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07-10- Esfera El Mundo

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EL SUPLEMENTO
CULTURAL DE
EL MUNDO
DOMINGO 7 DE
OCTUBRE
DE 2018
POESÍA
Manuscrito del último
poema inédito de
Caballero Bonald. PÁG. 5
ARTES
Los mundos alucinados de Dorothea
Tanning. PÁG. 8
ESCENA
El teatro documental
fija el foco en la cruda
realidad. PÁGS. 12 Y 13
La escritora
Joan Didion
viajó al sur de
los EEUU en
1970 desde la
California
‘hippie’ de la
que fue testigo
y protagonista.
Las notas de
aquella
aventura se
editan ahora
en un libro
admirable
Joan
Didion
TED STRESHINSKY
Mirar,
escuchar,
escribir
HOJA 2
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
palabras
En el verano de
1970 aún se podían rastrear en
el sur de Estados Unidos las huellas de la
segregación racial y se veían
matrimonios que dejaban pasar las tardes calurosas en el
porche meciéndose con desgana . «El maíz y los tomates
crecen al tuntún (…), había
perros muertos en la carretera (…) y en una hora de trayecto atropellamos a tres serpientes». Bienvenidos al Sur
de la mano de Joan Didion.
En aquel junio, una muchacha pizpireta de 43 kilos y
medio y 26 años quiso revisitar los vestigios de aquel
mundo orgulloso de su pasado que había conocido en
1942/3, cuando su padre estaba destacado en Carolina del
Norte. Un mes sin rumbo en
coche, a la aventura, a ver
qué encontraba por Luisiana,
Misisipi y Alabama. Y lo que
halló fue «cabañas que venden estatuas de yeso de la
Virgen María» en los arcenes
de la carretera, granjas de
reptiles (con nidos de víboras
al aire libre y caimanes chapoteando en una charca) y
tiendas de souvenirs donde la
escritora compra una toalla
de playa barata con la bandera confederada.
Joan Didion escribe lo que
ve, no toma partido. Intenta
comprender modos de vida,
perspectivas muy lejanas a las
suyas. Por eso se asombra.
«La gente se sentaba en aquellos porches cubiertos de telas
mosquiteras y esperaba a que
pasara algo». Podía ser una
tormenta, una rifa donde las
madres se comportan como
niñas, apuestas ilegales en garitos que todos conocen o
contemplar niños descalzos
jugando sobre la tierra junto a
una gasolinera.
Todo lo anota: carteles
(«chuletas de palmo y medio
30 centavos»), comentarios
(«el Ku Klux Klan, que solía
ser un elemento muy importante en esta comunidad, ya
no lo es (…), no estoy diciendo que vaya a invitar a cenar
a mi casa esta noche a un pastor negro, porque no es el caso. Pero las cosas están
cambiando») o frases que
la descolocan («nunca he
estado en ningún sitio al
que quisiera ir»).
Mientras se avanza
por las páginas del libro,
uno está viendo a la vez
el paisaje y el paisanaje en
una gran pantalla, los de-
NA
RRA
TIVA
sastres del huracán que asoló
mansiones e iglesias el año
anterior, paredes con manchas y cortinas con moho. Y
una versión sureña del cuento más corto del mundo
(aquel de Augusto Monterroso: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí»):
«Había una abeja zumbando
en un campo de tréboles y
entonces vino una vaca y se
tragó a la abeja, y la abeja siguió zumbando allí dentro y
hacía calorcito y daba sueño,
así que la abeja se fue a dormir y cuando se despertó la
vaca ya no estaba». Una parábola que la escritora no entiende, pero la transcribe para gozo del lector.
Qué distinta es la Didion
de aquel 1970 en que viajaba
con los ojos abiertos junto a
su marido, el también escritor John Gregory Dune, a la
del 30 de diciembre de 2003.
Entonces era una chica casi
recién gradudada en la Universidad de Berkeley, trabajaba para la revista Vogue y le
encantaba nadar en las piscinas que encontraba al paso
ante el asombro de, por
ejemplo, los aburridos parroquianos del motel Saint Francis de Birmingham (Alabama): «Eh, mirad, hay una chica en bikini».
Si los beatniks hicieron del
viaje a San Francisco (Frisco
para ellos) una metáfora de libertad, de descubrimiento de
nuevos mundos, ella hacía el
camino inverso, del Oeste al
Sur. Del glamour y las fiestas
hasta el amanecer en Los Ángeles, surtidas de actores, cantantes, drogas y manifestaciones contra la guerra del Vietnam a repostar en gasolineras
medio abandonadas con leyendas de este tipo: «Sírvase
usted la gasolina y ahorre 5
centavos. Es divertido». Todo
le hacía, entonces, gracia. Pero aquel día de invierno de
2003, mientras preparaba la
cena en la cocina, oyó un golpe sordo en el comedor: su
marido se había desplomado.
John Gregory Dine murió minutos después en la ambulancia que le llevaba al hospital.
Infarto fulminante.
No se repondría jamás.
Apenas se rehízo porque tenía
a su hija, su única hija, Quintana, en otro hospital aquejada de algo que los médicos no
supieron desvelar a tiempo,
una neumonía que se complicó. Suspendió el funeral del
marido confiando en que
Quintana se repondría. En
parte lo hizo, pero fue un carrusel que la destrozó aún
más. Quintana murió el 26 de
agosto de 2005. 39 años.
¿Pudieron llegarle más desgracias? Pues sí. Y una terrible, sin cura posible. Esclerosis múltiple. Por eso se la ve
gesticulando con las manos
descontroladas, de aquí para
allá, como una marioneta descoyuntada, en un impagable
documental de una hora y 38
minutos sobre su vida
(Netflix) y que dirigió su sobrino Griffin Dune. Por él desfilan todos, desde Harrison
Ford evocando su época de
carpintero cuando trabajó para la pareja reformándoles
una casa que daba al Pacífico,
hasta aquella noche en que su
casa se llenó de ricos y famosos. Janis Joplin estaba allí.
Desapareció de repente y
cuando Didion fue a ver cómo
estaba la niña encontró a la
cantate junto a un sembrado
de «drogas en el suelo». Quintana tenía dos años.
«Formé parte de la paranoia del momento», reconoce
la periodista en Joan Didion.
El centro cederá. «Nada tenía
sentido». Era una espiral que
se expandía sin fin. Por su casa tapizada de libros reían y
bebían Brian de Palma, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Warren Beaty, Janis Joplin... Ella escribía sobre Jim
Morrison y le hacían gracia
The Doors porque «eran unos
chicos malos». Hasta que el
juego se terminó. Llegó a ver
Racismo,
gasolineras,
plantaciones...
Bienvenidos
al Sur de
PARA
ENTENDER
EL OESTE
VOY AL SUR
«Si consiguiera entender el
Sur, entendería algo de
California», dijo Joan
Didion a la revista ‘Paris
Review’ para explicar aquel
viaje de 1970. ¿El Sur podía
seguir viviendo en el pasado mientras el Oeste
miraba más allá, buscando la siguiente frontera?
Esto lo sostiene el novelista Nathaniel Rich en un
artículo incluido en el libro. ¿Tópicos? Quizá, pero
los ecos de Truman Capote y William Faulkner
flotan en las páginas. Esa atmósfera la intuimos
enseguida, en el mismo arranque del libro, tan
arrebatador: «En junio el aire de Nueva Orleans va
cargado de sexo y muerte, no muerte violenta sino
muerte por descomposición, por exceso de madurez, por podedumbre, muerte por ahogamiento, por
asfixia, por fiebres de etiología desconocida».
una niña de cinco años que tenía ácido en los labios. «No lo
negaré, era un buen material.
Das tu vida por algo así cuando estás escribiendo un artículo. Para bien o para mal».
La mañana del 9 de agosto
de 1969 Charles Mason y algunos de sus seguidores asesinaron a puñaladas a Sharon
Tate, mujer de Roman Polanski embarazada de ocho
meses y medio, junto a otras
cuatro personas más. Horas
después todos los teléfonos de
Los Ángeles, de todo Estados
Unidos, transmitían la tragedia. Nada fue ya igual. «Ya na-
La escritora
tenía 36 años
cuando en
1970 se le
ocurrió volver
al sur de
EEUU que
conoció en su
infancia. A
través de
carreteras
polvorientas
vio niños
descalzos que
se aburrían en
gasolineras,
hombres en
porches
esperando que
algo ocurriera,
descubrió la
lentitud de los
trenes y supo
de lo mal que
aún lo pasaban
los negros. Lo
anotó todo en
un cuaderno y
ahora llega a
las librerías
bajo el título
‘Sur y Oeste’
(Literatura
Random House)
POR MANUEL
LLORENTE
FOTOGRAFÍA: TED
STRESHINSKY
OAN
HOJA 3
da tenía sentido». Didion llegó
a entrevistar en la cárcel a
Linda Kasabian en la cárcel,
principal testigo contra la
banda de Charles Mason.
«Escribir acabó siendo un
mecanismo de defensa. No lo
planeé, pero así es la vida».
Hizo de la desgracia virtud,
convirtió la adversidad en materia prima para libros que
mantienen el vigor de lo inexplicable. El año del pensamiento mágico y Noches azules (ambos editados por Literatura Random House, como
el resto de su obra) dan cuenta de ello. El primero, más
centrado en la convivencia
con su marido y el duelo tras
su muerte; el segundo, un homenaje a su hija adoptada,
Quintana Roo: «Me la habían
dado para que la cuidara y yo
había fracasado. Tenía un
enorme sentimiento de culpa», dice en el documental.
Toda esa tramoya de desvarío e inconsciencia ya estaba
en su temprana novela, Según
venga el juego, publicada en
el convulso 1970. El libro supone la radiografía del derrumbe de una actriz sin talento presa de los celos, angustiada por el futuro,
insegura, que conduce sin
rumbo. Además de perdida
está divorciada, con una hija
de cuatro años («donde está
Kate le ponen electrodos en la
cabeza y agujas en la columna») y ella misma es hija de
un padre que perdió la casa
familiar en una partida de cartas. En cuanto a su madre:
«La penúltima vez que vi a mi
madre fue sentada en el aeropuerto de Las Vegas bebiéndose un cubalibre (…) La noche que mi madre se salió de
la autopista con el coche (…)
yo estaba con un chico rico y
borracho (…) No me enteré
hasta un par de semanas
después, porque los coyotes desgarraron el cadáver
de mi madre». Joan Didion reconoció que había mucho de ella en
esa novela.
Todo esto lo ha vivido/sentido Joan Didion a lo largo de
décadas, título tras
título. Y ahí sigue,
en un enorme piso (ella, tan poca cosa, tan flaca que llegó a
pesar 34 kilos cuando
el fondo no
tenía fond o ) ,
arrinconada por los recuerdos, frágil, enjuta y a la vez vigorosa; 83 años hoy, superviviente de la guerra de El Salvador en 1982, testigo de
primera línea de las idas y venidas de la contracultura, las
décadas de los 60 y 70 dadas
la vuelta por todos los costados (Los que sueñan el sueño
dorado), miles de artículos para tantas publicaciones (de Life al New York Times), estrella
del Nuevo Periodismo (la llegaron a llamar el Talese del
Oeste). «Ver lo suficiente y escribirlo», éste es su lema.
Antes de todo esto, cuan-
do Joan tenía cinco años, su
madre le había regalado un
cuaderno azul Big 5 para
que no le molestara con sus
lloriqueos. En él escribió sus
primeros apuntes sobre una
mujer que crecía y que moría de frío en una noche polar; pero al amanecer descubre que está atrapada en el
Sáhara, donde muere de calor. «No sé lo que habría en
la mente de una niña de cinco años capaz de inventar
una historia tan irónica y tan
exótica, pero revela un interés por lo diferente», dice de
sí misma. Fue también su
UN CUADERNO
SIEMPRE
AL LADO
Didion escribía cada día, al
acabar la jornada, lo que
había visto, oído, olido,
comido, tocado. No quería
que nada quedara en el
olvido, tenía o debía
registrarlo todo (como siempre pretendió otro
gigante de las letras estadounidenses, Philip Roth)
ya instalada en un motel de carretera. Didion fue
no sólo una excelente periodista, también una caja
de resonancia que se hacía eco de todo lo que le
ocurría a ella misma o a sus allegados. Así que
cómo no imaginarla entrevistando al dueño de una
emisora de música negra o asistiendo a un mitin de
un político local con un cuaderno dentro del bolso
(ahí, cerca, pero nunca exhibiéndolo), muy similar
al que le regaló su madre, aquel bloc azul donde
escribía sueños y ocurrencias con cinco años.
Didion
en un
concierto
en Golden
Gate Park, 1967.
IDION
madre la que, hojeando
unas revistas atrasadas, la
animó para que se presentase a un concurso de redacción, que ganaría, y que le
permitió trasladarse hasta
Nueva York desde la costa
oeste para empezar a escribir en Vogue. Ahí empezó su
pasión por estar donde había que estar, su perfeccionismo en la escritura, que la
llevaba a meter los textos rebeldes, los que no la satisfacían, en una bolsa de plástico y luego, tal cual, hibernarlos en el congelador durante
una temporada.
Pero en aquel caluroso verano de 1970, antes del epílogo, cuando Joan Didion lucía
una media melena de cabellos finos y sonreía, cuando
viajó a redescubrir el Sur porque la hoguera de las vanidades estaba haciendo estragos
en el Norte y en el Oeste, en
aquel 1970 de psicodelia
y desbarajuste, en aquel
verano ardiente en
que preguntó en medio de la calle a «un
hombre qué hacía
con una escopeta
en las manos,
con camisa de
color rosa, gorra
de golfista y audífono en una
oreja» y le contestó que matando palomas;
en aquel verano en que conversaba con
una cría que la
hacía la manicura a 40º a la
sombra y le confesaba que soñaba con ser actriz;
aquel mismo verano se acercó hasta
la casa de corte colonial de Faulkner,
Rowan Oak, «grande y
solitaria (…) cubierta de
gruesas enredaderas».
Allí, junto a su marido,
merodeó varias horas buscando la tumba del escritor
entre lápidas de otros
Faulkner y Falkner, pero no la
del Nobel.
Tampoco Joan Didion llegó
a concertar, en aquel verano
sureño, una cita con la asesora de novias de unos grandes
almacenes, ni asistió a las semifinales del concurso de
Miss Hospital del Misisipi. Vaya. «En vez de eso me dediqué a pasar el rato en las tiendas de los pueblos». Eso
e
que hemos ganado.
HOJA 4
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
palabras
Antes de que
Rodrigo Rey
Rosa (Ciudad
de Guatemala,
1958) alcanzase el punto de
ignición de su escritura hubo otro escritor. Otro escritor en él. Un joven que andaba buscando
el sitio (literario) con
unos artefactos verbales
que podían
ser prosas tocadas de una
rara poesía
hasta desembocar (antes
o después)
en el cuento.
Eran los primeros años, al poco de
abandonar la carrera de Medicina y decidir que sí, que
la literatura. Que mejor esa
incertidumbre a la más cómoda de las certezas. Una
expedición en la que los libros de Borges fueron detonante. Explosión y refugio.
Así hasta ahora. Y desde el
primer libro. Es decir, alrededor de 1986.
Han pasado muchos cuentos, muchos viajes, diferentes
ciudades de residencia (Ciudad de Guatemala, Nueva
York, París, Tánger, estancias
en India), libros de artículos,
ensayos y nueve o 10 novelas. Rodrigo Rey Rosa ya es
aquello que la extraña tensión de sus primeros folios
avanzaba: uno de los escritores más sugerentes de Centroamérica. El que saliendo
de Borges ha llegado mejor
(en su generación) a ser él
mismo. Su nueva novela, El
país de Toó (Alfaguara), insiste en Guatemala: su país,
su ciudad, su recelo, su cautela, su derrota, su casa.
En ese territorio se condensa todo lo que le interesa narrativamente: la violencia desatada, aunque sutil, hasta la
perversión, la discriminación
racial, la opresión política
contra las comunidades indígenas, las relaciones entre
memoria y abuso. Esa zona
de frontera que tan bien ocupó Leonardo Sciascia. La capacidad de darle otra densidad a la novela negra, y untarla de conflicto político y
literario. No desde la tradición
formal de la escritura de denuncia, sino desde una personalísima estética del realismo
que viene de la experiencia íntima que impregna la manera
de representar la realidad.
Rey Rosa es un realista capaz
de transformar lo rasante en
literatura de primera calidad.
En El país de Toó expone
la corrupción de las explotaciones mineras ilegales, el soborno, la fractura entre raza y
NA
RRA
TIVA
RODRIGO
REY ROSA
El escritor guatemalteco, uno
de los autores más relevantes de
Centroamérica, vuelve a la novela
social y política con ‘El país de Toó’,
mucho más que un ‘thriller’ que tiene
de nuevo a su país como escenario
y la corrupción o los abusos contra los
mayas como diana. POR ANTONIO LUCAS
clase social. El país
de Toó no existe,
pero puede que sea
eso que vemos en
esta novela y parece tan real. Una pequeña república
centroamericana
donde la frágil convivencia entre la
comunidad maya y
el Gobierno de turno se basa en la
desconfianza y el
abuso, al vaivén de
intereses creados y
del juego de castas.
El atropello de
las empresas de la
minería hace emerger la fuerza dormida del pueblo
maya, que asiste a
la devastación de
su entorno y de sus
derechos. Un empresario voraz bien
conectado con la
versión más infame
de la política, una familia partida en dos, lealtades, traiciones, el compromiso con la defensa de los más frágiles, extorsión y corrupciones dan
cuerda a la trama de esta novela que vuelve con la escritura ágil, gozosa y contenida,
de Rey Rosa: un cuidado de
orfebre para llegar a la palabra ajustada, liberada de artificio.
Algo que no contradice la
parte menos alentadora de su
ideario: «Soy muy pesimista
respecto al género humano
en general, y no creo que ninguna etnia sea una excepción. Pero el hecho de observar con atención a los débiles
hace que de estos resalten
ciertas virtudes. Los indígenas, al menos en Guatemala,
son una suma de comunida-
des que viven en una gran
austeridad, estoicismo y ascetismo. No han pasado la prueba de estar en el poder, que es
la más difícil. Pero en el juego
maniqueo de buenos y malos,
de mayas y no mayas, para
mí son ellos la parte simpática. Los que padecen los abusos. Y el hecho de resistir embates tan fuertes y constantes
de despojo hace que los mire
como pueblos encomiables».
Con este libro podemos decir que descubrimos junto al
autor otras visiones de Guatemala. No de la ciudad reconocible, ni de su testamento literario, sino del campo, de lo
externo, de lo selvático, de lo
invisible. Los paisajes y descripciones del imaginario Toó
son la expresión de una belleza virgen y salvadora que
ALBERTO DI LOLLI
La bella
obesión de la
denuncia
contrasta con la gangrena de
los despachos. La escritura
de Rey Rosa se hace de frases y palabras tan ajustadas
que en ocasiones parece imposible decir lo mismo con
una letra de más. Hace un
uso penetrante de la literatura, con un carril moral que,
sin exhibicionismo, tiene algo de trepanador.
Y es esa ondulación literaria sutil, demorada, la que
destaca entre la violencia
abundante de algunas de sus
novelas (Caballeriza, El ma-
terial humano, Los sordos,
Imitación de Guatemala).
«Parece un signo atávico del
país. Y aunque en todo el
mundo hay mucha violencia,
en Guatemala la concentración es mayor. No sé bien cómo explicarlo». Estas formas
de chantaje, de terror implícito, de abuso o explotación
que Rey Rosa recoge y pincha en la página como un entomólogo requieren de una
extraña sutileza para ser descifradas. Suele ser en los
márgenes sociales, que son
parte de la centralidad descompensada del mundo, donde se dan con insistencia los
desequilibrios en los que se
apoya parte de su obra narrativa. Y esta combinación de
materiales heterogéneos son
el cimiento poderoso de El
país de Toó. Lo mismo contado de otro modo no deja de
ser realidad y novedad. Fábula y documento.
«En esta novela todo es
realidad. No hay restos de
realismo mágico. Aunque soy
consciente de que el pensamiento humano es mítico y
en él mezclamos lo real con
lo sobrenatural de una manera involuntaria», dice el autor.
En la secuencia de sus novelas ninguna es otra más, sino que cada una insiste en la
complejidad de lo que se ve
contra lo que escogemos no
ver. Porque la literatura es el
espejo de un viaje infinito
donde las palabras saltan vivas, renacidas, para insistir a
veces en lo mismo. Esa es la
eterna novedad del mundo. Y
como propone Rey Roe
sa, nuestro autorretrato.
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
HOJA 5
palabras
Caballero Bonald
(Jerez de la Frontera, 1926) está
escribiendo poemas.
Hace unos meses
advertía que ya daba
por cerrada su obra
poética. Que hasta
aquí. Una aventura
que comenzó hace
más de seis décadas
con Las adivinaciones (1952) y tiene su
penúltima costa en
Desaprendizajes
(2015), un libro de
intensidad extraordinaria, de intimidad y memoria
abierta, con el que
dejaba entender que
abrochaba su
escritura. Pero el
verso ha vuelto a
cruzarse por delante
y Caballero Bonald
(Premio Cervantes)
sigue militando en
el poema con la
misma fuerza, y
autenticidad, y
veladuras. Este que
hoy publica La
Esfera de Papel,
titulado como el
primero de uno de
sus más intensos
libros, Manual de
infractores (2005),
es el último de los
que ha escrito en
este verano, en
Sanlúcar de Barrameda, cerca de su
territorio mítico: el
Coto de Doñana.
Este poema inédito
será parte de un
libro que lleva el
título provisional de
Diario de Argónida
II. «Es muy probable
que sea un libro que
nunca llegue a
terminar», comenta.
Pero los poemas ya
están tomando
cuerpo, y sentido, y
conjunto. En estos
versos escritos frente
a la Playa de Montijo
hay un rastro estoico,
voz de vida muy
vivida, muy
rozada, con
algo de
estampido
sereno donde
toda certeza no
es más que la
verdad del
e
silencio.
POEMA
INÉDITO
CABALLERO
BONALD
POR A.
LUCAS
El trazado del tiempo se asemeja a esa ráfaga basculante que
dejan a su paso los pájaros del amanecer. No hay nada más
consolador que un pájaro cruzando el tenue cielo cóncavo
A SILENTIO matinal. En su insondable vuelo comparecen los pretéritos
VINDICARE todos del vivir. Pasa el tenaz turbión del tiempo, pasan los
resquicios impuros de la historia, pasan los rastros aleatorios
del deseo. Lo único que finalmente persevera es el silencio
con que imparte la vida su enseñanza. PLAYA DE MONTIJO, 21/09/2018
CARLOS GARCÍA POZO
Estar
en la
poesía
HOJA 6
e
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
art
PINTURA
ESCULTURA
FOTOGRAFÍA
ARQUITECTURA
CÓMIC
En 1962, la
vida de los
pintores
Lucio Muñoz y Amalia Avia empezaba a despegar. Él había trabajado con Oiza, Oteiza y
compañía en las obras del
Santuario de Arantzazu y
así había juntado 800.000
pesetas para construir un
chalé para los sábados y los
veranos en Torrelodones, a
30 kilómetros de Madrid.
Importante: 800.000 pesetas
eran 800.000 pesetas, ni un
duro más. Lo suficiente para hacer algo bonito, sencillo, normal. Una casita de
clase media en el monte.
En ese momento, Lucio y
Amalia tuvieron un golpe de
suerte y una desgracia: cuando buscaron un proyecto, encontraron entre sus amigos a
Fernando Higueras, el peor
arquitecto posible para hacer
algo bonito, sencillo, normal.
Y mucho menos barato.
¿Quién era Fernando Higueras en 1964? Un ícaro de
treinta y pocos años que ya
se había fijado en el sol. «En
la formación de Higueras
hay datos interesantes», explica el arquitecto Jacobo
García-Germán, comisario
de una exposición sobre Higueras celebrada en el Centro Centro de Madrid en
2015. «En esa época, para
entrar en Arquitectura había
que hacer un ingreso que
consistía, básicamente, en
un curso de matemáticas y
otro de pintura. Estuvo cinco
años sin entrar en la facultad, un poco atascado. Dicen
que se dedicaba a hacerle los
lavados [una técnica de
acuarela endemoniada] a los
compañeros... Terminó la carrera a los 28 años, pero ya
era famoso. Su proyecto fin
de carrera salió publicado en
la revista Nueva Forma de
Fullaondo y sus 10 residencias de artistas en El Pardo,
que eran casi un ejercicio para la escuela, ganó el accésit
del Premio Nacional de Arquitectura. Fue la bomba».
Aquellos años de formación se resumen en una frase: «Higueras llegó a la conclusión de que la arquitectura
moderna
estaba
equivocada, que todo era un
AR
QUITEC
TURA
error», explica Jacobo García
Germán.
¿Cómo es eso? «Él miraba
a su alrededor, pensaba en Le
Corbusier, en Mies van der
Rohe, pensaba en lo de la ligereza y en las cubiertas planas y decía: nada de esto tiene sentido». Higueras empezó entonces a hacer su
camino por las carreteras secundarias. En vez de buscar
un maestro y protector en un
arquitecto consolidado, trabajó con un maquetista llamado
Jorge Brunet que tenía fama
de ser el mejor de España. Se
empapó de arquitectura popular y sólo aceptó a Frank
Lloyd Wright como espejo.
56 años después, la casa
para Lucio Muñoz y Amalia
Avia ha abierto sus puertas al
público dentro del programa
Open House que celebra la
Semana Mundial de la Arquitectura. También la casa del
arquitecto en Chamartín
acepta visitas. Habrá un coloquio con su amigo, el pintor
Antonio López (11 de octubre) para celebrar a Higueras
en el décimo aniversario de
su muerte. Durante esta década, su leyenda de hombre
transgresor y artista extravagante no ha dejado de crecer.
«Pero eso no es lo que importa, eso es folclore», protesta
García-Germán.
Volvamos a Torrelodones.
Rosana Valencia, hija del actual propietario de la casa de
Lucio Muñoz, abre las puertas de la finca. Una rampa de
unos 30 metros baja hasta la
entrada. A mano derecha
queda un tejado bajo y más
allá se adivina la vista abierta
hasta Madrid. Al final de la
rampa, la casa gira en ángulo
recto otros 15 metros. Esto no
parece una casita de clase
media, la verdad. «Parte de lo
que ve es la ampliación que
hizo Higueras para el segundo propietario de la casa, un
empresario que se llamaba
José Gárate Murillo y que estuvo en la Fundación Francisco Franco».
Una sonrisa pícara: la ampliación del millonario franquista incluye una inmensa
suite con espejos en el techo
en la que instaló a una novia
azafata. Higueras, hedonista
legendario y pornógrafo se-
s
miprofesional, debió de divertirse
mucho con aquella
pieza de arquitectura
erótica. Lo malo es
que, poco después,
Gárate perdió interés
en la mujer, se desentendió de ella y de la casa y se compró el castillo
de Juana La Loca en Medina del Campo. La azafata, sola y perdida en una
finca inmensa y difícil de
mantener, huyó. Y la casa de
Lucio Muñoz quedó abandonada durante las siguientes
dos décadas.
Parece una anécdota, pero
tiene importancia. La arquitectura heroica de Fernando
Higueras requería de vidas
heroicas y eso no siempre es
fácil. Para demostrarlo, Rosana Valencia busca en las
memorias de Amalia Valencia, De puertas adentro (Taurus), el capítulo en el que la
pintora escribe sobre la casa
de Torrelodones.
Tantos años después, el relato suena casi chistoso: según Avia, Higueras prometía
a sus clientes/amigos que
cumpliría el presupuesto sin
problemas. Aquellas famosas
ndo
Ferna s, en
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e
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Hig
rote,
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n
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70.
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FERNA
FUND.
S
A
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HIGUE
800.000 pesetas. Luego, le decía al constructor que no se
preocupara, que Lucio podía
pagar lo que hiciera falta.
Mientras, en la parcela iban
L LAS
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HOTE AS (1977
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Una d e Higueras
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entrando vigas colosales para estupefacción de los dos
pintores y de los vecinos de
la zona. El engaño terminó
en ruina para todos y en el
fin de la amistad entre el arquitecto y sus clientes.
«El recuerdo que tengo de
la casa es bonito. Aprendí a
montar en bicicleta en la terraza y me acuerdo de las
paellas que hacía Salvador
Victoria cuando venía», explica Diego Muñoz Avia, el
hijo de Lucio y Amalia. «Pero creo que para mi madre
fue un alivio vender esa casa.
El viaje se le hacía duro, la
casa era difícil de mantener
y pasó algo con la casa de
Villaseñor».
Manuel Villaseñor es un
secundario muy inquietante en esta historia. Muñoz
Avia lo recuerda como
un pintor admirador de
sus padres, casi un
émulo. En la época de
Torrelodones, a Villaseñor no se le ocurrió
otra cosa que comprar un terreno en la
colina vecina y encargarle una casa
a… Higueras, convertido en enemigo de Lucio y
Amalia, a los
que trataba de
«muertos de
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ldit
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hambre». «La
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casa de Villan
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rraza. Mis padres se sintieron
raros con aquella presencia».
«Higueras tenía razón y
estaba equivocado en todo»,
explica García-Germán. «Tenía razón en que la arquitectura moderna era un error.
La arquitectura que venía del
cubismo, que estaba hecha a
través de formas y no de espacios… Todo eso era un malentendido y no sólo lo sentía
él; muchos otros le siguieron
en ese análisis. Pero también
estaba equivocado porque
era un romántico en el peor
sentido de la palabra. Sacrificaba todo por la heroicidad y
por la plasticidad. Sacrificaba amistades, arruinaba a los
clientes y se metía en proyectos megalómanos».
Y eso, aunque sea una distracción, lleva a la leyenda de
Higueras que se ha extendido
durante los últimos años. Higueras el loco, Higueras el pecador, Higueras el lanzaroteño… Higueras, el genio que
parecía tocado por los dioses
en cada cosa que hacía (la
música, la acuarela, la arquitectura), al que el talento le
había caído como un castigo.
«Que conste que, como arquitecto, trabajaba con un rigor
salvaje. Funcionaba con patrones que hacía proliferar. Proliferar es una palabra importante en Higueras. Trabajaba
como se trabaja con ordenador mucho antes de que hubiera ordenadores», explica
García-Germán. «Me hubiera
gustado saber qué pensaba de
Torresblancas, porque Torresblancas tiene mucho que ver
con su lenguaje. Él lo hubiera
hecho aún más metódico».
Después de la casa de Lucio Muñoz, Higueras despegó
hacia el sol. Casi llega. Conoció a César Manrique en la
cola de una tienda de pintura,
se fue con él a Lanzarote y
abrió caminos inimaginables
para un arquitecto español.
Hizo la famosa Corona de Espinas, las viviendas militares
de la calle San Bernardo de
Madrid, el edificio de oficinas
de Serrano, 69... En 1972 se
separó de su primera mujer y
abandonó su casa, un chalé
antiguo, más o menos convencional, en Chamartín.
Quiso entonces ampliar el garaje de la casa y convertirlo
en su piso de soltero pero el
Ayuntamiento no le dejó por
un problema de edificabilidad, así que Higueras vació el
jardín y construyó su casa hacia abajo. La visita consecutiva de las dos casas, la de Torrelodones y la de Chamartín,
es un viaje conmovedor, casi
psicotrópico. Ahora que toda
la arquitectura habla de veladuras, de transparencias y de
delicadezas, la figura de Higueras es fascinante como la
de un Goliath caído.
Última visita a la casa de
Lucio Muñoz. Cuando los padres de Rosana Valencia compraron la casa, el interior estaba muy deteriorado. Gárate
Murillo, su segundo propietario, había tirado tabiques, había abierto las habitaciones de
los niños y los estudios originales de los artistas y había
convertido la casa en una sucesión de salones y cuartos de
estar, muy propicios para su
vida alegre. La familia Valencia dormía en la antigua zona
de servicio. En el porche de la
planta baja, que lleva a la piscina, instalaron unos postes
que sostuvieran la gran terraza volada. «Hubo una boda y
a mi madre le dio miedo porque la terraza se bambolea un
poco. Mi padre le explicó que
no pasaba nada, que son las
estructuras rígidas las que se
quiebran... También los rascacielos se mueven un poco. Pero a ella le daba miedo».
Es, de nuevo, la maldición
explicada por García-Germán. Fernando Higueras tenía razón, la terraza no se va
a caer. ¿Pero cómo no comprender a aquella mujer asustada? Al cabo de los años, sus
hijos hicieron su vida, la casa se les hizo inmensa y se
fueron. El lugar quedó vacío
otra vez. Su hija Rosana se
desvive hoy por mantenerlo
en buen estado y sondea la
posibilidad de darle un uso
más o menos público. Tampoco venderla debe de ser
e
sencillo.
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HOJA 8
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
art
s
DOROTHEA
TANNING
Puertas que
son lugares
que son
historias
Como ocurre tantas veces en los relatos de las vidas
de artistas, Dorothea Tanning (1910-2012)
quedó fascinada por la visita a
la exposición Fantastic art,
Dada and Surrealism (MoMA, 1936), que tradujo como
una experiencia y como la
constatación de que el camino
por ella elegido era compartido por muchos otros artistas.
En resumen, revelación y rito
de paso.
En julio de 1939, Tanning
se embarcaba en el New
Amsterdam desde Nueva
York con destino a París; su
intención era buscar y encontrarse con el grupo de artistas
surrealistas. Este dato biográfico, del que da cuenta tanto la
fundación que lleva el nombre de la artista como Alyce
Mahon en la exposición que
ha comisariado para el Museo
Reina Sofia recién inaugurada, resulta cuanto menos curioso. Lo primero que se podría pensar es que Tanning se
equivocó de viaje o de dirección al creer que encontraría
a alguien en verano y en una
Francia amenazada por la inminencia de la guerra, por las
tentativas de avance del ejército alemán sobre su territorio
y por los países vecinos, que
asiste al vaciado de la capital
–hacia fuera y hacia dentro,
creando refugios antiaéreos,
en particular en los lugares
significados como potenciales
objetivos, como el Museo del
Louvre–. Un verano más, y
sumando la excepcionalidad
del momento, el grupo surrealista se fue de vacaciones al
sur de Francia. La propia
PIN
TU
RA
El surrealismo fue su
cobijo contra
la tormenta y
su mejor
expresión.
Algo más
que un
juego. Luego
relanzó a la
‘internacional Dada’.
POR ROCÍO
ROBLES
TARDÍO
Mahon ha dibujado ese mapa
de localizaciones en su libro
Surrealism and the politics of
Eros, 1938-1968 (2005). Marsella, Carcasón, Perpiñán…
En Saint-Martin d’Ardèche
posan Leonora Carrington y
Max Ernst ante Lee Miller,
quien los retrata
Pintora y literata. con gesto mitad
Arriba: ‘Habitapaternal, mitad
ción 202 del
protector. Se preHôtel du Pavot’
paraban para el
(1970-1973). A la
conflicto bélico.
izquierda,
Poco tiempo
Dorothea
después era el
Tanning. MNCARS
grupo surrealista
quien, de manera
escalada se instaló en Nueva
York a partir de 1940-1941.
«Breton y los surrealistas, con
sus armas y sus maletas, se
fueron a Estados Unidos», resumió el crítico Charles Estienne unos años más tarde.
Se fueron con sus armas, sus
categorías, sus obsesiones y
sus previsiones. Marcel Du-
champ eligió la imagen de Hablando de los surrealistas
cinco impactos de bala en un en general y de Max Ernst en
muro de piedra como cubier- particular, en un artículo de
ta para la publicación que 1966, Carola Giedion-Welcker
acompañó la exposición First apuntaba que «aquellos que
papers of surrealism, inaugu- estaban dotados con lo mararada el 14 de octubre de 1942 villoso de la Alicia de Lewis
en una mansión en el 451 de Carroll comprobaban una
Madison Avenue.
transformación de la realiEse mismo año, Max Ernst dad». Otra realidad que, en
buscaba a Dorothea Tanning primera instancia, cabría enpor la ciudad. De Tanning ha- tenderla de orden psíquico-esbía visto su autorretrato Bir- pacial. Esa Alicia tras el espethday (1942, un lienzo en el jo, en el cuadro de Tanning, es
que, acompañada por un ani- Dorothea atravesando puermal mitad águila mitad coma- tas sin descanso.
dreja, la artista agarraba el
Como un susurro que prepomo de una puerta blanca, cede a la amenaza, ese «desuspendiendo su gesto en la trás de la puerta, invisible,
ambigüedad del abrir o el ce- otra puerta» se hace imperiorrar, que acelera
sa y paradójicaa su vez una vimente visible en
sión de puertas
su autorretrato
multiplicadas, DOROTHEA
de 1942, donde
como si hubiera TANNING. DETRÁS propone un juepintado el reflejo DE LA PUERTA...
go infinito en el
de una habita- REINA SOFÍA
que al abrir una
ción de espejos. Hasta el 7 de enero.
puerta otro lugar
(físico, psíquico metafórico) se
cierra tras de sí. Este juego de
tensiones, apurándolo a la
máxima funcionalidad y concisión del espacio doméstico,
lo había puesto sobre la mesa
Marcel Duchamp con su 11,
Rue Larrey (1927), una puerta que daba a tres ámbitos: estudio, baño y habitación. La
puerta como artefacto surrealista, o como artefacto que
contribuye a la poética surrealista, o como atributo que define el surrealismo. El propio
Duchamp utilizó una puerta
giratoria de cuatro hojas como dispositivo de montaje en
la Exposition Internationale
du Surréalisme, celebrada en
la Galería Beaux-Arts de París, en enero de 1938. Se producía ahí la suspensión del acto de entrar y salir, pues se
anulaba la necesidad de abrir
o cerrar, reduciendo la experiencia del visitante a la simple circulación. De ahí a sacar
al público del espacio donde
la realidad acontece solo había un paso, o una puerta que
como nuevo lienzo anunciaba
la superestructura Étant
donnés (1º la chute d’eau, 2º
le gaz d’ éclairage…), la obra
en la que Duchamp trabajó
entre 1946 y 1966.
Precisamente, agua, luz,
ilustraciones con temas burgueses sacadas de revistas
antiguas y la necesidad de
circulación son los principales ingredientes –sean materiales, sean nominativos– de
Toy theater (1948), que Dorothea Tanning realizó junto
con Max Ernst y William Copley: un collage escénico entre la broma y el cadáver exquisito pensado para el galerista Julien Levy. Este teatro
portátil, imitando los juegos
de niños y mayores de finales
del siglo XIX, se compone de
una pantalla escenario cuyo
telón de fondo es un retrato
de Ernst. El espectáculo se
nutre de varias piezas, concebidas como rollos de imágenes que, en su desarrollo y
despliegue, componen un relato visual. Con el título en
francés, donde cabe reconocer un guiño a Duchamp,
Eau Lumière Éléctrique et
Opéra à tous les étages. Film
documentaire de Dorothea,
Tanning bien podía dar por
concluida su fase de iniciación. En una entrevista con
Carlo McCormick para la revista BOMB, en otoño de
1990, Tanning, cansada de
que se le redujera a mera «artista surrealista», afirmaba
que el surrealismo no era un
movimiento más, como el expresionismo abstracto o el
impresionismo, sino que era
un movimiento filosófico. Movimiento armado lo hae
bían definido otros.
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
HOJA 9
© Foto: Emanuele Scorcelletti
EL AUTOR MÁS LEÍDO
DE FRANCIA.
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EJEMPLARES VENDIDOS.
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HOJA 10
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
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TEATRO ÓPERA
DANZA MÚSICAS
ás ra
as
Tres generaciones que su nuevo disco, Blood
de seres humanos Red Roses, es el mejor que ha
hemos puesto a hecho nunca e insiste en mosRod Stewart en trarse agradecido («Es algo
nuestras vidas. Hemos corea- adorable») por seguir teniendo sus canciones para bares, do aceptación entre el público.
bodas y navidades. Hemos «Y disfruto mucho más gracontemplado la evolución de bando ahora que en los viejos
su vestuario sin salir de la es- tiempos, cuando me pasaba
tupefacción y hasta nos llega- meses encerrado en un estumos a acostumbrar a sus vo- dio sin ver la luz del sol», dice.
luntariosos hábitos de apa- «Ahora con los ordenadores y
reamiento. El viejo Rod, sí la tecnología es la hostia de
señor. Estrafalario, simpático. fácil, y mucho más divertido».
Horterilla, no pasa nada por
La gente suele decir que ya
decirlo. Entrañable. Uno de no hay estrellas del rock colos nuestros.
mo las de antes, pero eso no
Y resulta que, sin que él es algo que le preocupe en abpueda llegar a explicar bien soluto. «¿Qué significa hoy ser
cómo ha podido ocurrir, aquí una estrella del rock? ¿Llevar
está aún con todos nosotros, el pelo largo, dar saltos? Ahocon el mismo peinado desde ra la música cuenta un millón
hace cinco décadas, con la de veces más que ninguna
sonrisa de golfo y la voz eter- otra cosa, hay que olvidarse
na de estropajo. No puede ser de la imagen y concentrarse
más Rod Stewart este Rod en la factura musical», opina
que habla al otro lado del telé- sin un átomo de nostalgia.
fono. «¡Estoy muy bien, gra- «Piensa por ejemplo en Sam
cias!», dice, jovial, y no tiene Smith, que es genial y no tieproblema en hablar de su ne ninguna imagen rompedoedad. No tiene problema en ra, o Adele, una gran chica. O
hablar de nada. «Tengo 73 Ed Sheeran: no es Brad Pitt
años. Vivo con ello, lo acepto, precisamente, pero su música
tampoco hay nada que se es genial».
pueda hacer, obviamente». Y
Explica que escucha «nuecuando parece que va a citar va música a todas horas»,
el proverbio chino de que si «principalmente en la radio»,
tienes un problema que no y sorprende al hablar de rap.
tiene solución, ¿para qué te «Me gusta mucho, sobre todo
preocupas?, entonces emerge gracias a las recomendacioel hijo del fontanero de Lon- nes de mis hijos y de dos de
dres convertido en karateca mis nietos, dos zagales que
del boogie convertido en es- tienen 12 y siete años. Me entrella de Las Vegas. «Pero me canta escuchar lo que les gussiento bien, tengo la suerte de ta a ellos, conocerlo, aunque
seguir en forma, de poder tra- no creo que sea bueno, la verbajar, correr, jugar al fútbol, ir dad», añade riendo con la risa
a nadar, de estar delgado. Soy Rod Stewart que no necesita
plenamente consciente de patentar porque es inimitable.
que algún día deberé retirarCon 50 años de carrera ya
me, pero en este momento celebrados, Stewart ha tenime siento en la cresta de la do una larguísima vigencia
ola y disfruto cada segundo». artística, con una gran popuY añade, impostando el tono: laridad a lo largo de toda esa
«Estoy envejeciendo con ga- trayectoria. Al contrario que
llardía, que no es algo que tu- muchos de sus contemporáviera pensado hacer».
neos del rock de los años 60
A diferencia de lo que can- y 70, también ha sumado éxitaba Neil Diamond en Sweet tos fenomenales en los años
Caroline, los viejos tiempos 80, 90 y en este siglo, y adeno le parecen tan buenos a más ha gestionado su patriRod Stewart. El
monio con cuipasado no es lo
dado de poder
suyo, sino, como
despilfarrar en
ha quedado de- ‘BLOOD RED
caprichitos sin
mostrado, disfru- ROSES’
arruinarse nuntar el momento. ROD STEWART
ca (le persigue
Afirma rotundo Universal Music
los talones como
MÚ
SI
CA
un mal detective una escocesa fama de tacaño).
Blood Red Roses es el tercer disco consecutivo en el
que compone las canciones,
tras dos décadas dedicadas a
las versiones, en las que ha
demostrado ser un coloso.
«Todo cambió cuando me
propusieron escribir mi autobiografía», que por supuesto
fue un best seller, tras su edición en 2012. «Hablé con muchos amigos y familiares sobre el pasado. Me enfrenté de
nuevo a muchos recuerdos, a
experiencias que no recordaba, y me di cuenta de que, de
algún modo, me quedaban algunas canciones por escribir.
Paul McCartney decía hoy en
el periódico que ser compositor no tiene edad, y creo que
es una buena cita», añade.
Ahí están los años dementes de juventud, las habitaciones de hotel arrasadas, los
chistes de taberna, la vida emborrachada, y luego los coches rápidos, los aviones privados, los pantalones ceñidos,
los gallumbos de leopardo, las
fiestas de cocaína, la gran vida setentera en Hollywood,
los adulterios encadenados y,
desde que perdió la virginidad
con una mujer mucho más
mayor que él, hecho que inspiró Maggie May, las bellas
mujeres rubias siempre más
jóvenes que él colgando del
brazo. Pudo parece un dandy
bufonesco, un personaje de
cómic, pero nunca dejó de
grabar, de tocar y de sumar a
su causa himnos gloriosos.
«Mi vida es un libro abierto,
no he escondido nada en los
armarios», dice. «La gente lo
sabe todo sobre mí, sabe las
cosas que he hecho, mis errores también, y me gusta que
sea así. Eso me permite escribir y hablar sin miedo a
nada, con toda la sinceridad de la que soy capaz».
Su comportamiento libertino y algunas famosas letras machistas
hacen que sea interesante conocer su opinión sobre el movimiento #MeToo,
que ahora cumple
precisamente un
año. «El #MeToo está muy
bien, lo respal-
JLIN
‘AUTOBIOGRAPHY’
CUATRO
DISCOS
A DESCUBRIR ESTE MES
La electrónica abstracta sí se
puede bailar, demuestra esta
banda sonora para una obra del
coreógrafo Wayne McGregor.
La productora de Chicago y ex
trabajadora en una planta
industrial de acero, continúa
explorando las posibilidades
expresivas del footwork con
resultados apasionantes.
APUESTAS
MUSICALES FUERA
DEL RADAR
POR P. GIL
do al 100%, lo único que lamento es que no se hubiese
adoptado hace 25 años para
evitar que hubiera habido
monstruos como este Weinstein», sentencia. Y añade: «Me
gusta mucho hablar de política y de los temas de actualidad». Pasamos al Brexit: «En
este país se ha confundido a
la gente, se la ha engañado, y
se han hecho cosas que van
en contra de los fundamentos
de la democracia. Yo creo que
debería haber otro referéndum y que la gente vote conociendo los hechos».
Porque para este Rod setentero, «lo más importante»
son las noticias. «Me pongo la
CNN, que es anti Trump; me
pongo Fox, que es pro
Trump; y la NBC, que
está entre medias».
Así que terminamos
hablando del presidente de EEUU.
«Bueno, no puedo hablar con
objetividad sobre él porque
es
amigo
mío», revela
con cautela.
«Vive
a
media milla de mi
casa en
la playa, en
Palm
Beach (Florida). Siempre me
ha tratado muy, muy bien, así
que debo tener cuidado con
lo que digo». Y por fin dice lo
que piensa. «Yo le defino como no presidenciable. Creo
que debería dejar de tuitear y
quizá de contar medias verdades. También hay que decir
que el país está yendo extremadamente bien, aunque con
Obama también. Durante los
últimos cinco o seis años».
Es Rod Stewart. Fue ninguneado como un sucedáneo de
The Rolling Stones y The
Who, desdeñado como un
maestro del secador de pelo y
las metáforas vulgares. Pero
tiene 73 años y sigue
e
bailando el boogie.
Fue el
hombre bala
del rock y,
desde hace 50
años, el éxito
acompaña a
su voz
raspada y a
su aspecto de
‘dandy’
gamberro.
«Me siento en
la cresta de la
ola y disfruto
cada
segundo»,
dice sin
nostalgia en
esta
entrevista
exclusiva. POR
PABLO GIL
La
voz
de
todos
OD
STE
WART
HOJA 11
El grupo limeño es un
consumado zahorí en
modernizar la tradición
musical afrolatina de
Perú con producciones
contemporáneas. A su
amplio espectro sonoro
de vocación psicodélica
ahora han sumado el
folclore andino.
VILLAGERS
‘THE ART OF
PRETENDING
TO SWIM’
Una cierta delicadeza
acompaña a este grupo
irlandés que, en su cuarto
disco de estudio, logra
dotar de trascendencia a
su pop-rock sensible de
texturas acústicos.
EMPRESS OF
‘US’
Lorely Rodríguez,
estadounidense de
origen hondureño, hace
pop juvenil. ¿Qué tiene
eso de interesante?
Todo, porque lo hace increíblemente
bien, es fresco, es real, tiene chispa y
da gusto cantarlo. Es todo lo que debe
ser el pop. Su segundo álbum se
publica dentro de dos semanas.
Está
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disc en su n
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Stew
art q s los Rod
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Nº3 ISCO
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CINCEN
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RANKIN
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‘CH’USAY’
HOJA 12
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
mcásars
a
TEATRO
DOCUMENTAL
La realidad
desborda
la escena
El caso de La Manada, el
crimen de Alcàsser, el fin de
ETA... Todo puede ser
material dramático. Esta
temporada este género
cobra fuerza sobre las tablas
POR JOSÉ LUIS ROMO
Dice el académico Juan Mayorga
que «la misión
del arte y, en particular, la del teatro, es estar a
la escucha del mundo, pero
no devolver su ruido, sino su
poesía». Y sus compañeros
parecen darle la razón. Esta
temporada varios autores y
TEA
TRO
directores han sentido la urgencia de escuchar el latido
de nuestra sociedad, atender
a sus encrucijadas y heridas
sin cicatrizar y subirlas a escena. En los próximos meses la
realidad desbordará las tablas: el caso de La Manada, el
juicio a Garzón por investigar
los crímenes del franquismo,
el crimen de las niñas de
Alcàsser, el fin de ETA... Todo
ello se ha convertido en material dramático.
«Creo que el público pide
encontrarse en una sala para
hablar y debatir los temas que
están en los informativos y los
periódicos. Esto es una buena
noticia porque significa que el
teatro está vivo», comenta el
dramaturgo Jordi Casanovas
sobre el auge del teatro documental en nuestro país. Él es
un nombre fundamental de
este género, con su escritura
es capaz de hacer vibrar al
público con algo tan farragoso como los sumarios judiciales. Lo logró con el del proceso a Bárcenas, que acabó convertido en una película que
capturaba el espíritu del ex tesorero del PP a través de sus
declaraciones al juez Ruz, y
esta temporada vuelve a la
carga con Jauría, una pieza
basada en el sumario de La
Manada, dirigida por Miguel
del Arco. La función llegará al
Teatro Kamikaze en marzo
junto a Port Arthur, otro texto
documental sobre el interrogatorio policial a un presunto
delincuente en Australia, dirigido por David Serrano.
«Hay temas que no sabría
afrontar desde la imaginación
sin que se convirtieran en algo tópico o falto de verosimilitud», explica Casanovas so-
bre estos trabajos. «También
hay un interés puramente teatral, descubrir de qué modo
afrontamos las situaciones de
conflicto en la realidad. Además, siento que el compromiso de los espectadores con estas obras es muy fuerte. En
una ficción, el público hace el
esfuerzo de creerse lo que
ocurre. Aquí saben que van a
ver las cosas como sucedieron
y que esas palabras fueron
pronunciadas. Todo cobra
más fuerza».
Casanovas,
además, se guarda un as en la
manga. En mayo
estrenará en el
Teatre Principal
de Valencia un
proyecto que lleva años acariciando sobre el
crimen de Alcàsser. «Me interesa sobre todo el
impacto social
que se produjo
alrededor
de
aquellas muertes».
Jauría será la primera ocasión en la que Del Arco se enfrente al teatro documental.
En su caso, sus ganas de introducirse en la realidad tienen que ver «con esta sociedad que estamos construyendo, en la que se celebran los
juicios a golpe de titular. Aho-
«Garage».
La función de
Voadora
Teatro llega al
Centro
Dramático
Nacional.
CDN
«El pan y la
sal». Andrés
Lima dirige
esta función
sobre el juicio
a Garzón.
TEATRO ESPAÑOL
ra, todo el rato te preguntan si
estás a favor o en contra de algo. Las cosas no son blancas
ni negras, tiene que haber una
reflexión y creo que esa reflexión es lo que puede aportar
el teatro. En el texto de Casanovas no hay una coma que
no aparezca en el sumario pero en la forma en la que ha
unido los fragmentos, en ese
corta y pega, sí que surge una
opinión meditada sobre lo
que ocurrió».
Para el director de cumbres
como Misántropo o La función por hacer, «el teatro debe
mirar donde los demás apartan la vista», por ello, en el caso de Jauría asegura que
«quería indagar en esa conciencia de la masculinidad tóxica que existe en nuestra sociedad y que hace que cinco
tíos, con una formación media, vejen sexualmente a una
chica y se vayan pensando
que no han hecho nada malo.
¿Qué ocurre para que una
parte grande de la sociedad
también lo crea?».
Andrés Lima ha sido el primero en disparar. Su montaje
El pan y la sal, en el que acto-
HOJA 13
LOLA
ARIAS
“La guerra te
constituye
como
persona”
Esta argentina, referente
mundial en el teatro
documental, debuta en
Madrid con una pieza sobre
la Guerra de las Malvinas
encarnada por
ex combatientes.
POR J. L. ROMO
A la argentina
Lola Arias, un
referente en el
teatro documento a nivel mundial, se le
hace extraño cuando alguien
le habla de llevar la realidad
al escenario. «Primero, porque la realidad no existe. No
es como si tomaras un pedazo de materia y lo pusieras
arriba del escenario, sino que
de alguna manera uno convierte a personas que no son
actores en actores, transforma su experiencia en un texto, agarra una historia y hace
de ella ficción para convertirla en arte. Con lo cual, eso
que llamamos ‘lo real’ no
existe cuando uno va a ver
teatro documental. Sí podemos encontrar esa cosa extraña que es la autenticidad,
que es como un efecto de
realidad. Ves que el texto y el
cuerpo de una persona palpita de una manera especial».
La reflexión anterior es
una buena base para empezar a indagar en el trabajo
de esta actriz, dramaturga,
performer y directora que
ha mostrado sus creaciones, la mayoría de ellas exploraciones en torno a la
memoria, en prestigiosos
certámenes como el Festival de Avignon o centros
del arte del calibre del Museo de Arte Contemporáneo de Chicago.
Esta temporada, por fin,
debuta en Madrid. Campo
minado llegará en noviembre a los Teatros del Canal,
tras haberse convertido en
un fenómeno en su Argenti-
TEA
TRO
res de la talla de Nùria Espert
o José Sacristán leen testimonios de víctimas del franquismo, abrió la temporada del
Teatro Español, pasó por el
Teatre Lliure y el sábado 20
llegará al Teatro Central de
Sevilla. «Creo que el auge de
este tipo de teatro tiene que
ver con que existe una generación joven muy crítica, que
ha empujado y quiere que le
cuenten cómo ocurrieron las
cosas de verdad», explica.
Junto a Mayorga y Juan Cavestany, el director abordará
en primavera otra obra de teatro documento: Shock. 1 El
cóndor y el puma, en la que
meten su bisturí en el golpe
de Estado de Pinochet.
El compromiso social de
las propuestas de Lima nos
lleva al trabajo de la dramaturga María San Miguel,
quien se declara «pupila de
Isaki Lacuesta». Esta vallisoletana lleva desde 2010 viajando al País Vasco para entrevistarse con víctimas de la
violencia etarra, ex terroristas, sus hijos, cómplices...
«Eduardo Madina y Rafaela
Romero, ambos víctimas de
ETA, me abrieron la puerta
de este mundo», cuenta. Desde entonces, acumula unas
50 grabaciones que le han
ayudado a crear, junto a Julio
Provencio, el Proyecto 43-2,
una trilogía sobre ETA que
llegará al Teatro de la Abadía
en marzo. «Enfrentarme a esta obra ha hecho que cambie
muchas veces mi punto de
vista sobre el conflicto. De alguna forma, mi proceso artístico ha ido parejo al cambio social que se ha dado en
el País Vasco. La gente, al
principio, tenía mucho miedo de hablar... Ahora me
emociona ver cómo expresan en alto su punto de vista
en los coloquios que organizamos tras la función»
Por su parte, la compañía
gallega Voadora Teatro, experta en indagar en los nuevos lenguajes escénicos, introduce una interesante derivada en el género y apuesta
por una fusión, a priori imposible, entre el teatro documental y la fantasía. En Garage, que se estrena el martes 9 en el Centro Dramático
Nacional, unen los testimonios de las trabajadoras de la
fábrica Citroën PSA-Vigo con
elementos como un coche
que habla, homenaje a Ballard. «Queríamos experimentar. Hacer un montaje híbrido nos atraía mucho. Contar la historia de estas
trabajadoras pero sin renunciar al humor y la fantasía».
Siendo obra de Voadora, todo es posible. Y es que a veces es el teatro el que
e
desborda la realidad.
na natal. En este montaje,
Lola Arias reúne a tres ex
combatientes argentinos y
británicos de la Guerra de las
Malvinas para indagar en las
secuelas que la guerra causó
en unos jóvenes que apenas
habían vivido antes de que
sus gobiernos les enviasen a
matar (o morir) por unas islas que jamás habían pisado.
«Me interesaba entender qué
significaba ser un veterano
de esta guerra. El montaje
transcurre 35 años después
del conflicto y que haya pasado tanto tiempo es importante porque te das cuenta de
qué manera la guerra vuelve
en estas personas. Estos
hombres fueron a las Malvi-
nas con 18 o 19 años y ahora una imagen de ellos cimentienen 60. Uno puede ver lo tada en el odio. De repente,
que la guerra hizo con ellos: tenían delante a una persoen qué los convirtió. Si hay na real, con una vida maralgo que entendí es que los cada también por la gueefectos de la guerra no se rra». Como el propio Marven cuando regresan los bar- celo explica en un
cos y camiones cargados de momento del montaje: «Palos soldados, sino que, a ve- ra aprender a disparar prices, sus efectos aparecen 20 mero tuve que aprender a
o 30 años después. La sema- odiar y, después es muy dina pasada se suicidó un vete- fícil sacarse ese odio».
rano acá, en Argentina. La
Campo minado, como la
guerra es una experiencia mayoría de los trabajos que
irreversible que te constituye realmente merecen la pena,
como persona, te convierte es fruto de un largo proceso
en otro».
creativo. Lola Arias empezó
Para entender el calado a trabajar en él durante una
emocional de esta función, videoinstalación en Londres
es importante ser conscien- hace cinco años. «Al princite de lo que la Guerra de las pio, tan sólo aparecían seis
Malvinas supuso para Ar- veteranos argentinos, que regentina. En apenas tres me- creaban la guerra desde sus
ses murieron más de 650 jó- trabajos actuales. Porque los
venes. Todavía hoy sigue soldados de aquella guerra
siendo un trauma nacional, hoy pueden ser cualquier coaún se pueden ver pintadas sa. Psiquiatras, cantantes de
por las calles de Buenos Ai- ópera, mecánicos...».
res reclamando la soberanía
Finalmente, la obra se esdel archipiélago y existen trenaría en el Royal Court
multitud de colegios que se Theatre en 2016, ya con su
llaman Las Malvinas Argen- elenco anglo-argentino, antinas. «Uno de los veteranos tes de causar una catarsis
argentinos, Marcelo, ni si- colectiva en Buenos Aires.
quiera podía escuchar músi- «Cuando la obra termina
ca en inglés. Costó mucho empiezan una serie de esceconvencerle de que compar- nas muy fuertes de la gente
que viene y se
tiera escenario
con un britániqueda a esperar
a los veteranos.
co porque para
él era claudicar. ‘CAMPO MINADO’
Ex combatienRenunciar a las TEATROS DEL
tes, familiares y
Malvinas. Pero CANAL (MADRID)
personas de todo tipo comieneso era otro 23, 24 y 25 de
elemento que noviembre.
zan a hablar de
quiénes eran
me interesaba
ellos cuando coinvestigar, el
encuentro con el otro. Cuan- menzó la guerra, de lo que
do se conocieron, empeza- les supuso... La pieza funcioron a dimensionar cómo era na como una máquina del
el dolor de sus enemigos. tiempo que los lleva atrás».
En paralelo a este proceCómo se habían construido
so, Arias ha grabado una película, Teatro de guerra, que
muestra la intrahistoria de
Campo minado. El filme fue
seleccionado en la pasada
Berlinale y también se podrá
ver en los Teatros del Canal.
Puede que el nombre de
Lola Arias suene a los cinéfilos por otro motivo. The
Square, el filme que ganó
la Palma de Oro en Cannes
el año pasado y satirizaba
el mundo del arte contemporáneo, mostraba una delirante instalación que su
director, el sueco Ruben
Östlund, atribuyó a Lola
Arias. Algo que aún indigna a la artista y por lo que
ha ido a juicio. «Me llamaron para participar en la
película. Hicimos varias sesiones por skype. Pero finalmente, me cancelaron y
se quedaron con mi
e
nombre».
HOJA 14
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
mcásars
a
terminar una película en la
que trabajaba Mirren (Noches
de sol), y él: «Oh, ¿no tendrás
su teléfono? Porque su agente
no me responde y quiero convencerla». Pero ¡cómo iba a
dárselo! Al día siguiente me
envió el guion a casa con una
nota: «Pensándolo bien, tal
vez tú estés interesada en ha-
La actriz
Isabella
Rossellini, en
un momento
de la obra
‘Link-Link
Circus’.
DAVID RUANO
“Nunca trabajé en las
películas de Scorsese
porque durante
el tiempo que pasamos
juntos sus trabajos
eran muy masculinos”
cer la película». Lo leí y era
tan controvertido y original
que le pedí hacer una prueba.
Le expliqué que quería interpretar a Dorothy como víctima del síndrome de Estocolmo y aceptó.
Lo señala como su papel
favorito. ¿Cómo es posible?
Porque habla del abuso
contra las mujeres. Ahora sabemos que la mujer maltratada cree que lo merece, pero
entonces solo las feministas
convencidas como yo éramos
conscientes de ello; el papel
abordaba un asunto que nadie había contado en el cine.
No me hacía ninguna gracia
aquel desnudo integral, pero
David me contó que un día de
pequeño volvía del colegio
con su hermano y vio una
mujer desnuda caminando
por la calle; en lugar de sentirse atraído, se asustó muchísimo, empezó a llorar y echó a
correr, porque entendió que
algo terrible le había ocurrido.
Entonces vino a mí la imagen
de la niña de Vietnam, la célebre fotografía de Nick Ut, con
aquel gesto de desamparo. Y
ese fue el gesto que hice.
Con su interpretación se
convirtió en icono y esposa
del cineasta. ¿Es fácil vivir
con el peso de una influencia
tan decisiva? «Fue una influencia muy buena. Yo entendí gracias a mi padre qué
es un autor: alguien que tiene un punto de vista muy diferente, y lo que busca no es
un estilo sino expresar algo
que nadie ha dicho hasta entonces. Para David ese algo
es el misterio, y cuando le
acusan de no tener coherencia narrativa y de que sus películas no se entienden, él
contesta: ¿y tú entiendes la
vida? Un día me lo explicó
así: ‘Cuando entras en una
habitación la atmósfera dicta tu comportamiento, y para
mí lo interesante es
e
capturar ese misterio’».
~
~
Isabella Rossellini se parece mucho a Isabella
Rossellini, con su
pelo negro oscuro siempre a
lo garçon, su piel blanca inmaculada y la nariz del padre
colgada en su cara redonda.
En nada, sin embargo, se parece a la hija de dos iconos del
cine, icono ella misma. Habla
con la sencillez de la elegancia innata. Viene a contarnos
de los pensamientos animales
en el monólogo teatral que ha
escrito y producido, que interpreta junto a la perrita Pam y
dirige a medias con Guido
Torlonia (Teatre Akademia,
Barcelona): Link-Link Circus.
El circo que siempre deseó:
de niña recogía animales perdidos, y los adiestraba y disfrazaba para sus juegos hasta
que un día su padre le abroncó porque su habitación era
un hervidero de pulgas que
«saltaban felices como burbujas de agua San Pellegrino».
Todo empieza con un arbusto de rosas bautizadas Ingrid Bergman en honor a su
madre, que acababa de morir.
«Entonces estaba escribiendo
un libro que titulé Some of
me, planté las rosas y de
pronto me di cuenta de que
una especie de pulgón se las
comía. Descubrí que era un
bicho protegido por las hormigas, que se alimentan de
sus secreciones, como el
TEA
TRO
ISABELL
A
ROSSELLINI
“Un a
busca d rtista
ecir lo
no dicho
”
La actriz,
hija
Bergman de Ingrid
Rossellin
i, habla d y Roberto
e
obra ‘Lin
k-Link Cir su última
cus’, de s
vida en e
l
c
in
e
,
de su pas u
animalist
ió
a y del pe
so del aza n
r.
POR ELE
NA PITA
hombre protege y se alimenta
de las vacas; así que lo metí
en la narración». Fue su bautismo como escritora de historias animalistas, luego filmó
una serie de cortos para Sundance Channel y de ellos hizo
una obra de teatro (Green
Porno); y a aquel tratado sobre el sexo de los animales le
ha seguido esta otra pieza
más casta y sesuda, y aun así,
¿también cómica? «Todas mis
historias sobre animales tienen un mismo
tono cómico pero desde una base científica,
por algo he vuelto a
la universidad para
hacer un máster sobre el comportamiento animal. Claro que es más sencillo atraer a la
gente hablando de
sexo que de con-
ciencia e inteligencia,
pero por eso actúo con
un perro, para encantar
a la audiencia, porque
antes que nada soy actriz.
Quiero que la gente vaya
de la risa a la reflexión».
Viene a decirnos que «hay
una continuidad entre
nuestra cognición y la de
los animales, link-link».
¿Qué es el surrealismo en
su vida?
Se me asocia al surrealismo por las películas de David
Lynch o porque me disfrazo
de animal en mis comedias,
pero no le pondría etiqueta a
mi trabajo. No busco un estilo
específico: me gusta lo divertido, simple y breve. Una vez
un profesor de Ciencias me
dijo que no parecía la hija de
Bergman y Rosselini sino de
la trinidad formada por Cicciolina, David Attenborough y
Luis Buñuel.
En un recorrido por las influencias que ha tenido en su
vida y su carrera, dice a la primera: «Roberto Benigni». Con
él compartió su primer trabajo, un programa de noticias
cómicas en la RAI. Ella era corresponsal del showbiz en
Nueva York, y él crítico de películas que no había visto.
«Roberto tuvo un éxito enorme, pero yo no era propiamente una comediante ni una
periodista. Cuando a los tres
años acabó, mientras pensaba
~
~
qué hacer surgió mi trabajo
como modelo». Fue en una de
esas entrevistas cuando conoció a Martin Scorsese, sintieron un flechazo y se casaron.
¿Nunca le ofreció un papel?
«Entonces no pensaba ser actriz; además, sus primeras películas eran muy masculinas».
¿Le molestaba que fuera usted modelo? «Digamos que
no estaba por la labor de ayudarme, no sabía nada de ese
mundo, en el que yo empecé
por hacer un favor a un amigo
italiano que tenía una agencia
de modelos masculinos. Como es el único trabajo en el
que las mujeres cobran más,
para atraer modelos femeninas me pidió hacerme unas
fotos con Bruce Weber. El editor internacional de Vogue las
vio y me propuso posar para
Avedon. Nunca creí que aquello cambiaría mi vida.
Tercer y neurálgico eslabón: David Lynch.
¿Cómo le conoció y cómo
fue que le pidió el papel de
Dorothy Vallens en Blue Velvet, que en principio era para
Helen Mirren?
No, él me pidió a mí que lo
hiciera. Yo estaba cenando
con Martha De Laurentiis en
un restaurante de su marido,
y David Lynch estaba sentado
con otros familiares del productor, y como se conocían,
compartimos la mesa y cenamos juntos. Yo acababa de
~
~
t
panllas
a
William Castle,
productor de serie
B famoso por sus
extravagancias publicitarias, ideó en 1961 un
nuevo truco: la pausa del terror. A las puertas del desenlace de su exitosa Homicidio
aparecía un reloj en pantalla. Los espectadores más
asustados tenían un minuto
para abandonar la sala... ¡y
le sería devuelto el importe
de la entrada! Gaspar Noé
copió el truco para el tramo
final de su impactante primer largo, Seul contre tous
(1998), aunque ofreciendo
tan sólo 30 segundos para la
retirada, y sin posibilidad de
recuperar el dinero.
La combinación de violencia brutal y de nihilismo depresivo, a vueltas con el tabú
del incesto, hizo que nadie se
atreviera a estrenarlo en
nuestro país. En España, como en el resto del mundo,
Noé abrazó la fama con su
segunda película, Irreversible
(2002), que no ofrecía escapatoria alguna. Tampoco la
CI
NE
necesitaba. Venía precedido
por el mayúsculo escándalo
desatado a su paso por el
Festival de Cannes. Monica
Bellucci (la estrella más sexy
del momento) era violada y
masacrada a tiempo real en
un plano secuencia de unos
13 insostenibles minutos. No
fueron pocos los espectadores que leyeron la noticia en
la prensa, acudieron a ver el
filme y abandonaron la sala
para mostrar su indignación
tras aquellos intolerables 13
minutos. Así se fraguó un
éxito global, y Gaspar Noé,
aunque nacido en Argentina
(sus padres, un artista plástico y una asistente social, huyeron tras el golpe de Estado), quedó consagrado como
el enfant terrible del cine galo, y siguió presentando todas sus escandalosas películas en Cannes.
Climax, su quinto largo,
que llegará a los cines el 11
de octubre tras arrasar en el
Festival de Sitges, se abre
con jubilosos números de
baile (posiblemente nunca
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
HOJA 15
CINE
SERIES
VIDEOJUEGOS
GASPAR
NOÉ
‘Agent
provocateur’
Esteta prodigioso
de la provocación,
llega al delirio
con ‘Climax’, una
fiesta visual que
demuestra que
«la locura es
contagiosa»
POR PHILIPP
ENGEL
los cuerpos en danza fueron
mejor filmados), al ritmo imparable de clásicos pensados
para la pista (de Cerrone a
Daft Punk). Pero, aunque la
música no cesa, la fiesta deriva (mediante un ponche
condimentado con droga caníbal) en un largo túnel del
terror, que se diría un greatest hits de los golpes bajos
que, a lo largo de su carrera,
el francotirador francoargentino ha ido asestando al estómago del espectador desprevenido. Haciendo gala de su
habitual virtuosismo visual,
Noé no puede evitar adentrarse en el lado oscuro, que
es lo que le piden sus fans.
A sus 54 años, Noé se ríe
cuando, inevitablemente, La
Esfera de Papel le pregunta
si es un provocador nato:
«Dijeron lo mismo de todos
los directores que me gustan,
de Buñuel a Eloy de la Iglesia, pasando por Pasolini,
Fassbinder o incluso Haneke. Todos, de una manera
o de otra, jugaron a transgredir los límites de la represen-
tación. No sé si películas como Querelle (1982) o Saló o
los 120 días de Sodoma
(1975) podrían hacerse ahora». ¿E Irreversible en pleno
MeToo? «Aquello fue un
asalto al tren del dinero. Teníamos a la pareja de moda,
Bellucci y Vincent Cassel
(actualmente divorciados), y
apenas tres páginas de
guion. Nadie se imaginaba el
grado de violencia que llegarían a contener aquellas imágenes. Ahora tengo la suerte
de tener unos productores
que comparten mi gusto por
la transgresión». En Climax,
uno de los intertítulos marca
de la casa (siempre la misma
tipografía) anuncia «un filme
francés, y orgulloso de serlo», y una enorme bandera
francesa preside la dionisiaca velada que deriva en infierno. «No es tan irónica como parece», confiesa este
huérfano de la izquierda que
se jacta de no acudir nunca a
votar: «Al fin y al cabo, mis
películas sólo podrían hacerse en Francia, un país en el
que todavía hay libertad de
expresión». Un país donde
como reza, con ecos sartrianos, otro letrero del filme:
«Vivir es una imposibilidad
colectiva». Noé confiesa que
podría haber dicho lo contrario, «pero el pesimismo siempre es más divertido». No
por nada en Climax cita también a E.M. Cioran, el más
hilarante de los filósofos desesperanzados.
La diversión en Gaspar
Noé pasa por pasar un mal
rato, y accesoriamente, si se
tercia, reflexionar al respecto. Su cine es como un mal
viaje magníficamente orquestado. No le interesan
tanto sus demonios como la
forma de sacarlos: «No sabría qué contarle a un psicoanalista, ¡está todo en mis
películas!». Como William
Castle, no puede parar de inventar nuevos trucos: Irreversible era una película
contada al revés, para demostrar que «el tiempo lo
destruye todo».
Rodó Enter the Void
(2009) con cámara subjetiva,
forzando la identificación
del espectador con un personaje que, además de muy
drogado, también estaba
muerto. Love (2015) era un
porno intimista en 3D, en
donde eyaculaba en la cara
de su público, y Climax, claro, es la consecuencia de todo esto. Le encantaría que
sus películas se proyectaran
Fotograma
de ‘Climax’,
la última película
de Gaspar Noé
(arriba), que se
estrena el viernes.
AVALON / GETTY IMAGES
en 4DX, con asientos que
tiemblan, toda clase de líquidos vertidos sobre el respetable y esqueletos volando
por la sala, al estilo del viejo
Castle, y le han ofrecido, varias veces, probar con la realidad virtual, pero considera
que la técnica está «demasiado verde» y prefiere «la
experiencia colectiva».
Él filma para las salas. No
para todos los públicos, por
supuesto. De hecho, necesita
tanto a sus fans como a sus
haters: «¡Los adoro! ¡No puedo vivir sin ellos! En Cannes,
la crítica duerme poco, ve demasiadas películas, está muy
nerviosa, y luego, cuando escriben sobre mí, parece que
me quieran fusilar en un sótano. Las críticas negativas
son más divertidas que las
positivas. ¡Cuando leo que
una película es la peor de la
historia, corro a verla!».
Y es que el odio encierra
una reacción visceral, que
puede ser más genuina que
el más empalagoso de
e
los halagos.
lea sfe
p
e
rad a pel
HOJA 16
EL MUNDO. DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2018
fuer
a
de
contexto
Mi madre fue Marguerite Duras
Marguerite Duras tenía 15
años y medio cuando, durante
la travesía de un brazo del río
Mekong en un transbordador,
conoce a su amante chino, y yo tenía 12 años y medio
cuando leí por primera vez aquello y tuve un flechazo
con Duras que se prolongaría unos cuantos lustros,
hasta que logré, si no matar a la madre, sí al menos rebajarla un poco, escoger otro de los brazos del Mekong,
una travesía desconocida y propia que incluyera a Duras, porque a las madres hay que honrarlas, pero procurando que no te devoren.
Voy a contarlo de otro
modo: yo tenía 12 años y
medio, me encantaba leer, y lo que había caído
en mis manos hasta hacía
no mucho, básicamente
libros de El Barco de Vapor y de Alfaguara Infantil y Juvenil, ya no me
bastaba porque había dejado de ser una niña. En
el colegio, unos planes de
estudio hechos para que
en España se perpetuaran el desprecio, la incomprensión y la indiferencia hacia la cultura en
general y hacia la literatura en particular (sólo la
música y la arquitectura
corrían peor suerte) producían en mí una curiosa
disociación: estimaba que
lo rotulado como literatura, es decir, lo que nos
enseñaban en el cole con
feroz y antipedagógico
apego a la cronología (las
jarchas o los cantares de
gesta eran, entre otras
cosas, lo que me tocaba
con 12 años y medio), no
tenía relación alguna con
los libros que me gustaban, los cuales conformaban un universo al que
no ponía nombre. Así
pues, esa púber en la que
acababa de convertirme
buscaba otras lecturas,
ampliar su escuela de vida (para eso sirve leer), y
no sabía adónde dirigirse.
Mis padres no leían y no
podían orientarme, y en
la escuela parecía inmodificable lo de enseñar
textos de un lenguaje arcaico que se me antojaban a años luz de mis circunstancias.
Me las apañé sola. Recalé en algunos best sellers (recuerdo Flores en
POR
ELVIRA
NAVARRO
el ático), que alimentaron mi sed de aventuras, pero
que al mismo tiempo me aburrieron. Mi madre, que regó de la mejor manera esta afición mía permitiéndome
escoger siempre los títulos que me dio la gana, me
compró sin chistar El amante de Marguerite Duras,
donde la púber de 12 años y medio esperaba seguir saciando su curiosidad, en la que el sexo tenía un lugar
preeminente. Sin embargo, durante la lectura de El
amante eso se tornó secundario. Lo que descubrí con
la autora francesa, a quien consideré de inmediato como una segunda madre, fue lo literario. La escritura como arte. Pero quizá debo ser más modesta e irme a una
epílogo
POR
GALLEGO
&REY
posición menos esencialista: diré entonces que Duras
configuró mi idea de lo literario, que es la de la exploración radical de la experiencia a través de la palabra,
que a su vez conforma otra experiencia inédita tanto
para quien escribe como para quien lee.
Me convertí en una fanática de Marguerite Duras.
Adquirí todos sus libros (o, más precisamente, todos
los que pude hallar en la Valencia de los años 90), grabé en una cinta de vídeo (y vi mil veces) un documental sobre su vida que echaron en la tele cuando falleció, guardé como oro en paño un ejemplar de la revista Quimera dedicado a ella, y los libros, fotos,
artículos, reseñas o entrevistas que arañé en
aquellos tiempos donde
no había nada a golpe de
clic (internet o no existía,
o significaba una espera
incomprensible junto a
un teléfono) me producían una euforia casi patológica. Conseguí sus
películas extrañas, estáticas, obsesivas; odié a
Laure Adler, su biógrafa,
porque me disgustó que
el misterio y la pasión y
el exceso de Duras se
tradujeran en exhaustivos datos, en una escritura distinta y convencional; me compré sus libros en francés cuando
me fui con una beca
Erasmus a París y recorrí, hasta el desaliento, el
cementerio de Montparnasse buscando su tumba. No la encontré. Tampoco quise preguntar; yo
nunca preguntaba nada.
Simplemente me fijé en
una tumba sin nombre y
me agarré a la idea de
que en aquel lecho mortuorio descansaba mi
maestra.
Y, como dije al principio, también tuve que
deshacerme de este amor
desaforado porque mi fanatismo me hacía querer
ser Marguerite Duras. Escribí, durante años desesperados buscando mi voz,
textos miméticos que tenía que tirar a la papelera.
Esa fue la última enseñanza de mi madre Duras: el
porqué la idolatría
e
es pecado.
Elvira Navarro es escritora.
Su última novela es Los últimos días de Adelaida García Morales.
DIRECTOR: ANTONIO LUCAS. REDACTOR JEFE: MANUEL LLORENTE. JEFES DE SECCIÓN: LUIS ALEMANY / PABLO GIL.
REDACCIÓN: LUIS MARTÍNEZ, DARÍO PRIETO, VICENTE ZABALA.
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