era averiguar cuál de las dos superpotencias iba a
conquistar antes la Luna.
El 22 de noviembre de 1963, las rotativas de los
periódicos pararon de golpe. El presidente John F.
Kennedy había sido asesinado en Dallas, Texas.
El mundo quedó sobrecogido. Apenas 99 minutos
después del magnicidio, el vicepresidente, Lyndon
B. Johnson, prestó juramento a bordo del avión que
lo conducía a Washington, convirtiéndose de ese
modo en el 36º presidente de Estados Unidos. Pero
la muerte de Kennedy no detuvo el proyecto de la
NASA de enviar a un ser humano a la superficie
lunar: entre marzo de 1965 y noviembre de 1966,
las diez misiones tripuladas del programa Gemini
proporcionaron a la NASA la experiencia necesaria para iniciar el ambicioso programa Apolo, cuyo
objetivo era conquistar la Luna.
En aquel entonces, los soviéticos seguían manteniendo el liderazgo en el espacio. El genial diseñador ruso de cohetes Korolev inició los estudios
para lograr que la URSS fuera la primera potencia
en enviar cosmonautas a la superficie lunar. Para
ello era indispensable el acoplamiento de varias
naves en órbita terrestre, y con ese objetivo diseñó
las naves Vostok 3 y Vostok 4,que demostraron la viabilidad de un viaje tripulado a nuestro satélite. Los
rusos también diseñaron naves automáticas para
estudiar la naturaleza del suelo lunar; Luna 9 fue la
primera en conseguirlo.Entre agosto de 1966 y abril
de 1968 fueron enviadas varias sondas con éxito.
Pero todo se complicó con la repentina muerte de
Korolev, el 14 de enero de 1966. A partir de entonces, fueron los estadounidenses los que comenzaron a cosechar triunfos mientras los soviéticos
iniciaban una etapa salpicada de fracasos. Una
vez finalizado el programa Gemini, la NASA puso
en marcha al fin el programa Apolo, cuyos inicios
no pudieron ser más catastróficos. El 27 de enero
de 1967, durante uno de los ensayos del módulo de
control, un cortocircuito desencadenó un incendio que acabó con la vida de los tres astronautas
que se encontraban en la nave.
Las misiones 2 y 3 desaparecieron del programa
y las tres siguientes fueron vuelos no tripulados
en los que se empleó el nuevo y gigantesco cohete
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La anhelada hegemonía estadounidense
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“¿Podemos vencer a los soviéticos?”
T
FOTOS: GETTY IMAGES
ras la sorpresa que produjo en Estados Unidos la
puesta en órbita del satélite Sputnik y el primer vuelo
de un ser humano al espacio, protagonizado por el
soviético Gagarin, el presidente de Estados Unidos,
John F. Kennedy, convocó al vicepresidente, Lyndon B. Johnson,
para entregarle un memorándum en el que planteaba una serie
de preguntas para las que quería respuestas claras, rápidas y
concisas. La primera cuestión que planteaba Kennedy era si
Estados Unidos tenía alguna posibilidad de vencer a los soviéticos situando un laboratorio orbital o mediante una nave capaz
de aterrizar en la Luna y volver a la Tierra con un hombre. El
memorándum también se hacía otras preguntas: “¿Cuánto nos
costaría? (…) ¿Estamos trabajando veinticuatro horas al día en
los programas existentes? Si no, ¿por qué no? Si no, ¿me harías
recomendaciones sobre cómo puede acelerarse el trabajo?”.
El presidente estadounidense también planteaba cuestiones
técnicas: “Al construir grandes cohetes, ¿deberíamos hacer
hincapié en la energía nuclear, en combustibles químicos o
líquidos o en una combinación de los tres?”. Tras otras preguntas sobre la situación de la tecnología aeroespacial, llegaba la
pregunta crucial: “¿Estamos haciendo el máximo esfuerzo?”. A
partir de entonces, el Congreso aprobó sumas multimillonarias
Saturn 5, diseñado por el científico alemán Wernher von Braun (1912-1977), padre del programa de
misiles alemán en la Segunda Guerra Mundial y
creador de las bombas flotantes V-1 y V-2, desarrolladas en los laboratorios secretos de Peenemünde,
en una isla del mar Báltico.Tras finalizar el conflicto
bélico Von Braun pasó al servicio de los estadounidenses, convirtiéndose en el diseñador principal
de algunos de los primeros cohetes militares de la
gran potencia y en el responsable técnico de los
programas de lanzaderas de la NASA.
Un año y medio después del accidente del Apolo
1, la NASA dio luz verde a la misión tripulada del
Apolo 7, que duró diez días y fue todo un éxito. La
misión Apolo 8, por su parte, logró la gesta de orbitar
otro cuerpo celeste, lo que convirtió a sus tripulantes, Borman, Lovell y Anders, en los primeros seres
humanos que vieron la cara oculta de nuestro satélite. También fueron los primeros afortunados que
contemplaron la Tierra desde la Luna.
Si la NASA pudo poner una nave tripulada alrededor de nuestro satélite fue gracias a la decisión
de Kennedy de llevar a un hombre a la superficie lunar antes de que acabara la década de los
70 del siglo XX, y para ello fue necesario un esfuerzo gigante por parte de la agencia espacial
estadounidense. En menos de siete meses, sus
responsables pusieron en pie las instalaciones de
Michoud, Nueva Orleans, para construir y probar
la nave espacial. También construyeron un centro de operaciones de lanzamiento de cohetes en
Cabo Cañaveral, Florida, y diseñaron otro centro
para acelerar el programa espacial estadounidense. El objetivo
estaba claro: derrotar a los soviéticos en ese estratégico campo
y devolver la tranquilidad a la opinión pública estadounidense.
Septiembre de 1962. Kennedy
habla en pro de la carrera espacial
en la Universidad de Rice, Houston.
La misión del Titán II. Este cohete
no tripulado (aquí, su lanzamiento
en enero de 1965) realizó un vuelo
suborbital de 3,200 km para comprobar
la habitabilidad de las cápsulas
espaciales. Poco después –en marzo de
ese año– se lanzó otro tripulado.
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JOHN F. KENNEDY
El hombre en la
Luna. Esta icónica
imagen de Edwin
Buzz Aldrin de pie en
la superficie lunar,
frente a la bandera de
EUA, fue tomada por
el comandante de la
misión del Apolo 11,
Neil Armstrong.
Los tres astronautas
del Apolo regresaron
a nuestro planeta sin
sufrir contratiempos.
Abajo, un helicóptero
del Ejército de EUA se
dispone a rescatarlos
de aguas del Pacífico.
strong y Aldrin pasaron al módulo lunar, llamado
Águila, mientras Collins permanecía orbitando la
Luna en el módulo de control Columbia.Poco a poco,
el Águila comenzó a descender para posarse en la
superficie de la Luna, en una zona denominada
Mar de la Tranquilidad.
Un gran salto para la humanidad
El primero en pisar el suelo lunar fue Neil Armstrong, el 20 de julio a las 10:56 (hora de Florida),
ante la mirada de millones de personas de todo el
mundo, que observaron este histórico acontecimiento a través de la televisión.Mientras descendía
por la escalera del módulo, Armstrong pronunció
la famosa frase: “Éste es un pequeño paso para el
hombre, pero un gran salto para la humanidad”.
A continuación, el astronauta tomó las primeras
muestras del suelo selenita por si tenía que volver
precipitadamente al módulo lunar. Un cuarto de
hora después,Aldrin se unió al paseo.Lo que vieron
sus ojos le sobrecogió: “Magnífica desolación”, fue
su descripción del paisaje que tenían ante sí.
Armstrong descubrió una placa situada en una
de las patas del módulo lunar, con un dibujo de los
dos hemisferios terrestres y una inscripción: “Aquí,
hombres del planeta Tierra pusieron pie por primera vez en la Luna, julio de 1969. Vinimos en son
de paz en nombre de toda la humanidad”. Luego
plantaron en el suelo la bandera de Estados Unidos.
De la edad moderna a la era espacial
Tras la ceremonia,los dos astronautas comenzaron
a explorar y fotografiar aquel magnífico y desolado
mundo.Recogieron más muestras de rocas lunares
e instalaron los instrumentos que llevaban a bordo
para realizar tres experimentos: uno para medir los
temblores lunares, una hoja de aluminio para capturar viento solar y un reflector láser para medir la
distancia exacta entre la Tierra y la Luna.Tras dos
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FOTOS: NAVAL HISTORICAL FOUNDATION/MILT PUTNAM,HS-4; NASA
Amerizaje pacífico
de vuelos espaciales tripulados en Houston,Texas.
Aquel despliegue de recursos se hizo realidad con
el enorme presupuesto que el Congreso estadounidense concedió a la agencia aeroespacial.
El Apolo 9 despegó en marzo de 1969 para ensayar
el funcionamiento del módulo lunar y efectuar un
paseo espacial que probara el traje que iban a utilizar más adelante los astronautas que pisaran por
vez primera el suelo de la Luna.Por su parte,el Apolo
10 fue lanzado en mayo con el objetivo de realizar
todos los pasos de la misión a excepción del alunizaje. Finalmente, la misión Apolo 11 despegó del
Centro Espacial Kennedy (antes Cabo Cañaveral) el
16 de julio de 1969. Cinco días después cumpliría el
sueño de John F.Kennedy de llevar a un astronauta a
la superficie lunar,aunque obviamente el presidente norteamericano no tuvo ocasión de ver con sus
propios ojos aquella odisea espacial, por desgracia.
El módulo lunar que debía descender a nuestro
satélite iba en la punta del cohete Saturno 5. Los
astronautas Neil Armstrong, Edwin Buzz Aldrin y
Michael Collins hicieron el vuelo en el módulo de
control.Después de cuatro días de viaje y tras abandonar la órbita terrestre y entrar en la lunar, Arm-
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La empresa que quiere emular el sueño de Kennedy
L
FOTO: GETTY IMAGES
a compañía SpaceX ha anunciado que a finales
de 2018 estará en condiciones de hacer un vuelo
alrededor de la Luna con dos turistas a bordo. Los
dos afortunados, que por el momento prefieren
permanecer en el anonimato, ya han contratado y pagado
el primer viaje turístico alrededor de nuestro satélite. Antes
de ser lanzados hacia su objetivo, los dos viajeros tendrán
que someterse a una serie de pruebas para comprobar
su estado físico. La ambiciosa iniciativa de Elon Musk,
presidente ejecutivo de SpaceX, se enfrenta a una serie de
problemas para cumplir la fecha que ha propuesto para la
primera misión turística a la Luna. Su cápsula tendrá que
hacer cuatro vuelos a la Estación Espacial Internacional, tal
y como establece el acuerdo que ha firmado la compañía con la NASA. Si todo va bien, la cápsula con los dos
viajeros rodeará la Luna para volver de nuevo a la Tierra. El
despegue se realizará desde la misma plataforma de lanzamiento que usaron las misiones Apolo en Cabo Cañaveral. “Esto le da al ser humano la oportunidad de volver
al espacio profundo por primera vez en 45 años, y lo hará
viajando más rápido y más lejos en el Sistema Solar de lo
que lo ha hecho nadie antes”, asegura el comunicado de
la empresa. El espíritu de conquista del espacio exterior
que impulsó el presidente Kennedy en los años 60 del
siglo XX regresa de la mano de esta compañía visionaria. A
la aventura también se ha sumado la agencia del espacio
china, que ya ha anunciado que prepara un vuelo para
trasladar a un astronauta a la superficie lunar.
horas y media de paseo, ambos astronautas regresaron al módulo. Mientras éstos descansaban y comían en suelo lunar, el tercer miembro de la misión,
Michael Collins, permaneció en el módulo de control orbitando alrededor de la Luna. A continuación,
llegó el momento del despegue del módulo lunar
para encontrarse con la nave en la que estaba Collins. Si algo fallaba, éste tendría que regresar solo
a la Tierra. Fueron unos minutos angustiosos para
el centro de control de Houston. El módulo lunar
despegó y tras siete minutos de ascenso se situó
en órbita lunar. Tres horas después se produjo el
acoplamiento de los dos módulos. La operación se
había realizado sin ningún percance.
Atrás quedaron las patas del módulo lunar, la bandera, la placa con la inscripción, dos instrumentos
para experimentos y las huellas de los primeros
humanos que habían pisado el suelo de la Luna.
Unas cinco horas después de abandonar el módulo
lunar, encendieron el motor del módulo de servicio
para impulsar la nave hacia la Tierra. El amerizaje
se produjo en el océano Pacífico a las 12:50 del 24
de julio. La misión había durado ocho días y unas
horas. El programa Apolo iba a continuar con otros
cinco alunizajes más, pero el objetivo importante ya
se había cumplido: la apuesta de Kennedy de llevar
El cohete Falcon 9 de SpaceX
fue lanzado experimentalmente
desde Cabo Cañaveral, Florida, el 4
de marzo de 2016 (en la imagen).
un astronauta a la Luna antes de 1970 concluyó con
éxito, aunque él no pudo disfrutarlo. Estados Unidos
había ganado la carrera espacial a la Unión Soviética.
La capacidad inventora del ser humano y un presupuesto millonario habían logrado desarrollar la
tecnología suficiente para llevar a cabo la asombrosa gesta de trasladar a un ser humano a la superficie lunar. Así como la llegada de Cristóbal Colón
marcó la transición entre la Edad Media y la Edad
Moderna, la llegada del primer hombre a otro astro
celeste marcó la transición entre la Edad Moderna y
la Era Espacial. Desde entonces, las grandes potencias han dedicado enormes cantidades de dinero a
conquistar la última frontera.
La desaparición de la URSS sumió en una crisis a
la industria aeroespacial rusa, de la que se recuperó
poco después. En 1993, sus responsables firmaron
un acuerdo con EUA para colaborar en la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS),
que sigue operativa y en la que participan otras
naciones. En noviembre de 1998, un cohete ruso
Protón puso en órbita a 400 km de altura el módulo
de control Zaria, el primer componente de la ISS.
Aquel vuelo puso punto final a la carrera espacial
que protagonizaron ambas superpotencias en los
años 50 y 60 del pasado siglo.
LIBRO
La carrera espacial: del Sputnik
al Apolo 11
Ricardo Artola, Alianza
Editorial, 2009. Un
relato muy completo y
ameno de la trepidante
actividad desarrollada
por las dos superpotencias entre 1957 y 1969
para lograr la hegemonía aeroespacial.
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JOHN F. KENNEDY
Kennedy y el movimiento por los derechos civiles
Una lucha
inacabada
Pese al apoyo del voto negro, la postura inicial de JFK fue tibia.
Al final de su mandato, la violencia racial lo llevó a adoptar una
política más audaz. Por Rodrigo Brunori
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y se convierte de inmediato en un símbolo. Luego
los líderes van a la Casa Blanca, donde el presidente Kennedy los felicita uno a uno y se muestra eufórico por el éxito obtenido.
La Marcha es uno de los episodios más célebres
del movimiento por los derechos civiles en Estados
Unidos y representa una rara comunión entre activismo social y poder político. Es también el punto
culminante del optimismo, un momento de enorme
esperanza. Con todas aquellas personas manifestándose pacíficamente, cantando, refrescándose
en las fuentes y subiéndose a los árboles para ver
mejor, casi podría pensarse que la lucha se había
ganado. Apenas dos semanas después, sin embargo,
una bomba mató a cuatro niñas negras en Alabama.
Y, un par de meses más tarde, es el propio Kennedy
quien yacía muerto en el centro de Dallas con una
bala en la espalda y otra en la cabeza.
El impacto de la Segunda
Guerra Mundial
Bombingham. Así se llamó a Birmingham,
Alabama, por la frecuencia de los atentados
racistas con explosivos. En la foto, arresto de
una activista negra en esta ciudad en 1963.
FOTOS: LABASEDELART/ BRUCE DAVISON
E
s 28 de agosto de 1963. Unas
250,000 personas se congregan
frente al monumento a Lincoln
tras la Marcha sobre Washington
por el Trabajo y la Libertad. Detrás
de ese acontecimiento hay una
cuidadosa organización en la que
participan negros, blancos, católicos, judíos y líderes sindicales. Hablan distintos oradores, cantan
artistas como Mahalia Jackson, Joan Baez y Bob
Dylan y, al final, Martin Luther King pronuncia su
famoso discurso “I have a dream” (Tengo un sueño), que es retransmitido en directo por televisión
La lucha contra la discriminación racial en Estados Unidos fue eminentemente pacífica y exigió el
sacrificio –el martirio– de muchos estadounidenses negros, activistas o no, y también de bastantes
blancos. Un momento clave en ese largo camino
fue la Segunda Guerra Mundial. La participación de
afroamericanos en el esfuerzo bélico –como mano
de obra, así como en el frente– fue un revulsivo
que sirvió para que la población negra empezara a
tomar conciencia de sus aspiraciones y su poder. La
causa de la integración racial contó con la simpatía
del presidente Roosevelt, a pesar de la oposición
de su propio partido en el Congreso, y también del
general Patton, quien promovió el fin de la segregación racial en el ejército.
Luego, en los conservadores años 50 de la presidencia de Eisenhower, una buena parte de la sociedad
renegó de los pequeños avances conseguidos durante la guerra o en tiempos del New Deal. El tema racial
afectaba a todo Estados Unidos. En el norte se vivía
una discriminación de facto que se traducía en la
existencia de guetos en las ciudades, peores trabajos, peor educación, peor sanidad y peores viviendas.
Pero en el sur, y sobre todo en el sur profundo –los
11 Estados confederados de la Guerra de Secesión–,
el problema adquiría una dimensión distinta. Ahí
la discriminación tenía cobertura legal. Se apoyaba
en las llamadas “leyes Jim Crow”, que determinaban
la separación de blancos y negros en casi cualquier
actividad, pública o privada. Todos los aspectos de
la vida –el matrimonio, la educación, el transporte,
la hostelería, las bibliotecas– estaban regulados de
acuerdo con el color de la piel.
Las “leyes Jim Crow” se basaban en la doctrina “separados pero iguales”, según la cual la segregación es
legal si los bienes y servicios a los que ambos grupos
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JOHN F. KENNEDY
La estrategia de
desobediencia civil pacíica
de Martin Luther King se
inspiraba en los principios
de la no violencia usados
por Gandhi en India.
celebró el 28 de agosto
de 1963 y fue uno de
los episodios clave de la
lucha por los derechos
civiles en EUA. Arriba,
manifestantes pasando
ante el Monumento a
George Washington.
LIBRO
Crónicas I
Bob Dylan, Malpaso,
2017. Aprovechando la
concesión a Dylan del
Premio Nobel, se reeditan estas memorias
en las que el cantautor
habla de su llegada a
Nueva York en pleno
auge del movimiento
por los derechos civiles.
étnicos tienen acceso son iguales. Esto no era más
que una falacia, dado que los servicios destinados
a la población negra eran siempre de calidad muy
inferior o directamente no existían. Los afroamericanos sufrían además un grave problema de violencia. En el sur eran habituales los linchamientos, que
siempre quedaban impunes. La máxima expresión
de ese salvajismo fue el Ku Klux Klan, una organización destinada a mantener la supremacía blanca
mediante el terror, los atentados y los asesinatos y
que contaba con la tolerancia o incluso la complicidad de las autoridades locales.
Hasta mediados de la década de los 50, la lucha
contra la discriminación racial se libró sobre todo
en los tribunales, estrategia en la que la National
Association for the Advancement of Colored People
(NAACP) obtuvo triunfos significativos pero de escasa repercusión práctica. En 1938 el Tribunal Supremo estableció que para que el principio “separados
pero iguales” fuera válido, la igualdad tenía que ser
real, un razonamiento muy lógico al que nadie hizo
caso. En 1944 se declaró la ilegalidad de las elecciones primarias en las que sólo podían votar blancos.
Esto afectaba sobre todo al Partido Demócrata, que
en el sur era en extremo racista, además de la fuerza
política mayoritaria, pero tampoco sirvió de mucho.
Batallas legales, batallas sociales
En1954,laNAACPconsiguióunavictoriafundamental.En el caso Brown contra el Consejo de Educación
deTopeka,elTribunal Supremo estableció la inconstitucionalidad de la segregación en las instituciones
educativas. El fallo fue una carga de profundidad
contra el sistema y provocó una virulenta reacción
del mundo supremacista blanco.El incremento de la
violencia contra los afroamericanos fue inmediato.
En apenas un mes,se crearon los Consejos de Ciudadanos Blancos, una red de organizaciones racistas
con 50,000 miembros cuyo propósito declarado era
oponerse a la integración por cualquier medio.Y lo
difícil, igual que otras veces, fue conseguir que esta
nueva sentencia tuviera alguna utilidad real.
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Barbarie sin fin
En 1955 tuvo lugar un suceso particularmente
atroz: el asesinato de Emmett Till, un niño de 14
años procedente de Chicago que se encontraba de
visita en casa de su tío abuelo en la zona del Delta
del Misisipi. Emmett fue secuestrado, torturado y
asesinado supuestamente por haber flirteado con
una mujer blanca (años más tarde,ésta confesó haberlo inventado todo). En el funeral, en Chicago, la
madre hizo que se dejara el féretro abierto para que
pudiera verse el cuerpo brutalmente mutilado de
su hijo.Pasaron por allí miles de personas,la prensa
publicó las fotos y el caso provocó una oleada de
indignación en todo Estados Unidos. Pero los asesinos, Roy Bryant y J.W. Miller, fueron absueltos al
mes siguiente por un jurado de blancos que tardó
sólo 67 minutos en deliberar. Tres meses después,
protegidos por el principio de “cosa juzgada”, admitieron los hechos en una entrevista concedida a
la revista Look a cambio de 4,000 dólares.
Separados y desiguales. Las llamadas “leyes
Jim Crow” permitían en el sur de Estados Unidos un
absoluto apartheid entre negros y blancos en cualquier
lugar. Como ejemplo, estos lavabos para blancos (izq.)
y para negros (der.) en Carolina del Norte.
FOTOS: GETTY IMAGES
Marcha sobre
Washington. Se
A lo largo de los años siguientes, el intento de
afroamericanos de acceder al sistema educativo reservado sólo a blancos llevó a una serie de crisis en
las que se repitió un patrón similar. Había una fuerte
oposición de las autoridades educativas, la policía
y los políticos locales, acompañada de motines en
los que masas de enfurecidos ciudadanos blancos
actuaban con extrema violencia. Es lo que le sucedió a Autherine Lucy en la Universidad de Alabama,
en 1955, y a los nueve estudiantes que pretendieron
matricularse en un instituto de enseñanza secundaria en Little Rock, en 1957. Y fue también el caso de
Ruby Bridges, la niña de seis años que, en 1960, tuvo
que acudir a clase escoltada por alguaciles durante
un año entero en Nueva Orleans, Louisiana.
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“I have a dream...”
L
Terrorismo racista. La más conocida organización de
los supremacistas blancos es el Ku Klux Klan, protagonista
de linchamientos, atentados y asesinatos. Aquí, una
protesta de sus integrantes contra la aprobación de leyes
antisegregacionistas en Atlanta, Georgia, en 1964.
El asesinato de Emmett Till fue seguido por otro
suceso icónico en la lucha por los derechos civiles. En diciembre de 1955, la costurera Rosa Parks,
miembro de la NAACP, fue arrestada y multada por
negarse a levantarse de un asiento reservado a
blancos en un autobús de la ciudad de Montgomery.
Como respuesta se organizó un boicot a la línea de
camiones, que duró un año y estuvo marcado por el
sacrificio y la solidaridad: la gente caminaba durante horas para ir al trabajo, los coches se compartían,
los taxistas cobraban 10 centavos e incluso algunas
amas de casa blancas llevaban en coche a casa a
sus empleadas. El gesto tuvo repercusión en todo
el país y acabó con la declaración de inconstitucionalidad de la segregación racial en el transporte de
Alabama. Así se demostró, además, que la táctica
de paciente lucha en los tribunales no era la única
posible y comenzó una fase caracterizada por las
protestas pacíficas y la desobediencia civil.
Detrás de esa nueva estrategia se encontraba el
reverendo Martin Luther King, líder de la Southern
Christian Leadership Conference (SCLC), quien se
inspiró en Jesucristo y en los principios de la no violencia de Gandhi y quiso aplicar los métodos que
éste utilizó contra el Imperio británico en la India.
FOTOS: GETTY IMAGES
La imaginación como arma de combate
Un día de febrero de 1960, cuatro estudiantes de
Greensboro, en Carolina del Norte, se sentaron en
el mostrador de una cafetería sólo para blancos de
la cadena Woolworth y pidieron que se les sirviera. Fueron insultados, les escupieron y acabó por
llegar la policía y la prensa, pero su actitud pacífica, inspirada en los principios de King, permitió
que el incidente no pasara a mayores. En los días
siguientes, los cuatro de Greensboro repitieron
la operación acompañados de otros estudiantes
negros, y así siguieron día tras día hasta que, en
julio, Woolworth se vio obligada a ceder. Para entonces, miles de personas los habían imitado y
la estrategia se estaba repitiendo por todo el sur.
a intervención de
Martin Luther King
en la Marcha sobre
Washington es una
de las piezas de oratoria más
efectivas y celebradas de
la Historia, sin embargo el
King pronunciando su histórico discurso
discurso tiene la singularidad
tras la Marcha sobre Washington (1963).
de que acabó siendo muy
distinto de lo previsto.
about the dream, Martin” (“HáKing había trabajado en él
blales del sueño, Martin”). King
hasta las cuatro de la madrugada
entonces miró hacia la multitud y,
y había compuesto una pieza
haciendo uso de todo su talento
repleta de referencias históricas
de pastor protestante acostum(la Constitución estadounidense,
brado a electrizar a la audiencia
la Declaración de Independencia,
desde el púlpito, dijo despacio: “I
la Proclama de Emancipación de
have a dream...” (“Tengo un sueLincoln), literarias (Shakespeare) y ño...”), una frase que, convertida
religiosas (el “valle de lágrimas”).
en letanía, se repitió ya una y otra
Intercaladas aparecían ideas
vez hasta el final.
mucho más imaginativas, como la
La idea del sueño no era nueva.
de que los negros habían recibido
King la había utilizado muchas
de Estados Unidos “un cheque sin
veces en sus sermones, pero ese
fondos”. Aun así, en el momento
día no la había incluido. Tampoco
de empezar a hablar tenía todavía
fue la única improvisación; otra
la sensación de que no acababa
fue sustituir una referencia muy
de encontrar el ritmo.
general a las “comunidades”
Una inspirada improvisación
por la mención explícita de los
Fue hacia la mitad de la alocución
Estados del sur (Misisipi, Alabama,
cuando la cantante de góspel
etc.) a los que había que volver
Mahalia Jackson le gritó: “Tell ‘em
para seguir luchando.
Esta táctica tuvo además una derivación inesperada. En octubre de ese mismo año, Martin Luther
King fue arrestado por participar en una protesta
similar en Atlanta y condenado a seis meses de
trabajos forzados. Era una situación de máximo
riesgo que podía acabar en un linchamiento en la
cárcel. Entonces intervinieron los hermanos Kennedy, quienes en ese momento se encontraban en
campaña electoral (faltaba poco más de un mes
para las elecciones). John llamó a la mujer de King,
Coretta, y Robert habló con el juez y con el gobernador de Georgia y consiguió sacarlo de la cárcel.
La respuesta de la comunidad afroamericana fue
votar a Kennedy en masa, lo cual le dio el triunfo
en una de las elecciones más reñidas de la Historia.
Una revolución pacífica pero imparable
Se confirmó así un importante desplazamiento del
voto negro –allí donde podían votar, es decir, en el
norte–, que tradicionalmente apoyaba a los republicanos, el partido de Abraham Lincoln. El cambio
había comenzado con la segunda elección de Roosevelt, en 1936, debido a las políticas del New Deal,
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JOHN F. KENNEDY
El cambio de Kennedy se hizo
oicial el 11 de junio de 1963 con
un discurso televisado en favor
de los derechos civiles.
llama la canción de Bob
Dylan sobre el brutal
asesinato de este niño
en 1955. En 2005 el Senado pidió perdón por
los crímenes raciales
y la Chicago Historical
Society mostró esta foto
de su cadáver en una
exposición.
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A clase con escolta. El caso de Ruby Bridges
(aquí), una niña negra de seis años que, en
1960, tuvo que ir a la escuela en Nueva Orleans
escoltada por guardias, no fue único. La ferocidad
de los blancos racistas no se detenía ante nada.
ferozmente reprimida y llevó a cientos de detenciones. A partir de mayo, los organizadores tomaron la
controvertidadecisióndellenarlasmanifestaciones
deniños.Niñosnegrosdetodaslasedadesocupaban
pacíficamente las calles, cantando y coreando eslóganes,yeranbrutalmentemaltratadosporlapolicía,
que utilizaba contra ellos palos, perros adiestrados
y mangueras de agua con una presión tan alta que
producían heridas. Las imágenes dieron la vuelta
al mundo y causaron profunda conmoción en Estados Unidos. El resultado fue que “la Cruzada de los
niños”, como la bautizó la revista Newsweek, forzó
a los comerciantes de Birmingham a acabar con la
segregación y convenció al presidente Kennedy de
que había llegado la hora de actuar.
El histórico discurso de Kennedy
El cambio se hizo oficial el 11 de junio, en una intervención televisada en la que Kennedy planteó
la necesidad de abordar “una cuestión moral tan
antigua como las Escrituras y tan clara como la
Constitución estadounidense”. “Nos enfrentamos
a una crisis moral como país y como pueblo”, dijo.
Luego lanzó un alegato contra la discriminación racial y en defensa de la igualdad de oportunidades,
y anunció una Ley de Derechos Civiles. Fue un discurso histórico, pues nunca antes un presidente de
Estados Unidos había hablado en estos términos.
Sin embargo, al día siguiente otro activista, Medgar
Evers, fue asesinado en Misisipi.
La Marcha sobreWashington fue convocada para
apoyar esa nueva política ante la oposición de gran
parte del Congreso, que la consideraba demasiado radical. No estuvo libre de tensiones, ya que a
algunos participantes críticos se les hizo rebajar
el tono (el más joven, John Lewis, tuvo que quitar
el comentario de que era “demasiado poco, demasiado tarde”). A Kennedy no le convencía mucho
la idea porque temía disturbios, sin embargo, al
final se mostró feliz con el resultado. Dos meses
más tarde, fue asesinado en Dallas.
FOTOS: GETTY IMAGES
“La muerte de
Emmett Till”. Así se
y se revalidó gracias a las promesas de Kennedy en
materia de derechos sociales, ante los que Eisenhower y el ahora candidato Nixon se mostraban
indiferentes. Una vez en el poder, sin embargo, el
compromiso de Kennedy quedó relegado a un lugar
muy secundario, algo que suele atribuirse a la explosiva situación internacional (Bahía de Cochinos,
Crisis de los Misiles) y a la amenaza de bloqueo de
los dixiecrats, los parlamentarios demócratas del
sur, igual que le había sucedido a Roosevelt.
Perolarevolución,siemprepacífica,habíaempezado y era imparable. El año 1961 fue el de los “viajeros
de la libertad”, grupos de activistas que recorrían el
sur desafiando la segregación.Estos viajeros eran repetidamente agredidos, encarcelados y apaleados.
EnAnniston,Alabama,el Ku Klux Klan incendió uno
de los autobuses e intentó quemar vivas a las personas que iban dentro. En septiembre, un diputado
de la asamblea local de Misisipi mató a Herbert Lee,
quien trabajaba registrando a votantes negros (el registro de afroamericanos para que pudieran ejercer
su derecho al voto era uno de los caballos de batalla
y llevó al asesinato de decenas de activistas).En 1962,
siete años después de la sentencia del caso Brown,el
joven negro James Meredith consiguió matricularse
en la Universidad de Misisipi. El suceso desató un
motín que acabó con dos muertos y la intervención
de 400 alguaciles y 3,000 soldados del Ejército.
Todo esto demostraba la enorme dificultad de conseguir cualquier avance, aunque por fin pareció haber algún signo de que la Administración Kennedy
estaba dispuesta a moverse. Se organizó entonces
una serie de movilizaciones a gran escala que comenzó en uno de los bastiones del fanatismo blanco: Birmingham,Alabama,conocida entonces como
Bombingham por los atentados racistas con explosivos. La campaña, que se inició en abril de 1963, fue
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Los que no querían poner la otra mejilla
L
a lucha por los derechos civiles
fue esencialmente no violenta,
pero la táctica de Luther King
de no responder ni defenderse
tuvo también sus detractores. Uno de
los principales fue el activista Malcolm
X, quien predicaba una respuesta
mucho más activa y contundente a las
constantes agresiones racistas. Malcolm X se refirió de modo despectivo
a los métodos de King y su entorno en
muchas ocasiones. Calificó de “pícnic”
y “circo” la Marcha sobre Washington y,
refiriéndose a la participación de niños
en la campaña de Birmingham, declaró
que “los hombres de verdad no ponen
a sus hijos en la línea de fuego”.
¿Radical o sensato? En su momento fue considerado por muchos un
peligroso radical pero, al día de hoy,
la mayor parte de sus declaraciones
parecen de sentido común, incluso
amables, vistas las características de la
opresión a la que se enfrentaban. En
la actualidad es considerado uno de
los afroamericanos que más influencia
tuvieron en el desarrollo posterior de la
comunidad negra en Estados Unidos.
Malcolm X fue asesinado en 1965,
cuando se encontraba pronunciando
un discurso en la Organización de la
Unidad Afroamericana. Su idea de
una lucha mucho menos dócil contra
el racismo tuvo continuación en el
movimiento Black Power y el Partido
Pantera Negra que, a partir de la segunda mitad de los 60, se concentraron
en fomentar el orgullo de la herencia
FOTOS: GETTY IMAGES
El balance final de la presidencia de JFK en esta
materia es, por tanto, ambivalente. Pese a sus promesas electorales y el apoyo del voto negro, su
postura al principio fue tibia y escasamente reformista. En su tercero y último año de mandato, no
obstante, los espeluznantes episodios de violencia
lo llevaron a modificar su actitud y adoptar una
política mucho más audaz.
Lyndon B. Johnson, quien lo sustituyó en la presidencia, era visto con recelo, pero sorprendió con
una continuación firme de los compromisos adquiridos en materia de derechos civiles. Mientras
tanto, la violencia seguía imparable. Durante el llamado “verano de la libertad”, en el que voluntarios
de todo el país se desplazaron a Misisipi a ayudar
en el registro de votantes negros, fueron asesinados los activistas James Chaney (afroamericano de
la localidad), Andrew Goodman y Michael Schwerner (blancos neoyorquinos).
De Selma a Montgomery: la lucha
continúa. Fueron tres las marchas entre
estas dos ciudades del estado de Alabama,
en 1965, para reclamar el derecho al voto de
los afroamericanos en el sur. La represión fue
dura. En la foto, aspecto de una de ellas.
Malcolm X –nacido Malcolm Little
y que adoptó el nombre musulmán
de El-Hajj Malik El-Shabazz– en 1965.
negra y la identidad cultural afroamericana, además de desarrollar diversas labores sociales –desayunos para niños,
clínicas, etc.– e insistir en la necesidad
de la autodefensa de su comunidad.
Mucho camino por recorrer
En julio de 1964, la Ley de Derechos Civiles concebida por Kennedy se aprobó al fin. Supuso un instrumento fundamental; prohibía la segregación en
todos los estados y abordaba además otros problemas, como la discriminación de la mujer. Pero, una
vez más, la aplicación de esas medidas encontró un
sinfín de obstáculos, lo que llevó a las marchas de
Selma a Montgomery, Alabama, por el derecho al
voto, violentamente reprimidas por la policía local.
En 1965, Johnson dio un golpe de efecto y aprobó
la Ley de Derecho al Voto. En un texto corto, radical,
enormemente efectivo, acabó de un plumazo con
las artimañas utilizadas habitualmente en el sur
para impedir el voto negro; supuso el principio del
fin del fraude electoral. Pero el supremacismo blanco se resistía a morir y, tres años más tarde, Martin
Luther King era asesinado en Memphis, Tennessee. También ese año de 1968, en un programa de
televisión, la cantante
Petula Clark (blanca)
apoyó la mano sobre el
brazo de su colega Harry
Belafonte (negro), y ese
inocente gesto provocó
en gran parte del país
una indignación de proporciones bíblicas. Desde la sentencia Brown y
el boicot de Montgomery
se habían alcanzado
importantes objetivos,
pero quedaba claro que
aún había mucho camino por recorrer.
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JOHN F. KENNEDY
La carrera por la presidencia foto a foto
Hacia una nueva
fronte
Ése fue el lema de
campaña de JFK en el
arduo camino a la Casa
Blanca: un concepto
que simbolizaba el
aire de esperanza que
desprendía el candidato
y que contagiaba a la
ciudadanía. Todo ello fue
captado por las cámaras.
Por María Fernández Rei
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ra
El nacimiento
de un mito
FOTO: LATINSTOCK
L
as elecciones presidenciales de 1960 en Estados
Unidos, además de muy
disputadas, marcaron el
final de una era –con la
salida del presidente Dwight David
Ike Eisenhower de la Casa Blanca– al
mismo tiempo que comenzaba otra,
protagonizada por un joven senador
de buena familia con el que nadie
contaba y que conquistó primero la
candidatura de su partido y posteriormente se convirtió en el 35º presidente de EUA: John F. Kennedy.
En el camino a la presidencia realizó una histórica carrera electoral:
fue la primera campaña con un estrenado protagonismo de los medios de comunicación de masas,
a través de los que transmitió una
imagen de líder fuerte y carismático.
Había nacido una leyenda con la
auténtica imagen del “sueño americano”, en el que todo es posible.
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JOHN F. KENNEDY
Encarnación
de un sueño
C
FOTOS: LATINSTOCK
on o sin discrepancias, hoy
en día se sigue viendo en la
figura de John Kennedy (a
la derecha, aclamado por
sus seguidores en Nueva
York, en 1960) un símbolo de la ilusión
por un gobierno diferente. Representó
la promesa de un sinfín de aspiraciones que no vieron la luz en su mandato,
pero que inspiraron desde la llegada del
hombre a la Luna en 1969 hasta la campaña de Barack Obama en 2008. Éste declaró que “el legado de Kennedy no está
en su lista de logros, sino en su carácter,
el de un hombre valiente que encarnó
el sueño de su país de desafiar los retos,
escribir su propio destino y hacer del
mundo un lugar nuevo”.
Y a su lado, siempre Jackie (en ambas
fotos, durante la campaña electoral),
quien tomó la decisión de convertirse
en la mejor aliada de John en su carrera hacia la Casa Blanca. De hecho, muy
pronto los asesores del futuro presidente se dieron cuenta de que la presencia
de ella en los mítines atraía a más gente.
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JOHN F. KENNEDY
FOTOS: LATINSTOCK
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Savoir faire
político
E
l movimiento organizado
por aquel joven senador y
por todo su clan para impulsarlo a la presidencia se volvió un fenómeno imparable.
Ayudado por un perfil que derrochaba
juventud y una familia muy televisiva
–a través de la que se introdujo en los
hogares de todo Estados Unidos–, JFK
alcanzó altos niveles de popularidad
porque para muchos votantes representaba la renovación, la mejor opción para
afrontar los retos que tenía Estados Unidos en los convulsos años 60.
Los estadounidenses estaban contentos con el gobierno de ocho años de
Eisenhower, pero el statu quo ya no era
lo que necesitaban y Kennedy –con su
lema “poner a la nación en movimiento
otra vez”– resultaba el más atractivo.
En las imágenes, dos momentos de
la campaña presidencial durante su
“conquista” de California. Para recorrer
el norte de la Costa Oeste, escogió como
medio de transporte el tren (izquierda).
En Los Ángeles (arriba) optó por el coche para llegar a todos los barrios de la
ciudad. Todo ello, con el ritmo frenético
de una gira relámpago.
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JOHN F. KENNEDY
¿Cómo se creó la
“marca Kennedy”?
D
FOTO: THEREDLIST; INTERNATIONAL CENTER OF PHOTOGRAPHY; EFE
urante toda la campaña,
la prensa que seguía sus
pasos se dejó seducir por
un senador joven y capaz
que le daba a Washington
un toque de Hollywood. Con un aspecto
impecable y emanando seguridad en sí
mismo, Kennedy tenía la partida de la
imagen pública ganada.
Pero no estuvo solo a la hora de construir esa figura de político con sonrisa
magnética que el electorado adoraba:
junto a Jackie Kennedy –y un férreo
equipo– cultivó una imagen de familia
que parecía feliz. Para ello dio a conocer
sus hábitos, sus aficiones, sus valores...
Fue otra de las claves del éxito. A partir
de él, la vida privada formó parte de las
estrategias de comunicación política.
Lo cierto era que llevaba años preparándose: se había criado en un entorno
de privilegios en el que no se permitía
flaquear, se observaba la regla “virtudes públicas, vicios privados” y se cultivaban valores como el esfuerzo y el
trabajo en equipo.
En las fotos, momentos de la campaña
electoral en Nueva York.
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La propuesta
que conquista
S
FOTOS: LATINSTOCK
i la imagen lo es todo en política –como bien sabía Kennedy–, su primera y más dura
prueba se llevó a cabo en la
Convención Demócrata, donde tuvo que convencer a la vieja guardia
de su partido de que él podía ganar las
elecciones. Entre sus estrategias priorizó
la de mostrarse cercano en cada ocasión,
dejando que los fotógrafos se aproximaran a él cuanto quisieran (arriba, en un
acto electoral en California, la lente de
Cornell Capa se sitúa inmediatamente
detrás de la mano del futuro presidente
mientras éste se da un baño de masas).
Finalmente, sus esfuerzos le sirvieron para convertirse en el nominado
demócrata, con casi 400 votos más que
su más inmediato perseguidor, Lyndon B. Johnson (a quien eligió como
vicepresidente).
En la foto de la izquierda, del 15 de julio de 1960, Kennedy, ante una multitud
de 80,000 personas en el Memorial Coliseum de Los Ángeles, California, hace
pública su aceptación como candidato
demócrata y habla, por primera vez, de
la “nueva frontera”, nombre con el que
se identificaría su presidencia.
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JOHN F. KENNEDY
Kennedy frente a Trump
Cambio de
rumbo
Casa Blanca
en la
Kennedy es recordado como el gran
embajador del “sueño americano”. Desde
distinto prisma, Trump también pretende
representar ese ideal. Ambos parecen
estar en lugares opuestos, pero los dos
alimentaron la misma idea: con ellos
llegaba el cambio. Por Laura Manzanera
E
n la década de los años 60 Estados
Unidos necesitaba un mito, y John
Fitzgerald Kennedy se lo proporcionó. Joven, atractivo, rico, carismático, un héroe de guerra, graduado en
Harvard... Parecía no faltarle nada.
O al menos eso debía pensar gran
parte de los estadounidenses.
Aunque se vivían tiempos convulsos, el optimismo flotaba en el ambiente. La revolución de los
derechos civiles, el crecimiento económico, el progreso técnico, el mayor poder adquisitivo de la clase media... todo apuntaba a un mayor bienestar, al
menos para una parte de la población. La figura del
flamante 35º presidente de ese país no puede entenderse sin ese contexto de seguridad y esperanza.
JFK se rodeó de un equipo también joven e ilusionado, con un promedio de edad 10 años menor
que la Administración anterior. A diferencia de su
predecesor,Eisenhower,un militar republicano que
mantenía una relación jerárquica con sus colaboradores, Kennedy se centró en el lema “The best and
the brightest” (Los mejores y más brillantes) y se
encargó de que estuvieran muy bien preparados.
Como apunta el periodista e historiador Ernest Bascompte, experto en Kennedy, es indiscutible que
“entró en la Casa Blanca con un aire renovado que
olía a cambio y con gran derroche de juventud”.
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Fe en un futuro mejor
La novedad empezaba por ser el primer mandatario del país nacido en el siglo XX, el segundo más
joven (tras Theodore Roosevelt), con sólo 43 años, y
el primero de ascendencia católica. Su familia encarnaba a la perfección el “American Dream”. Los
Kennedy terminaron siendo vistos, más que como
unos nuevos ricos, como miembros de la realeza.
Otro factor diferencial con respecto a presidentes anteriores fue su relación con los medios de
comunicación. Fue el primero en aceptar ruedas
de prensa en directo y en tratar a los periodistas
de tú a tú, lo que contribuiría a su glorificación,
como lo harían sus particulares discursos, con los
que quiso marcar un punto y aparte. En su primera
arenga como presidente, lanzó un rompedor mensaje de exigencia a los ciudadanos, animándolos
a que se preguntaran qué podían hacer, en vez de
qué podían esperar del gobierno. E hizo hincapié
en que no escatimaría esfuerzos para defender la
libertad, anunciando una “nueva frontera” para
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Un aire nuevo... y hostil. La campaña presidencial del empresario y celebridad
televisiva Donald Trump se lanzó bajo el lema: “Hagamos de Estados Unidos un
gran país de nuevo”, toda una declaración de intenciones del reformismo que
ofrecía, tal y como 55 años antes había hecho JFK con su “nueva frontera”, aunque
con intenciones muy distintas. En esta foto de marzo de 2017, seguidores de Trump,
ya presidente, en Palm Springs, Florida, donde descansa los fines de semana.
la nación. Su mensaje, no cabía duda, respiraba
idealismo y fe en un futuro mejor.
Pero pese a sus promesas y a su talante humanitario, Kennedy fracasó en la política interior. Contar con mayoría demócrata en ambas cámaras no
evitó que sus principales proyectos fueran rechazados. No pudo materializar la Ley de Derechos
Civiles, un seguro de salud para la mayoría de los
estadounidenses ni tampoco ayuda federal para
la educación, y sus recortes de impuestos favorecieron a los más ricos.
FOTO: GETTY IMAGES
Poco margen de actuación
Si hubiera gobernado más tiempo, ¿se habría demorado menos la reforma fiscal que borrara las
huellas de la recesión heredada de Eisenhower? De
no haber sido asesinado, ¿habrían tardado menos
los derechos civiles de la población negra en hacerse realidad? Seguramente, sí. Pero, poco o mucho,
allanó el camino para que Johnson, más “animal
político” que él, rematara el propósito.
En realidad, Kennedy se identificaba más con los
moderados que con los liberales. Además, hay que
tener en cuenta que había ganado en las urnas sólo
por 118,500 votos sobre 68 millones, por lo que apenas tenía margen para imponer sus decisiones.
Fuera como fuera, intentó adaptarse a las demandas sociales. Al constatar las reivindicaciones y
revueltas a favor de la igualdad racial, contrató a
hombres de color en su gabinete, aunque no a ninguna mujer ni dedicó tiempo a combatir la discriminación por razón de sexo. También es verdad que
el boom del feminismo todavía tardaría en llegar.
Está claro que le atraía mucho más la política
exterior, en la que centró sus intereses. Tanto, que
Dean Rusk, su secretario de Estado (cargo equivalente al de secretario de Exteriores), se limitó
a seguir obedientemente sus directrices. Atribuyéndose poderes más allá de los que prescribía la
Constitución, adquirió complicados compromisos y empleó técnicas cuestionables, como el uso
de los servicios secretos.
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JOHN F. KENNEDY
La televisión entra en política
K
En el podio de la derecha Kennedy se enfrenta al
candidato republicano a la presidencia, Nixon (podio a la izq.),
en un debate televisivo retransmitido por la cadena NBC News.
Decisiones controvertidas
Pese a iniciativas aisladas como la Alianza para el
Progreso, cuyo objetivo era que los jóvenes estadounidenses ayudaran a los países en desarrollo,
su posición con el resto del mundo no fue ni avanzada ni novedosa. Como antes de él, la CIA siguió
con sus operaciones encubiertas.
Su activismo le llevó a tratar de derribar a Fidel
Castro, ignorando la oposición de muchos de sus
seguidores. Y hubo de responsabilizarse de la fallida invasión de Cuba, el famoso desembarco en
Kennedy ganó en las urnas sólo por
118,500 votos sobre 68 millones, por
lo que apenas tenía margen para
imponer sus decisiones.
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“Empleo, justicia y paz”. Bajo este lema se organizó
una gran manifestación, conocida como la Marcha sobre
Washington por el Trabajo y la Libertad, en la que Martin L.
King Jr. pronunció su histórico discurso “Tengo un sueño”
defendiendo la armonía racial. En la foto, representantes de las
organizaciones sindicales, religiosas y de derechos civiles de la
Marcha posan en la Oficina Oval con el presidente Kennedy.
Bahía de Cochinos. Se le ha acusado de no hallar
una solución diplomática al conflicto. Igual habría
sido suficiente con mostrar a los soviéticos las fotografías de sus instalaciones en la isla, pero con
eso no hubiera disuadido a Kruschev de otras iniciativas arriesgadas. Por eso su actitud significó de
hecho un éxito en el tablero internacional.
Nada exitosa resultó, sin embargo, su decisión
más controvertida: empezar la intervención armada en Vietnam. En plena Guerra Fría se impregnó
de la idea de un mundo bipolar, con el bien (por
supuesto, de su lado) en pugna contra el mal. Mientras que Eisenhower, pese a haber liderado a los
soldados en el Frente Occidental durante la Segunda Guerra Mundial, pidió en un discurso limitar el
presupuesto armamentístico y alcanzar la paz con
el bloque soviético, Kennedy aumentó el gasto militar, tanto convencional como nuclear, alrededor
de un 13%. Veía necesario responder activamente a
la agresividad soviética e intervenir, pese a que los
intereses estadounidenses no estaban comprometidos ni eso iba a ayudar al país asiático.
Camino al espacio
Su intervención fuera de las fronteras estadounidenses fue incluso más allá de la estratosfera. “Elegimos ir a la Luna no porque sea fácil, sino porque
es difícil.” Con esa frase cargada de simbolismo prometió el 12 de septiembre de 1962 que una nave
con la bandera de las barras y estrellas alcanzaría
el satélite. Y se cumplió su palabra.
Se vivía el momento de máxima tensión entre
ambas superpotencias, que había hallado en la carrera espacial uno de sus principales escenarios.
Los soviéticos habían tomado la delantera poniendo en órbita el primer satélite artificial y, lo que era
FOTOS: GETTY IMAGES; EFE ZUMA /PRESS
ennedy llegó al poder tras haber protagonizado, junto a
Nixon, cuatro debates en televisión, el medio de comunicación que había irrumpido como un vendaval en la vida política estadounidense. Nacía la telegenia y Kennedy demostró
ser un experto. En 1960, por primera vez, un debate en la pequeña
pantalla decidió una batalla electoral.
El primero de los enfrentamientos lo siguieron unos 70 millones de personas. El carisma de Kennedy se impuso a su contrincante, quien mostraba mal aspecto y aún no se había recuperado de una visita al hospital.
En 1976, fue Jimmy Carter quien desbancó ante las cámaras a
Gerald Ford, el cual soltó una frase que pasó a la posteridad: “No hay
dominación soviética en el Este de Europa y nunca la habrá bajo la
Administración Ford”. El siguiente rival de Carter fue Ronald Reagan.
Ambos se encararon ante 80 millones de telespectadores, todo un
récord. Reagan volvería a medirse con Walter Mondale, quien le echó
en cara su avanzada edad, 73 años.
En el segundo debate entre Bill Clinton y Bob Dole también se usó la
edad como arma arrojadiza: Dole también tenía 73, y su oponente diría
que el verdadero problema no era su edad, sino “la edad de sus ideas”.
Curiosamente, en 2008 tuvo más repercusión el debate entre los
candidatos a la vicepresidencia, Sarah Palin y Joe Biden, que el que se dio
entre Barack Obama y John McCain.
El último gran debate fue en 2016, entre una mujer candidata a la presidencia, Hillary Clinton, y un hombre que ha demostrado ser misógino,
Trump. Contra todo pronóstico, ella perdió.
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Con estilo propio
Jackie Kennedy (aquí,
en un retrato de Andy
Warhol de 1963) pasó
de ser la primera dama
más joven de EUA a la
viuda más llorada de
ese país. Abandonó la
Casa Blanca convertida
en un nuevo símbolo
de feminidad marcado
por sombreros tipo
pillbox o caja, enormes
lentes de sol, pañuelos
cortos anudados a la
cabeza, colores pastel,
guantes blancos, etc.
peor, enviando al primer hombre al espacio. Había
que superar aquella doble humillación como fuera.
Harto de ir en la retaguardia de Moscú, el presidente no escatimó recursos.
Aunque serían los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins los que se convertirían en héroes –y
le tocaría a Nixon el honor de hablar con ellos por
teléfono en el instante de su hazaña–, fue Kennedy
el propulsor de la recuperación del orgullo patrio.
Orgulloso aparecía John en las fotos junto a su esposa, la incondicional Jackie, a la que la película dirigida por Pablo Larraín y protagonizada por Natalie
Portman ha vuelto a poner de actualidad. Sin ella, la
imagen que tenemos de Kennedy no hubiera sido
la misma. De un modo u otro, ella inventó el papel
de Primera Dama tal y como lo entendemos hoy.
De alta cuna, culta y deportista, esposa entregada,
sofisticada y natural, reservada pero segura, fue un
símbolo de la cultura pop y de la moda e inauguró
la era de la ropa femenina como símbolo político. El
vestido rosa de Chanel con tocado pillbox que llevaba el día del asesinato de JFK se convirtió en ícono.
La estela de Jackie eclipsaría a las primeras damas que vendrían después; tanto, que muchas se
miraron en ella como en un espejo a imitar. Incluso
se ha “acusado” a la actual primera dama estadounidense, Melania Trump, de haber copiado su
estilo. Para la toma de posesión de su esposo, escogió un clásico estadounidense, Ralph Lauren, de
un tono y estilo parecidos a los que lució la señora
Kennedy. Toda la prensa se hizo eco de su voluntad
de emularla y la comparación llegó a hacerse viral
en las redes sociales.
Con Kennedy, la conocida frase “detrás de un gran
hombre siempre hay una gran mujer” adquirió sentido. Y ella, ya como “viuda de América”, ayudó a
dar forma a su leyenda. A la semana del magnicidio, en una entrevista a la revista Life, se refirió a
la presidencia de JFK como Camelot, en alusión al
legendario reino de Arturo.
Finalmente, el Camelot americano, como el britano, perduraría en el tiempo. Y a eso ayudó que el
“rey” se rodeara de buenos “caballeros”, y no sólo
políticos; también hábiles biógrafos (léase hagiógrafos). Entre estos últimos estaba Theodore Sorensen, quien reconoció abiertamente que Kennedy
Organización de
gabinetes. Para los
asuntos de política
exterior, el presidente John F. Kennedy
confió en Dean Rusk,
partidario de la línea
dura al ser un creyente
en el uso de la acción
militar para combatir
el comunismo. Abajo,
ambos conversan en la
Oficina Oval.
FOTOS: GETTY IMAGES; EFE ZUMA /PRESS
Una primera dama modelo
Un escrito a su consejero espiritual refleja no sólo
que era consciente de las infidelidades de su marido, sino que las disculpaba: “A John, como a mi
padre, le gusta la persecución, pero se aburre con
la conquista, y una vez que está casado necesita
pruebas de que sigue siendo atractivo, así que flirtea con otras mujeres”. Es por esto que sus aventuras extramaritales no parecían interferir en la
imagen del presidente como esposo amantísimo
y mejor padre. ¿Cómo no iba a cautivar al público
si representaba todo lo que cualquier varón estadounidense anhelaba?
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MUY INTERESANTE
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JOHN F. KENNEDY
Provocador, arrogante,
agresivo, deslenguado,
fanfarrón... son muchos los
adjetivos (negativos) que se
han dedicado a Trump.
Dallas impidió que el joven presidente pudiera ver realizadas las
iniciativas políticas que puso en marcha. Había dejado los cimientos
asentados para que su sucesor, Lyndon B. Johnson, las llevara a cabo.
LIBRO
Cómo se hizo
Donald Trump
David Cay Johnston,
Capitán Swing, 2016.
Cubriendo la larga
carrera de Trump,
Johnston aporta la
imagen más completa
del extraordinario
ascenso de un joven
de Queens.
Q
era “su héroe”. Le ayudó en sus discursos y suya es
la máxima: “No pienses en lo que tu país puede hacer por ti,sino en lo que tú puedes hacer por tu país”.
Pero la muerte y la desgracia se cebaron en aquella
prometedora dinastía.“Cortada de raíz,laAdministración Kennedy no dejó grandes hechos para los
libros de Historia, pero su encanto, su estilo –personal y político– y su retórica le ganaron los corazones de una generación hasta un grado no igualado
por ningún otro ocupante de la Casa Blanca en lo
que va del siglo”, dejó escrito en sus memorias un
prestigioso periodista de la época,Walter Cronkite.
El mito de Camelot
Idealizado en los primeros años tras su muerte, a
medida que han ido apareciendo más libros y películas sobre Kennedy y desenterrándose documentos secretos se ha ido perfilando una imagen más
real que la del hombre intachable,pacifista,idealista...en una palabra,el“santo varón”o el“presidente
perfecto”. Aunque Sorensen escribió que Kennedy
debería ser más recordado por cómo vivió que por
cómo murió, su muerte ha condicionado la imagen
que tenemos de él. La tragedia agigantó el mito de
Nueva pareja en la Casa Blanca. El 20 de
enero de 2017, el 45º presidente de EUA, Donald
Trump, pronunció el discurso inaugural de su presidencia y se instaló con su esposa Melania (en la
imagen, con un traje similar al de Jackie en 1961).
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Kennedy, una figura única
El asesinato magnificó la imagen de Kennedy y
supuso, inevitablemente, el nacimiento de su leyenda.Sólo un mes después del magnicidio,el aeropuerto más importante de NuevaYork ya llevaba su
nombre. Pero al margen de su inesperada y trágica
muerte, ¿dónde está la clave de la trascendencia
de su figura? Probablemente en sus contradicciones, que lo hacían más humano y, por tanto, más
cercano a la gente. Su figura mezclaba la épica y
la realpolitik, la claridad y ciertos aspectos oscuros,
un matrimonio aparentemente perfecto y la constante sombra del adulterio... Estados Unidos y el
mundo lloraron su pérdida.También Sorensen,que
buscó sus huellas en otras figuras como Clinton u
Obama. Probablemente, no fue lo mismo.Para bien
o para mal, Kennedy fue irrepetible.
Ahora, más de medio siglo después, ocupa la
Oficina Oval un presidente en las antípodas de
FOTOS: GETTY IMAGES; EFE ZUMA /PRESS
Nace la leyenda. La tragedia del 22 de noviembre de 1963 en
Camelot como el de un reino en un momento de la
historia de Estados Unidos en que las cosas iban a
cambiar por fin, para mejor, y en el que todas las reformas eran posibles. La realidad era muy distinta.
Aún al día de hoy resulta difícil ser imparcial con
el presidente estadounidense más famoso del siglo
XX. Podemos verlo como héroe, idealista, inexperto,
pacifista, mujeriego, ineficaz, liberal, corrupto... Si
alguna de sus características no es cuestionable, es
su carisma. Gracias a él imprimió un nuevo estilo de
hacer política radicalmente diferente. Seductor en el
plano privado y en el público, JFK contó con una doble ventaja: fue muy bien tratado por la televisión y
tuvo el apoyo de su glamorosa esposa.Bajo el prisma
de aquella pareja de revista, muchos creyeron que
el progreso de la sociedad de masas era imparable
y que el estilo de vida estadounidense era el abanderado de aquella transformación que se traduciría
en mejor calidad de vida y, por tanto, en felicidad.
Aun así, el papel que desempeñó en su breve presidencia resulta discutible para bastantes analistas.
Uno de los más críticos ha sido Walter Lippmann,
un influyente periodista y consejero de los grandes
presidentes demócratas. Para él, en los algo más de
1,000 días de Kennedy en la Oficina Oval tuvo lugar
“una amalgama de errores, pasos en falso y fogonazos deslumbrantes”. Tal vez no haya para tanto
y, como vaticinara en su momento Sorensen, exista
“el peligro de que su grandeza se convierta en leyenda”. Una paradoja, teniendo en cuenta que JFK era
bastante crítico con los mitos.
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Diez de las frases más polémicas de Donald Trump
1 “Los mexicanos que llegan a
EUA son personas con un montón
de problemas, que traen drogas,
crimen, y son violadores.”
2 “Construiré un gran muro y voy
a hacer que México pague por él.”
3 “Podría disparar a gente en la
Quinta Avenida y no perdería votos.”
4 “Pido el bloqueo completo y
total a la entrada de musulmanes
en Estados Unidos.”
5 “Las malas opiniones sobre ti
no importan mientras tengas
una novia sexy.”
6 “Cuando eres una estrella, [las
mujeres] te dejan hacerles de
todo. Agarrarlas por el trasero.
Puedes hacer lo que quieras.”
7 “El acoso sexual en el ejército
es algo totalmente esperable.
¿Qué otra cosa esperaban si
mezclaron a los hombres con
las mujeres?”
8 “El cambio climático es un
camelo (engaño) de China.”
9 “Las mujeres son, en esencia,
objetos estéticamente agradables.”
10 “Si hubiera estado al mando,
dudo de que los terroristas del
11-S hubieran entrado al país.”
Activistas de la lucha contra el
cambio climático se manifiestan en Nueva
York contra la política de Donald Trump.
Kennedy. Aunque él y Donald Trump parecen radicalmente distintos en el fondo y la forma, tienen
algo en común: haber llegado a la Casa Blanca como
algo distinto, como una bocanada de aire fresco,
para bien o para mal. Provocador, arrogante, agresivo, impulsivo, deslenguado, fanfarrón, charlatán,
egocéntrico... son muchos los adjetivos (negativos)
que se han dedicado a Trump. Millonario y adicto a
la fama, llevan su apellido desde botellas de vodka
hasta rascacielos. Durante toda la campaña –una
campaña que conmocionó al mundo– se presentó
como el salvador de América, acumuló sentencias
con cargas de profundidad y no pocos enemigos
declarados. Su estilo, como el de JFK, es nuevo.
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Exhibición de hostilidad
Todas sus iniciativas parecen buscar un único
objetivo: dinamitar el legado de Obama. Niega el
cambio climático, muestra un choque frontal con
México (y con China en el Pacífico), exhibe hostilidad hacia la Unión Europea, parece odiar a los
medios de comunicación... Pero, al margen de sus
radicales vaticinios y descabelladas promesas,
¿es flor de un día o podría marcar una época? Sea
una u otra cosa, como apuntó el periodista Enric
Juliana: “Una nueva mirada preside el mundo, una
mirada que expresa rabia y que tendrá efectos más
allá de la política”.
Pero mientras lo comprobamos, no sólo asistimos
a un Trump contradictorio, sino también mentiroso. Aseguró que Obama había nacido en Kenia y, por
tanto, no podía ser presidente; y llegó a relacionar
al padre de su principal rival, el también republicano Ted Cruz, con Lee Harvey Oswald, acusado de
asesinar a Kennedy. La acusación tuvo su origen en
un artículo publicado por el diario sensacionalista
National Enquirer que muestra a Oswald junto a alguien que la publicación identifica como el senador
Rafael Cruz repartiendo folletos de apoyo al líder
cubano Fidel Castro, en 1963. En una entrevista a la
cadena Fox,Trump insistió en que Cruz “estuvo con
Lee Harvey Oswald” (antes de que a él lo asesinaran,
dos días después de la muerte de Kennedy), y en que
“nadie lo menciona, ni siquiera hablan de ello (...).
Pero yo creo que es horrible”.
Ante sus increíbles promesas de cambio, habrá
quien lo vea como artífice del “sueño americano”.
Son los mismos que permitieron que un personaje
de ese talante y sin experiencia política se impusiera a la veterana Hillary Clinton. Seguramente lo
apoyaron en las urnas muchos de los fans que lo
siguieron como celebridad televisiva; pero, para
otros muchos, Trump es una auténtica pesadilla.
Con sus aciertos y errores, el gobierno de Kennedy
movió el país hacia delante con medidas democráticas; el de Trump parece empeñado en volver atrás.
La cuestión es si se podrán poner cortapisas a sus
alocadas intenciones o si se le podrá frenar sin saltarse las normas. Como a JFK y al resto de presidentes, sólo el tiempo podrá juzgarlo.
Ganándose
enemigos. Tras
sus primeros días
como presidente,
Trump cumplió una
preocupante promesa
de campaña al firmar el
decreto para la salida
oficial de EUA del
Acuerdo Transpacífico
de Cooperación
Económica (TPP).
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JOHN F. KENNEDY
Primera dama, digna viuda. La admiración hacia
Jackie (aquí, en los funerales) creció exponencialmente
tras el asesinato de su marido. Las imágenes de ella con
velo y tomando a sus hijos dieron la vuelta al mundo.
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¿Hubo un complot detrás del asesinato de Kennedy?
El presidente
en la
ira
Es difícil hallar un escenario más proclive a las teorías conspirativas
que el del magnicidio perpetrado en Dallas: contra JFK estaban
Cuba, los anticastristas, la URSS, la CIA, la mafia y el Pentágono.
Pero ¿realmente existió una trama? Por Vicente Fernández de Bobadilla
L
a mañana del 22 de noviembre de
1963 amaneció mojada en Texas.
A las siete y media llovía en Fort
Worth, donde el presidente Kennedy había pasado la noche, y
probablemente también llovería
en Dallas, su destino previsto para
esa jornada. En tal caso, el Lincoln 1961 de seis
plazas –nombre en código: SS 100 X– en el que
tenía previsto recorrer las calles de la ciudad debería ser cubierto con una capota de plexiglás.
Aquello habría supuesto un inconveniente para
cualquier posible asesino, pero también para el
propio Kennedy, quien no había planeado aquel
viaje a Texas para esconderse del público; debía
poner paz entre las dos facciones del Partido Demócrata y asegurar la gobernabilidad del país,
así como sus propias posibilidades de reelección
para el siguiente año. Por tanto, tenía la intención
de inclinar la balanza a su favor haciendo de su visita un continuo baño de masas, repartiendo sonrisas, saludos y apretones de mano allí por donde
pasara, mostrándose accesible como nunca.
FOTOS: GETTY IMAGES
El ‘santo grial’ de los conspiranoicos
Cuando el Air Force One tomó tierra en el aeropuerto
de Love Field, a las 11:38 de la mañana, lucía un sol
radiante. Ninguna capota protegería al presidente durante su recorrido por la ciudad, que incluía
atravesar la céntrica plaza Dealey. Lo que pasó a
continuación es bastante conocido. O tal vez no.
En el momento en que, desde su escondite de
francotirador en el sexto piso del Almacén de Libros Escolares de Texas, Lee Harvey Oswald apretó
por primera vez el gatillo, a las 12:30 de la mañana,
acertando dos veces al presidente Kennedy en el
cuello y en la cabeza y causándole la muerte instantánea, estaba poniendo en marcha el ‘santo grial’
de las teorías de conspiración. Los escasos siete segundos que duraron los disparos se convirtieron
en uno de los instantes más analizados en toda
la historia de la humanidad y en el epicentro de
las investigaciones y especulaciones de qué podía
haber llevado hasta ese episodio, y quiénes directa
o indirectamente participaban en él.
Buen tiempo para
un mal día. El 22
de noviembre de 1963
amaneció lluvioso en
Texas, lo que habría
obligado a cubrir el
coche presidencial con
una capota... y salvado
la vida a Kennedy. Pero
al llegar a Dallas, lucía
un sol radiante (arriba,
los Kennedy tras aterrizar en el aeropuerto
de Love Field), así
que la comitiva circuló
a techo descubierto.
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JOHN F. KENNEDY
un cine. A las 13:45, cuando la policía registró la
sala, Oswald se levantó de su asiento y disparó, pero
falló y fue sometido y conducido a comisaría. Allí
sería interrogado durante horas sin la presencia de
un abogado; en todo momento negó haber sido el
autor del crimen. Su confesión era lo de menos; la
misma policía de Dallas declaró en la noche del 22
que su culpabilidad quedaba demostrada por unas
evidencias “a prueba de bomba”, que fueron presentadas al día siguiente: el rifle había sido encontrado medio oculto en el quinto piso del almacén
y llevaba las huellas de Oswald; también se halló
la carta, escrita a mano, que envió para comprar el
arma por correo; las pruebas de parafina habían detectado restos de pólvora en sus manos.Y, sin duda,
estaba en el almacén en el momento del asesinato.
El secreto, a la tumba. Con el asesinato, dos días después
del de JFK, de Oswald (arriba, la escena), las interrogantes
sobre un supuesto complot quedaron sin resolver para siempre.
El rifle de la discordia. Abajo, un
policía muestra la
supuesta única arma
empleada para matar
a Kennedy. Pero varios
testigos afirmaron que
hubo otros tiradores.
Pero en un principio nadie pensaba en conspiraciones. La policía registró el almacén a los pocos
minutos del atentado, pues se consideraba el lugar
más probable desde donde se podían haber efectuado los disparos. Oswald, uno de los empleados
del almacén, parecía haber desaparecido. Enseguida se ordenó su búsqueda y captura. A las 13:15, el
patrullero J. D. Tippit localizó, a dos km del lugar
del asesinato, a un hombre cuya descripción correspondía con la de aquel empleado. Cuando le
marcó el alto, éste le disparó tres tiros de revólver,
matándolo. Un testigo lo vio meterse después en
En 1967, un 64% de los ciudadanos de
Estados Unidos creía que había existido
un complot para matar a Kennedy.
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Todo parecía claro. Oswald era tan culpable
como John Wilkes Booth, el asesino de Lincoln.
Sin embargo, el día 24, coincidiendo con los funerales de Estado que se estaban celebrando en
Washington, se decidió trasladarlo a la cárcel del
condado. En el momento en que lo sacaban de la
comisaría, rodeado por 70 policías, un hombre se
abrió paso entre la nube de periodistas que captaban el momento y, antes de que nadie pudiera
evitarlo, le acertó un tiro en el estómago. Murió
poco después, por hemorragia interna masiva. En
cuanto a su asesino, no había ninguna duda de
su identidad: uno de los agentes que custodiaban a Oswald exclamó: “¡Jack, hijo de puta!”. Y es
que Jack Ruby no era ningún desconocido para
la policía de Dallas; en el club de striptease que
regentaba los agentes siempre eran bienvenidos
para pasar un buen rato y beber a cuenta de la
casa. También se le conocían conexiones con la
mafia y con grupos ultraderechistas.
En menos de 48 horas, habían muerto el presidente y su asesino. Sólo quedaba Ruby, quien fue
detenido, juzgado y condenado a muerte. Durante
su estancia en la cárcel, se limitó a declarar que
había matado a Oswald “para vengar a la señora
Kennedy” y devolver la dignidad a la ciudad de Dallas. Se negó a dar más explicaciones a menos que
se le trasladara a Washington, ya que, aseguró en
más de una ocasión, su vida allí corría peligro. Las
apelaciones de sus abogados lo mantuvieron vivo
y le consiguieron un nuevo juicio. Pero éste nunca llegaría a celebrarse, pues el 3 de enero de 1967
murió en prisión como resultado de una embolia
pulmonar causada por el cáncer que padecía.
Teorías para todos los gustos
Es difícil encontrar un escenario más proclive a las
teorías conspirativas. Hasta la fecha, los libros que
se han escrito sobre el asesinato –no sobre el presi-
FOTOS: BETTMANN; ROBERT JACKSON
El asesino asesinado (y otras muertes)
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El atentado: ficción y realidad
N
Un viejo conocido de la policía. Jack Ruby,
FOTOS: GETTY IMAGES
empresario mafioso de Dallas y autor material del disparo
que acabó con Lee Harvey Oswald, regentaba el Carousel
Club, un local de striptease frecuentado por policías y
ultraderechistas. Aquí, con dos bailarinas del club.
dente– superan los 2,000. En ellos se recoge una variedad de posibles culpables que, según recopila el
biógrafo de Kennedy Robert Dallek, serían “cubanos pro o anticastristas, una venganza vietnamita
por la muerte de Ngo Dinh Diem, la mafia o los
caciques de los sindicatos perjudicados por Kennedy, así como la CIA, la cúpula militar y Lyndon B.
Johnson, opuestos a la distensión con Moscú”. Con
tanto sospechoso sobre la mesa, no es de extrañar
que en diciembre de 1963, como apunta Dallek, el
52% del país creyera en “la presencia de ‘algún tipo
o elemento’ detrás del asesinato. En enero de 1967,
la creencia en una conspiración se había elevado a
un 64%”. Cuando la Comisión Warren, creada por
Johnson para investigar el asesinato, presentó en
septiembre de 1964 sus conclusiones, según las
cuales Oswald había sido el único asesino, muy
poca gente quedó convencida.
La base de toda teoría de conspiración es encontrar puntos oscuros o fallas en la versión oficial,
que podrían indicar que lo que se ha contado a
la gente es falso; el problema es que raras veces
reúnen tanta información como para presentar
una versión alternativa sólida. Pero es incuestionable que esos puntos abundaron en el asesinato
de JFK, y algunos han sido popularizados a lo largo
de décadas por la prensa, el cine y la televisión,
pasando a formar parte de la cultura popular estadounidense. Entre ellos, el caso de los testigos
que se encontraban viendo pasar la comitiva y que
aseguraron haber oído al menos otro disparo, pero
no procedente del Almacén de Libros, sino de algún
lugar situado delante de la limusina presidencial;
más concretamente, de un montículo de hierba en
la calle Elm. Otros testigos declararon que vieron
alejarse de esa zona a una persona portando lo que
parecía ser un rifle; algunos se acercaron a él, pero
fueron detenidos por unos hombres que se identificaron como pertenecientes al Servicio Secreto,
a pesar de que ningún agente del mismo estaba
umerosas novelas y películas han utilizado el asesinato de
Kennedy como base argumental, apoyándose en los hechos
probados, o al menos conocidos, en la medida que les era
conveniente y adoptando una posición a favor o en contra de la
conspiración. Éstas son las más notables:
Acción ejecutiva (David Miller, 1973). Película donde se narra un complot organizado por ultraderechistas, empresarios petroleros y agentes de
la CIA para asesinar a Kennedy y cargar a Oswald con la culpa. Contado
íntegramente desde el punto de vista de los conspiradores, fue el primer
filme en cuestionar las conclusiones de la Comisión Warren.
El juicio de Lee Harvey Oswald (1977). Un poco olvidada hoy, esta estimable miniserie de televisión especula con lo
que habría ocurrido si Oswald hubiera vivido
para ser juzgado. Muy centrada en su historia,
y con un minucioso repaso de toda la evidencia de que se disponía en ese momento.
JFK (Oliver Stone, 1991). El rey de las
conspiraciones abraza sin disimulo las teorías
presentadas en el libro del fiscal Jim Garrison
para filmar un fresco de tres horas en el que
cuestiona toda la versión oficial. Su éxito fue
tal que promovió la desclasificación de millones de documentos sobre el asesinato. No
hace falta creer lo que en ella se cuenta para
disfrutar del talento de su director.
América (James Ellroy, 1966). Novela en la
que los personajes ficticios se entremezclan
con otros reales en una trama que abarca varios años y mezcla conspiraciones, crímenes y
una oleada de corrupción que afecta al propio
clan Kennedy. El complot va tomando fuerza
hasta hacer que el “gran alarido” –consecuencia del atentado, que cierra el libro– parezca la
Dos especulaciones
conclusión más natural.
sobre el magnicidio de Dallas:
la novela 22/11/63 y la cinta
22/11/63 (Stephen King, 2011). Un agujero
Acción ejecutiva (arriba).
en el tiempo permite a un profesor de bachillerato viajar a 1958. Allí decide esperar hasta 1963 para impedir el atentado. Una de las mejores novelas del autor, con una minuciosa descripción
de EUA en la época. En su argumento, Oswald es el único asesino.
destinado en esa zona. Tampoco hay consenso sobre el número de disparos efectuados, y muchos
defienden la existencia de al menos uno más que
en la versión oficial, que es el que habría herido al
gobernador de Texas, John Connally –sentado en el
asiento delantero–, en lugar de impactar primero
en el presidente y después herir a Connally como
producto de un rebote, en una trayectoria tan sorprendente que fue llamada, no del todo en broma,
la “bala mágica”. Y los 26 segundos de película del
atentado tomados por el fabricante de ropa femenina Abraham Zapruder indicarían para algunos
que el primer disparo impulsa hacia atrás la cabeza de Kennedy, prueba de que se habría efectuado
desde delante de él, no desde detrás.
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JOHN F. KENNEDY
El rompecabezas Oswald
medio como tirador, y aprendió ruso por
su cuenta; en 1960 desertó a la URSS y
solicitó asilo político, que le fue concedido después de que intentara suicidarse
tras un rechazo inicial. En 1961 se casó
con Marina, una farmacéutica rusa, y al
año siguiente solicitó la repatriación a
Estados Unidos con su mujer y su hijo
recién nacido. Se establecieron en la
zona de Dallas, donde su mal carácter lo
hizo saltar de un trabajo a otro. Algunos
historiadores han señalado como puntos
oscuros no sólo su deserción a la URSS,
sino que ésta lo dejara marchar después
y Estados Unidos estuviera dispuesto a
readmitirlo, una operación algo complicada en ambos sentidos, y más con una
esposa rusa. Hubo otros: a su regreso, se
le vio en compañía de cubanos anticomunistas y emigrados de Europa del
Este, pero en 1963 intentó asesinar al
general retirado Edwin Walker, de ideas
ultraconservadoras. Según dijo a Marina,
lo consideraba “un líder fascista”. Disparó
contra él a través de la ventana de su casa
a una distancia de 30 metros... pero falló.
La URSS y Castro, primeros sospechosos
Todos estos factores descartan la idea inicial de un
asesino solitario y pondrían encima de la mesa una
emboscada preparada cuidadosamente para asegurar que Kennedy no saliera de Dallas con vida.
La sobreinformación y el ruido mediático sobre lo
que de verdad ocurrió en la plaza Dealey –incluso
los datos alternativos no coinciden o se contradicen entre ellos– ha crecido de tal manera en más
de medio siglo que analizarlo excedería de largo
los límites de extensión de este artículo. Así que,
dejando a un lado estos pormenores,quizá la mejor
manera de orientarse en el laberinto del asesinato
La bala mágica. Se
llamó así a uno de los
dos disparos “oficiales” de Oswald, por la
increíble trayectoria
que habría herido de
rebote al gobernador
de Texas, John Connally
(en la imagen, en el
hospital con su mujer),
tras impactar en JFK.
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Una fotografía tomada durante la estancia
de Oswald en la URSS; lo acompañan su
esposa, Marina (detrás), y una tía de ésta.
Aunque en ese momento nadie sospechó de él, posteriormente se diría que el
rifle que empleó fue el mismo utilizado
en el asesinato de Kennedy. Regresó a
Nueva Orleans, donde distribuyó panfletos en apoyo de Castro al tiempo que
contactaba con activistas anticastristas. El
27 de septiembre viajó a México, desde
donde solicitó un visado para Cuba, que
le fue denegado. Regresó a Dallas y, el
15 de octubre, le ofrecieron un empleo
en un almacén de libros, el mismo frente
al cual, poco más de un mes después,
pasaría la comitiva presidencial.
sea preguntarse, si en efecto hubo una conspiración, quién tenía motivos para organizarla.
Los sospechosos han ido cambiando con el tiempo y, en cierto modo, con el clima político. El presidente fue asesinado en plena Guerra Fría, así que
es lógico que la Unión Soviética y la Cuba castrista
se contaran entre los principales.La primera habría
organizado el crimen como represalia por la crisis
ocurrida en octubre de 1962, cuando se detectó la
presencia de misiles soviéticos de medio alcance
en bases cubanas; la tensión entre las dos superpotencias colocó al mundo más cerca que nunca de
una Tercera Guerra Mundial, hasta que finalmente
la URSS accedió a retirarlos. En lo que se refiere a
Cuba, la CIA había llevado a cabo ya varios intentos
de asesinar al presidente Fidel Castro,por lo que sus
servicios secretos habrían decidido devolver el golpe. Pero eran dos sospechas que había que manejar
con mucho cuidado: Johnson consideraba que señalarlos como culpables traería de vuelta el fantasma de la guerra nuclear, y existen evidencias de
que la Comisión Warren fue dirigida para que evitara esas conclusiones; según cuenta Dallek, “para
vencer la resistencia del senador Richard Russell
a formar parte de la Comisión, Johnson le dijo que
40 millones de estadounidenses podían perder la
vida en un conflicto nuclear si no se refutaban las
acusaciones contra Castro y Kruschev”.
FOTOS: GETTY IMAGES; THE U.S. NATIONAL ARCHIVES AND RECORDS ADMINISTRATION
S
i Lee Harvey Oswald fue efectivamente un señuelo colocado
para cargar con la culpa y ocultar
a los verdaderos autores del
asesinato, no pudieron haberlo elegido
mejor... o peor. Las contradicciones de
su biografía han centrado la atención de
muchos investigadores, pero también han
contribuido a alimentar el fuego conspirativo. ¿Era un militante comunista o todo
lo contrario? ¿Trabajó para el KGB o en
realidad era agente de la CIA? Si era un
marxista convencido, ¿por qué se le vio en
compañía de anticastristas que a su vez
tenían conexiones con el crimen organizado? Y lo más importante: ¿todas estas
suposiciones son falsas y no era más que
lo que parecía, un perturbado que actuó
solo tras una vida fracasada y errática?
Muchos puntos oscuros. Nacido en
Nueva Orleans en 1939, huérfano de
padre a los dos meses de edad, vivió con
su madre en distintos estados y pasó
por varias escuelas antes de alistarse en
los marines en 1956. Allí obtuvo unas
puntuaciones muy por encima del pro-
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A rey muerto, rey puesto:
la “trama Johnson”
Se sabe también que Lyndon B. Johnson preguntó
personalmente a J. Edgar Hoover, todopoderoso
director del FBI, si tenía alguna información que
apuntara a la existencia de un complot detrás del
asesinato. Eso no le impidió decidir que presentar
a Oswald como único asesino era la manera más
eficaz de tranquilizar al pueblo estadounidense.
Aunque, para otros, era un modo de tapar su propia
culpabilidad, pues el vicepresidente también había
sido señalado como sospechoso. Kennedy lo eligió
como pareja de cartel por su origen sureño –era un
texano de pura cepa– y su visión más conservadora,
que equilibraba el espíritu progresista de la Administración. Pero, en la mejor tradición shakespeariana, Johnson habría matado a su jefe para acceder de
forma automática a una presidencia a la que nunca
hubiera llegado por sus propios medios (Kennedy
iba a presentarse a la reelección y, cuando terminara
su segundo mandato, Johnson sería demasiado viejo
como para sucederlo) y corregir algunas de las políticas emprendidas por el presidente, que incluían
una posible retirada de Vietnam.
Johnson no habría estado solo: según las fuentes
que se consulten, habría contado con la ayuda de
al menos una facción de la CIA que tampoco deseaba la retirada de la guerra, o bien con la de un
reducido grupo de poderosos empresarios texanos
de ideología ultraderechista que pensaban que la
política de Kennedy afectaría a sus negocios petrolíferos, además de considerar que su actitud hacia
el bloque soviético era excesivamente blanda. De
acuerdo con los defensores de esta teoría, Johnson
y sus cómplices contaban con los medios económicos para organizar una operación así y conocían
perfectamente el terreno por el que se movería el
presidente; y el propio Johnson, tras jurar el cargo,
tendría un poder casi absoluto para anular o desviar las líneas de investigación.
FOTO: FRANCIS MILLER/ TIME LIFE PICTURES/ GETTY IMAGES
Conexión texana, exilio cubano y mafia
Estos misteriosos hombres de negocios, conocidos
como “la conexión texana”, han jugado también un
importante papel en otras versiones del complot en
las que la figura de Johnson es sustituida por otros
colectivos con sus propios intereses para ver muerto
al presidente. Uno de ellos, de nuevo, es Cuba, pero
en esta ocasión no la de Fidel sino la de sus opositores, que responsabilizaron a Kennedy del fracaso
de Bahía de Cochinos: en 1961, tropas de exiliados
cubanos habían intentado tomar la isla y derrocar a
Castro en una invasión militar que situó su cabeza
de playa en Playa Girón. La operación se había estado
preparando desde los tiempos de Eisenhower, poco
después de que los castristas tomaran el poder; la
CIA proporcionó a la fuerza de ataque, compuesta
Poco convincente. La Comisión Warren (arriba, presidida
por el juez Earl Warren y con el futuro presidente Gerald
Ford entre sus miembros), encargada por Johnson, concluyó
que el asesino había actuado solo, pero casi nadie lo aceptó.
por 1,500 hombres, entrenamiento y material. Aunque en principio Kennedy acordó seguir adelante
con el plan, cuando una serie de equivocaciones
convirtió el ataque en un fracaso desde el principio,
ordenó cancelar las operaciones de refuerzo. Más de
1,200 soldados invasores fueron capturados y Estados Unidos tuvo que implicarse en 20 meses de humillantes negociaciones para conseguir finalmente
su liberación a cambio de 53 millones de dólares en
medicinas y alimentos infantiles.
Los cubanos exiliados, y sus amigos en la bien financiada extrema derecha estadounidense, no se
lo perdonaron a Kennedy. Tampoco la mafia. Nadie
podía ser más anticastrista que ellos, después de que
la llegada de Fidel les hubiera arrebatado todas sus
posesiones en Cuba. De hecho, algunos mafiosos
habían seguido muy de cerca la operación de Bahía de Cochinos –entre ellos, Meyer Lansky o Santo
Trafficante Jr., jefe de la mafia en Florida– y habían
dispuesto planes para volver a poner los casinos en
marcha en cuestión de horas una vez que hubiera
triunfado la invasión. La Cosa Nostra tenía otros motivos para estar furiosa con JFK: Sam Giancana, uno
de los principales capos del país, habría movilizado
sus considerables recursos para favorecer su triunfo
en las presidenciales de 1960. Lo hizo en respuesta
a una petición de Joe Kennedy, el patriarca del clan,
quien tenía contactos con el crimen organizado desde tiempos de la Prohibición y que utilizó a un amigo
común, Frank Sinatra, para que actuara como intermediario. La amistad del cantante con los Kennedy
no se limitaba al padre; había compartido muchas
mujeres con el futuro presidente y una de ellas, Judith Campbell, también con el propio Giancana. En
1988, Campbell declaró a la revista People que actuó
LIBRO
Teoría de la
conspiración
Javier García
Sánchez, Navona,
2017. Subtitulado
“Deconstruyendo un
magnicidio: Dallas
22/11/63”, este libro
desmonta, con una
exhaustiva investigación, la atribución a
Oswald del asesinato.
Johnson –a quien también acusan
otras teorías– no quería señalar como
sospechosos a Fidel o a la URSS por
temor al fantasma de la guerra nuclear.
muyinteresante.com.mx
71
MUY INTERESSANTE
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JOHN F. KENNEDY
La “conexión
Campbell”. Judith
Exner Campbell (arriba,
con su marido, el actor
William Campbell, en
1955) fue amante de
Kennedy, de Frank
Sinatra y del capo
Sam Giancana. Por
ello ha estado en el
centro de varias teorías
conspirativas.
como mensajera entre los dos hombres, llevando sobres de Kennedy para Giancana. Éste esperaba que,
tras su triunfo, se aflojara la presión gubernamental sobre la mafia, pero ocurrió todo lo contrario: en
1962 Kennedy cortó toda relación con Campbell y
con Sinatra, mientras su hermano Robert, como nuevo fiscal general del Estado, atacaba con una saña
nunca antes vista al crimen organizado... y al propio Giancana. El gángster estaba furioso, aunque las
grabaciones que el FBI hizo de sus conversaciones
telefónicas no recogen ninguna amenaza contra el
presidente; tampoco las de otros mafiosos que en
esos momentos estaban bajo vigilancia.
Dallas, territorio hostil
Por último, hay un hecho que no puede dejarse de
lado: Texas no necesitaba empresarios conspiradores para estar en contra de Kennedy. Es cono-
cida la anécdota sobre las últimas palabras que
éste escuchó y pronunció antes de morir, cuando
Nellie Connally, la esposa del gobernador, le dijo:
“Señor presidente, no puede decir que Dallas no lo
quiere”, a lo que él respondió “No, desde luego”. La
frase no se refería sólo a la vitoreante multitud que
los rodeaba; también era una manera de conjurar
la abierta hostilidad que muchos texanos sentían
hacia él y, por extensión, hacia todo el Partido Demócrata. Adlai Stevenson, embajador de Estados
Unidos en la ONU, había sido insultado y agredido
durante una visita; antes de la llegada de Kennedy
a Dallas, se distribuían carteles con su cara de
frente y de perfil, imitando una ficha policial, con
la frase “SE BUSCA. Por entregar la soberanía estadounidense a las Naciones Unidas, controladas
por comunistas”. La misma mañana de la visita
presidencial, The Dallas Morning Post publicaba un
artículo en el que se le acusaba de haber hecho un
pacto secreto con el Partido Comunista.
De la Comisión Warren
al HSCA y Jim Garrison
Aquel ambiente de odio fue el que se encontró el
escritor e historiador William Manchester cuando viajó a Dallas durante su investigación para la
escritura de Muerte de un presidente, el único libro
sobre el asesinato directamente encargado por
su viuda, Jacqueline (aunque quedó descontenta
con el resultado y sólo permitió su publicación
después de que se realizaran algunos cambios).
Sus conclusiones coincidieron con las de la Comisión Warren, al menos en lo que se refería a
descartar complots y señalar a Oswald como un
solitario que actuó por puro desequilibrio mental;
pero ese desequilibrio, según Manchester, habría
S
i para algo sirvió el asesinato
de Kennedy fue para poner a
revisión todo el protocolo de
seguridad presidencial, que la
propia Comisión Warren consideró que
había caído en “ciertos errores y carencias”. Lo de menos fue la falta de reacción de los agentes del Servicio Secreto
–con la excepción de Clint Hill, quien
se arrojó a cubrir a la primera dama tras
producirse el primer disparo–; además,
no se realizó una comprobación de los
edificios ante los cuales pasaría la ruta
presidencial, ni hubo contacto entre los
agentes de seguridad y las autoridades
locales, ni se enviaron equipos a los
hospitales de la zona para el caso de
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que el presidente
tuviera que ser ingresado de emergencia
en uno de ellos.
Y es que en esos
tiempos los propios
agentes carecían de un
El agente Clinton J. “Clint” Hill arrojándose sobre Jackie
entrenamiento espeKennedy para protegerla tras producirse el primer disparo.
cial para la protección
del presidente y de algo tan elemental
haya analizado al detalle por el servicio
como un sistema de comunicación entre
de seguridad. Los descapotables han
ellos. Hoy las cosas han cambiado y los
pasado a la historia y hoy el presidente
presidentes viven en una burbuja de prode Estados Unidos viaja en lo que quizá
tección –incluso cuando se están dando
sea el vehículo más blindado del mundo:
un baño de masas, costumbre estableuna limusina conocida como La Bestia,
cida en buena parte por Kennedy– y no
cuyo conductor tiene que seguir un curso
dan un paso de sus recorridos que no se
específico antes de ponerse al volante.
FOTOS: GETTY IMAGES; JUSTIN NEWMAN
Presidente desprotegido
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FOTOS: GETTY IMAGES
sido incitado por aquel ambiente de hostilidad
fuera de lo común, que convirtió al presidente en
el objetivo de su agresividad y sus frustraciones.
Sin embargo, cuando pidió a los agentes de la Comisión que consideraran aquel factor como una
de las causas determinantes en el asesinato, éstos
se negaron a hacerlo.
Todos estos candidatos seguían siendo considerados, de una u otra manera, cuando en 1976
el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos
(HSCA, por sus siglas en inglés) abrió una nueva
investigación destinada a esclarecer los puntos
oscuros en el magnicidio (y en otro asesinato histórico ocurrido en los 60, el de Martin Luther King).
Sus resultados, publicados en 1979, concluían que
el presidente “probablemente fue asesinado como
resultado de una conspiración”, aunque no daban
ninguna pista sobre quién podía estar detrás de la
misma y seguían manteniendo que Oswald fue el
único autor de los disparos. Más información llegó
en 1988 cuando el fiscal Jim Garrison publicó su
libro Tras la pista de los asesinos, en el que narraba
su investigación del asesinato y expresaba su convencimiento de que la CIA estaba detrás del mismo,
para impedir que Kennedy cambiara la política de
la Guerra Fría. En 1967 Garrison había acusado de
orquestar el crimen al empresario de Nueva Orleans –ciudad natal de Oswald– Clay Shaw, la única
persona procesada por su presunta participación
en el asesinato; sería absuelto por el jurado, aunque a finales de los 70 se confirmaría que tenía
profundas conexiones con la CIA, algo que siempre
se negó durante el juicio. El libro de Garrison fue la
base de la película JFK, cuyo impacto promovió la
creación de la Junta de Revisión de Informes del
Asesinato (ARRB, por sus siglas en inglés) que, entre
1994 y 1998, desclasificó millones de documentos
relacionados con Kennedy y su muerte y concluyó
su tarea recomendando que los que aún permanecían clasificados –alrededor de 40,000– salieran a la
luz en octubre de 2017. Entre los que se han puesto
a disposición del público y los investigadores hay
piezas tan valiosas como los diarios del presidente Gerald Ford cuando formó parte de la Comisión
Warren, los archivos de Jim Garrison, las notas tomadas de los únicos interrogatorios que se hicieron a Oswald por parte de un capitán de la policía de
Dallas y un agente del FBI o el diario de Clay Shaw.
No se ha logrado, en cambio, conseguir la desclasificación de los documentos sobre Oswald en poder
del antiguo KGB, que podrían arrojar nuevas luces
sobre un personaje más que contradictorio.
El único encausado fue absuelto
Muerto Oswald, la única persona formalmente acusada y juzgada
por el magnicidio fue el
empresario Clay Shaw
(a la izquierda, recargado, en 1967), agente
encubierto de la CIA. El
jurado lo absolvió de la
supuesta conspiración.
El HSCA concluyó en 1979 que
probablemente el presidente fue
víctima de una conspiración, pero no dio
ninguna pista sobre quién estuvo detrás.
aparece otra que la desmiente. Jim Garrison habló
de una conspiración de la CIA, pero el periodista
Max Holland, que ha escrito miles de páginas sobre
el atentado, la rechaza por completo y señala que
la visión de Garrison había sido manipulada por el
KGB sin que él fuera consciente de ello. Son sólo
dos ejemplos; cabe destacar asimismo la carta que
William Manchester publicó en The New York Times:
“Si pones a seis millones de judíos muertos en un
lado de una balanza y en el otro pones al régimen
nazi –la mayor banda de criminales que jamás haya
tenido el control de un Estado moderno–, tienes un
equilibrio: un gran crimen y grandes criminales.
Pero si pones en la balanza a un presidente asesinado de Estados Unidos y en el otro lado a ese
miserable tipejo llamado Oswald, no hay equilibrio.
Necesitas añadir algo que tenga más peso, algo que
dé más sentido a la muerte del presidente. Saber
que murió por alguna razón”.
Muerte de un
presidente. Así se
titula el libro de William
Manchester sobre la
tragedia de Dallas
(Abajo, el autor presentándolo a la prensa
en 1967). Fue un
encargo de la propia
Jackie Kennedy, pero
esta obligó a introducir
modificaciones.
En busca de una verdad esquiva
Pero es dudoso que la desclasificación de algún documento consiga despejar la niebla conspiratoria.
A cada nueva versión que surge de lo que ocurrió,
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MUY INTERESANTE
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JOHN F. KENNEDY
g
Tragedias
del clan familiar
Los Kennedy:
maldita
El asesinato de JFK se ubica en una
larga lista de hechos luctuosos entre los
suyos –muertes, accidentes...– que creó el
mito de una maldición. Por María Pilar Queralt del Hierro
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Demasiadas desgracias para una sola familia. La imagen
de dos ancianos sobreviviendo a su descendencia, enterrando a unos hijos que parecían destinados al triunfo,
tenía visos de tragedia griega. La imaginación popular no
tardó en hablar de la “maldición de los Kennedy”. Se justificaba, además, como un castigo kármico a la desmedida
ambición del patriarca, Joseph P. Kennedy, el nieto de unos
humildes emigrantes irlandeses que había hecho realidad
el “sueño americano” estudiando en Harvard y amasando
una cuantiosa fortuna de orígenes no demasiado claros,
pero que pudo difuminar gracias a una considerable carrera política en el Partido Demócrata.
Rosemary, la primogénita oculta
Una trayectoria política que se truncó cuando, siendo embajador de Estados Unidos en Londres, salieron a la luz
FOTO: GETTYIMAGES
E
l 19 de diciembre de 1961, a los 73 años,
Joseph Patrick Kennedy –el patriarca de la
familia Kennedy– sufrió una embolia que
le paralizó medio cuerpo y redujo considerablemente sus capacidades. Pese a ello
fue consciente de los asesinatos de dos de
sus hijos, John y Robert, y del escándalo de
Chappaquiddick, que truncó para siempre la carrera política del más joven, Edward. Falleció en 1969. Su esposa,
Rose Fitzgerald, le sobrevivió hasta 1995, aunque postrada
en una silla de ruedas desde que en 1984 sufriera un derrame cerebral. A su muerte contaba con 104 años y había
visto morir a cuatro de sus nueve hijos; al esposo de su hija
Jean, Stephen Edward Smith (1927-1990); a su nuera, Jacqueline Kennedy (1929-1994), y a dos de sus nietos, David
Anthony Kennedy y Patrick Bouvier Kennedy.
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Acostumbrados a la pérdida. Durante tres
generaciones, la familia del presidente Kennedy
se vio sacudida por muertes trágicas y otras
desgracias. En la imagen (6 de junio de 1969),
Jean Ann Kennedy, junto con sus hijas, pone
flores en la tumba de su hermano Robert, el día
del primer aniversario de su asesinato.
sus maniobras de acercamiento al régimen nazi. A partir de ese momento, sabiéndose fuera de juego, Joseph P.
Kennedy pretendió vivir a través de sus hijos aquello que
le había sido negado. Decidido a situar a un Kennedy al
frente de los destinos del país, quiso además que su progenie fuera sana, deportista, estuviera bien preparada y
no se conformara con ningún tipo de medianía. “Hagan lo
que quieran, pero en aquello que hayan elegido, sean los
mejores”, era su máxima. De ahí que no aceptara jamás la
discapacidad de Rosemary, su primogénita.
Rosemary Kennedy había nacido el 13 de septiembre de
1918. Una serie de desafortunadas circunstancias durante
el parto le provocaron un leve retraso mental que desembocaría, pasada la pubertad, en un carácter inestable e incluso algo violento. El orgullo del patriarca nunca se resignó
a tener una hija discapacitada. Temía, además, que sus in-
controlables ataques de ira o sus costumbres no demasiado
acordes con la moral tradicional pudieran perjudicar la carrera exitosa que había diseñado para sus hijos hombres. Decidido a curar lo que a todas luces parecía incurable, sometió
a la joven –que por entonces tenía 23 años– a una lobotomía
que, desgraciadamente, no dio buenos resultados.
Bajo la larga sombra del patriarca
Tras su paso por el hospital, Rosemary quedó prácticamente
incapacitada. Apenas hablaba, su inteligencia era la de una
niña menor de cuatro años y padecía incontinencia. Desde
ese momento su vida fue un continuo peregrinar de hospital
en hospital, su padre no quiso volver a verla y sus hermanos
prácticamente la ignoraron hasta que en 1961, tras la embolia que dejó paralítico a Joseph Kennedy Sr., la joven compartió por iniciativa de su madre alguno que otro periodo
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LIBRO
Los Kennedy:
mi familia
Edward M. Kennedy,
Martínez Roca, 2010.
En estas memorias,
“Ted”, el menor de
los nueve hermanos,
aborda con franqueza
los dramas y escándalos de su legendario
clan familiar.
Risas efímeras.
Abajo, Kathleen
Kennedy el día de
su boda con William
Cavendish (6 de mayo
de 1944). Cuatro
meses después
enviudó y en 1948
murió junto a su
nuevo amor en un
accidente aéreo.
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JOHN F. KENNEDY
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vacacional en la casa familiar de Cape Cod. Aun así,
cuando en el año 2005 una escueta nota dio a conocer su fallecimiento en el Fort Memorial Hospital
de Wisconsin, buena parte de la opinión pública se
preguntó quién era aquella misteriosa mujer de la
que apenas se tenía noticia y cuya muerte tenía la
connotación dramática de ser la primera por causas naturales de los hijos nacidos del matrimonio
entre Joseph y Rose Kennedy.
Lo cierto es que las esperanzas del patriarca
estaban depositadas en sus hijos varones; especialmente en el mayor, Joseph Patrick Jr. o Joe
(1915-1944). Graduado en Harvard, atractivo, buen
deportista y comprometido con una joven de la
alta sociedad de Boston, era el candidato perfecto
para satisfacer la ambición de su padre. En 1940
inició su carrera política participando como delegado en la Convención Nacional Demócrata pero,
cuando parecía tenerlo todo a su favor, el estallido de la Segunda Guerra Mundial trastocó sus
planes. Alistado en la Marina de Estados Unidos,
en septiembre de 1943 fue destinado a Gran Bretaña y allí, tras participar en varias misiones de
combate, se presentó voluntario para la Operación
Afrodita, una estrategia que implicaba el ataque
con proyectiles a control remoto. El lanzamiento
debía hacerse desde un avión pilotado después
de que sus ocupantes saltaran en paracaídas, antes de la detonación. Sin embargo, un error técnico o humano que nunca se aclaró provocó que
los explosivos que portaba el avión que pilotaba
Kennedy se detonaran antes de tiempo.
La doble fatalidad de Kick
Como buen Kennedy, el joven Joe estaba convencido de que era inmune a la adversidad y de que
El candidato perfecto. Eso pensaba Joseph
Sr. de Joseph Jr., el mayor de los varones: culto,
atractivo y deportista (aquí, en su avión durante la
Segunda Guerra Mundial), pero el sueño de hacerlo
presidente se truncó al morir en acto de servicio.
una aureola de héroe sería su carta decisiva a la
hora de medrar en política. Pero el destino le demostró que estaba equivocado.
El patriarca nunca se repuso por completo de
la muerte de su primogénito: desde entonces llevó siempre consigo la Cruz de la Marina, la Cruz
de Vuelo Distinguido y la Medalla Aérea que se le
concedieron a Joe a título póstumo. No obstante,
desde ese mismo día comenzó a trabajar en la carrera política de los tres hijos hombres que aún
permanecían a su lado.
Poco tiempo después, una nueva tragedia sacudía la mansión Kennedy. En esta ocasión, además,
era políticamente incorrecta: Kathleen Agnes
Kennedy, la segunda hija, falleció en un accidente
aéreo junto a su amante, Peter Wentworth-Fitzwilliam. Kathleen, a quien todos llamaban Kick, se
había casado el 6 de mayo de 1944 en Londres con
William Cavendish, marqués de Hartington y heredero del duque de Devonshire. Lo había hecho
pese a la oposición de su católica familia, que no
aprobaba su matrimonio con un anglicano, pero
los avatares de la guerra truncaron su incipiente vida conyugal pues, apenas cuatro meses después de la boda, el marqués de Hartington cayó
en acción de guerra. Kick no quiso regresar a Estados Unidos y permaneció en Londres, donde se
convirtió en un personaje imprescindible de la
alta sociedad británica. Allí conoció a Peter Wentworth-Fitzwilliam –el conde de Fitzwilliam–, un
FOTOS: GETTY IMAGES; EFE
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Ethel y Joan, alcanzadas por la maldición
S
i la imagen de una enlutada Jackie Kennedy recorriendo las calles de Washington quedó como el
paradigma del dolor contenido, la de Ethel Kennedy
embarazada y sosteniendo la cabeza de su esposo
Robert –abatido por las balas de Sirhan Sirhan en las cocinas
del Hotel Ambassador de Los Ángeles– mientras pedía a voces
un médico, conmovió al mundo entero.
Pese a haber nacido en una familia republicana, Ethel Skakel
Kennedy se integró muy bien en el clan demócrata y, posiblemente, fue “la más Kennedy” de las nueras de Joseph y Rose.
Tal vez por eso, no se libró de la maldición que parecía perseguir a la familia. No sólo enviudó prematuramente, sino que vio
morir a uno de sus hijos y a otros caer en la espiral de la droga.
Aun así, tras enviudar ha continuado –con una energía insospechada en una mujer como ella, menuda y de físico aparentemente frágil– la obra iniciada por su esposo en el Centro para la
Justicia y los Derechos Humanos Robert F. Kennedy.
Distintas pero unidas por la tragedia. Su polo opuesto
ha sido Joan Bennett Kennedy, la primera esposa de Edward.
Contrajeron matrimonio en 1958 y de la unión nacieron tres
hijos: Kara, Edward Jr. y Patrick. A diferencia de Ethel o incluso de Jackie, nunca se sometió a la dictadura del clan y se
negó a aceptar las “distracciones” conyugales de su esposo y
a aparecer en público con él como una pareja feliz. A ello se
hombre casado con el que tenía planeado contraer matrimonio una vez que éste consiguiera el
divorcio. Pero, de nuevo, la fatalidad acabó con sus
planes: el 13 de mayo de 1948 la pareja falleció en
un accidente aéreo en Ardèche, Francia. Ningún
Kennedy acudió al funeral.
FOTOS: GETTY IMAGES; LOS ANGELES TIMES; EDWARD J. FREEMAN
El precio de un sueño
Desde la muerte de Joe y Kathleen, la vida pareció
volverse más generosa con los Kennedy, y entre
1948 y 1963, vivieron la etapa más
serena de su historia familiar. El
triunfo, además, parecía acompañarlos: el 8 de noviembre de 1960,
el segundo de los hijos varones
de la dinastía, John Fitzgerald
Kennedy, ganó las elecciones
presidenciales. El patriarca vio
su sueño cumplido pero, como
si hubiera de pagar alguna clase de tributo, pocas semanas
después sufrió la embolia que,
como ya se ha visto, mermó
considerablemente sus capacidades.
Poco duró la relativa bonanza. Exactamente
hasta el 23 de noviembre de 1963, cuando las balas disparadas por Lee Harvey Oswald en Dallas
acabaron con la vida del presidente y crearon un
nuevo mito: el de su esposa, Jacqueline Lee Bouvier o Jackie Kennedy, quien de inmediato se con-
De izquierda a derecha. Ethel, viuda de Bob
Kennedy, y Joan, primera mujer de Ted, en un
acto de homenaje al primero de los hermanos.
añadió la tragedia del cáncer óseo padecido por su hijo Edward Jr. cuando sólo había cumplido 12 años, que conllevó
la amputación de una pierna. Su refugio fue el alcohol y, tras
ser detenida en dos ocasiones conduciendo ebria, hubo de
someterse a una cura de desintoxicación. El escándalo ya fue
imparable y la pareja se divorció en 1983. Joan se refugió en
la música, pero la fatalidad siguió golpeándola: en 2011 su
hija Kara falleció de un derrame cerebral a los 51 años, mientras que Patrick no dudó en relatar las miserias familiares en
un libro de memorias después de someterse, como ella, a
varias curas de desintoxicación.
El patriarca de los Kennedy nunca
se repuso por completo de la muerte
de su primogénito, Joe, caído en la
Segunda Guerra Mundial.
virtió en la “viuda de América”. La muerte de su
esposo no era la primera tragedia de su vida. Tras
contraer matrimonio con JFK el 12 de septiembre
de 1953, había sufrido un aborto y en 1956 había
dado a luz a Arabella, una
Del sueño a la pesadilla. En la
foto, Robert F. Kennedy saluda a sus
seguidores en la 15th y Chestnut
durante la campaña en 1968.
Arriba, la noticia de su asesinato en
la portada de Los Angeles Times.
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MUY INTERESANTE
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JOHN F. KENNEDY
¿Negligencia o algo más? Una grúa remolca
fuera del agua el auto de Ted Kennedy, caído al
lago Pocha (isla de Chappaquiddick) en extrañas
circunstancias en julio de 1969. Su acompañante,
Mary Jo Kopechne, murió ahogada.
niña que nació muerta. Asimismo, en agosto de
1963, después del nacimiento de Caroline (1957) y
John F. Kennedy Jr. (1960), falleció Patrick Bouvier,
el tercero de sus hijos, dos días después de nacer
tras una cesárea de emergencia.
Por un pelo
El propio Ted tuvo
más suerte que
sus malogrados
hermanos: el
25 de junio
de 1964 sufrió
un aparatoso
accidente de
avioneta (abajo,
los restos
siniestrados) del
cual salió con vida.
De “viuda de América”
a millonaria consorte
Jackie encaró la tragedia de Dallas con una templanza asombrosa. Con el vestido aún manchado
de sangre, fue testigo del juramento del nuevo
presidente –el hasta entonces vicepresidente
Lyndon B. Johnson– a bordo del avión presidencial que trasladaba a Washington los restos de
su esposo. Luego, la figura enlutada de la primera dama más carismática de cuantas habían
habitado la Casa Blanca caminando tras la comitiva que portaba el féretro de su esposo hacia el
cementerio de Arlington –y llevando de la mano a
sus dos hijos, John-John y Caroline– quedó grabada en la retina de toda una generación.
Tras el magnicidio, permaneció un año retirada de la mirada pública. Después retomó su
vida, siempre en la órbita de los Kennedy, hasta
que, en junio de 1968, Robert Kennedy fue asesinado. La tragedia superó a Jackie: convencida de
que una amenaza se cernía sobre el clan, decidió abandonar Estados Unidos junto con sus hijos. Pocos meses después, aun a riesgo de acabar
con su leyenda de “viuda de América”, contrajo
matrimonio con el armador griego Aristóteles
Onassis. Pero la felicidad no parecía estar hecha para ella: enviudó de nuevo en 1975, regresó
a Estados Unidos y en 1994, cuando ejercía una
importante labor en Viking Press y Doubleday
Publishing, dos importantes editoriales estadounidenses, y había rehecho su vida junto al
industrial belga Maurice Tempelsman, se le
diagnosticó un linfoma que acabó con su vida
pocos meses después. Tras su funeral, televisado en Estados Unidos, recibió sepultura junto a
su primer esposo bajo la llama eterna que ella
misma había prendido en noviembre de 1963.
El atentado contra Robert Francis Kennedy en
plena campaña electoral fue la confirmación
de que la fatalidad perseguía a la saga. Bob
–“Bobby” para los íntimos– había sido la auténtica eminencia gris de los hermanos Kennedy.
Fiscal general de Estados Unidos de 1961 a 1964,
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FOTOS: GETTYIMAGES
El final de la esperanza
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Marilyn: la víctima indirecta
P
ese al control que los Kennedy tenían sobre los
medios de comunicación, no se pudo evitar que
quedaran al descubierto determinados aspectos de
la vida privada de sus integrantes, especialmente la
de los hombres de la familia. No era nada nuevo. Al patriarca
ya se le habían conocido algunas relaciones extraconyugales: fue especialmente sonada la que mantuvo con la actriz
Gloria Swanson durante su etapa como consejero de RKO
Pictures. Se dice, asimismo, que ya durante la luna de miel
JFK abandonó a Jackie para correr en pos de alguna bella
desconocida. No obstante, todo rumor palideció cuando entró
en escena la rubia dorada de Hollywood: Marilyn Monroe. Se
habían conocido en 1954 cuando John F. Kennedy sólo era un
ambicioso senador y ella ya estaba considerada una auténtica
estrella. Los presentó el actor Peter Lawford, esposo de Pat
Kennedy, en el transcurso de una fiesta en Hollywood. No se
conoce cuándo comenzó el romance –una relación pasional y
secreta que ni siquiera se interrumpió cuando Kennedy llegó
a la Casa Blanca–, pero sí cuándo terminó. Fue el 19 de mayo
de 1962 después de que Marilyn, enfundada en un ceñidísimo vestido color piel adornado con lentejuelas, entonara
sensualmente su célebre “Happy birthday, Mr. President” en la
fiesta celebrada en el Madison Square Garden de Nueva York
con motivo del 45 cumpleaños de JFK.
O ella o yo. Aquel día, Jackie se negó a asistir al evento al
saber que la actriz iba a estar presente. Es más, ese mismo
día le dio un ultimátum a su marido: había soportado sus
infidelidades mientras éstas quedaron en el ámbito de lo
privado, pero no estaba dispuesta a consentir que su idilio
había trabajado codo con codo junto con
su hermano mayor durante su presidencia
y fue uno de los máximos responsables de
la campaña en favor de los derechos civiles. Decidido a seguir en el camino a la Casa
Blanca, en 1968 desplegó su propia campaña
para conseguir la candidatura presidencial por
el Partido Demócrata. Tras vencer a su rival en
California, todo parecía apuntar no sólo a que
sería el candidato del partido demócrata, sino a
que acabaría por ocupar la presidencia; sin embargo, en la madrugada del 4 de junio de 1968 las
balas disparadas por un hombre de ascendencia palestina, Sirhan Bishara Sirhan, en el Hotel
Ambassador de la ciudad de Los Ángeles, acabaron con sus expectativas. Su hermano Edward
Moore –“Ted”– decidió tomar el relevo, pero una
serie de desafortunadas circunstancias acabaron por apartarlo definitivamente de la carrera
que tenía como meta la Oficina Oval.
El momento en que el cadáver de Marilyn Monroe
–hallada muerta por una sobredosis de barbitúricos en su dormitorio
el 5 de agosto de 1962– es llevado a la morgue por la policía.
con Marilyn fuera del dominio público, y todo parecía indicar
que la actriz, convencida de que la relación podía acabar en
matrimonio, amenazaba con dar una rueda de prensa para
hacer público su romance con el presidente. Tres meses
después, el 5 de agosto de 1962, Marilyn apareció muerta en
su domicilio. Se habló de una sobredosis de barbitúricos accidental o voluntaria, se rumoró la posibilidad de un asesinato
ante los puntos oscuros que hacían dudar de la investigación,
y se habló, por supuesto, de la implicación de los servicios
secretos en la muerte de la estrella a fin de ocultar no sólo su
idilio con el presidente, sino la esporádica relación mantenida
con su hermano Robert. La Historia, quizá, algún día dirá la
última palabra. Por el momento, la nunca aclarada muerte de
Marilyn le concede la categoría de víctima colateral de la tan
traída y llevada “maldición” de los Kennedy.
FOTOS: EFE; GETTYIMAGES
Tras los asesinatos de John (1963) y Robert
(1968), Ted tomó el relevo, pero el caso de
Chappaquiddick (1969) truncó su carrera.
Incidente en Chappaquiddick
Por entonces Ted, el menor de los hermanos, ya
se había forjado una prometedora carrera política. Graduado en Harvard en 1956, pareció ser
inmune a la presunta maldición ue
pesaba sobre su familia cua ndo,
1964, escapó de la muerte ras s frir un grave accidente aére
eo, y su
hijo Edward Jr. superó un s rcoma.
No era así: se demostró ci
os
después cuando su buen nombre se
vio empañado por el nunc a aclarado
incidente de Chappaquiddiick, el
18 de julio de 1969. Según se
dedujo de las investigaciones, Ted Kennedy había
asistido a una fiesta en la
isla de Chappaquiddick
organizada por las Boiler
Room Girls, un grupo de
voluntarias que habían
trabajado en la campaña
presidencial de su hermano Robert. Entrada la
Los trapos sucios, al
descubierto. Patrick,
hijo de Ted Kennedy,
abordó episodios oscuros
de su familia en el libro
A Common Struggle.
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JOHN F. KENNEDY
después, Joseph Patrick Kennedy, perdida toda
esperanza de ver su apellido de nuevo inscrito
en la nómina de presidentes estadounidenses,
falleció en su residencia de Hyannis Port. Pese a
las circunstancias, Edward continuó ejerciendo
como senador por Massachusetts y recuperó algo
de la dignidad perdida con su implicación en temas como la política de inmigración y la mejora
del acceso a la salud pública. Falleció a causa de
un tumor cerebral el 25 de agosto de 2009.
La tercera generación: los herederos
La maldición continúa. Eso fue al menos lo que
suscitó en la imaginación popular la muerte en un
trágico accidente de avión del hijo de JFK y Jackie, John
F. Kennedy Jr., y de su esposa Carolyn, en julio de 1999.
En la tercera generación tampoco han
faltado escándalos y hechos trágicos.
noche, el senador abandonó la fiesta en compañía de Mary Jo Kopechne, antigua secretaria
personal de Bob, con el propósito de alcanzar el
ferry que los trasladaría a sus respectivos domicilios. Nunca llegaron a su destino. El exceso de
velocidad, las malas condiciones de la carretera
o la falta de iluminación provocaron que el automóvil se precipitara al lago Pocha y, aunque el
senador logró alcanzar la orilla nadando, Mary
Jo falleció ahogada. Nadie dio aviso a la policía
hasta las 10 de la mañana del día siguiente.
Cabe pensar que más que de una maldición se
debería hablar de que, en una familia tan numerosa como la de los Kennedy, se multiplican las
posibilidades de que la mala fortuna se ensañara
con sus miembros. Aun así no hay que despreciar
el hecho de que la tercera generación, compuesta
por los 27 nietos de Joseph Patrick y Rose Kennedy,
también ha sido proclive a los contratiempos.
Una tercera generación que, a falta de la ambición
de sus mayores, se ha movido en el más absoluto
anonimato o sumida en una dolce vita en la que no
han faltado los escándalos, el alcohol, las drogas o
el sexo. Una compleja red no siempre encomiable
que ha retratado Patrick Kennedy, el menor de los
hijos de Ted, en su libro A Common Struggle (Una
lucha común), en el que aborda abiertamente los
episodios oscuros de su familia, más desunida de
lo que pueda parecer a simple vista y en la que
los escándalos se han tapado sistemáticamente
con un velo de opacidad. Eso pasó cuando David
Anthony Kennedy, el cuarto de los hijos de Robert,
falleció en Palm Beach a causa de una sobredosis
de cocaína el 25 de abril de 1984, o cuando Mary
Richardson Kennedy, la exesposa de Robert F.
Kennedy, Jr., se suicidó en 2012 después de años
batallando con problemas de drogas y alcohol.
Pese a que Edward insistió en que se había zambullido en repetidas ocasiones para tratar de
salvar a su acompañante y justificó su silencio
posterior aduciendo que se encontraba en estado de shock, en el juicio realizado a posteriori se
le declaró culpable de negación de auxilio y se
le condenó a dos años de cárcel, una pena que
nunca cumplió dada la falta de antecedentes.
Poco después, apareció en televisión para declarar que su conducta era indefendible, asegurar
que entre él y la joven secretaria no había ninguna “relación inconveniente” y pedir perdón a
la familia de Mary Jo. De nada le sirvió: su imagen ya estaba lo suficientemente perjudicada
como para negarle toda posibilidad de alcanzar
la presidencia de Estados Unidos. Cuatro meses
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Pero fue en julio de 1999 cuando el mundo se detuvo por unos instantes al conocer la noticia de
que John Fitzgerald Kennedy Jr. (“John-John”), su
esposa Carolyn Bessette y su cuñada Lauren habían muerto cuando su avión, un Piper Saratoga
que él pilotaba, se estrelló en el océano Atlántico
camino de Martha’s Vineyard. Pocos días antes,
había anunciado su intención de entrar en la arena política como senador demócrata por Nueva
York. Las teorías conspiratorias no tardaron en
proliferar, pero lo cierto es que se le había avisado de que las inclemencias del tiempo no recomendaban el vuelo y él las ignoró. Como buen
Kennedy y a pesar de los antecedentes familiares,
se creía inmune. Pero para la imaginación popular
su muerte no hizo sino confirmar que la presunta
maldición de los Kennedy continuaba viva.
FOTOS: GETTYIMAGES
John-John o el último mártir
La tumba (política) de Ted
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