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Muy Interesante Extra Historia - Número 1 2019

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EDIC IÓN
ESPEC
CIAL
AÑO 2019 / Nº1
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Ciud ría
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Pág
.
22
Infancia y
adolescencia
Grecia y Persia,
culturas enfrentadas
El ejército invencible
Guerras Médicas y
el control de las polis
Un modelo a seguir
en la antigua Roma
Macedonia, la
nueva potencia
ALEJANDRO
EL MÁS GRANDE CONQUISTADOR
Perú S/. 12.00 Soles
Chile $2.500
E N T O D A S L A S P L ATA F O R M A S D I G I TA L E S
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D E S C A R G A M U Y I N T E R E S A N T E E N T U C O M P U TA D O R , TA B L E T Y S M A R T P H O N E
sumario
10 El
sueño del
helenismo
Alejandro nunca abandonó el
deseo de unir
Occidente y
Oriente bajo los
principios homéricos de honor,
pudor y gloria.
16 Dos culturas enfrentadas
Durante dos siglos, la lucha de las polis contra
el Imperio aqueménida fue la de la tiranía persa
ante la libertad de la Hélade.
22 Símbolos de grandeza
Entre Macedonia y Persia, tres urbes sellaron la
vida del rey macedonio. Pero Alejandría lo convirtió en un mito.
04Un semidiós llamado Alejandro
El mundo y la Europa de hoy no serían imaginables
sin la enorme herencia que el conquistador macedonio dejó.
30 Diseñado
para la
victoria
Profesional,
especializado
y organizado,
el ejército de
Alejandro fue
una maquinaria
bélica sin rival
durante casi dos
centurias.
muyinteresante@televisa.cl 1
sumario
44 ¡Enemigos a la vista!
38Nace una
nueva potencia
Un pequeño reino al norte de Grecia
acabaría por imponerse a todas las
polis de la Hélade y al todopoderoso
Imperio persa.
Las Guerras Médicas fueron parte de la lucha
entre griegos y persas, que cesaría al ser conquistado el Imperio aqueménida.
Edición Chile
Marisol Camiroaga M.
Directora General de Revistas
Francisca Vives
Editora Ejecutiva
Natalia Bindis
Constanza Vivanco
María Fernanda Aguirre
Coordinadoras Editoriales
Marco Ramírez
Corrector de Estilo
Arte
Elisa Court
Bernardita Cardone
Directora de Arte
Jonatan Guerra
Diseño
Claudia Pérez
Alumna en practica
50 El forjador de un imperio
Filipo II estableció las bases de la hegemonía macedónica en el mundo helénico.
Colaborador
Jorge Jiménez
Periodista
María Eugenia Goiri Rayo
Gerenta General Chile
Comercial
Alejandra Labbé
Gerenta de Ventas
Josefa Larraín
Coordinadora Comercial de
Proyectos y BTL
Rebeca Salas
Gerenta de Venta Directa
Finanzas
Juan Carlos López
Gerente de Administración
y Finanzas
Marketing y Publicidad
María Paz Aguirre
Gerenta de Marketing
Circulación
Rodrigo Gamboa Espinoza
Gerente
Producción
Gustavo Briones
Coordinador General
de Producción
Claudia Cisternas Contreras
Coordinadora
62 El sometimiento de Grecia
56 El elegido
Antes de iniciar la invasión de Asia,
Alejandro y su padre Filipo II tuvieron que
someter a las polis griegas.
de los dioses
Edición México
Francisco Villaseñor Tadeo
Director Editorial
Editorial
Gerardo Sifuentes
Coordinador Editorial
Arte
Manuel Arrubarrena Luna
Coordinador de Arte
Carlos E. Balan Lara
Diseñador
Alberto Calva
Corrector de Estilo
Brillante y precoz,
pronto sus
contemporáneos
advirtieron que
Macedonia le
quedaba pequeña
al joven Alejandro.
TELEVISA PUBLISHING INTERNACIONAL
Porfirio Sánchez Galindo
Director General
Mauricio Arnal
Director General de Administración y Finanzas
68 La conquista de Oriente
Liberadas las ciudades griegas de Asia
Menor, Alejandro partió con el objetivo
de apoderarse del Imperio aqueménida.
La revista mensual
para saber más de todo
Suscripciones: suscripciones@televisa.cl
Call Center: 6005955000 - 2 595 5000
Editorial Televisa Chile, Rosario Norte 555, Piso 18,
Las Condes, Santiago, Chile.
© MUY INTERESANTE. Marca Registrada. Año XXXVI Nº 1. Fecha de publicación: enero 2019. Edición especial de la
revista mensual, editada y publicada por EDITORIAL TELEVISA CHILE, S.A., Rosario Norte 555, piso 18, Las Condes,
Santiago, Chile. Tel. (562) 595-5000. Fax (562) 595-5000 ext 6930,mediante convenio con EDITORIAL ZINET TELEVISA,
S.A. DE C.V. Oficina de Redacción y Publicidad: Editorial Televisa Chile, S.A., Rosario Norte 555, piso 18, Las Condes,
Santiago, Chile. Tel. (562) 595-5000. Fax (562) 595-5000. Impresa para Chile por: A. Impresores Chile S.A., Av. Gladys
Marín 6920, Estación Central Santiago de Chile, Chile. Tel: (562) 440-5700. INFORMACIÓN SOBRE VENTAS: Editorial
Televisa Chile, S.A., Rosario Norte 555, piso 18, Las Condes, Santiago, Chile. Tel. (562) 595-5000. Fax (562) 595-5000.
Distribuidor: El Mercurio S.A.P. RUT Nº 90.193.000-7 Santa María N° 5542, Vitacura, Santiago, Chile. Flete Aéreo: $290.
Regiones: I, II, XI, XII y XV. Suscripciones: Tel: (562) 595-5070; Fax: (562) 596 69 40; suscripciones@televisa.cl. www.televisa.cl. EDITORIAL TELEVISA CHILE, S.A. investiga sobre la seriedad de sus anunciantes, pero no se responsabiliza
con las ofertas relacionadas por los mismos. Prohibida su reproducción parcial o total.
IMPRESA EN CHILE - PRINTED IN CHILE.
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. ALL RIGHTS RESERVED.
© Copyright 2017.
ISSN 1665 – 3629.
EDITORIAL TELEVISA, S.A DE C.V.
COORDINACIÓN ADMINISTRATIVA DE LICENCIAS
74 Alejandromanía en Roma
Tanto su vida como sus conquistas se convirtieron en modelo a seguir. Sin la imitatio
alexandri no podría entenderse gran parte de
la historia de Roma y de los romanos.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
El legado de un ícono de la Antigüedad
Un semidiós llamado
Alejandro
Ningún conquistador ant
antes
tes de él llegó tan lejos,
lejos y pocos después.
después
El mundo global y la Europa de hoy no serían imaginables sin
la enorme herencia que el rey macedonio dejó tras de sí y sin el
helenismo surgido tras su muerte. Por Bernardo Souvirón
como un guerrero invencible a lomos de su caballo Bucéfalo
ha sido recreada en numerosas obras de arte. En la imagen,
su estatua ecuestre en la ciudad griega de Tesalónica.
4
muyinteresante.com.mx
FOTO: ISTOCK
Fieles compañeros. La imagen de Alejandro Magno
C
omo buena parte de los hombres, Alejandro murió sin haber
cumplido su sueño. Cuando sus
ojos se cerraron y su cuerpo exhausto, cosido por las heridas,
se entregó al pálido espectro
de la muerte, toda la ciudad de
Babilonia sintió el helado aliento del invierno a
pesar de que era un férvido día de junio del año
323 a. C. Mientras los soldados griegos deambulaban sin rumbo consumidos por las lágrimas, y los
persas, otrora exnemigos, se rapaban las cabezas
en señal de duelo, todos los templos de la ciudad
apagaron sus fuegos y las imágenes de muchos
dioses, griegos y bárbaros, quedaron sumidas en
la penumbra y el silencio.
La oscuridad no sólo atrapó los recintos de los
templos y las humildes capillas esparcidas como
semillas por las orillas del Éufrates, sino que, como
una niebla espesa, hizo opacos todos los horizontes, desde las montañas del norte de Grecia hasta
las húmedas junglas de la lejana India.
Por todas partes, la noticia se esparció igual que
el eco de una oscura letanía. Por un momento la
Historia dejó de fluir y el mundo enmudeció; las
mentes más preclaras, los hombres y mujeres más
proclives a proyectar hacia el futuro sus esperanzas, se prepararon para dejar atrás todo anhelo de
progreso. Los espectros ancestrales creados por
cada tribu de la Tierra se diseminaron de nuevo
por los desiertos, los bosques, las montañas y los
cielos. Los prejuicios, la concepción territorial de
las relaciones humanas, la despiadada crueldad de
los vencedores, los gritos de los vencidos, el pánico
de las mujeres, poblaron de nuevo el paisaje de la
Historia y llenaron los escritos de los historiadores.
FOTO: ROCÍO ESPÍN PIÑAR
Fin de una aspiración
El mundo entero se dispuso a volver del universo
de los sueños, pues el deseo de Alejandro no había
sido conquistar Persia ni devolver la libertad a las
ciudades griegas sometidas al poder del rey Darío;
eso nunca fue un sueño para él, sino una obligación impuesta por la Historia, y a los 23 años había
cumplido con ella.
Las columnas que sujetaban el edificio de sus sueños eran otras: la fusión entre culturas; la unión
de civilizaciones, de razas y de continentes. Asia
y Europa, griegos y bárbaros hermanados en un
mundo en el que la luz brillara para todos, en el
que Atenas, Sardes, Susa, Babilonia se contuvieran
en Alejandría. Un mundo habitado por miles de
pueblos igualados en una sola especie: la humana.
La muerte lo hizo imposible. Cuando su cuerpo
maltrecho colgaba, inerte y tibio todavía, del hilo de
la vida, sus hetairoí, los que habían sido sus compañeros desde la niñez, aquellos que mejor hubieran
debido comprender las ideas de Alejandro, despertaron del sueño y retrocedieron a una realidad que
sólo la presencia viva del rey había nublado: los países, sus riquezas y sus gentes tornaron a ser botín
de guerra; los ríos, las cordilleras y los mares fueron,
de nuevo, fronteras; la sangre de seres humanos
inocentes, abono de la tierra.
Cumplidor de sus promesas
La territorialidad violenta, el convencimiento de
que gente con otras costumbres y otra cultura es
inferior sólo por el hecho de ser diferente, y la convicción de que otros modelos culturales o de relaciones humanas son cualitativamente inferiores a
los nuestros, prevalecieron de nuevo. Todavía hoy,
casi 2,400 años después de la muerte de Alejandro,
la política internacional que se lleva a cabo en foros
tan relevantes como la Organización de las Naciones Unidas está basada en esta concepción cualitativamente racista de las relaciones entre pueblos.
Las grandes potencias occidentales, especialmente
los Estados Unidos de América, dictan su política
y elaboran sus leyes basándose en la íntima pero
falaz conciencia de su superioridad.
Cuando Sisigambis, madre de Darío, el rey persa derrotado por Alejandro, recibió la noticia de la
muerte de éste, se retiró a una habitación, se sentó
y se dejó morir consumida por la tristeza. Aquella
mujer de hierro, que había contemplado cómo el
conquistador rubio llegado desde los confines del
mar de Occidente había vencido y, después, honrado
a su hijo Darío ofreciéndole unos funerales dignos
de un rey y persiguiendo a sus asesinos hasta la ciudad de Samarcanda, situada en los confines de la
terra incognita; aquella imponente anciana que había
adoptado a Alejandro como al hijo que hubiese debido ser Darío y que se había confiado a su bondad,
convencida de que sólo un hombre como él podía
cumplir la promesa de protegerla a ella y a todas
las mujeres de su familia, finalmente se derrumbó.
La capital de
un imperio. Tras
cruzar el Helesponto
y conquistar parte
de Asia, Alejandro
convirtió Babilonia en
su hogar (arriba). Allí
murió, en el palacio
de Nabucodonosor
II, rey de la dinastía
caldea del siglo VI a.
C. En la ilustración se
reproduce la entrada
a la ciudad por la
puerta de Ishtar, uno
de sus ocho pórticos
monumentales.
muyinteresante.com.mx
5
ALEJANDRO MAGNO
Proyecto inconcluso. Alejandro inició la
restauración de Babilonia (arriba, en una
pintura), un plan que
se vio truncado por su
muerte y cuyo mayor
efecto fue el derribo
del zigurat para construir uno nuevo que
no llegó a realizarse. A
partir de entonces, la
decadencia de la ciudad se agudizó hasta
que fue abandonada.
Quizá en esas últimas horas, atormentada por la
cercana presencia de la muerte, recordó más de una
vez el día en que conoció a Alejandro, que a la sazón
tenía 23 años y acababa de derrotar a Darío en la
batalla de Issos. Días antes de la batalla, Alejandro
montó un hospital de campaña, dejó en él a todos los
enfermos y heridos bajo la vigilancia de una guarnición y marchó hacia el sur en busca de Darío que,
atemorizado tras la derrota de sus tropas en el río
Gránico, escapaba hacia el norte por el interior. Los
dos ejércitos se cruzaron sin detectarse, pero los persas localizaron el hospital. Siguiendo las costumbres
–si no las leyes– de la guerra, liquidaron a la guarnición y, sin mostrar el más mínimo atisbo de piedad,
descuartizaron a todos los que, enfermos o heridos,
indefensos al cabo, encontraron a su paso. Aquel
acto, acorde con los usos bélicos, no produjo más
que la mezquina impresión de debilidad que, poco
después, mostró sin reservas el gran rey Darío III.
Alentador en la batalla
Alejandro recibió la noticia con calma. Corría el año
333 a. C. cuando por fin los dos ejércitos se encontraron, no arengó a las tropas. Se dirigió uno por uno
a muchos de sus soldados, pues conocía el nombre
de buen número de ellos. Cabalgó delante de las
tropas, dejándose ver, consciente de que iba a librar una batalla decisiva. Según nuestras fuentes,
parece que los persas superaban a los griegos en
una proporción de ocho a uno.
Cuando Alejandro se lanzó en compañía de sus
hetairoí contra los “Inmortales” persas, Darío huyó
y, con él, todo el centro de su ejército, la élite de sus
tropas, de manera que, en muy poco tiempo, todo
el frente se desmoronó. Sólo Nabarzanes, al mando
Alejandro no se dejó llevar por la
euforia cruel que ha caracterizado a
los vencedores de todas las épocas.
6
muyinteresante.com.mx
de la caballería, siguió combatiendo hasta que se le
hizo evidente la magnitud del desastre. Parece que
retiró a sus hombres en orden, con calma, como
quien toma nota de lo que acaba de ver con el fin
de no olvidarlo nunca.
La retirada del resto del ejército, empero, fue un
desastre pues, en su loco afán por salvar sus vidas,
los que huían atropellaron a los que estaban en la
retaguardia. La confusión fue total y el espectáculo debió de abochornar a buena parte de la nobleza
persa. El desastre pareció agrandarse cuando se
hizo evidente que toda la familia real había caído
en manos de Alejandro.
Alejandro no se dejó llevar por la euforia cruel que
ha caracterizado a tantos vencedores de todas las
épocas de la Historia. Entró en la tienda real persa
como quien entra a un lugar mágico, cargado de
exóticas sorpresas. Ante él, aterrorizadas, temblaban las mujeres de la familia real, entre ellas la reina madre, Sisigambis, que en la confusión propia
de la situación se inclinó ante Hefestión (más alto
que Alejandro), creyendo que se postraba ante el
hombre que había derrotado y humillado a su hijo.
Hubiera sido un desliz imperdonable en la corte
persa, así que cuando la anciana advirtió el error
su ánimo flaqueó. Entonces Alejandro la tomó de
las manos, la hizo levantarse y le dijo: “Madre, no te
has equivocado, él también es Alejandro”.
Y prosiguió su viaje acompañado de aquella patética corte persa de mujeres y eunucos, a los que
trató como si fueran miembros de su propia familia.
Diez años después de esta escena, Sisigambis recibió la noticia de la muerte de Alejandro, el hombre que le había arrebatado todo: un reino, un hijo,
una vida. Sin embargo, sabía que con la muerte de
aquel muchacho ella misma y su familia perdían
al que había sido su único protector. Fue entonces
cuando tomó la decisión de dejarse morir. Después
Bondadoso con los cautivos. Vencido el rey
Darío, su familia se postró ante el nuevo emperador,
Alejandro, quien le otorgó su protección. En el
cuadro de Paolo Veronese se representa esa escena.
FOTOS: GETTY IMAGES; NATIONAL GALLERY
MUY INTERESANTE
Las aportaciones alejandrinas a la Historia
E
l alcance histórico de la figura de
Alejandro ha sido discutido con
frecuencia. Algunos historiadores
han llegado a sostener que el rey
macedonio no supuso cambio alguno
en el devenir de los procesos históricos.
Unas líneas bastarán para indicar al lector
todo lo contrario.
En el año 356 a. C., el del nacimiento de
Alejandro, Macedonia era una potencia
de segundo orden, amenazada por sus
vecinos. Ni siquiera su existencia como
Estado independiente estaba asegurada.
Desde el punto de vista de las ciudades
del sur, especialmente Atenas y Tebas,
era una tierra bárbara, y su rey –Filipo II,
padre de Alejandro–, un salvaje indigno.
En realidad, Macedonia y todo el mundo
griego dependían de la mayor potencia
que había conocido el mundo hasta la
fecha: el Imperio persa aqueménida.
En el año 323 a. C., el de la muerte de
Alejandro en Babilonia, Macedonia se había convertido en la potencia de la época.
Sobre los vastos territorios del Imperio
aqueménida ya no gobernaba Darío.
Alejandro, con apenas 33 años, había
transformado el mapa político del mundo
de un modo inimaginable.
Base de la cultura helénica. Su legado
fue mucho más que eso. Dejando al margen la capacidad de integración de Roma,
heredera directa de la visión alejandrina,
fueron el Magno y sus sucesores quienes
forjaron el destino del mundo antiguo, de
una manera infinitamente más duradera
de lo que nadie hubiera podido imaginar.
En efecto, hasta la llegada del Islam, los
Balcanes, las tierras que rodean el mar
Egeo, Egipto, Palestina, Asia Menor, el
Oriente Próximo y algunos territorios de
Asia Central fueron la base geográfica
de la cultura helénica. Y a partir del siglo
III a. C. el helenismo se expandió hacia
Occidente donde, a su vez, fue asimilado
y transmitido por Roma y Cartago.
Ciertamente, la muerte de Alejandro
supuso un cambio de época. En el año
Tras consolidar la frontera de los Balcanes y la hegemonía macedonia sobre
El imperio de Alejandro Magno
las ciudades-Estado griegas, Alejandro se dirigió a Asia para doblegar al Imperio
persa. El gráfico muestra la magnitud de las conquistas del rey macedonio.
Kokand
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Imperio de Alejandro 232 a. C.
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MACEDONIA
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323 a. C. murió la era clásica, caracterizada por su feroz individualismo y por una
concepción del mundo que no iba más
allá de las murallas de la ciudad-Estado.
Pero también fue el año en que nació
la época helenística, tan parecida a la
nuestra, caracterizada por la desaparición del estrecho horizonte de la polis y
la irrupción de una mentalidad global,
capaz de trascender fronteras con la
misma facilidad con que Alejandro, al
traspasarlas, transmitía los ideales de la
cultura griega por el mundo.
En Alejandro Magno (Alianza Editorial,
2011), Pedro Barceló escribe con acierto
que no es casualidad que Roma cambiara el ordenamiento republicano por otro
monárquico cuando el influjo helenístico
se hizo más notable. Y añade: “El desarrollo político, la cultura y la religión de
la época imperial romana, y con ello los
fundamentos básicos de la Europa moderna, no son imaginables sin el enorme
legado de Alejandro y del helenismo”.
Mar
Rojo
Ruta de las campañas
Ciudad fundada por Alejandro Magno
GRÁFICO: JOSÉ A. PEÑAS
Dependencias Macedonias
de muchos avatares, peleas encarnizadas y luchas
entre los que habían sido sus generales y compañeros, su cuerpo embalsamado descansó en Alejandría. Más de dos siglos después lo vio Julio César (y,
probablemente, Marco Antonio); Octavio Augusto
dejó como tributo un estandarte imperial.
Dejando huella a su paso
En Persia la leyenda del conquistador macedonio
se acrecentó con su muerte. Durante dos milenios
crecieron los relatos de “Sikandar, el buscador del
mundo”. En los bazares, en las posadas, en las casas de placer y en los harenes, las hazañas del dios
muyinteresante.com.mx
7
MUY INTERESANTE
rubio venido de Occidente crecieron y crecieron.
Como nunca en ninguna época, la Historia y el mito,
la razón y la imaginación, se fundieron para hacer
casi imposible trazar una frontera entre ambas.
El Islam lo asimiló. Los poetas lo presentaron
con rasgos de conquistador invencible, destruyendo templos paganos y esparciendo los sagrados fuegos de Zoroastro. En Egipto las leyendas
lo mostraban como el héroe que había acabado
con los Zang, monstruosos bebedores de sangre
y comedores de sesos.
En China, Alejandro aparece aceptando la rendición de su rey, que le entrega al misterioso Jinete
Propicio, un solícito guerrero que, al cabo, resulta
ser una mujer de extraordinaria belleza con la que
pasa una noche de amor indescriptible en la que
siente que en su corazón se desata “un bullicio parecido al campanilleo de un camello ruso”. Triunfa
sobre monstruos y salvajes y marcha hacia la noche ártica en busca del manantial de la vida eterna
como el primer viajero literario de la Historia, Gilgamesh. Ningún guerrero ha dejado esta imagen en
las tierras que conquistó. Nadie ha sido tratado por
los habitantes de los pueblos conquistados como
un libertador de fantasmas y de pesadillas.
Las disputas sucesorias. Alejandro
murió sin tener un
heredero legítimo. Sus
antiguos generales se
repartieron el Imperio,
disputándose el poder con pactos y seis
guerras que duraron
20 años, hasta que se
estableció un sistema
político que proporcionó el marco para
el desarrollo cultural
helenístico. Abajo se
muestra el reparto de
los territorios conquistados por Alejandro.
Disquisiciones sobre su muerte
Según nos cuenta Quinto Curcio Rufo en su obra
Historia de Alejandro Magno, el cadáver del rey macedonio yació durante seis días en el féretro sin recibir
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EPIRO
cuidado alguno. A pesar de ello, cuando las primeras disputas entre sus sucesores se aquietaron, los
que entraron en la cámara mortuoria lo encontraron sin muestras de corrupción y sin señales de lividez. El propio Rufo añade que ni siquiera la lozanía,
“fruto del soplo vital, había abandonado los rasgos
de su rostro”. Los egipcios y los caldeos que habían
recibido la orden de embalsamar su cadáver no se
atrevieron, al verlo, a ponerle las manos encima,
como si todavía estuviera respirando. Sentían un
respeto inmenso ante la presencia del rey muerto
y empezaron su tarea “tras haber suplicado que los
dioses y los hombres les permitieran a ellos, simples mortales, tocar el cuerpo de un dios”. Limpiaron el cuerpo de Alejandro, llenaron de perfumes
el sarcófago de oro y colocaron sobre la cabeza del
rey los emblemas de su fortuna.
En relación con la muerte de Alejandro, el autor
romano también afirma que la opinión más extendida era que había muerto envenenado. La copa
letal se la habría ofrecido Iolas, hijo de Antípatro,
el regente de Macedonia nombrado por el propio
Alejandro y, según Rufo, instigador del envenenamiento. El veneno habría sido llevado a Babilonia
por Casandro, hermano de Iolas y enemigo mortal
de Alejandro. Se trataba de un veneno famoso que
nacía de una fuente macedónica llamada “Styx”.
La tradición contaba que era capaz de fundir el hierro y que sólo los cascos de los animales de carga
podían resistir su terrible virulencia. En realidad,
GRÁFICO: JOSÉ A. PEÑAS
ALEJANDRO MAGNO
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Pattala
Rambagh
Mar Arábigo
-------
Reyes diádocos (generales de Alejandro Magno)
no sabemos si fue envenenado. Pero Antípatro se
convirtió en rey de Grecia, y su hijo Casandro, su
sucesor, aniquiló por completo a la familia de Alejandro. Hizo asesinar a Olimpia, su madre, en el
año 316 a. C., y, en un acto de extrema crueldad,
ordenó el asesinato de Roxana y el de su pequeño
hijo, y el de Estatira, hija de Darío y segunda esposa
del rey. Las otras fuentes aportan pocos datos fiables. Diodoro Sículo pasa revista a las opiniones de
otros historiadores. Justino afirma claramente que
Alejandro murió asesinado, pero Arriano rechaza
categóricamente tal afirmación y niega toda posibilidad de envenenamiento, igual que Plutarco,
que se basa, entre otras cosas, en que el cadáver
de Alejandro, después de haber estado expuesto
durante varios días a los rigores del calor babilónico, no presentaba síntomas de descomposición.
FOTOS: GETTY IMAGES; HERMITAG EMUSEUM
Su sueño sigue vivo
La historiografía moderna está en línea con Plutarco y Arriano y, en términos generales, hay un cierto
acuerdo en la secuencia final de la vida de Alejandro. Parece que se sintió mal una mañana a comienzos del mes de junio, después de un banquete en
honor de Nearco y de alguna clase de fiesta en casa
de Medio, un noble de la región de Tesalia. Quizá la
enfermedad que acabó con su vida fuera el cólera
o la malaria, unida a las complicaciones pulmonares causadas por la pleuresía, ya crónica, provocada
por una herida. En cualquier caso, su cuerpo estaba
cosido a heridas producidas por todo tipo de armas.
Su corazón probablemente estaba muy debilitado
por los excesos de la bebida, la falta de descanso
y la tensión permanente a la que se vio sometido
durante los últimos años de su vida. Por lo demás,
cualquier infección de cierta intensidad pudo ser
mortal en aquella época.
Todo el reino de Alejandro se desmembró tras su
muerte. La desaparición de su familia, asesinada
por orden de Casandro, favoreció las luchas entre
quienes habían sido sus hetairoí en otro tiempo,
que batallaron sin descanso para hacerse con los
flecos de un reino que, por primera vez en la Historia, había pretendido ser global. El sueño de Alejandro se desvaneció instantes después de su muerte.
En realidad, ¿podemos saber quién era Alejandro? ¿Podemos comprender el mundo que bullía
en sus sueños? Sinceramente, nos parece imposible. Sin embargo hoy, cuando han pasado más
de dos milenios desde su muerte, las ideas que
guiaron sus pasos están más vigentes que nunca.
Hoy sabemos que, sin Alejandro, la extensión de
la cultura helénica más allá de las fronteras de la
propia Hélade hubiera sido imposible y la irrupción de Roma en la Historia, con la extensión de
una cultura globalizadora y de un idioma común,
no hubiera podido apenas esbozarse.
La desaparición de un héroe. La noticia de la muerte del libertador
macedonio corrió como la pólvora por todos los territorios conquistados.
Fue llorado y velado durante seis días por amigos y enemigos. Arriba se
representa el velatorio del rey en una miniatura de un manuscrito árabe.
Nadie aparte de Alejandro ha sido
visto por los habitantes de los pueblos
conquistados como un libertador de
fantasmas y de pesadillas.
Quizá estemos en estos momentos más cerca que
nunca de poder comprender el drama que supuso
la vida de Alejandro Magno, pues, en gran medida,
nuestro mundo se parece mucho al de sus sueños.
Y al de sus pesadillas.
Mas la visión del héroe macedonio sigue viva. Las
tierras que él imaginó unidas a Europa se llaman
hoy Irak, Irán, Egipto, Siria, Líbano, Palestina, Israel,
Pakistán, India, Afganistán... Sobre ellas cabalgan
todavía las sombras de sus generales guiando a
quienes contemplan la tierra como trofeo de guerra. A quienes, 2,339 años después de su muerte, ni
siquiera son capaces de imaginar el sueño de un
semidiós llamado Alejandro.
Intrigas políticas. A la muerte de Alejandro Magno, tanto su mujer Roxana
como su hijo Alejandro fueron víctimas de las intrigas y acabaron siendo
asesinados en 309 a. C. Arriba, en un óleo del italiano Alessandro Varotari (s. XVII),
ambos en compañía de Eumenes, soldado macedonio que defendió la unidad del
Imperio y luchó apoyando al hijo del Magno, Alejandro IV de Macedonia.
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9
MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
La visión global de Alejandro
El sueño de un
nuevo mundo
En sus treinta y tres años de vida, al rey macedonio nunca lo
abandonó el deseo de hacer realidad la unión de Occidente y
Oriente bajo un mismo ideal helénico, basado en los principios
homéricos de honor, pudor y gloria. Por Bernardo Souvirón
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Entrada triunfal. En la Babilonia del siglo
IV a. C., Alejandro fue recibido con todos los
honores y tomó así posesión del palacio y
del tesoro de la nueva capital de su Imperio.
En este óleo de Francesco Fontebasso del
siglo XVIII se recrea el recibimiento al nuevo
rey de los persas en la ciudad.
FOTOS: EFE/ ZUMA PRESS
E
s difícil juzgar la figura de Alejandro sin tener en cuenta las razones profundas que lo llevaron a
actuar de la manera que lo hizo.
Su magnanimidad es evidente,
pero su cólera también emergió, a
veces, desbordada, especialmente en los casos en que se creyó traicionado por alguien en quien había confiado.
Lo que más sorprende al estudioso de su vida es
que las reglas que gobernaron su comportamiento
público son muy antiguas. En realidad, fueron establecidas por los guerreros micénicos que, como
Aquiles, dieron forma a lo que podríamos llamar
el amanecer de la mentalidad griega. Lo increíble
es que Alejandro, haciendo suyo un código tan
antiguo –basado en tres conceptos que veremos
a continuación–, transformara el mundo de una
manera tan radicalmente moderna. Pero esta
aparente paradoja forma parte, casi siempre, de
la esencia de los verdaderos genios.
El código de honor que regía la vida del hombre
homérico tenía que ver menos con los dioses que
con los hombres. En realidad, estaba relacionado
con aquello que produce estimación pública, es decir, timé, una palabra que traducimos por “honor”;
pero no sólo con ese concepto, sino también con el
respeto que se tiene por la opinión de los demás.
Esta idea está contenida en la palabra griega aidós
(“pudor” ). Toda la vida de Alejandro se rige por este
principio que, por otra parte, también gobernó la
vida de Aquiles, su modelo. Para un hombre como
Alejandro, los excesos de Aquiles, su arrogancia,
palidecen ante su timé. El mérito de Alejandro, sin
embargo, fue superar también esa cara negra de
Aquiles, controlar, aunque no en todas las ocasiones, la tendencia al exceso tan comprensible en un
hombre que había llegado a ser, antes de cumplir
treinta años, el monarca de toda la Tierra.
En las ocasiones en que Alejandro se dejó llevar
por el lado irracional de su naturaleza, especialmente en el episodio de la muerte de Clito, sintió tal
aidós que estuvo a punto de morir. Es esta presión
de lo que podríamos llamar opinión pública la que
conforma el carácter de Alejandro durante toda
su vida. La diferencia con Aquiles es que se siente
responsable de lo que hace y no cree que sean los
dioses los culpables de sus actos, como el mítico
personaje de Homero. El concepto de libertad y,
como consecuencia, de responsabilidad, es completamente desconocido para los guerreros homéricos, que viven en un mundo que todavía no ha
descubierto la individualidad. El hombre homérico
no se define de forma abstracta, independiente,
por referencia a un yo individual y característico, sino por su estatus, por su función dentro del
grupo. Fuera del grupo y sin la intervención de los
dioses no tiene identidad.
Relato épico como modelo
El carácter histórico de los acontecimientos narrados por aedos y rapsodos, que enaltecían las
hazañas del pasado y convertían en héroes a los
hombres que las habían protagonizado, posibilitó
que, desde muy pronto, todo el relato épico adquiriera un carácter de modelo, puesto que tanto los
hechos que se narraban como sus protagonistas habían existido. Esta impresión de realidad producía
el efecto de la imitación y, por tanto, convertía a los
poemas épicos en lo que algunos han llamado una
constante exhortación a la acción.
Desde el siglo VI a. C., los poemas escritos por
Homero fueron el libro escolar por excelencia, sin
distinción de regiones ni de regímenes políticos, y
parece que Alejandro los estudió con tal intensidad
que, según Dion de Prusa (Discursos, 4.39), se sabía
la Ilíada de memoria. Y no sólo conocía la historia
narrada en esos poemas, sino que se identificaba
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
LIBRO
Alejandro
Magno, rey de
Macedonia
y de Asia
Adolfo J. Domínguez
Monedero. Silex
Ediciones, 2013. La
historia de Alejandro
Magno ha fascinado
a gente de todas las
épocas, desde sus
contemporáneos hasta
el momento presente.
por completo con el ideal, vigente hoy día, que Néstor enunció en estos términos: “Ser siempre el mejor
y estar a la cabeza de todos” (Ilíada, 11.784).
En este contexto, la formación de Alejandro tuvo
siempre como objetivo ser el primero en todo,como
cualquier héroe del pasado homérico. La gran diferencia, lo que explica en buena medida el drama de
su vida, es que en el siglo IV a. C. el hombre era ya
libre y,por tanto,responsable de sus actos.ParaAlejandro,el honor (timé) es exclusivamente individual
y, por lo tanto, la responsabilidad de sus decisiones
es exclusivamente suya.
Por eso asumió por completo la vergüenza (aidós)
que sintió ante alguna de ellas.Alejandro representa el triunfo definitivo de la libertad individual y,
sobre todo, la asunción de que su timé y su propia
conciencia debían estar siempre por encima de la
convención social de cualquier género.
Ni prudente ni modesto
Dentro de este código heroico, ningún ideal, ninguna acción tienen sentido si no es para procurarse gloria y, por tanto, fama. La gloria (kléos) es, por
ello, lo que da significado a todo, pues es la única
manera de conseguir la inmortalidad. Ésta es la
razón por la que Alejandro (como Aquiles) no conoce la prudencia ni la modestia y constantemente
alardea de su fuerza y de su valor, a la vez que está
permanentemente dispuesto a demostrar con la
acción lo que afirma con las palabras.
El drama de Alejandro fue que quizá
solo Hefestión entendió su proyecto.
En este sentido, Aquiles vuelve a ser su ejemplo
supremo: acepta la muerte porque sólo a través
de ella alcanzará la kléos y entrará a formar parte del olimpo de los héroes inmortales. Alejandro
demostró en los campos de batalla de la Historia,
no de la literatura, que Aquiles no había muerto y
no habría de morir nunca. Un rey macedonio es
también, como Aquiles, un jefe militar que, en caso
de guerra o de ataque a sus dominios, acaudilla al
ejército; y es en la guerra donde debe dar la medida de sus merecimientos, pues tal actividad es la
que, por encima de cualquier otra, procura timé. El
combate es la ocupación más noble de un monarca
macedónico, igual que de uno micénico.
Para un hombre como Alejandro, sometido a un
código de honor cuyas referencias están siempre
en el combate, nada hay más deshonroso, nada
produce más aidós que un comportamiento inadecuado en el campo de batalla. La muerte, como
nos demuestra Aquiles claramente, es preferible
al deshonor, sobre todo si aporta fama e inmortalidad; es decir, trascendencia. Pero no es una fama
que pueda conseguirse con actos que impliquen
deshonor. La fama es percibida por esta clase de
hombres no como un camino para lograr notoriedad y beneficios inmediatos –como ocurre permanentemente con los “famosos” de nuestros días–,
sino como el noble y honorable ejercicio de una
vida que pretende trascender a la muerte. Alejandro, como Aquiles, persiguió la fama sólo como
tránsito hacia la trascendencia.
El mundo atomizado de la antigua Grecia
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de este marco y quienes voluntariamente se apartaban de él sabían que, en
cierta medida, estaban abocados a una
especie de muerte civil.
Como consecuencia, nunca los
griegos tuvieron conciencia de ser un
pueblo, una sola patria. Al contrario:
los recintos amurallados de cada polis
delimitaban no sólo un perímetro de
seguridad, sino, más sutilmente, el
mundo al que sus habitantes se sentían
vinculados. En efecto, Pericles se sentía
ateniense por encima de todo, no griego. Y Leónidas, espartano.
Una unidad inexistente. Nunca a lo
largo de su historia los griegos se unieron para llevar a cabo misión alguna.
Ni siquiera en el caso de las famosas
Guerras Médicas, a pesar de que este
episodio se esgrime con frecuencia
El político Pericles (aquí, en una estatua
situada en la capital griega) defendía su origen
ateniense, puesto que no tenía conciencia de
pertenecer a Grecia como una sola patria.
como prueba de unión de todos los
griegos. Quienes conocemos bien la historia de la antigua Grecia sabemos hasta
qué punto es falsa esta afirmación.
Con demasiada frecuencia, el enemigo
de un griego era otro griego. Y la enemiga de una polis, otra polis.
FOTO: GETTY IMAGES
L
os griegos fueron los primeros en
crear un tipo de Estado que exigía
de todos los que formaban parte
de él una participación real y activa en la vida pública; lo llamaron polis.
Es cierto que la Grecia clásica no fue la
primera nación que conoció el régimen
de la ciudad-Estado; estructuras semejantes existían ya en Mesopotamia y en
la propia Grecia micénica. Sin embargo,
hay una diferencia capital: Micenas y
Pilo o las ciudades-Estado mesopotámicas eran, por lo que sabemos, dominio
de un rey, dios o sacerdote que gobernaba a súbditos o vasallos.
En Grecia, sin embargo, toda evolución política, social, económica e
incluso religiosa estuvo vinculada con
las instituciones de la polis. Nunca hubo
ninguna posibilidad de desarrollo fuera
Por encima de todo: el honor
Alejandro, según todas las fuentes, se sentía poseído de repente, sin explicación aparente, por una
suerte de ansia o anhelo (póthos) que lo mantenía
en una permanente insatisfacción, como si todo
lo que hubiera hecho hasta el momento no fuera
suficiente y se viera empujado a ir más allá.
La explicación profunda de este sentimiento,
de este estado mental siempre en movimiento,
quizá escapa a nuestros conocimientos. Empero,
podemos entender ese anhelo si somos capaces
de percibir que la recompensa que hombres como
Aquiles o Alejandro esperaban de la vida no era
la felicidad; esperaban timé y kléos. El honor y la
gloria son para ellos los padres de una fama que,
entendida como explicábamos más arriba, los recompensará de todo, incluso de la infelicidad y la
muerte. Ni Aquiles ni Alejandro dudarán un solo
instante en morir si con ello consiguen trascender.
Incluso antes de abandonar para siempre Grecia,
cada paso que dio Alejandro fue resultado de ese
póthos, de ese anhelo inexplicable. En realidad, es
lo que lo llevó casi al fin del mundo, al borde del
océano, lo que le hizo cruzar el legendario río Istro
(el actual Danubio) al mando de 1,500 jinetes y 4,000
soldados de infantería cuando tenía veinte años de
edad. Este río, frontera natural de los griegos al norte, era de un tipo completamente desconocido por
ellos. Probablemente, los caballos tuvieron que nadar.Los oficiales y los soldados debieron de quedarse perplejos ante la capacidad de aquel muchacho.
FOTOS: GETTY IMAGES; LATINSTOCK
La hora de Macedonia
Homero, autor de cabecera. De Alejandro el Grande se cuenta
que se sabía de memoria fragmentos de la Ilíada, que había sido
su libro de texto durante toda la infancia. Arriba, el rey macedonio
leyendo en un cuadro del pintor barroco italiano Ciro Ferri.
no fueron capaces de llevar a cabo nunca Atenas
ni Esparta. Se trataba de una deuda histórica que
los griegos tenían consigo mismos: la de devolver
a los persas el golpe que habían recibido durante el
transcurso de las Guerras Médicas. Cuando Alejandro cruzó el Helesponto y puso su pie en Asia, no
miró atrás. Nunca volvió a Europa.
Tras las campañas en Lidia, Caria, Licia y Panfilia,
había llegado más allá de lo que nunca lo hizo un
ejército griego. Además, había vencido a las tropas
persas en el Gránico (donde estuvo a punto de morir), en Issos, batalla decisiva en la que se produjo
la primera huida de Darío, y había recibido de parte
del todopoderoso Darío una oferta de paz.
El coraje tallado. La
formación de Alejandro
se centró en inculcarle
que debía ser el mejor
en todo. Así, en la
batalla no cejó en su
empeño de ganar a
cualquier adversario
que se le pusiera
delante. Abajo, la
escultura representa al
rey combatiendo contra
un enemigo.
En el otoño del año 335 a. C. Alejandro, con 21 años,
recibió del Consejo de la Liga de Corinto el encargo de preparar la expedición contra los persas y
fijar la aportación de cada ciudad a la empresa.
En la primavera del año siguiente, comenzó la
marcha. El ejército era relativamente pequeño,
aproximadamente 40,000 soldados de infantería y
5,000 de caballería, pero claramente macedónico:
Alejandro, como antes su padre Filipo, no quería
compartir la gloria con el resto de los Estados griegos, que, desde el final de las Guerras Médicas, no
habían logrado resolver el problema persa. Había
llegado la hora de Macedonia.
Tras el ejército, formando parte de esa hueste
informe que siempre sigue a las tropas expedicionarias, marchaban ingenieros, arquitectos,
cartógrafos, topógrafos, médicos, sacerdotes,
historiadores, prostitutas… Cuando salieron de
Pella, la capital macedónica, Alejandro contaba
con setenta talentos, dinero para financiar la
operación apenas un mes.
En el año 334 a. C., con tan sólo 22 años, comenzó
la campaña en Lidia y Caria. En realidad, era ésa
la misión que tenía encomendada: la misma que
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ALEJANDRO MAGNO
Tras derrotar a Darío, Alejandro entró
triunfante en Babilonia, ciudad que
soñó como capital del nuevo mundo
que estaba decidido a crear.
Rechazo a la proposición de paz
Se trataba de una propuesta nunca antes hecha
a un griego: 10,000 talentos de rescate por su familia, toda Asia al oeste del Éufrates, una alianza
con Macedonia y la mano de su hija. Parmenión,
el experto general al que Alejandro había confiado
buena parte del destino del ejército en Issos, lo
instó a que aceptara tales condiciones de paz.
Entonces Alejandro, presa de nuevo de ese
póthos que lo caracterizó durante toda su
vida, le contestó: “Aceptaría si yo fuera
Parmenión. Pero soy Alejandro”.
Este rechazo no fue bien aceptado por
los generales de Alejandro, incluyendo a sus hetairoí. La realidad era que
Macedonia carecía de una tradición
de conquistas y las condiciones de
paz ofrecidas por Darío iban más
allá de lo que nunca hubieran soñado Temístocles o Leónidas. Fue
un momento decisivo, y el rechazo
de Alejandro cambió la Historia.
Después de internarse en tierras
fenicias y controlar sus puertos
(base fundamental de la armada
persa), Alejandro tomó la decisión de ir a Egipto, un lugar al que
los persas no habían respetado
demasiado. En efecto, conviene
recordar que Cambises, en el último tercio del siglo V a. C., había
abandonado la política de tolerancia religiosa que había sido característica de reinados anteriores
(Heródoto, 3.27). Después, Artajerjes Oco sometió al país por completo: las murallas de las ciudades fueron
demolidas, los templos saqueados y sus
riquezas repartidas como botín entre los
mercenarios que servían en su ejército.
Alejandro entró en Egipto y se dirigió directamente a Menfis. Masaces, el sátrapa
persa, lo recibió con calma, convencido de
que Darío, después de Issos, no podría proporcionarle ayuda alguna. Entonces, tras
haber realizado sacrificios solemnes en honor de Apis en el mismo templo en que había
Faraón de los egipcios.
muerto Artajerjes Oco, se presentó como un
Las ansias por conquistar
Oriente llevaron a Alejandro
hombre de paz, no como un conquistador; los
hasta Menfis, donde fue
egipcios lo aclamaron como libertador y lo
aclamado como libertador.
Aquí, coloso del rey
entronizaron como faraón: “Horus, amado de
macedonio.
Amón, elegido de Ra, hijo de Ra, Alejandro”.
En el año 331 a. C., fundó la ciudad de Alejandría
(Estrabón, 17.1.6-10). Deambuló durante horas por
el lugar, imaginó dónde estarían los templos, los
edificios, y trazó líneas con harina que se comieron los pájaros. El presagio fue interpretado de
manera muy alentadora: la ciudad daría de comer
a muchos hombres durante muchas generaciones.
Entonces, Alejandro tomó una de sus decisiones
más sorprendentes.
Hacia el templo del oasis
Arriano (3.3.1-4, 5) nos cuenta que, repentinamente,
lo poseyó un póthos de ir al oasis de Siwa. No era un
lugar importante estratégicamente y no tenemos
noticia de que antes lo hubiera visitado ningún faraón. Por otra parte, desde Persia llegaban noticias
de que Darío se estaba movilizando y levantando un
gran ejército. Pero Alejandro decidió encaminarse a
Siwa, alejándose de la ruta hacia Persia e internándose en el peligroso desierto, donde las tormentas
de arena podían desintegrar a un ejército.
El sumo sacerdote del templo de Amón lo recibió
como hijo del dios y lo invitó a entrar solo en el
interior del templo, donde había una especie de
tablero dibujado probablemente en el suelo. Los
sacerdotes llevaban sobre los hombros una embarcación de la que pendían vasijas. Un adivino
interpretaba los movimientos de éstas y el significado del lugar en que se paraban.
Sólo Alejandro conoció lo que ocurrió en el templo. Al salir dijo que había obtenido la respuesta que su alma deseaba saber, pero nunca reveló
aquello que había preguntado.
Lo cierto es que su confianza en el destino, la
fe en sí mismo, adquirieron desde aquel día una
pujanza increíble. Quizá pensó que en verdad era,
como Aquiles, Heracles o Dioniso, hijo de un dios.
En la Grecia de aquella época, tal convencimiento
no era una extravagancia.
Una tregua en el desierto. En su visita al
templo del oráculo de Amón, Alejandro vivió
una revelación que sólo él conoció. Aquí, foto
del oasis de Siwa (donde estaba dicho templo)
desde la ciudadela de Shali, en el oeste de Egipto.
FOTO: GETTY IMAGES; MATTES REN/ZUMAPRESS/EFEVISUAL
MUY INTERESANTE
La efímera globalización helenística
E
l año 323 a. C. marca el final de
la época clásica y el nacimiento
de la llamada época helenística.
La muerte de Alejandro supuso,
en efecto, el advenimiento de una nueva
era que empezó a poner fin a ese mundo
atomizado, característico de la antigua
Grecia. Desde la muerte de Alejandro
otras ciudades lejanas, casi todas en
Oriente, hicieron que el mundo se volviera mucho más grande: Babilonia, Pérgamo, Alejandría, Sardes, Samarcanda
y tantas otras emergieron con pujanza,
desplazando hacia Oriente los ecos de
la literatura, la música, la filosofía… Sin
embargo, el genio creador del mundo
helenístico, que no hubiera nacido sin la
obra de Alejandro, se apagó demasiado
pronto. Algunas ideas inherentes a la
mentalidad griega, la incesante sucesión
de guerras y, como dice Michael Rostovt-
FOTOS: REYNOLD MAINSE/NEWSCOM/EFEVISUAL
Alejado del mundo griego
zeff, “el deseo de independencia política
[…] y la tendencia implacable a suprimir
al débil, características destacadas del
griego no menos que su impulso creador”, impidieron que el mundo helenístico consiguiera logros de mayor calado.
En realidad, el verdadero heredero del
mundo que Alejandro imaginó no fueron
los Estados helenísticos, desgarrados
por las guerras y por la determinación de
conseguir sus objetivos a toda costa.
El fracaso de una visión global. La
verdadera heredera fue Roma, una potencia unida y magníficamente organizada que, sin el modelo de Alejandro,
habría jugado un papel muy diferente en
la Historia. La única globalización real hasta nuestros días, la protagonizada por el
Imperio romano, fracasó. Y es un fracaso
que debiera servirnos para analizar hoy,
cuando otro intento de globalización está
en marcha, las causas que lo provocaron.
En Sardes –actual Sart, Turquía–, antigua ciudad de Asia Menor,
comenzaba el camino real que conducía a Susa. En la foto, las ruinas del
gimnasio romano con un gran patio descubierto para hacer ejercicio.
Su actividad se redobló. Volvió a Tiro y, tras ofrecer sacrificios en el templo de Heracles-Melkart, lo
preparó todo: Asia occidental, Egipto y, especialmente, las comunicaciones, estaban asegurados.
Entonces decidió partir hacia el este. Excepto por
sus recuerdos, sus libros y algunos enseres que
siempre llevaba consigo, Alejandro abandonó el
mundo griego para siempre. Quizá en la misteriosa visita al oasis de Siwa esté la respuesta al
comportamiento de Alejandro. Como si, en efecto,
hubiera averiguado allí lo que deseaba saber sobre sí mismo, se lanzó, con veinticinco años, a la
conquista del Imperio persa aqueménida. En este
mismo año 331 a. C., que marca quizá el floruit de
su figura, el joven macedonio fundó Alejandría,
derrotó decisivamente a Darío en la batalla de Gaugamela y entró triunfalmente, como un libertador,
en Babilonia, la ciudad que soñó como capital del
nuevo mundo que estaba decidido a crear.
Hombre moderno e incomprendido
Y no se detuvo. Siguió hacia el este en busca del
gran océano, cruzó el Indu Kush, llegó a la India y
conquistó las satrapías del Norte, Bactriana y Sogdiana. Antes de verse forzado a regresar, imaginó el
nuevo mundo. Diodoro Sículo (18.4.1-6) conserva la
versión de Pérdicas, uno de sus hetairoí, en relación
con los proyectos de Alejandro: la marcha contra
Cartago, Libia, la península Ibérica y Sicilia. En su
mente estaba el proyecto de construir una carretera
desde Libia hasta el estrecho de Gibraltar, reubicar
poblaciones de Asia a Europa, construir ciudades,
templos y una tumba a su padre Filipo a la manera
de las pirámides. Tales proyectos reflejan bien su
carácter: guerra y paz, fusión de razas mediante
matrimonios mixtos, deseo de armonía y amistad,
algo muy atractivo para el hombre moderno.
El drama de Alejandro fue que nadie entendió su
sueño, a excepción quizá de Hefestión, quien murió
antes que él. Solo, asediado por las convenciones y
tradiciones que dividían el mundo entre griegos y
bárbaros, Alejandro no pudo completar su proyecto.
La muerte lo sorprendió antes de cumplir treinta y
tres años. El historiador Diodoro dice que las ideas
de Alejandro eran “extravagantes y difíciles de realizar, por lo que las olvidaron”.
Quizá estemos todavía a tiempo de retomarlas.
LIBRO
Historia
Heródoto.
Cátedra, 2004.
El historiador griego
centró su relato en
lo más glorioso de
la historia de Grecia;
en la lucha heroica
de un pequeño
pueblo, el griego,
contra la potencia
monstruosa de Persia.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
Persia y Grecia: enemigos irreconciliables
Dos culturas
Una batalla mítica. El ejército
aqueménida luchó contra las tropas
aliadas griegas de las polis de Atenas
y Esparta en el paso de las Termópilas.
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FOTO: GETTY IMAGES
enfrentadas
Durante 200 años, la
lucha de las polis contra
el Imperio aqueménida se
basó en un duelo entre dos
concepciones antagónicas
del mundo y la política:
la tiranía persa frente a la
libertad de la Hélade.
Por José Ángel Martos
E
l antagonismo entre Persia y Grecia que iba a marcar la época de
Alejandro era una rivalidad consolidada desde hacía más de doscientos años. Todo un clásico que
había convertido a ambas civilizaciones en una suerte de archirrivales irreconciliables.
En este duelo, los historiadores griegos clásicos vieron a su pueblo legitimado para la guerra sin cuartel
por la justicia del ideal que perseguían: ellos eran los
representantes de la libertad de las ciudades frente
al gobierno tiránico, personificado en los persas. Tal
juicio ha marcado nuestra visión de Persia, etiquetando y simplificando al que en su momento fue el
mayor imperio del mundo. Y con diferencia.
Persia se había levantado de la nada, poco a poco,
durante un periodo de quinientos años, el que va
desde el año 1000 al 500 a. C. aproximadamente.
Y lo hizo partiendo de una situación geográfica
nada envidiable. Las planicies iraníes de donde es
originario este pueblo eran muy secas y estaban
rodeadas por escarpadas y difíciles cumbres. Los
primeros persas, hace 3,000 años, llevaban una vida
nómada, siempre a la búsqueda de recursos.
Prosperidad en Oriente
El gran cambio que permitió a Persia modificar su
destino lo propiciaron los conocimientos de sus
magi o sabios (mitad ingenieros, mitad geólogos),
quienes idearon la forma de conducir las aguas
que circulaban no por la superficie, sino debajo de
ella. Fueron los inventores de los qanats, sistemas
de canales subterráneos de irrigación que aprovechan el agua que circula por el subsuelo de sistemas montañosos como la cordillera de Elburz (al
norte de Irán) para poder regar las llanuras a sus
pies, aprovechando la fuerza de la gravedad. Estos
canales persas se excavaron desde el año 1000 a. C.,
por lo que precedieron prácticamente en un milenio a los más conocidos de los romanos. Pudiendo
dominar así grandes cantidades de agua, los persas
prosperaron y se convirtieron en la sociedad dominante de Irán. Surge de esta manera la dinastía de
los aqueménidas, que toma el nombre de su fundador, Aquemenes, quien habría vivido hacia el 700 a.
C., aunque en general se duda de su historicidad y
se le considera más bien un personaje legendario.
El primer gran soberano aqueménida cuya fama
traspasaría fronteras tardó doscientos años en llegar. Fue Ciro el Grande, uno de los pocos que se ganó
con justicia su sobrenombre, a decir de los historiadores. Su reinado empezó en el 559 a. C. y durante
treinta años de gobierno conquistó prácticamente
todo el Oriente Próximo (Media, Lidia y Babilonia),
llegando por el este hasta las orillas del Mediterráneo (Jonia), mientras que por el norte alcanza-
PELÍCULA
300
Zack Snyder (2006). Se
trata de la adaptación
cinematográfica de la
serie de cómics del
mismo nombre, obra
de Frank Miller, que
relata la batalla de las
Termópilas.
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17
MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
Ciro II el Grande constituyó el cuerpo
militar de los “Inmortales”, 10.000
soldados de élite que serían la pesadilla
de las tropas griegas.
LIBRO
Maratón
Richard A. Billows.
Ariel, 2014. Pocas
batallas hay tan
legendarias como la de
Maratón. Este episodio
decisivo de la primera
de las Guerras Médicas
enfrentó en el siglo V
a. C. a los ejércitos de
los griegos y los persas.
ba la cordillera del Indu Kush. Ciro fue no sólo un
conquistador, sino también un brillante político,
admirado incluso por aquellos a los que sometía al
yugo persa. Concibió el sistema administrativo de
las satrapías, que permitía cierta autonomía a los
territorios conquistados para agilizar su gobierno.
Las cuatro satrapías que creó fueron Babilonia, Ecbatana, Susa y Pasagarda; cada una estaba regida
por un rey vasallo, el sátrapa. Otro afamado invento
político de Ciro para consolidar la administración
imperial fue el primer sistema postal que se conoce, denominado Chapar Khaneh, nombre de las
oficinas de correos que se encontraban distribuidas por el Camino Real Persa, una gran carretera
de 2,500 kilómetros.
Gran potencia militar
Ciro creó un gran ejército y se esmeró en mejorar
la calidad de sus soldados. Es recordado por haber
constituido el famoso cuerpo de los “Inmortales”,
10,000 soldados de élite que iban a convertirse en
una pesadilla para los griegos.
A Ciro lo sucedió Cambises II, un rey que todavía
ensanchó más las fronteras persas. Destacó sobre
todo por su conquista de Egipto, que logró tras su decisiva victoria en la batalla de Pelusium. Cambises se
coronaría como faraón, adoptando los títulos tradicionales de estos reyes e inaugurando de este modo
una saga de reyes persas en Egipto, la Dinastía XXVII.
Después de conquistar a los egipcios, la ambición
del joven Imperio aqueménida se orientaría hacia
los griegos. El enfrentamiento con éstos se iniciaría
con otro rey, Darío I, quien, siguiendo la política expansionista de sus predecesores, se atrevió a cruzar
hacia el continente europeo. Primero lo hizo en una
campaña que lanzó contra los escitas, asentados
en el este de Europa, entre el río Danubio, el Don y
el mar Negro. Se habían convertido en una molesta
oposición que interrumpía el comercio persa. Además, los escitas siempre mostraban una fiera resistencia, y de hecho había sido en una batalla contra
ellos donde su predecesor Ciro había encontrado
la muerte. Por eso Darío quiso eliminarlos de raíz
realizando una campaña en Tracia y Panonia, durante la que también conseguiría el sometimiento
de Macedonia, que se convirtió en un reino vasallo.
Después sucedería la primera invasión de Grecia, llevada a cabo también por Darío. Ésta puede
explicarse por varias causas, incluyendo la avidez
de gloria del mandatario persa, quien quería engrandecer su nombre con acciones que lo hicieran
comparable a Ciro el Grande.
Pero la causa más importante fue sin duda la
revuelta jónica, la cual sería iniciada por los griegos que habitaban Asia Menor. Duraría seis años
(desde el 499 al 493 a. C.) e inesperadamente se
convirtió en una seria amenaza para la integridad
del Imperio persa aqueménida.
Jonia se rebela
La primera de las ciudades jónicas en rebelarse, la
de Mileto, lo hizo ya en nombre de la democracia, de
manera que el ideal del gobierno del pueblo permaneció en el trasfondo de los enfrentamientos desde
el primer momento. Cierto es que la conversión democrática de Mileto fue algo precipitada: la impulsó el tirano de la ciudad, Aristágoras, quien iba a ser
depuesto por un sátrapa persa debido a su fracaso
en una campaña militar en la isla de Naxos. Aristágoras prefirió adelantarse a los acontecimientos
abdicando, un golpe de efecto que lo mantuvo en
la cresta de la ola mientras declaraba que Mileto se
había convertido en una democracia.
Persia conquista Egipto. Cambises II, hijo
FOTO: GETTY IMAGES
y heredero del gran conquistador persa Ciro
II el Grande, venció en la batalla de Pelusium
al faraón egipcio Psamético III. En este cuadro
decimonónico de Jean-Adrien Guignet se
representa el encuentro entre ambos reyes.
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Las traiciones en el bando griego
N
o todos los griegos se oponían a los persas. De hecho,
en diferentes momentos de
las guerras entre ambas potencias vemos cómo aparecen traidores
en las filas helénicas. El más conocido
es Efialtes, un ciudadano de Tesalia,
región limítrofe con las Termópilas, que
con su conocimiento del terreno ayudó
al ejército de Jerjes durante la batalla
indicándole un paso alternativo.
Pero hubo más ejemplos y no sólo
personales sino colectivos. Durante la
misma invasión de Jerjes, hubo ciudades griegas que claramente mostraron
simpatía o dejaron hacer con libertad
a los persas. Fue el caso de Argos o
de la propia Tebas. Ya había ocurrido
algo similar en la época de la batalla
de Maratón, cuando el gran temor de
Milcíades, el general ateniense, fue que
algún ciudadano tuviera inclinación a
convertirse en traidor y facilitar la entrada de los persas en la ciudad.
La independencia de las polis. La
explicación hay que buscarla en la falta
de una conciencia nacional griega, tal y
como hoy la entendemos en nuestros
actuales Estados-nación. Las polis griegas se gobernaban cada una de modo
Un ejército jónico apoyado por tropas de Atenas
y Eretria marchó sobre la ciudad de Sardes, capital
de la satrapía del mismo nombre, y la incendió.
Luego, en su camino de retorno, los griegos fueron
alcanzados por un ejército persa mucho más fuerte
y resultaron derrotados en Éfeso. Pero pronto los
jonios les infligieron otra importante derrota en
Pedasus, en la región de Caria, al suroeste. Así, el
conflicto quedó en una tensa igualdad que se mantuvo durante un par de años hasta que, en 494 a. C.,
Darío puso al mando de su ejército reagrupado a
Datis, un general de origen medo –uno de los pueblos sometidos por Persia– y que por la proximidad
geográfica de su origen conocía bien los asuntos
que tenían que ver con los griegos.
FOTOS: EFE/ ZUMA PRESS
Enfrentamientos cara a cara
Datis contó con medios prácticamente ilimitados
que facilitaron su tarea.A su ejército terrestre pudo
sumar una amplia flota formada por egipcios, fenicios, cilicios y chipriotas, todos ellos pueblos que
habían ido cayendo bajo la égida persa. En la batalla
naval de Lade se enfrentaron cara a cara con los jonios, que todavía se verían más debilitados por una
traición en sus filas: la de los samios, que acordaron
retirar sus naves en el último momento. La debacle
de la flota jónica puso punto final a la revuelta.
El rey Darío quería asegurarse de que los griegos no
volverían a darle más quebraderos de cabeza y, tras
la extinción de la revuelta, envió embajadores en el
año 491 a. C. a las ciudades griegas para exigirles el
sometimiento.Todas lo aceptaron excepto dos,Atenas y Esparta, que contestaron de una manera ciertamente poco amistosa: su respuesta fue ejecutar a
los emisarios persas.Ante este desafío,Darío ordenó
organizar un nuevo ejército cuyo objetivo sería el de
someter por la fuerza el territorio griego continental.
El mando se otorgó de nuevo a Datis,aunque esta vez
lo compartió con el general Artafernes.
Efialtes (en el grabado) traicionó al rey espartano Leónidas, ayudando al persa Jerjes a encontrar
otra ruta alternativa al paso de las Termópilas.
independiente y solían mostrar fuertes
rivalidades entre sí. Por ello, aunque
el idioma las uniera, su particularismo
las convertía en muchas ocasiones en
enemigas irreconciliables.
Tras invadir y castigar a las islas de Rodas y Naxos, el ejército anfibio de los persas se dirigió hacia
tierra firme. Primero arrasaron Eretria, que apenas ofreció resistencia. Luego se encaminaron
hacia la región del Ática y desembarcaron en la
bahía de Maratón. Cuando el ejército ateniense,
mandado por Milcíades, llegó a aquel lugar, no esperaba encontrarse con un enemigo tan potente.
Lo que vieron los griegos los dejó aterrorizados:
el ejército persa los triplicaba en número, 30,000
soldados contra 11,000 de los suyos. La mitad de los
generales atenienses ni siquiera querían luchar,
porque se veían ante una batalla perdida.
Genial estrategia griega
Durante cinco días,ambos ejércitos estuvieron tanteándose sin decidirse a iniciar el enfrentamiento.
Fue una espera tensa, sobre todo para Milcíades, ya
que él había sacado a su ejército fuera de Atenas y
temía que, mientras lo tenía en Maratón esperando
acontecimientos, algún traidor favorable a los persas les entregara a éstos la ciudad.
Derrota griega
Durante la revuelta
jónica (499-493 a. C.)
Éfeso (abajo, foto de
sus ruinas en la actual
Turquía), antigua
ciudad de Asia Menor,
fue testigo del dominio
del ejército persa en el
campo de batalla, pues
allí venció éste a los
soldados helenos.
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ALEJANDRO MAGNO
El hecho de que Atenas fuera el objetivo final de los
persas ayudó en parte al comandante griego. Datis
tomó la decisión de embarcar a su caballería y no
emplearla en la batalla que se gestaba en Maratón,
sino enviarla directamente hacia el objetivo final. En
el momento en que la caballería ya se había alejado,
Milcíades mandó a sus 11,000 hombres a una ofensiva feroz, que además se desarrolló con exquisita
y genial estrategia: atacaron los flancos primeros
hasta destrozarlos y sólo entonces marcharon sobre el cuerpo central del ejército persa, que se vio
mortalmente rodeado. Fue un éxito en toda regla.
Sin embargo, la batalla de Maratón no acabó ahí.
La famosa carrera de Filípides, quien recorrió los
42,195 kilómetros que separan Maratón de Atenas,
no fue por afán de propaganda, sino por necesidad
comunicativa: si él no anunciaba la victoria a los
La Liga griega de Delos
L
a historia de las relaciones entre Persia y Grecia durante el siglo
V a. C. no dejó espacio para el entendimiento. Si en un primer
momento fueron los persas los que se lanzaron sin piedad sobre
los griegos, éstos no dudaron luego en revolverse con furia hasta
que la situación les fue favorable, a pesar del menor tamaño de sus
fuerzas. Y las ciudades-Estado griegas encontraron en el enemigo persa
un acicate para ir labrando una mayor unidad de acción. Después de la
hazaña de las Termópilas –aunque acabara en derrota– y de las victorias
de Salamina, Platea y Mícala, los griegos se unieron en la llamada Liga de
Delos, un interesante experimento de confederación para lograr la fuerza
necesaria con la cual hacer frente a un enemigo más poderoso.
Su nombre viene de que la decisión de formarla se tomó en una
reunión en la isla sagrada de Delos. Se unieron a la Liga veintisiete
entidades locales o regionales tanto de la Grecia continental europea
como de islas o ciudades en el
Asia Menor. El objetivo con el que
se definió ya dejaba muy claro que
no iba a haber respiro para Jerjes
En la isla de Delos, en el archipiélago de
ni sus descendientes: “Vengar las
las Cícladas, se formó la Liga de polis griegas
que luchó contra el enemigo persa. En la
injusticias que sufrieron devastanfoto, las ruinas del templo de Isis.
do el territorio del rey”, en palabras
del historiador Tucídides. Dentro
de la Liga unas ciudades mandaban más que otras, y la líder era Atenas.
Discrepancias de opinión. Uno de los aspectos clave de la unión
era cómo repartir los esfuerzos de guerra. Cada ciudad podía elegir para ello entre aportar soldados propios o pagar un impuesto al
tesoro conjunto, que se ocuparía de contratar a la milicia. Muchos
escogían pagar la tasa, que dio origen a un tesoro que se guardaba
también en Delos. Pericles tomaría la decisión de trasladarlo a Atenas,
con la excusa de que allí estaría mejor protegido de los persas, pero a
las otras ciudades no les convenció el argumento, que lo vieron como
una excusa para dedicar el dinero a engrandecer Atenas. Este ensayo
de “unión griega” siempre estuvo sometido a sobresaltos.
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atenienses, los barcos persas que habían sobrevivido a la batalla y que viajaban ya hacia Atenas podrían sembrar el miedo entre ellos, y posiblemente
habrían creído que la contienda estaba perdida y
se habrían rendido sin luchar. De haber ocurrido
eso, la victoria en Maratón no habría servido para
nada. Filípides murió exhausto tras la carrera, pero
su sacrificio permitió que los atenienses fueran los
primeros en conocer lo ocurrido, mientras su ejército regresaba a la ciudad.
Había que ponérsela difícil al enemigo, dando
tiempo a Milcíades para llegar en su ayuda. Se barajaron varias opciones, pero al fin se les ocurrió
organizar un gran simulacro, vistiendo como soldado a todo aquel que pudiera sostenerse en pie,
ya fuera anciano, mujer o niño.
Los persas no llegaron a poner pie en tierra. Ante
la visión de lo que les pareció un ejército y temiendo quedar emparedados cuando llegaran por su
espalda los hombres de Milcíades, que regresaban
a toda velocidad, Datis decidió no arriesgarse y dio
media vuelta sin desembarcar.
Humillación aqueménida
Así acabó la Primera Guerra Médica, como se le ha
conocido tradicionalmente. La victoria contra pronóstico de Maratón convirtió de repente a Atenas en
una gran potencia que pasó a ser respetada y tenida
en cuenta en el concierto internacional de la época.
La humillación, lógicamente, no fue olvidada en
la corte persa. Darío enseguida empezó a hacer planes para una nueva campaña en territorio griego,
pero una rebelión en Egipto lo obligó a cambiar sus
prioridades. En el año 486 a. C. moriría sin haber
podido llevar a cabo la venganza con la que soñaba. Su hijo Jerjes heredó el imperio y la misión de
reducir a los griegos.Tras sofocar la revuelta egipcia
se dedicó a preparar la invasión de Grecia concienzudamente, durante nada menos que cuatro años.
Algunas de las decisiones estratégicas que el monarca aqueménida tomó fueron de gran magnitud,
como la de crear un puente formado por barcos
para que su ejército de infantería pudiera cruzar el
Helesponto –el estrecho que separa la Turquía asiática de la europea, hoy conocido como de los Dardanelos–. De esta forma pretendía aprovechar sin
obstáculos la superioridad numérica de su ejército.
Tan impresionante como esto fue la decisión de
construir un gran canal que atravesara el istmo del
monte Atos para evitar rodearlo, pues en el 492 a.
C. una flota persa había sido aniquilada al hacerlo.
Un contingente gigante
El ejército de Jerjes –encabezado por él mismo– entró en territorio europeo en el mes de abril del año
480 a. C. Se calcula que estaba formado por 200,000
hombres. En su camino hacia el sur de Grecia este
FOTO: ISTOCK
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ejército gigante tenía que cruzar por un estrecho
paso, las Termópilas. Los griegos entendieron muy
pronto que allí era donde podría tener menos eficacia la superioridad numérica persa.
Para la ocasión Atenas contó con un aliado de excepción, la ciudad de Esparta, con la cual, a pesar de
ser ambas griegas, mantenía una constante rivalidad. Atenas era una ciudad muy abierta, comercial,
mientras que Esparta –mucho más pequeña– era
una sociedad muy cerrada, volcada en hacer la guerra. En el mes de agosto, los persas llegaron a ese
desfiladero de las “puertas calientes” (que es lo que
significa Termópilas). Su ejército estaba entrenado
para una lucha en grandes llanuras abiertas,el escenario habitual de las batallas en Asia Menor. En los
espacios amplios, los persas decidían la batalla con
sus carros,su caballería y su innumerable infantería.
La historia de lo que sucedió en las Termópilas es
una de las más populares de la Antigüedad: el pequeño ejército griego se bastó para taponar el paso
de los todopoderosos persas durante dos días, con
un protagonismo muy especial del puñado de soldados que envió Esparta –los famosos 300 mandados
por Leónidas–, que compensaron su inferioridad
numérica con una increíble ferocidad que sorprendió hasta a los mejores soldados de Jerjes, el cual
observó la batalla desde una colina cercana,sentado
en un trono y poniéndose cada vez más nervioso.
FOTOS: GETTY IMAGES; EFE/ ZUMA PRESS
Freno a la expansión persa
A pesar de que el contingente espartano fue aniquilado, el precio pagado por Jerjes fue alto en
pérdidas humanas y en el retraso de sus planes.
De todos modos, al imponerse logró enseguida
controlar la región de Beocia –donde se encontraba Tebas– y abrirse paso sin impedimentos hasta
el Ática y su capital, Atenas. Los atenienses eran
conscientes de que no tenían nada que hacer y
evacuaron la ciudad por mar hacia Salamina.
Jerjes entró en Atenas sin oposición y la arrasó.
Sin embargo, el emperador persa creyó que no
era suficiente con eso. La dura resistencia le hizo
concluir que era necesario derrotar totalmente al
ejército de aliados griegos que tan capacitado se
había mostrado. Con esa idea obsesionándolo, se
preparó para dar la batalla contra la flota griega,
el último reducto de fuerza militar de la Hélade.
El episodio tuvo lugar en las aguas de la isla de
Salamina un mes después de las Termópilas. Una
vez más, se verificó que la superioridad numérica
podía resultar un obstáculo. La enorme flota persa
tuvo que luchar en los estrechos situados entre la
isla y la península, con escaso espacio para maniobrar. Los barcos persas se molestaban entre sí
y actuaban de manera descoordinada, sin lograr
una disposición eficaz. Los griegos, mucho más
ágiles y avezados en esas aguas, aprovecharon la
Mítico mensajero. Según Heródoto, la famosa
carrera de Filípides (aquí, en una ilustración) no fue de
Maratón a Atenas (42 km), sino desde ésta hasta Esparta
para pedir ayuda al gobierno espartano: 246 km en dos
días, una hazaña todavía más notable, de ser cierta.
En las Termópilas, Atenas contó con
un aliado de excepción, la ciudad de
Esparta, con la cual mantenía una
constante rivalidad.
oportunidad lanzando un ataque decisivo. En la
batalla cayeron unos 200 barcos persas.
Después de Salamina, Jerjes se vio obligado a
alterar sus planes; temía que los griegos fueran
capaces de destruir su puente de barcos sobre
el Helesponto e impedir así el retorno de su
ejército. Así que decidió retirarse con la
mayoría de él y dejar una unidad más
pequeña pero muy preparada al mando del general Mardonio, un veterano de las guerras contra los griegos.
Pero la suerte ya no parecía estar
de su parte. Un año después, en
la batalla de Platea, los persas
fueron derrotados por las fuerzas
confederadas de los griegos, entre
quienes destacó Pausanias, otro
aguerrido espartano, sobrino de
Leónidas. A esta derrota en tierra
firme se sumó otra en el mar, la de la
batalla de Mícala, que según Heródoto fue simultánea a la anterior.
Así acabó la Segunda Guerra Médica, que significó un importante freno al expansionismo persa.
Jerjes había apostado muy a fondo por el objetivo de conquistar
Grecia, y había fallado. El liderazgo persa podía ser discutido
donde parecía más incontestable: en el campo de batalla. El
Esto es esparta. El legendario
guerrero Leónidas (en un busto),
imperio empezaba a vacilar y
rey de los espartanos, luchó
Alejandro Magno, un siglo descon sus 300 soldados contra el
ejército persa de Jerjes I en la
pués, iba a ser el encargado de
batalla de las Termópilas.
darle la puntilla.
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ALEJANDRO MAGNO
Las ciudades que marcaron a Alejandro
Símbolos
de gra
Entre Macedonia y Persia, tres urbes
sellaron la vida y el destino del que
fue en su época rey de reyes. Pero
su ciudad soñada, Alejandría, lo
convirtió en un mito. Por Iria Pena Presas
C
La tumba de Ciro
iro el Grande reinó en Persia entre 558 y 530
a. C. Dirigió el Imperio aqueménida y consiguió dominar casi toda Asia occidental, hasta la invasión de Alejandro Magno dos siglos
después. Gobernó desde Pasagarda, capital
ancestral del reino persa. Tras su muerte, su
tumba (en la imagen) se convirtió en un lugar sagrado para sus sucesores. Los reyes debían realizar un
ritual de coronación ante ella, en el que repetían viejas costumbres nómadas. El nuevo rey acababa la ceremonia poniéndose la capa de Ciro, momento en que se consideraba ungido
con la soberanía de la antigua Pérside. La importancia de la
tumba como símbolo de la monarquía oriental quedó confirmada con la visita que Alejandro Magno le hizo en 324 a. C. a
su regreso de la India (algunos historiadores afirman que hubo
una visita anterior, en el año 331 a. C.). Alejandro se encontró
con una tumba saqueada en la que ya no quedaban las armas
ni el ajuar que decoraban el monumento, hecho que impulsó
al macedonio a buscar a los culpables de la profanación. Este
episodio no frenó a Alejandro, quien con su visita pretendía
convertirse en sucesor legítimo de Ciro uniendo los mundos
de Occidente y Oriente, su gran obsesión en esos años.
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ALEJANDRO MAGNO
E
ntre todas las ciudades que pisó y fundó Alejandro Magno en sus años de reinado, una destaca
en especial: Alejandría. La mítica urbe fundada en el año 331 a. C. en el delta del Nilo no conserva
ni el faro de Sóstrato de Cnido ni la biblioteca de Ptolomeo que la hicieron legendaria. En el lugar
de la antigua atalaya se levanta hoy el fuerte de Qaitbey (en la foto), mandado construir por el
sultán del mismo nombre en el año 1480. Para la edificación de esta fortificación se utilizaron los
restos de la antigua construcción, destruida completamente tras los terremotos de 1303 y 1323.
La urbe fue una ciudad opulenta organizada siguiendo un plano hipodámico. Se dividió administrativamente en cinco distritos que se denominaron como las primeras cinco letras del alfabeto griego.
Tras la muerte de Alejandro la ciudad siguió manteniendo una posición privilegiada, convirtiéndose en el
centro de la cultura griega y de la difusión del helenismo por el resto de Egipto.
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La metrópoli soñada
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ALEJANDRO MAGNO
La venganza
de Alejandro
P
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ersépolis (en la
imagen), la capital ceremonial del
Imperio aqueménida, fue construida por Darío el
Grande, embellecida por su hijo y sucesor Jerjes y
destruida por Alejandro Magno. El
macedonio y su ejército partieron
de Susa (la capital política del Imperio persa) a mediados de diciembre del año 331 a. C. con el objetivo
de tomar Persépolis, que cayó en
manos de Alejandro en enero del
siguiente año. Los macedonios se
encontraron con una ciudad imponente, de edificios monumentales que glorificaban a los reyes
persas. La destrucción de la urbe
se dio meses después de su toma,
y los motivos para incendiarla aún
no están claros. Plutarco y Diodoro
relatan cómo un Alejandro borracho lanza la primera antorcha al
palacio de Jerjes en venganza por
la quema de Atenas por parte del
rey persa. Por su parte, historiadores actuales ven en el incendio
de Persépolis un símbolo de poder
político: el anuncio de Alejandro a
Oriente del fin del dominio persa.
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ALEJANDRO MAGNO
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E
Cuna de dos grandes
n el siglo V a. C. Egas dejó de ser la capital
de Macedonia. Para dominar y controlar los
nuevos territorios del reino fue necesario
buscar un nuevo enclave estratégico, por lo
que la urbe costera de Pella (en la foto) fue el
lugar escogido. La ciudad seguía un trazado
hipodámico (división ortogonal regular del
espacio urbano) y en el centro se situaba el ágora y alrededor
surgían las viviendas, de entre 2,500 y 3,000 metros cuadrados las más grandes. Las casas más ricas estaban pavimentadas con elaborados mosaicos que representaban escenas
mitológicas basadas en pinturas de la época. Arquelao I y
Amintas III engrandecieron la urbe, llevando a artistas y poetas como el pintor Zeuxis o el dramaturgo Eurípides. Y en esta
ciudad nacieron los dos gobernantes más importantes de
Macedonia: Filipo II y su hijo Alejandro Magno. El primero se
crió en el palacio de Pella, una construcción pensada no sólo
para residir, sino para gobernar y dirigir la administración de
Macedonia. Alejandro, por su parte, recibió en esta ciudad los
conocimientos de un maestro ejemplar: Aristóteles.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
El ejército macedonio
Diseñado para
la victo
Fue el protagonista indiscutible de las conquistas de
Alejandro: profesional, especializado y perfectamente
organizado, acabó por convertirse en una maquinaria
bélica sin rival durante casi dos centurias. Por Alejandro Noguera
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FOTO: LATINSTOCK
ria
La travesía por el desierto de Gedrosia. Fue uno
de los capítulos más negros para el ejército macedonio,
pues sucumbió gran parte de sus efectivos. En la imagen,
el famoso momento en el que Alejandro rehusó beber
agua, mostrándose como un dios ante sus soldados.
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ALEJANDRO MAGNO
D
esde muy joven, el príncipe
Alejandro estuvo inmerso en
la sociedad guerrera de Macedonia.Vio cómo su padre, Filipo, partía a la guerra con sus
primos y tíos, y cómo algunos no retornaban. Los aedos
cantaban junto al fuego las gestas de sus ancestros y las hazañas de los héroes homéricos. Siendo un niño, cuenta Plutarco que preguntó a los
embajadores persas sobre su territorio, ciudades
y ejércitos; a pesar de ser una anécdota probablemente apócrifa, es indudable que el rey macedonio se interesó por la guerra desde muy joven. El
ejército macedonio fue una de las mejores maquinarias de guerra de la Antigüedad, y su paulatino
perfeccionamiento y su forma de usarlo hicieron
posible que un pequeño reino del norte de Grecia
se convirtiera en la potencia hegemónica del Mediterráneo oriental desde finales del siglo IV a. C.
hasta la llegada de la República romana.
Un ejército heredado
La importancia
de los augurios.
El joven conquistador
tuvo siempre muy en
cuenta las predicciones
de sus sacerdotes. En
la imagen de abajo,
Alejandro durante un
ritual justo antes de la
batalla de Gaugamela.
No obstante,no debemos olvidar que dicho ejército
no fue creado por el rey Alejandro III, por todos conocido comoAlejandro Magno,sino por su tío el rey
Alejandro II, y desarrollado y perfeccionado por su
padre Filipo II. En un discurso declamado ante sus
tropas cerca de Babilonia poco antes de su muerte,
el Magno indicó que fue su padre quien los organizó como ejército. Éste y muchos otros indicios
demuestran que el ejército que vamos a describir
no fue formado inicialmente por el gran conquistador. Sin embargo, fue él quien tuvo la habilidad
La falange macedonia y la sarisa
E
sta unidad permaneció imbatida en los
campos de batalla durante casi dos siglos.
Se basaba en la disciplina y el orden al
guerrear. En su armamento destacaba
una pieza, la sarisa. Este tipo de lanza tenía varias
versiones: la de infantería era una pica larga que
durante el reinado de Filipo y Alejandro medía
entre 4.5 y 5.5 metros de longitud, con una punta
delantera de unos 50 centímetros de largo y una
trasera de forma trapezoidal que podía hincarse
en el suelo. Con esto se dotaba de estabilidad al
arma y se hacía posible que se pudiera separar en
dos partes; una pieza tubular de bronce unía en su
centro las dos astas impidiendo así un exceso de
vibración a la hora del choque.
Fabricadas en madera. Sin embargo, los macedonios denominaban sarisa a toda arma dotada de
un asta: desde las flechas, las jabalinas y las lanzas
cortas hasta las sarisas de caballería y la sarisa larga
de infantería, la más famosa. La raíz “sar” significa
“roble” en griego. De hecho, la denominación de la
flecha en latín (sagitta) proviene de la misma raíz.
En todo caso las sarisas macedonias solían fabricarse
con madera de cornejo rojo, muy flexible pero sólida, o de fresno, un árbol más común en Asia.
logística, táctica y estratégica para convertir y utilizar dicha maquinaria con la sabiduría necesaria
para conseguir sus fines.
El ejército de Alejandro Magno estaba compuesto
por infantería, caballería, artillería, marina y una
serie de unidades especializadas. Por otra parte,
toda una corte iba junto al rey, así como una verdadera expedición científica, además de los habituales seguidores que tenían todos los ejércitos:
prostitutas, mercaderes de esclavos y de todo tipo
de productos,compañías teatrales,etc.No obstante
cuando el rey necesitaba que sus tropas avanzaran
rápidamente dejaba a su séquito y seguidores para
que lo siguieran a mayor distancia.
La infantería del ejército macedonio bajo Alejandro III puede subdividirse en tres grupos: los
súbditos macedonios, los aliados griegos o balcánicos y los mercenarios, también con los mismos
orígenes. Los súbditos macedonios constituían el
núcleo central de la hueste. Conformaban, por una
parte, la falange macedonia, y por otra, una unidad
de arqueros. La falange estaba formada, a su vez,
por tres tipos de componentes: los hipaspistas, los
asthetairos y los pezhetairoi.
La infantería
Los hipaspistas eran, como su nombre griego indica, los “portadores de escudos”, es decir, escuderos
en su origen, pero que ya en la época de Filipo se
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FOTO: ANDRE CASTAIGNE
MUY INTERESANTE
FOTOS: BRITANNICA; GETTY IMAGES
Una unidad móvil. Es probable que
tanto los hipaspistas como los demás falangitas, cuando no luchaban en batallas
campales, desmontaran sus sarisas largas
para usar tan sólo la mitad delantera
durante las marchas y los asedios, o
bien que las cambiaran por jabalinas. La
longitud de estas lanzas permitía que
las puntas de las cuatro primeras filas
sobrepasaran el frente, dando a la falange
el aspecto de un puercoespín. La ligereza
del resto del armamento hacía que fuera
una unidad bastante móvil, que podía
evolucionar en el campo de batalla e impresionar a sus oponentes cambiando de
frente o mutando su formación a voluntad. Esto requería de un entrenamiento
de alto nivel y una gran compenetración
entre sus integrantes. De este modo,
ninguna unidad enemiga, ya fuese de caballería o de infantería, conseguía romper
el frente de una falange macedonia bien
dispuesta. Posteriormente, tras la muerte
de Alejandro Magno, por primera vez se
enfrentaron falanges de tipo macedonio
Su gran versatilidad le permitió adaptarse a todo tipo de tropas
enemigas. En esta pintura, una falange macedonia espera la carga
de los elefantes de guerra en el curso de la batalla del Hidaspes.
unas contra otras. Fue entonces cuando
se inició una escalada armamentística.
Las sarisas fueron alargándose progresivamente: si una falange disponía de unos
centímetros más, ganaba cierta ventaja
sobre sus oponentes.
Paulatina transformación. Por otra
parte, fueron incrementando el peso de
su armamento defensivo: las corazas se
fueron generalizando, las que eran de
lino o cuero fueron agregando el bronce;
los escudos, que eran de 60 centímetros
de diámetro (salvo para los hipaspis-
habían constituido en un cuerpo independiente
para el que era reclutada la élite de los soldados
macedonios por su altura y habilidades guerreras.
Eran 3,000 hombres organizados en tres unidades
llamadas quiliarca, que significa una “unidad de
mil hombres”, y entre ellos los quinientos mejores
formaban parte de la agema de los hipaspistas, la
guardia real de infantería, que se relevaba por turnos para proteger al rey y lo acompañaba en todo
momento. Solían llevar el armamento tradicional
de los hoplitas griegos, es decir: casco, coraza de
cuero o lino con su correspondiente faldellín, grebas
para proteger las piernas, un escudo tipo hoplon (de
90 centímetros de diámetro, aunque sensiblemente más convexo que en el caso tradicional de espartanos y atenienses), la lanza media de los hoplitas
griegos (de aproximadamente 2 metros y medio de
longitud), una espada corta o un sable tipo kopis y
en ocasiones un puñal. No obstante, durante las
batallas suplían su lanza media por una sarisa larga
de falangita, como se puede ver con más detalle en
el recuadro de la falange macedonia.
Los asthetairos y pezhetairoi formaban la infantería de línea de la falange macedonia, y conformaban cada uno tres taxeis o regimientos de
1,500 hombres. La única diferencia entre estos dos
tipos de tropas consistía en que los pezhetairoi
eran reclutados en la Baja Macedonia en tanto que
los asthetairos procedían de la Alta Macedonia y,
tas), aumentaron su tamaño; el uso de
las grebas se extendió… De este modo
una unidad que era ligera y móvil pasó
progresivamente a ser lenta y estática. Al
mismo tiempo, el entrenamiento necesario fue escaseando, máxime cuando las
guerras y las migraciones debidas al rey
Alejandro y a sus sucesores, los Diádocos, habían despoblado Grecia en gran
medida. Así, las falanges de tipo macedonio no fueron capaces de hacer frente
a las legiones romanas a su llegada a la
Hélade y acabaron siendo derrotadas.
El ejército macedonio fue el gran
referente militar en la Antigüedad hasta
la llegada de las legiones romanas.
por ello, su habilidad en la lucha en terrenos montañosos era superior. El armamento de los 9,000
falangitas de línea de Alejandro Magno era más
ligero que el de los hipaspistas. Llevaban casco,
por lo general de tipo macedonio, coraza y grebas
en el caso de las filas primera, central y final. Lo
más probable es que los demás no llevaran coraza,
al menos en su mayoría. En cuanto al armamento ofensivo, portaban la sarisa larga y una espada
corta o sable tipo kopis.
Inferioridad en el mar. Al inicio de la guerra, los
persas tenían una marina mucho más potente que
la macedonia. Aquí, una pintura francesa del siglo XV
que representa el desembarco de Alejandro en Persia.
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33
MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
Una fuerza de
choque. Las huestes
macedonias contaban con una potente
caballería tanto pesada
como ligera. Aquí, los
jinetes macedonios
luchan contra los carros
persas, en una miniatura datada en el siglo XV.
Los 9,000 falangitas más los 3,000 hipaspistas conformaban la falange macedonia, que en batalla se
estructuraba en filas de 16 hombres. La unidad de
16 filas se llamaba syntagma, y seis de ellos constituían una taxis de 1,536 hombres.
Las tropas macedonias recibían su armamento
y vestimenta del Estado; por ello, podemos inferir
un cierto grado de uniformidad en las unidades.
Probablemente cada taxis o regimiento vestía un
color propio para distinguirse de la siguiente. Entre los súbditos macedonios también existía una
pequeña unidad de mil hombres formada por arqueros de élite que Alejandro Magno utilizaba a
menudo en sus incursiones. Asimismo, hay que
destacar un pequeño cuerpo de “pajes reales”, que
eran jóvenes nobles que servían al rey y que además recibían su educación en la corte.
La infantería macedonia se completaba con los
aliados y mercenarios griegos y balcánicos. Cuando Filipo unificó Grecia (salvo Lacedemonia) por
las armas, creó la Liga de Corinto. Entre las diversas normativas de esta liga, se incluía la obligación por parte de sus integrantes de enviar tropas
o fondos para el esfuerzo común de la guerra contra los persas, y varias fueron las ciudades-Estado
que enviaron a sus huestes.
Los reyes macedonios lideraban a sus
tropas en la primera línea, lo que causó
un gran número de bajas entre ellos.
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Aliados y mercenarios
Del mismo modo, Alejandro alistó mercenarios
procedentes de Grecia y los Balcanes. En total disponía de 7,000 aliados y 5,000 mercenarios griegos,
y además llevó consigo una unidad de 7,000 tropas
aliadas balcánicas (formada por odrisios, tribalos
e ilirios) y 1,000 jabalineros agrianos.
En total, Alejandro, al iniciar su expedición, disponía de 13,500 macedonios, 12,000 griegos y 8,000
balcánicos, es decir, unos 33,500 infantes. Para sus
golpes de mano lo que prefería era utilizar a los
agrianos y a los arqueros como si de “comandos”
modernos se tratara. Su velocidad y ligereza les
permitía realizar persecuciones en montaña, ataques a fortificaciones, acometidas nocturnas y
todo tipo de misiones especializadas.
La caballería
Este cuerpo del ejército, al igual que las tropas de
a pie, se subdividía entre los súbditos macedonios,
los aliados y los mercenarios. Los macedonios formaban dos unidades de caballería, los exploradores
y los “compañeros”. Los exploradores, también denominados prodromoi o sarisaforoi, eran caballería ligera utilizada como avanzadilla para divisar al
enemigo, buscar forrajes o emplazamientos para
campamentos. Estaban armados con la sarisa de
caballería, bastante más corta que la de infantería.
Desconocemos su número, pero probablemente
eran unos 600 repartidos en 4 ilai o escuadrones de
150. Si la falange constituía el yunque en la batalla,
la caballería de los hetairoí o compañeros formaba
FOTO: GETTY IMAGES
Compactos y disciplinados
el martillo. Se trataba de caballería pesada reclutada entre los nobles macedonios y sus seguidores,
así como entre otras personas que el rey deseaba
distinguir. Iban armados con casco de tipo beocio y
coraza de caballería acampanada o de lino reforzado con placas de bronce, y además usaban la sarisa
de caballería y la espada o sable tipo kopis. Formaban escuadrones probablemente de unos 200 hombres, que se alineaban en cuña para atacar. Una de
estas unidades era llamada el escuadrón real, que
disponía de 300 hombres y constituía la guardia a
caballo del rey macedonio. En total cruzaron a Asia
1,800 de ellos al principio de la campaña.
En la mayoría de las batallas, la falange servía
de yunque para fijar al enemigo mientras que la
caballería de los compañeros constituía el martillo que asestaba el golpe de gracia, mediante una
carga que chocaba contra las filas del adversario.
Esta táctica fue una de las grandes innovaciones
de los macedonios. El rey Alejandro iba al frente
de su guardia de caballería, pues los reyes macedonios siempre debían liderar a sus tropas desde
la primera línea de batalla, aspecto que causó no
poca mortandad entre ellos.
GRÁFICO: JOSÉ ANTONIO PEÑAS; HELLENIC INSTITUTE OF BYZANTINE STUDIES/ VENICE
Las “falanges medievales”. Las hazañas de Alejandro
se siguieron representando muchos siglos después de su
muerte. Aquí, una miniatura bizantina del siglo XIV que
ilustra la toma de Atenas, y en la que se muestra a las
huestes macedonias como si fueran un ejército medieval.
La caballería del ejército macedonio se completaba, al igual que la infantería, con tropas aliadas
y mercenarios provenientes del resto de Grecia y
de los Balcanes. La más valiosa de estas unidades
eran los jinetes tesalios. Estaban armados de forma
similar a los compañeros, contaban con su mismo
número y formaban tradicionalmente en rombo; a
menudo estuvieron bajo el mando de Parmenio, el
principal general de Alejandro. Pequeñas unidades
de caballería ligera griega y balcánica, en particular
la caballería peonia, completaban a los jinetes del
ejército. En total, el rey macedonio llevó consigo
unos 5,100 jinetes para conquistar el Imperio persa.
Un ejército sin rival
A
lejandro heredó de Filipo un ejército muy diferente al del resto
de Grecia. El rey macedonio perfeccionó las ideas del tebano Epaminondas convirtiendo la línea de batalla, con pocos
cuerpos de profundidad, en un muro de bronce impenetrable,
en el que las cinco primeras líneas combatían y el resto presionaban. Aún
más importante, formó un ejército nacional, que se mantenía en continuo
adiestramiento, frente a las tropas de las polis, formadas por ciudadanos.
Soldados profesionales. Tradicionalmente, el hoplita (el portador del
hoplon, el escudo) era un hombre libre que se pagaba el armamento
con sus propios recursos, y sólo combatía cuando la ciudad lo requería.
Únicamente Esparta y Tebas habían constituido antes una milicia profesional, pero ambas ciudades mantuvieron la tradición del soldado-guerrero
individual. En cambio, los hoplitas macedonios combatían como un solo
cuerpo, perfectamente coordinados en la formación del syntagma.
Nuevos tiempos, nuevas armas. Los cambios en la táctica se reflejaron en el equipamiento, que ahora era suministrado por el Estado.
La sarisa tenía que manejarse con ambas manos, así que el hoplon se
redujo hasta los 60 centímetros y se colgaba del hombro, dejando los
brazos libres. El yelmo corintio, que protegía toda la cara pero apenas
dejaba visibilidad, se cambió por el frigio, con su característico bonete
en la punta. La armadura de bronce dio paso a la coraza de lino y cuero, mucho más ligera. De esta manera, los infantes macedonios podían
desplazarse con mucha más rapidez que sus rivales y resistían mejor
el cansancio durante la batalla, como se vería en Queronea, donde los
griegos, agotados bajo el peso de sus armaduras, no pudieron resistir
frente al empuje de los endurecidos veteranos del norte.
Una vez establecida, la falange
macedonia era un auténtico muro
formado por lanzas y escudos, que
además se movía coordinadamente
como un solo cuerpo.
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35
MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
La batalla de Gaugamela
unidad lingüística: el griego era la lengua
común en el ejército de Alejandro,
mientras que entre las tropas persas se
hablaba una multitud de lenguas, lo cual
dificultaba la transmisión de órdenes. En
cuanto a la motivación, las tropas de la
expedición de Alejandro, en caso de ser
derrotadas, se habrían encontrado en
medio de territorio hostil, con el peligro
de enfrentarse a una larga retirada. También había que contar con la moral de
unos soldados que iban a conquistar un
imperio, frente a otros que luchaban por
un emperador al que no conocían. La
batalla se inició con escaramuzas y Darío
III lanzó sus carros falcados contra las
tropas macedonias. Éstas abrieron sus
filas ordenadamente y los dejaron pasar,
haciéndoles perder su ímpetu inicial. Al
mismo tiempo, el ala derecha persa atacaba, a lo que respondía el ala derecha
macedonia, en la que los mercenarios
pivotaron para proteger su flanco.
En cuanto a la marina, Alejandro dispuso a lo largo
de su reinado de varias flotas. Inicialmente como
comandante o hegemón de la Liga de Corinto, las
ciudades griegas le enviaron una flota heterogénea
de barcos de guerra y de transporte que le sirvió
para cruzar a Asia y que contaba con unos 160 barcos. La tremenda superioridad de las flotas persas
en el Mediterráneo y la falta de fondos de la monarquía macedonia al principio de la campaña empujaron a Alejandro a licenciar
a su flota tras la captura de
la ciudad de Mileto. A partir
de este momento, optó por ir
tomando las bases terrestres
de la marina persa.
Volvió a crear una pequeña
flota al mando de Proteas a finales del 334 a. C., para defender el territorio de Macedonia
en caso de recibir un intento
de desembarco persa. Del
mismo modo, en el 333 a. C.,
ya con mayores fondos, el rey
creó una marina puramente
macedonia. Pero no fue sino
hasta el asedio de Tiro en el
mismo año cuando AlejanEl sitio de Tiro. Alejandro demostró su
dro recibió la mayoría de las
genio militar construyendo una calzada
flotas fenicias ahora súbditas
para poder utilizar sus máquinas de asedio.
En esta ilustración los soldados macedonios
suyas, a las que añadió naatacan una brecha en las murallas de Tiro.
ves de Licia, Chipre y Rodas.
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Este choque supuso el principio del fin
del Imperio persa de los aqueménidas.
En la imagen, el óleo de Jacques Courtois
(1621-1676) La batalla de Gaugamela.
Genio táctico. En aquel momento, Alejandro inició una maniobra de
distracción cargando con su caballería
hacia la derecha para más tarde girar
e ir directamente contra el centro de
los persas. El ala izquierda macedonia
estaba casi desbordada; esto creó un
hueco en la falange por la que se infiltró
la caballería enemiga, la cual atacó el
Finalmente, en la India armó una escuadra para
descender el río Indo; luego la amplió y, con ella,
el almirante Nearco pudo retornar hasta Babilonia
por el Golfo Pérsico.
Las innovaciones de la artillería
Estos mecanismos eran un invento bastante reciente, ya que se concibieron en Siracusa a principios del
siglo IV a. C. Sin embargo, la catapulta de torsión,
que significaba un tremendo avance frente a sus
antepasadas, que eran mucho más simples, fue probablemente creada en Macedonia bajo los auspicios
de Filipo II poco después del 340 a. C., por el ingeniero Diades de Pella. Antes de este invento, las ciudades y plazas fortificadas, en general, se tomaban tan
sólo por hambre o traición, y ambos métodos solían
ser muy caros y costosos a largo plazo.
Las catapultas se transportaban en piezas o se fabricaban durante los asedios largos, y las había de
varios tamaños. Los macedonios las utilizaron tanto
desde tierra como montadas en barcos. De hecho, el
ingeniero de Alejandro, Arquídemo, ideaba barcos
especialmente diseñados para montar torres de asedio artilladas en su interior. Las catapultas supusieron un tremendo cambio en el ritmo de la toma de
ciudades. Además, también se usaron en campaña,
en particular durante el cruce de ríos, como fue el
caso del Iaxartes y el Eordaico. Las torres de asedio
con puentes levadizos, pese a no ser una innovación
propiamente dicha, al combinarse con la artillería
constituyeron un arma de lo más temible.
FOTOS: GETTY IMAGES
T
uvo lugar el 1 de octubre del año
331 a. C. en las cercanías de la
actual ciudad iraquí de Mosul.
Fue la mayor batalla en la que
luchó Alejandro y sin duda la más decisiva, pues el destino del Imperio persa y
de la expedición de los griegos se jugaba
en ella. El ejército persa superaba quizá
en más de tres a uno al macedonio. Esta
confrontación demostró cómo un contingente más pequeño podía superar a uno
mucho mayor en un campo de batalla.
¿Cómo venció Alejandro? Lo consiguió por varios factores. En primer lugar,
a un entrenamiento mucho mayor de
sus tropas: la falange macedonia y las
guardias de infantería y de caballería
eran tropas de más calidad que las persas; la mayoría de éstas estaban formadas por levas, y tan sólo la guardia, los
mercenarios griegos y ciertas unidades
de Asia central destacaban por su adiestramiento. En segundo lugar, estaba la
Los arqueros y jabalineros a caballo
fueron unidades de origen persa que
Alejandro incorporó a su ejército.
campaña, que acabaría prefigurando de este modo
las futuras expediciones científicas.
El ejército que hemos descrito es básicamente el
ejército de Filipo II y del inicio del reinado de Alejandro III. Sin embargo, a medida que avanzó y fue
conquistando territorios a través de Asia, sufrió importantes pérdidas, ya fuera por muertes, heridas
o enfermedades, aunque de igual manera fue recibiendo contingentes de refuerzos. El fenómeno más
característico de los últimos años de su reinado fue
la progresiva orientalización del ejército macedonio.
campamento en vez de girar y tomar por la retaguardia a los macedonios. Alejandro creó una gran
cuña con la caballería de los “compañeros”, que
chocó contra el centro enemigo obligando a Darío
III a emprender la huida. Como consecuencia, la
mayoría del ejército persa escapó y muchos se
salvaron, debido a que Alejandro tuvo que volver
para apoyar a su general Parmenio, sobrepasado
en su propia ala izquierda.
FOTO: LATINSTOCK
Unidades especiales
Pero la artillería no era suficiente para tomar ciudades; necesitaba de unidades de ingenieros y zapadores que crearan terraplenes, rampas, desvíos de
ríos y diques, como los dos enormes que se hicieron
para tomar Tiro, además de todo tipo de obras para
que las piezas de artillería cumplieran con su cometido. Estaban también todos los cuerpos de carpinteros, herreros y otras labores especializadas para
construir la artillería, las torres, los barcos, renovar
las armas o repararlas, así como los pontoneros,
curtidores de pieles, agrimensores, constructores,
etc. La administración del ejército requería de todo
un séquito de secretarios, escribas, personal de protocolo, alto mando y Estado Mayor. De igual modo,
el tren de equipajes crecía a medida que el colosal
ejército avanzaba. Alejandro dispuso asimismo de
un rudimentario servicio de información y de un
servicio de correos muy avanzado para su época.
Finalmente, el ejército contaba con un cuerpo de
sacerdotes y adivinos, que gozaban de gran consideración e importancia a los ojos de Alejandro: este
cuerpo se fue acrecentando con incorporaciones
locales a lo largo de las tierras conquistadas. Sabios
e intelectuales completaban esta verdadera expedición, algunos de la talla de Anaxarco de Abdera, el
sabio atomista, u Onesícrito de Astipalea, el filósofo
cínico y marino, acompañados de un gran número
de geólogos, botánicos, zoólogos, médicos, físicos
y toda suerte de filósofos, que fueron describiendo y recolectando datos y especímenes durante la
Influencia persa
En efecto, Alejandro Magno fue introduciendo paulatinamente tropas, sobre todo ligeras, de origen
oriental, eminentemente iranio (persas, medos y
bactrianos). Estaban formadas por arqueros a caballo y jabalineros a caballo, pero también hubo
todo tipo de tropas ligeras de infantería. Este fenómeno cobró mayor relieve justo antes de la muerte
del Magno, con la creación de un ejército paralelo
persa armado y entrenado a la macedonia. Sus
componentes habían sido educados como griegos
desde jóvenes. Cuando Alejandro pasó por Babilonia antes de ir hacia Asia Central y la India los
reclutó, y desde entonces habían sido entrenados.
Así, esta falange persa estaba lista para entrar en
combate. De la misma manera, quiso crear una falange mixta macedonia y persa en la que las tres
primeras filas y la última fueran de piqueros macedonios, y las filas centrales estuvieran formadas
por jabalineros y arqueros persas. Si la muerte no
hubiera sorprendido a Alejandro Magno en junio
de 323 a. C., quién sabe qué nuevos confines habría
conseguido alcanzar con su ejército.
La ingeniería al
servicio de la
guerra. Las catapultas
de torsión y las torres
de asedio artilladas o
con puentes levadizos
fueron grandes
innovaciones que
facilitaron la toma de
ciudades. A la izquierda,
la reconstrucción
de una catapulta
utilizada en tiempos de
Alejandro Magno.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
El despertar de Macedonia
Nace una nueva
potencia
Unos inicios modestos dieron paso a una historia
de lo más sorprendente, la de un pequeño reino
al norte de Grecia que acabaría por imponerse
a todas las polis de la Hélade y al todopoderoso
Imperio persa. Por Roberto Piorno
C
uenta la leyenda que Pérdicas, Gavanes
y Aéropo, herederos de Témeno, descendiente a su vez del mismísimo Heracles,
se vieron empujados a huir de su Argos
natal en dirección a Iliria para, posteriormente, recalar en la Alta Macedonia,
en la ciudad de Lebea, donde se ganaron
el favor del monarca, que los acogió y empleó. No tardaron
los ilustres hermanos en despertar los recelos del rey, que
decidió expulsarlos de sus tierras no sin antes liquidar sus
deudas remunerándolos, no muy generosamente, por los
servicios prestados. Terminó el monarca por arrepentirse, ordenando su búsqueda y captura, pero los fugitivos
lograron llegar hasta la Baja Macedonia, instalándose en
los jardines que habían pertenecido al rey Midas. Pérdicas
tomó así posesión de aquellas tierras, ampliando progresivamente sus dominios y reinando sobre toda Macedonia.
De esta manera, cuenta Heródoto, los Teménidas conquistaron Macedonia a finales del siglo VIII a. C. o a comienzos
de la centuria siguiente, cristalizando la hegemonía de la
dinastía Argéada –el linaje ancestral del que descendía
Alejandro Magno– sobre las tribus de una región que sabemos poblada al menos desde el Neolítico, pero cuyo origen
histórico sólo revelan los ecos del mito.
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Ignoramos hasta qué punto éste encierra referencias genuinamente históricas. El relato de Heródoto parece sugerir,
en clave legendaria, el origen de los macedones en las tierras
altas (la llamada Alta Macedonia histórica), que comprendían las regiones de Lincéstide al norte, Eordaea en el centro,
Elimea en el sureste y la Oréstide en el oeste.
Orígenes legendarios
En algún momento de finales del siglo VIII este ethnos, que
reconocía en Macedón, hijo de Eolo, a su más ilustre antepasado, descendió desde las tierras altas hacia las llanuras
aluviales de la Baja Macedonia, fijando en Egas el centro
político y administrativo de la dinastía hegemónica, los Argéadas, que habría logrado emerger de entre la constelación
de linajes locales que acaudillaban las diferentes subetnias
del crisol macedonio. El mito del exilio de los Teménidas,
probablemente, no es mucho más antiguo que la voz de
su primer cronista, Heródoto, que al igual que Tucídides
(o el Arquelao de Eurípides, donde también se recoge, con
variaciones, la leyenda) se habría hecho eco de un relato
construido por Alejandro I en la primera mitad del siglo V
a. C. y apuntalado por Arquelao a comienzos de la centuria sucesiva en el empeño por argumentar el origen griego
de su linaje, tratando de enfatizar las raíces helenas de los
macedones. Una cosa es cierta: en tiempos de Heródoto y
Tucídides nadie en Macedonia dudaba de la veracidad del
mito, y por extensión del origen griego de una monarquía
que descendía del mismísimo Heracles.
FOTO: GETTY IMAGES
¿Bárbaros o griegos?
Por tanto, ¿se podía considerar helenos a los macedones?
Muchos escritores griegos contemporáneos desdeñaban
a sus vecinos macedonios, a los que veían como incivilizados bárbaros, y a lo largo del siglo IV a. C. Demóstenes y
otros grandes políticos atenienses subrayaron con ahínco
la no helenidad de esta región en un contexto de abierto
enfrentamiento con Filipo II y su agresiva política expansionista. El griego era con seguridad una lengua de uso corriente en la antigua Macedonia, y por otro lado la práctica
totalidad de nombres y topónimos macedonios conocidos
son de origen griego. No sabemos casi nada del dialecto
macedonio que, según las fuentes, empleaban habitualmente para comunicarse las unidades de infantería del
ejército de Alejandro en Asia. Apenas sobrevive un puñado de vocablos inequívocamente macedonios y, aunque
se infiere la influencia iliria y tracia, no podemos siquiera
intuir las raíces lingüísticas de este dialecto. Por el contrario, la evidencia arqueológica apunta a la omnipresencia
El hogar de los primeros argéadas. Egas,
situada en la actual Vergina, al norte de Grecia, fue
la primitiva capital de Macedonia. En la imagen,
las ruinas del antiguo palacio real de Palatitsia.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
Los griegos los consideraban
bárbaros no por razones
étnicas, sino por lo arcaico
de sus instituciones y lo
rústico de sus costumbres.
El mundo
griego antiguo
F. Ruze y M. C. Amouretti, Akal, 2004.
Una obra clásica
para introducirse en
esta compleja época,
en la que con frecuencia el relato histórico
y el legendario se
confunden.
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Un linaje mítico. Los monarcas macedonios afirmaban
que eran descendientes de Heracles y por lo tanto tenían
sangre griega. En la imagen, la obra Hércules en la
encrucijada (1828), de Pietro Benvenuti (1769-1844).
prácticamente desde cero, de todas las estructuras
políticas, sociales y militares del Estado, que habrían de convertir a Macedonia en un tiempo récord
en hegemón incontestado del mundo griego, mediante un proceso de maduración política que provocó el nacimiento del primer gran Estado-nación
territorial de la historia de Occidente. Sin embargo,
ese proceso de autoafirmación de Macedonia como
Bajo la influencia persa
gran potencia no puede, en absoluto, desligarse de
La historiografía moderna ha tendido tradicional- las políticas acometidas por algunos de los momente a situar un drástico punto de inflexión en narcas más enérgicos de la dinastía Argéada en el
la historia de Macedonia en el ascenso al trono de transcurso de los siglos V y IV a. C.
Filipo II,atribuyéndole la completa transformación,
Desde las brumas del mito emerge a mediados del
siglo VI la figura de Amintas I,
primer monarca que ha dejado un rastro inequívocamente
histórico en las fuentes y cuyo
reinado está marcado por la
sumisión a la todopoderosa
Persia. Macedonia, a comienzos del siglo V a. C., y en vísperas del estallido de las Guerras
Médicas, era, de facto, el más
occidental de los Estados
clientes del Imperio persa. En
realidad, durante este periodo,
la política exterior macedonia
viene marcada por la debilidad
frente a sus vecinos, por la necesidad de salvaguardar sus
fronteras de las acometidas
de tracios, ilirios y peonios y
por la resignación frente a las
Poderío naval. Las marinas de guerra
exigencias de la gran potencia
griegas estaban formadas por galeras
político-militar del periodo,
de trirremes. Para su construcción era
fundamental la madera y Macedonia
inmersa en una costosísima
era uno de sus principales proveedores.
guerra con los griegos.
FOTO: PALAZZO PITTI, FLORENCE, ITALY; PINTURAS DE GUERRA
LIBRO
del griego en el día a día de la
corte y la administración.
Es más que probable que los
macedonios fueran bárbaros
a ojos de los griegos no por
razones de índole étnico-lingüística, sino simplemente
por lo arcaico de sus instituciones y lo rústico de algunas
de sus costumbres (no mezclaban el vino con agua, a la
manera griega). Así, hay que
entender los prejuicios de las
polis griegas hacia Macedonia como la proyección
de una cierta arrogancia cultural del sur hacia el
norte.Al fin y al cabo,los macedonios eran un pueblo
de simples pastores,apegados a estructuras tribales
muy primitivas con un modelo institucional nada
sofisticado, al servicio de un reino en el que apenas
existían ciudades dignas de llamarse así.
FOTOS: PARIS MUSEES COLLECTIONS
Las Guerras Médicas
Exigencias a las que tampoco pudo dar la espalda
Alejandro I, el primer gran “estadista” de la historia de Macedonia, responsable de la helenización
del reino, e impulsor de reformas que habrían de
sentar las bases de un Estado con cimientos político-institucionales sólidos y duraderos. Alejandro
I, cuyo reinado se prolongó durante medio siglo,
entre los años 498 y 454 a. C., hubo de lidiar con
un contexto político internacional incendiario y
con la incómoda posición del intermediario, del
convidado de piedra en el feroz enfrentamiento
entre griegos y persas. El monarca macedonio se
vio empujado, por puro instinto de supervivencia,
a jugar un doble juego: por un lado hubo de ser fiel
a los compromisos adquiridos por Amintas con
el Gran Rey, inclinándose nominalmente hacia
el bando persa en el transcurso de las Guerras
Médicas; pero, por otro, era un rendido admirador
de todo lo heleno y sus acciones dejan entrever
su predilección por la causa griega en el conflicto. Así, mientras ejercía de emisario de Darío y
Jerjes en las negociaciones con las polis, participando en el esfuerzo militar persa con la cesión
de modestos contingentes, el rey, al que a raíz de
sus victorias en los Juegos Olímpicos (hasta donde sabemos, fue el primer monarca macedonio
que tomó parte) le fueron otorgados por Atenas
honores de proxenos (embajador) por sus buenos
servicios a la polis ática, asesoraba en secreto a
los griegos, proporcionando información que habría de ser crucial, por ejemplo, en la victoria de la
Liga Helénica en Platea (479 a. C.). Alejandro I, por
consiguiente, gozaba de una notable reputación
en ambos bandos y supo hacer de la necesidad
virtud, eludiendo la enemistad de los dos contendientes y sacando partido del doble juego con
las anexiones de Crestonia, Migdonia o Bisaltia y
partes de la Calcídica. Aprovechó para ello la retirada del ejército persa, al que derrotó en Anfípolis, con lo que ganó definitivamente la amistad y
el reconocimiento de los griegos, que no dudaron
en otorgarle el título simbólico de “filoheleno”.
En la segunda mitad de su reinado, las relaciones del rey con Atenas se enturbiaron a raíz del
creciente imperialismo de la polis ática, cada vez
más interesada en formalizar su presencia en territorio macedonio. A su muerte en 454, Alejandro
I dejaba tras de sí, además, una ambiciosa reforma
de la caballería, que pasó a estar integrada exclusivamente por miembros de la nobleza a los que
se conocería a partir de entonces como los hetairoí
(compañeros), lo que selló el nacimiento de uno
de los ingredientes más característicos y eficaces
de la maquinaria bélica de Filipo y Alejandro. El
rey falleció a la avanzada edad de ochenta años
en circunstancias que no son bien conocidas. Lo
Las instituciones macedonias
E
l Estado macedonio estaba constituido alrededor
de dos únicos pilares: el
rey y los macedones, que
eran los ciudadanos que nutrían
las filas del ejército y que, por ese
mismo motivo, tomaban parte en
una de las pocas instituciones que
atenuaban el poder del monarca:
la asamblea. Ésta estaba compuesta por el rey y los ciudadanos en
armas y, de lo que cabe deducir
de las fuentes, era una institución
un tanto informal, cuyas disposiciones no eran vinculantes, pues
la última palabra estaba siempre
en manos del rey. Sí jugaba un
papel central en la designación del
sucesor a la muerte del monarca y
juzgaba casos de traición, aunque
sus poderes, según se infiere
de las fuentes, debían de ser
limitados. Un carácter igualmente
informal tenía la hetaireia, que
era el círculo de los “compañeros
del rey” con los que cabalgaba en
el combate y constituía el núcleo
duro de la caballería. Los compañeros no eran sino aquellos
individuos que más confianza
inspiraban al rey y que le hacían
compañía en los banquetes.
La élite del reino. Poco a
poco, sin embargo, fue dando
cabida a los miembros de las
familias más prominentes de la
Alta Macedonia, muy especialmente a partir del reinado de Filipo, y entre los compañeros más
destacados se seleccionaba a los
alumnos de la Escuela de Pajes,
una auténtica cantera de oficiales
macedonios cuya sede estaba en
Díon y que con certeza existía ya
en tiempos de Arquelao. Filipo
fue quien le dio su forma definitiva, pero la Escuela ya formaba a
la élite de la corte, el ejército y la
administración desde, al menos,
finales del siglo V a. C.
La hetaireia
Eran los
compañeros
con los que el
rey cabalgaba
en combate, y
provenían de
las familias más
importantes de
Macedonia. Aquí,
una miniatura
medieval donde
se les representa.
único seguro es que a su muerte estalló una de
las incontables crisis dinásticas que precedieron
a la coronación de no pocos de los monarcas de la
casa Argéada. En Macedonia no existía el principio
de la primogenitura; el nuevo rey tenía que contar
con el visto bueno de la asamblea (formada por
los ciudadanos que prestaban servicio militar), circunstancia que, sumada a la institucionalización
de la poligamia, propiciaba que en cada proceso
sucesorio, de manera casi sistemática, proliferaran aspirantes al trono y con ellos las intrigas y
la violencia. El trono vacante de Alejandro I tenía
muchos pretendientes (el rey tuvo, como mínimo,
seis hijos), aunque finalmente fue Pérdicas II el que
hizo valer sus derechos. Se encontró con un conflicto abierto con Atenas, que cada vez más extendía sus tentáculos por las costas del golfo Termaico,
poniendo así en riesgo la integridad territorial de
PERSONAJE
Arquelao I, hijo
bastardo de Pérdicas II,
tuvo un reinado corto
(413-399 a. C.) pero
muy fructífero: trasladó
la capital a Pella,
aseguró las fronteras
del reino, reforzó sus
estructuras económicas
y estableció las bases
de un potente ejército.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
tras de sí un reguero de sangre, pues
eliminó uno por uno a todos los pretendientes alternativos.
Relaciones con Atenas
Larisa, capital de esta
región, estuvo ocupada
por Alejandro II hasta
la intervención de
Tebas en 368 a. C.
Arriba, una imagen de
los restos del antiguo
teatro de la ciudad.
Macedonia. Ésta era un enclave absolutamente
estratégico para los atenienses; no en vano, era
el principal proveedor de la madera con la que se
fabricaban los trirremes que sostenían el imperio
ateniense y el esfuerzo bélico contra Esparta en
la Guerra del Peloponeso. A lo largo del dramático conflicto que desangró a las polis griegas en la
segunda mitad del siglo V a. C., Macedonia osciló
según conveniencia hacia Esparta oAtenas en busca de un equilibrio que le permitiera contrarrestar
la amenaza de ambos contendientes. Y en medio
de ese delicado juego de alianzas, murió el rey por
causas naturales, sucediéndole un hijo bastardo,
Arquelao, que según Platón llegó al trono dejando
Intrigas en la corte
L
a mujer jugó un papel muy
menor, prácticamente invisible,
en el ámbito de la polis. No
sucedió lo mismo en Macedonia, donde la idea misma del poder
estaba íntimamente ligada al concepto
de dinastía. En un Estado monárquico
como el macedonio, la separación entre
el espacio privado (femenino) y el espacio público (masculino) era inexistente.
La realidad es que la pertenencia a la
familia real Argéada significaba poder y,
aunque la macedonia era, naturalmente, una sociedad patriarcal, la cuota de
poder e influencia política de las mujeres del linaje real era considerable. Las
mujeres garantizaban la sucesión y los
matrimonios, en el contexto de la corte,
eran alianzas políticas en toda regla.
Muchos de los reyes de la casa Argéada
eran, además, polígamos. Esto creaba
un vínculo estrechísimo entre los ni-
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La Argésda fue una
dinastía convulsa: su
historia está salpicada de
magnicidios, usurpaciones y
feroces luchas por el trono.
Eurídice
Amintas III
ños-pretendientes y sus
madres, que maniobraban
Pérdicas III
Filipo II
Alejandro II
en la corte para promocionar
a sus vástagos en perjuicio
de los de las otras esposas
del rey. Uno de los perfiles
Alejandro III (El Magno)
femeninos más prominentes
de la historia de Macedonia
fue el de Eurídice, esposa de
Amintas III y madre de hasta
tres reyes: Alejandro II, Pérdicas III y,
to Amintas fue amante, o incluso esposa,
finalmente, Filipo II.
según algunas fuentes, de Ptolomeo de
Las mujeres y la sucesión. Se sabe
Aloro, el asesino de su hijo Alejandro II.
que Amintas era polígamo, por lo que
Es muy posible que decidiera “perdonar”
necesariamente Eurídice tuvo que mael crimen al nuevo hombre fuerte de la
niobrar hábilmente para que sus descencorte con el único propósito de proteger
dientes ocuparan el trono en perjuicio de los derechos dinásticos de sus dos hijos
los hijos de otras esposas. Una vez muervivos: Pérdicas y Filipo.
FOTO: STG_GR1 FROM ABELONAS, GREECE; GETTY IMAGES/ISTOCK
Los vecinos de
Tesalia. La polis de
Reinó apenas durante 14 años, pero
ningún otro monarca macedonio dejó
semejante impronta y tan fructífero
legado hasta la coronación de Filipo
II. Su ascenso al trono coincidió con el
colapso en la Guerra del Peloponeso
de Atenas, que cada vez dependía más
del favor del rey de Macedonia para su
vital abastecimiento de madera, toda
vez que su otro gran mercado, Sicilia,
estaba perdido para siempre tras la
desastrosa expedición de 415-413 a. C.
Atenas y Macedonia estaban, pues, condenadas a
entenderse. Con el frente en la Calcídica relativamente tranquilo, Arquelao pudo concentrarse en las
fronteras occidentales y en asegurar la lealtad, mediante alianzas matrimoniales, de las aristocracias
de la Alta Macedonia, que históricamente habían
recelado de la autoridad y hegemonía de los Argéadas. La próspera relación comercial con Atenas, con
la madera como protagonista, y la explotación de
las minas de plata de Bisaltia, ahora bajo control
macedonio, propiciaron una primera edad de oro
que permitió al rey acometer una ambiciosa reforma militar de la que no tenemos demasiados datos,
pero que comportó una sustancial modernización
Macedonia era una región básica para Atenas,
ya que la surtía de madera para sus trirremes.
del ejército, coronada por una mejora notable de
los mediocres contingentes de infantería. Por vez
primera, bajo Arquelao, Macedonia dispuso de un
ejército eficiente,operativo y organizado; sobre esta
base, ya muy sólida, construiría Filipo la máquina
militar macedonia que habría de poner de rodillas
a toda Grecia y al Imperio persa.
El rey, por otro lado, trasladó la residencia real
desde Egas a Pella, de tal manera que la vieja capital siguió teniendo un papel simbólico muy significativo por alojar las tumbas de los miembros
de la casa real, mientras Pella, que gozaba de una
posición geográfica mucho más estratégica, se
convertía en el centro político y administrativo
del reino. Arquelao era un declarado amante de
la cultura griega, y su nueva capital se convirtió
en un imán para atraer a la corte a la flor y nata
de la intelectualidad griega de la época. En ella
había asiduos personajes de la talla de Eurípides,
Píndaro, Hipócrates o Timoteo.
FOTOS: GETTY IMAGES
Conflictos fronterizos
Pella floreció y se convirtió en uno de los epicentros intelectuales del mundo griego, y Arquelao
I, con sus políticas reformistas, sus dotes diplomáticas y su mecenazgo cultural filoheleno, sentó las bases estructurales del reino hegemónico
que sus sucesores habrían de construir. No sus
herederos más inmediatos, ya que la obra y el legado de Arquelao se vieron seriamente comprometidos tras su asesinato a manos de Crátero, un
pretendiente que perpetró el magnicidio en una
cacería. Se abrió así un periodo de turbulencias e
intrigas en la corte que erosionaron los cimientos
del reino y despertaron el apetito de atenienses,
espartanos y calcidios y de nuevos actores políticos de la zona, como la reforzada Beocia o una
Iliria desbocada bajo el liderazgo del rey Bardilis.
Finalmente, en 393 a. C., seis años después de la
muerte de Arquelao, la crisis sucesoria quedó cerrada en falso con la coronación de Amintas III.
Éste, desbordado por todos los frentes, hubo de
sucumbir a las injerencias exteriores y perdió el
control de la Alta Macedonia, lo que le obligó a
exiliarse en Tesalia, desde donde, con ayuda de
los Alévadas de Larisa, logró recuperar el trono.
Mientras, hubo de apoyarse en Beocia y Esparta para poner freno a la presión en el sur de la
Liga Calcídica, de tal modo que a su muerte en
370 a. C. los hijos de Amintas recibieron una herencia envenenada. Fueron los tres vástagos de
su unión con la reina Eurídice quienes, sucesivamente, ocuparían el trono, comenzando por el
primogénito, Alejandro II. A éste, nada más ceñir
Foco cultural. Con el reinado de Arquelao, la capital macedonia
de Pella se convirtió en un centro cultural e intelectual de primer
orden. Grandes personajes como el poeta Píndaro (aquí, en una
escultura de mármol) la visitaban con frecuencia.
el cetro, le fue remitida la exigencia de los Alévadas de Larisa, que pasaban factura por viejos
favores exigiendo al flamante monarca ayuda
para derrotar al tirano de Feras. El rey, en efecto,
acudió a la llamada y ocupó en persona diversos
territorios en Tesalia que, posteriormente, se
negó a restituir a sus aliados Alévadas. Éstos,
naturalmente, no se quedaron de brazos cruzados y pidieron auxilio a Tebas, nueva potencia
hegemónica entre las polis griegas, que ocupó
Larisa en 368 a. C. expulsando a Alejandro
II y forzando una alianza bilateral entre
Tebas y Macedonia sellada con la entrega, por parte de Alejandro, de rehenes
pertenecientes a las treinta familias
más notables de Macedonia. Uno de ellos, aún
un niño por aquel entonces, era el futuro Filipo
II. Tebas forzó un precario entendimiento entre
el monarca y uno de los nobles macedonios más
prominentes, Ptolomeo de Aloro, que pronto se
convertiría en el personaje más influyente de la
corte macedonia.
Una herencia envenenada
En pocos meses Alejandro II murió asesinado, en
una conspiración urdida, según algunas fuentes,
por el propio Ptolomeo, que al parecer era amante
de Eurídice, viuda de Amintas. El usurpador fue
regente de Macedonia durante tres años, y sólo
las presiones de Tebas propiciaron que los derechos dinásticos de los hijos de Amintas (Pérdicas
y Filipo) fueran nominalmente respetados. Finalmente la sucesión, como era habitual en la corte
macedonia, hubo de resolverse mediante la eliminación de rivales. Harto de esperar a que Ptolomeo
hiciera efectivo su compromiso, Pérdicas optó por
la vía rápida asesinando al intruso y devolviendo
el trono al linaje de Amintas III. Pérdicas III heredó
una Macedonia en estado de descomposición, con
los atenienses campando a sus anchas en la Calcídica y Bardilis, y liderando una nueva invasión
en la Alta Macedonia, todo ello frente a la total
impotencia del rey, que perdió la vida batallando
infructuosamente contra los ilirios. Ésa fue la caótica Macedonia con la que el joven Filipo, coronado
en 359 a. C., tuvo que lidiar: un Estado que hacía
aguas por casi todos los frentes, pero con unos
cimientos estructurales más sólidos, gracias al
legado de Alejandro I y Arquelao, de lo que la historiografía moderna ha querido reconocer.
LIBRO
Grecia en el
siglo IV a. C.
José Pascual González,
Síntesis, 1997. Amplio
estudio sobre las
relaciones políticas en
la Hélade, desde el
final de la Guerra del
Peloponeso hasta las
conquistas de Filipo de
Macedonia.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
Las polis griegas contra el Imperio persa
¡Enemigos
FOTO: GETTY IMAGES
a la vista!
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Las Guerras Médicas fueron una
etapa dentro de los más de dos
siglos de lucha entre griegos y
persas, una lucha que no cesó
hasta la conquista del Imperio
aqueménida por Alejandro
Magno. Por Antonio Penadés
A
principios del siglo V a. C., el Imperio
persa comprendía todas las naciones
situadas entre el mar Egeo y el río Indo.
El centro administrativo era Susa, en la
meseta iraní, pero el gran rey otorgaba
un amplio espacio de libertad política y
religiosa a los sátrapas y dinastías locales
con tal de que mantuvieran el orden social en sus regiones y
cada año recaudaran el tributo establecido.
En esa expansión tuvo una gran relevancia el año 546 a. C., que
fue cuando el rey Ciro el Grande invadió la ciudad de Sardes, en
Asia Menor, pasando Lidia y Jonia a formar parte de los dominios
persas. En torno al año 500 a. C. los jonios decidieron alzarse
contra el rey persa, decisión que desencadenaría los sangrientos enfrentamientos entre persas y griegos que hoy conocemos
como Guerras Médicas (492-479 a. C.).
El promotor de la rebelión fue Aristágoras, tirano de Mileto, quien
en 499 a. C. se embarcó hacia Esparta y Atenas para recabar sus
apoyos. No convenció a los espartanos pero sí consiguió veinte
naves de los atenienses, a las que se unieron cinco más de Eretria (isla de Eubea). Cuando estas tropas llegaron a Asia Menor,
se unieron al ejército rebelde jonio y se dirigieron hacia Sardes,
capital de Lidia. Después de tomar la ciudad, los levantamientos se
extendieron por Anatolia, desde Bizancio hasta la región de Caria.
La rebelión jonia
Un punto de inflexión. En 480 a. C. se libró una batalla
naval en los estrechos de la isla griega de Salamina entre
una alianza de ciudades-Estado helenas y la flota del Imperio
persa, liderado por Jerjes I. En la ilustración, una escena de ese
combate que se saldó con una victoria decisiva para Grecia.
Tras esta afrenta, el rey persa Darío ordenó que una flota de trirremes fenicios invadiera Chipre para utilizar la isla como base para
sus operaciones navales, mientras que, por tierra, su ejército alcanzó a las tropas griegas en Éfeso y las derrotó. Atenas y Eretria
no prestaron su auxilio a los jonios en esta ocasión. Todas las
ciudades griegas que se habían alzado fueron cayendo; todas
excepto Mileto, que pudo resistir refugiándose tras sus murallas.
Cinco años después, en 494 a. C., los jonios reunieron sus efectivos navales en Lade, un islote situado enfrente de Mileto, y
esperaron a los persas para ofrecerles batalla. Sus 350 navíos
procedían de Samos, Lesbos, Focea, Teos, Quíos, Priene y de la
propia Mileto. Los persas acudieron a Lade con unos 700 barcos
–sobre todo fenicios y egipcios–, presentaron batalla y ganaron
a los jonios con relativa facilidad. La temprana retirada de los
samios, una vergonzosa acción que supuso un lastre insuperable
para el bando griego, resultó crucial.
La consiguiente destrucción de Mileto fue terrible. La mayoría
de los hombres fueron asesinados por los persas y las mujeres
y los niños esclavizados, y el santuario de Dídima fue saqueado.
Al final, la rebelión de los jonios sirvió para que el rey Darío y su
hijo Jerjes contaran con una justificación para incluir en su lista
de pueblos sometidos a los griegos, en especial a los atenienses
por la ayuda prestada a los rebeldes.
Dos años después, en 492 a. C., los persas emprendieron su primera expedición hacia Grecia continental a las órdenes de Mardonio,
general perteneciente a la familia aqueménida. Tras recorrer las
costas de Asia Menor, cruzaron el Helesponto y sometieron sin
apenasresistencialaisladeTasosyMacedonia.Sinembargo,cuando continuaron su ruta hacia Occidente y bordeaban la península
de Atos, se abatió sobre la flota persa un huracán que lanzó contra
la costa a la mayoría de las naves, provocando cientos de muertos.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
En la llanura de Maratón. Allí tuvo lugar el enfrentamiento que definió
el desenlace de la Primera Guerra Médica en 490 a. C., pues la victoria
griega puso fin a esta primera fase de la contienda. Arriba, la ilustración
escenifica la encarnizada batalla entre las tropas persas y las griegas.
Expediciones aqueménidas
Guerra y
destrucción. En
FOTOS: GETTY IMAGES
Asia Menor, la antigua
ciudad de Dídima
(abajo, las ruinas del
templo dídimo de
Apolo) estaba muy
ligada al puerto de
Mileto, ubicado a
unos 15 km al norte.
Ambos asentamientos
fueron saqueados e
incendiados por el
ejército persa.
Después del fracaso de Mardonio, el rey Darío llevó
a cabo su famoso despacho de mensajeros para solicitar a las principales ciudades helenas “el agua y
la tierra”. La mayoría de los representantes griegos
concedieron ambos símbolos de sumisión a los heraldos persas, pero la leyenda cuenta que Atenas y
Esparta reaccionaron arrojándolos al báratro (infierno) y a un pozo respectivamente, instándoles a que
sacaran de allí la tierra y el agua y se la llevaran al rey.
Tras el escarnio sufrido por sus heraldos, inviolables e investidos de carácter sagrado, Darío decidió
emprender otra expedición militar para castigar a
Eretria y a Atenas por su participación en la quema
de Sardes. El ejército persa sería comandado esta
vez por un medo llamado Datis, con una flota de
más de un centenar de trirremes.
La flota de Datis asedió Eretria en 490 a. C. y asaltó
sus murallas durante seis días. Saquearon e incendiaron sus templos y, acto seguido, esclavizaron a
la población. A continuación cruzaron el canal de
Eubea y, siguiendo los consejos de Hipias –tirano
de Atenas entre 527 y 510 a. C.–, fondearon en la
playa de Maratón.
Pronto acudieron a Maratón 10,000 hoplitas griegos –soldados equipados con panoplia pesada– y
se instalaron a unos tres kilómetros de distancia.
De ellos 9,000 eran atenienses y el resto de Platea,
ciudad beocia que siempre mantuvo una relación
de amistad con Atenas. Las tropas griegas y las
persas permanecieron frente a frente durante
ocho días. Milcíades, el general que comandaba
las tropas atenienses y plateas, planteó una inteligente estrategia y consiguió formar un frente
similar al del enemigo –de más de un kilómetro de
anchura– a base de restar filas en la parte trasera
de la formación. El día de la batalla, los 10,000 hoplitas griegos comenzaron a correr con todas sus
fuerzas cuando se hallaban a unos 200 metros de
distancia y no se detuvieron hasta chocar contra
el frente enemigo. Con esa maniobra, los hombres de Milcíades quedaron expuestos el mínimo
tiempo posible a la nube de flechas de los arqueros persas y, de paso, aprovecharon el impulso
para cargar contra sus adversarios.
Los atenienses y los plateos sufrieron 192 bajas y
provocaron la muerte a unos 6,000 soldados bárbaros. La gran diferencia entre unos y otros residía en
que el ejército persa estaba compuesto por tropas
de infantería, ya que antes del choque reembarcó
los caballos para intentar un ataque simultáneo
en Atenas, mientras que los griegos utilizaron sus
falanges, formación de combate integrada por
hoplitas. En Maratón se enfrentaron unas tropas
endebles y desestructuradas contra un ejército
revestido de metal.
Tan sólo tres días después de la batalla, los espartanos llegaron a Maratón pero no pudieron hacer
más que felicitar a los atenienses por su victoria. La
celebración de las fiestas carneas les impidió llegar
a tiempo. La proeza de atenienses y plateos quedaría grabada para siempre en la memoria colectiva
de la Hélade. Fue la primera vez que un ejército
griego vencía a los persas en una batalla abierta, lo
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La astucia de Artemisia de Caria
N
arra Heródoto en su Historia
que, en el tramo final de la
batalla de Salamina, la nave
que capitaneaba la reina Artemisia de Caria, aliada de Jerjes, se vio
rodeada por los griegos. Su situación era
desesperada, pues un trirreme ateniense
había enfilado su perpendicular y estaba
a punto de embestir contra su costado.
Tácticas de guerra. Artemisia realizó
entonces una maniobra sorprendente:
ella misma ordenó atacar y clavar el
espolón de la proa de su navío contra
un trirreme licio, a pesar de combatir también para la flota persa. Con
esta estrategia, la reina consiguió un
triple objetivo: salvar la vida, pues los
atenienses desistieron de atacarla al
pensar que ella, al igual que ya había
hecho alguno que otro barco jonio,
había decidido cambiarse al bando de
los griegos; en segundo lugar, devolvió
a los licios una antigua afrenta que
ambos tenían pendiente, y, por último,
se ganó el reconocimiento de Jerjes,
pues el gran rey vigilaba el desarrollo
de la batalla sentado en lo alto de una
colina y, desde la distancia, creyó que
la nave hundida por la acción de Artemisia era griega. Al presenciar la maniobra de la reina, avergonzado como
estaba por la deplorable actuación
que resquebrajó esa imagen de imbatibilidad que
hasta entonces proyectaban las tropas asiáticas.
Impulsado por Mardonio y otros cortesanos, el
rey Jerjes, sucesor de Darío, convocó en Sardes en
480 a. C. a todas sus tropas, procedentes de cada
una de las naciones por él sometidas.Aquel ejército, el mayor reunido hasta entonces, emprendería
la expedición a Europa.
FOTO: EFE
El paso de las Termópilas
Cuando llegaron a Esparta las noticias de semejante desplazamiento militar –más de 200,000 efectivos de infantería y de caballería y unas 600 naves–,
el rey Leónidas consideró necesario adelantarse y
esperar a los persas en la montaña que éstos debían superar, pues allí se les ofrecía la oportunidad de hacerles frente. Defendió sus argumentos
ante las instituciones espartanas pero las fiestas
carneas se interpusieron de nuevo, por lo que sólo
pudo conseguir una dispensa especial para llevar
consigo a su guardia personal, compuesta por 300
hoplitas. En pleno verano de 480 a. C., Leónidas y
su guardia, acompañados por unos 1,000 periecos
y otros 1,000 hilotas no combatientes, se pusieron
en marcha rumbo al paso de las Termópilas, en
el extremo meridional de la región de Tesalia. Se
les unieron por el camino 400 combatientes tebanos, 700 de Tespias y unos 1,000 focideos y locros
opuntios. En total, Leónidas tuvo a su servicio a
unos 4,000 hombres. Cuando los guerreros griegos
llegaron a las Termópilas, acamparon junto a un
antiguo muro levantado por los habitantes de Fócide. Después de varios días de espera, provocada
por una tormenta que hizo naufragar a una parte
de la flota persa frente a la costa de Magnesia, el
rey Jerjes envió un último mensaje a Leónidas:“Entrega las armas”,y recibió de éste una contestación
lacónica y contundente: “Ven por ellas”.
La reina Artemisia (en la ilustración)
gobernó la satrapía persa de Caria y luchó contra
las polis griegas en la Segunda Guerra Médica.
de su armada, Jerjes exclamó: “Los
hombres se me han vuelto mujeres, y
las mujeres, hombres”.
En 492 a.C., los persas emprendieron su
primera expedición hacia Grecia a las
órdenes del general Mardonio.
En su ataque inicial, Jerjes lanzó contra los griegos a los contingentes medos y cisios, quedando
patente la superioridad táctica y armamentística
de las compactas falanges helenas. Posteriormente fueron los “Inmortales”, la guardia personal del
rey, quienes tomaron la iniciativa, pero la mayor
longitud de las lanzas griegas y las maniobras de
los lacedemonios hicieron que el contingente persa
sufriera la misma suerte. Irritado ante el desastre,
Jerjes ordenó a su flota que se enfrentara a atenienses y eginetas en el cabo Artemision para desembarcar en la retaguardia del campamento griego;
sin embargo, las naves persas no se habían reorganizado tras la tempestad y la batalla naval quedó en
una escaramuza con resultado de tablas.
Fin de una batalla
Acabada la segunda jornada de combates, cuando
más desesperado se encontraba Jerjes ante aquella
inesperada resistencia, un lugareño llamado Efialtes comunicó al gran rey cómo rodear al ejército
griego. Aquella deshonrosa traición desencadenó
uno de los gestos que más dignifican al rey Leónidas: su decisión de no querer obligar a sus aliados
a participar en aquel suicidio colectivo. Cuando los
persas descubrieron la senda Anopea, que ascendía por la montaña y desembocaba más allá de la
retaguardia griega,Leónidas dio permiso al resto de
combatientes griegos para regresar a sus ciudades,
considerando acaso que más adelante tendrían
ocasión de defender a los suyos. El rey permaneció
en el campo de batalla con los espartanos que quedaban con vida, con sus periecos, con los sirvientes
hilotas y con los guerreros beocios. Más de 20,000
LIBRO
Tras las huellas
de Heródoto
Antonio Penadés,
Almuzara, 2015. Esta
crónica sobre la figura
de Heródoto parte de
Halicarnaso, rincón del
suroeste de la actual
Turquía, donde el “padre de la Historia” vivió
su infancia, y discurre
por las antiguas ciudades de Mileto, Éfeso,
Hierápolis, Sardes,
Troya, Bizancio, etc.
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ALEJANDRO MAGNO
El triunfo de la cultura griega
S
i los persas hubieran vencido en aquellas épicas batallas, la
civilización clásica griega no habría existido tal como la hemos
conocido. Grecia se habría convertido en una satrapía más del
Imperio persa, la democracia no se habría desarrollado en Atenas
y en sus ciudades aliadas y, sobre todo, los grandes pensadores y artistas
clásicos –principalmente los atenienses, a quienes los reyes persas Darío y
Jerjes guardaban una especial aversión– no habrían podido contar con las
circunstancias necesarias para su florecimiento.
Un ejemplo para Roma. Muchos de los protagonistas del Siglo de Oro de la Grecia clásica
habrían muerto en caso de ser derrotados en
las aguas de Salamina o en la llanura de Platea,
y los que hubiesen podido escapar con vida
habrían sido esclavizados o, con suerte, habrían
emprendido la huida hacia las colonias de Sicilia y del sur de Italia. Atenas, por tanto, jamás
El Siglo de Oro ateniense
habría llegado a ser ese lugar de encuentro
(V a. C.) fue liderado por
donde se dieron cita pensadores y creadores
la figura de Pericles (en la
ilustración), político y gran
de toda la Hélade. La república romana, por
orador de la capital del Ática.
ende, habría sido radicalmente distinta sin
contar con una civilización griega que despertara semejante admiración, pues sólo de ese modo los griegos pudieron
servirles de modelo durante varios siglos y les fueron prestando la esencia
de su cultura. Seguramente, Roma no habría llegado a alcanzar semejante
prosperidad, pues es lógico pensar que Jerjes o alguno de sus sucesores
habría continuado su expansión hacia el Oeste hasta invadir la península
Itálica, en cuyo caso el Imperio persa habría tenido que enfrentarse a los
cartagineses para intentar obtener el control del Mediterráneo central.
LIBRO
Termópilas:
la batalla que
cambió el mundo
Paul Cartledge, Ariel,
2010. Esta batalla fue
un auténtico choque
entre civilizaciones. La
leyenda del heroísmo y
sacrificio de la élite de
guerreros espartanos en
defensa de la libertad
de su patria fue esencial
para definir la identidad
de la Grecia clásica.
soldados asiáticos, la mayoría de ellos tropas de
élite, cayeron durante los tres días que duró la batalla. Tras la gesta protagonizada por Leónidas, los
griegos comenzaron a confiar en sus posibilidades.
Tras dejar atrás las Termópilas,los persas conquistaron sin problemas la región de Beocia y Tebas y
los aliados griegos prepararon la defensa del istmo
de Corinto destruyendo el camino que lo cruzaba al
tiempo que su flota se replegaba en la isla de Salamina, en el golfo Sarónico. Los atenienses, de acuerdo
con el consejo de su general Temístocles, abandonaron la ciudad y se refugiaron en las naves y en la
propia isla de Salamina, donde aguardaron la llegada
de los enemigos. El ejército persa conquistó Atenas,
defendida por una pequeña guarnición, y la saqueó.
El general ateniense organizó un impresionante
plan de desinformación al enemigo. Envió un sirviente ante la presencia de Jerjes con un mensaje
proclamando que su jefe estaba “del lado del rey,
y prefería que prevaleciera su causa a la de los helenos”. Trasladó así la idea de que el mando aliado
estaba enfrentado, que los peloponesios planeaban
evacuar esa misma noche y que, para conseguir la
victoria, todo lo que los persas tenían que hacer
era cerrarles la salida al mar abierto. Jerjes mordió
el anzuelo y la flota persa fue enviada esa misma
noche para iniciar el bloqueo de los estrechos. Los
aliados pasaron la noche discutiendo el curso de
las acciones. Los espartanos eran partidarios de
regresar al Peloponeso y sólo cambiaron de idea
cuando desertores jonios informaron del despliegue enemigo: todos aceptaron que debían luchar.
La fuerza helena en Salamina sumaba unos 400
barcos, mientras que los persas contaban con sus
550 naves más 120 de refuerzo. Los persas tenían
además mejores navíos, siendo la mayoría de los
barcos atenienses de nueva construcción y tripulados por hombres inexpertos. Una batalla en mar
abierto habría beneficiado a los persas.Por otro lado,
la armada aliada se preparó para la batalla mientras
que los persas pasaron la noche en el mar,buscando
sin éxito la supuesta evacuación griega.A la mañana
siguiente,los griegos atacaron la primera línea de los
navíos persas. El combate se desarrolló en el estrecho que separa la isla de Salamina y Atenas, donde
el ejército de Jerjes no pudo aprovechar su superioridad numérica por falta de espacio.En muchas ocasiones no pudieron maniobrar sin colisionar entre
sí.Además los griegos supieron ganar el barlovento,
esencial en cualquier combate naval.Cuando dieron
muerte al almirante rival,Ariamenes, provocaron el
El combate en Salamina
Adimanto, el comandante naval corintio, defendió
que la flota debía reunirse frente a la costa del istmo para bloquearlo. Sin embargo, Temístocles se
mostró partidario de una estrategia ofensiva para
destruir las naves persas. Para ello se basó en las
lecciones aprendidas en Artemisio, señalando que
una batalla a corta distancia los beneficiaba. Su
opinión prevaleció y la armada aliada permaneció
frente a las costas de Salamina.
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Espartanos contra el poder persa
Leónidas (en el centro del cuadro decimonónico
del francés Jacques-Louis David), rey ágida de
Esparta, encontró la muerte en el año 480 a. C.
durante la Segunda Guerra Médica. Fue en la
defensa del paso de las Termópilas para bloquear
el avance de las tropas persas de Jerjes I.
FOTOS: GETTY IMAGES
MUY INTERESANTE
desconcierto entre los persas que, sin su jefe, emprendieron la retirada. En total, más de 300 navíos
asiáticos fueron hundidos o capturados.
FOTOS: EFE/ ZUMA PRESS
La contienda de Platea
Temiendo que los griegos pudieran atacar los pontones tendidos para cruzar el Helesponto, atrapando así a Jerjes en Europa, el rey persa decidió
marcharse a Susa. Mardonio se quedó con las unidades de élite de la infantería y con la caballería,
retirándose a Tesalia para invernar allí. Los victoriosos atenienses pudieron retornar a su ciudad, que
encontrarían arrasada. Al año siguiente, 479 a. C.,
el general Mardonio avanzó de nuevo hasta Beocia
para atraer a los aliados a un terreno abierto y plantear un último enfrentamiento que habría de ser
definitivo. Los atenienses enviaron 8,000 hoplitas
más 600 exiliados de Platea para unirse a la fuerza
helena, formada por 19 ciudades-Estado y que dirigiría el espartano Pausanias,sobrino de Leónidas.El
ejército griego alcanzaría la cifra de 40,000 hoplitas,
a los que habría que sumar tropas ligeras, arqueros
e ilotas. Los efectivos persas seguían siendo más
numerosos, pero también más vulnerables.
Los griegos marcharon a través del monte Citerón para llegar a la ciudad de Platea, acampando
en unas colinas boscosas cercanas al campamento
enemigo a orillas del río Asopo. Mardonio no quiso
esperar a que sus rivales recibieran todos sus refuerzos y lanzó a su caballería, pero los arqueros
atenienses desbarataron el ataque. En las jornadas
siguientes los persas intentaron forzar disensiones
entre los aliados y envenenaron los pozos que los
abastecían de agua con la pretensión de atraerlos
a la planicie. Finalmente, después de 13 días de
escaramuzas y choques, los griegos afrontaron el
combate definitivo.Las falanges presionaron al enemigo con todas sus fuerzas,especialmente el flanco
derecho que ocupaban los espartanos, mientras las
tropas de élite persas intentaban contenerlos.La cohesión y la disciplina espartanas permitieron abrir
una brecha y aproximarse a Mardonio, que combatía montado en su caballo rodeado por su guardia de
1,000 hombres. Fue entonces cuando un espartano
llamado Arimnesto lanzó una piedra que impactó
en la cabeza del general, descabalgándolo. Con su
comandante muerto, los persas comenzaron a huir
de forma desordenada. Y aunque la guardia personal de Mardonio continuó combatiendo hasta ser
aniquilada, la desbandada fue masiva. Se culminaba así la derrota definitiva de la invasión de Grecia.
Desde un lugar
privilegiado. El
rey Jerjes (en esta
ilustración) ordenó
que colocaran un
trono en las laderas
del monte Aigaleo, con
vista a la bahía griega
de Salamina, para
presenciar la batalla en
la que se enfrentaron
400 barcos helenos
contra 670 naves persas.
El tratado de paz
Tras su derrota en Salamina en el verano anterior,
los restos de la flota persa se retiraron hacia el este
para recalar en las islas de Delos y Samos.Alcanzaron finalmente una playa cercana al cabo de Micala,
ya en la costa de Asia Menor, donde sus 10,000 guerreros y remeros levantaron una empalizada para
protegerse. Los persecutores griegos, comandados
por el espartano Leotíquidas y el ateniense Jantipo, padre de Pericles, llegaron con sus 110 naves.
A finales del verano de 479 a. C., tan sólo unos días
después de la batalla de Platea, atacaron el campamento persa por el centro y por los flancos a la vez.
Pese a su inferioridad numérica, destrozaron a sus
rivales. Con este episodio los griegos redondeaban
su triunfo sobre el Imperio persa; Jonia,por su parte,
lograba al fin su tan ansiada liberación.
Los peloponesios volvieron a casa, pero los atenienses se desviaron antes hacia el norte para atacar el Quersoneso tracio, todavía en manos de los
enemigos, quienes se atrincheraron en Sestos. En
las siguientes tres décadas,Atenas y su liga marítima expulsarían también a los persas de Macedonia
y de Tracia. La Paz de Calias, firmada en 449 a. C.,
ponía fin a medio siglo de guerra.
Durante el conflicto en Platea, los persas
envenenaron los pozos de agua para atraer
hacia la planicie beocia a los griegos.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
Padre de Alejandro.
Monumento a Filipo II en el centro
de Skopje, la capital de la Antigua
República Yugoslaba de Macedonia.
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Filipo II de Macedonia
El forjador de
un imperio
Eclipsado por la figura de su hijo Alejandro, Filipo fue uno de los
grandes hombres de la Antigüedad clásica: estableció las bases de
la hegemonía macedónica en el mundo helénico. Por José Luis Hernández Garvi
S
e desconoce con certeza la procedencia
del pueblo que se hizo con el control del
territorio situado al norte de Grecia y que
posteriormente sería conocido como Macedonia. Según el testimonio del historiador ateniense Tucídides, en el siglo VIII a.
C. se habrían asentado en las áreas montañosas situadas entre los ríos Axio y Haliacmón, región
dominada por amplias mesetas separadas por escarpadas
cordilleras. Estos primitivos habitantes de la región eran
pastores trashumantes que compartían el mismo dialecto
y vivían en pequeños poblados nómadas regidos por caciques locales. Condicionados por la geografía y su forma de
vida, durante mucho tiempo permanecieron aislados políticamente de los restantes Estados helenos, aunque muy
influidos culturalmente por ellos.
FOTO: EFE /ZUMMA PRESS
Una potencia emergente
En el periodo comprendido entre las últimas décadas del siglo
VIII y finales del VII a. C. se produjo la expansión hacia el este
y el sur del germen del Estado macedónico, que se hizo paulatinamente con el control de las llanuras costeras desplazando
a otros pueblos. A lo largo de ese siglo, Grecia había alcanzado
un alto grado de desarrollo económico y comercial acompañado por un florecimiento cultural y artístico, prosperidad
que no consiguió evitar la aparición de graves crisis sociales.
A mediados del siglo IV a.C. la situación había experimentado un gran cambio. La pobreza de una mayoría de la población
explotada por una clase oligárquica, la inestabilidad política
derivada de las luchas entre facciones, los robos y saqueos
cometidos por bandas de mercenarios ociosos convertidos en
ladrones y el absentismo político y militar de los ciudadanos
provocaron el cansancio de la sociedad griega. Este momento
–con un enrarecido clima de tensiones sociales– fue aprovechado por los macedonios para extender sus dominios, lo
que les brindó la oportunidad de intervenir en la región y
establecer su hegemonía sobre la Hélade.
El que había sido considerado hasta entonces un pueblo
bárbaro de espíritu guerrero se hizo con el control de un
territorio de 30,000 kilómetros cuadrados que abarcaba desde el monte Olimpo hasta el lago Ocrida, con la frontera al
este en el macizo de Ródope y el río Nestos, y al oeste en los
montes Pindo. Su primitivo sistema político, basado en una
organización de tipo feudal, evolucionó hasta convertirse en
una monarquía hereditaria de carácter personalista apoyada
por una aristocracia entre la que el soberano repartía títulos
y riquezas para garantizar su fidelidad.
Los primeros años del futuro rey
La clave del éxito de su expansión territorial estuvo en la
superioridad de su organización militar sobre la de otras naciones helenas. Y es en este contexto de grandes cambios en
el equilibrio de fuerzas en Grecia donde surge la figura del
rey Filipo II de Macedonia.
La ausencia de fuentes históricas fiables impide determinar
con exactitud la fecha del nacimiento del futuro soberano,
aunque las últimas investigaciones han permitido situarlo
alrededor del año 382 a. C. Originario de Pella, ciudad al oeste
del curso del Axio –el actual río Vardar–, Filipo, cuyo nombre
podría traducirse como “amigo de los caballos”, era el hijo
más joven de los tres nacidos en el seno del matrimonio formado por el rey Amintas III y su esposa Eurídice. A la muerte
del monarca, acaecida en el año 370 a. C., su hijo Alejandro,
primogénito y heredero del trono, consciente de la inestabilidad por la que atravesaba el reino, decidió pagar tributo al
pueblo de los ilirios para evitar una posible invasión. Cuenta la
leyenda que, como garantía del cumplimiento de su promesa,
les entregó a su hermano pequeño Filipo como rehén.
Ante la debilidad de Macedonia, Tebas se convirtió en la
polis hegemónica en la Grecia continental. Por aquel entonces contaba con el genio militar de generales de la talla de
Pelópidas y Epaminondas, que en el transcurso de sus campañas consiguieron expulsar a los macedonios de la región
de Tesalia. Alejandro II fue asesinado en 368 a. C., víctima de
una conspiración instigada por Ptolomeo, amante de Eurídice, viuda de Amintas. Ante la minoría de edad de Pérdicas y
Filipo, los hermanos de Alejandro, Ptolomeo se convirtió en el
regente. Fue entonces cuando Tebas decidió intervenir en la
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
y el golfo de Salónica. Durante
los cinco años que desempeñó
el cargo, Filipo se dedicó a poner
en práctica todo lo aprendido
en Tebas, creando un poderoso
ejército dotado de nuevas armas e instruido en las tácticas
enseñadas por sus protectores
y maestros, los generales tebanos, además de adquirir la experiencia de gobierno necesaria
En la escuela tebana
para satisfacer las ambiciones
E l adolescente de quince
de su innato instinto político.
años fue puesto bajo la tu- Genios militares. El general tebano
En el transcurso de la campatela del general Pammenes, Epaminondas salvó la vida de su futuro
ña militar contra Iliria, Pérdicas
colega Pelópidas en la batalla de Mantinea
amigo personal de Pelópidas en 418 a.C. Arriba se ilustra esta escena.
III se enfrentó a un poderoso
y Epaminondas. Tebas era en
ejército en la batalla que tuvo
aquella época la mejor escuela para aprender sobre
lugar en las cercanías del lago Ocrida. Las tropas mapolítica y el arte de la guerra, y el joven Filipo no
cedónicas sufrieron una aplastante derrota en la que
desaprovechó esa oportunidad. Además contó con
perdieron cerca de 4,000 hombres, entre ellos su prola ventaja de disponer de libre acceso a la amplia
pio rey. Amintas, el hijo del monarca fallecido, debía
biblioteca de su tutor, una colección de tratados
continuar la dinastía pero, ante su minoría de edad
clásicos en la que había textos que narraban los
y la necesidad de contar con un gobernante fuerte
hechos más importantes de las Guerras Médicas y
que pudiera hacer frente a los peligros a los que se
del Peloponeso. Su lectura permitió al joven Filipo
enfrentaba el reino, la Asamblea macedonia decidió entregar el poder a Filipo, que en aquel momento
adquirir valiosos conocimientos que le iban a ser
contaba con veintidós o veintitrés años. Al respecto,
de gran utilidad en el futuro.
En el año 365 a. C., Ptolomeo fue asesinado por
en nuestros días existe cierto debate sobre si accedió
Pérdicas III, que accedió al trono macedonio con
al trono como rey, vulnerando el derecho legítimo de
veinte años. El nuevo rey reafirmó su alianza con
su sobrino, o si gobernó primero como regente hasta
Tebas, lo que permitió la liberación de los rehenes.
hacerse definitivamente con el poder.
Antes de consolidar su reinado, Filipo tuvo que
Después de tres años de forzado exilio, Filipo regresó
concentrar todos sus esfuerzos en hacer frente a
a Macedonia. El nuevo rey le entregó el gobierno de
los numerosos enemi os de Macedonia. En el plaAmphaxitis, región situada entre el curso del Axio
Un rostro marcado por la batalla
H
asta nuestros días han llegado escasas descripciones
que nos permitan hacernos
una idea del aspecto físico de
Filipo II de Macedonia. Casi todas son
representaciones artísticas idealizadas
muy posteriores a su tiempo. Uno de los
rasgos más reconocibles de su fisonomía eran las huellas que había dejado
en su rostro una grave herida de guerra
que a punto estuvo de costarle la vida.
En el año 354 a. C. Filipo ocupó
Metone, enclave en la costa macedonia
arrebatado a los atenienses que le dio
el control sobre la llanura de Ematia y el
golfo Termaico. La ciudad quedó completamente arrasada, sus habitantes fueron
desalojados y las tierras se repartieron
entre colonos macedonios. Durante el
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transcurso de los combates previos a su
conquista, Filipo estaba en primera línea
inspeccionando las máquinas de asedio
cuando una flecha disparada por un arquero mercenario cretense le alcanzó en
el ojo derecho. A pesar de la gravedad
de la herida y con la saeta todavía clavada, el rey consiguió llegar por su propio
pie a la tienda del médico.
La cicatriz de la herida. La flecha cretense, de mayor tamaño que las demás,
le causó un gran destrozo, pero el casco
posiblemente desvió su trayectoria y
amortiguó el impacto, evitando que penetrara hasta el cerebro. Según el testimonio aportado por Plinio, fue atendido
por Cristóbulo de Cos, quien extrajo la
flecha y con ella parte del ojo, cosiendo
después la horrible herida. El médico
El rey Filipo (en la ilustración) luchaba con sus
tropas en primera línea de batalla, lo que le costó
perder un ojo por la herida de una flecha enemiga.
consiguió salvarle la vida, pero no evitó
la infección. Después de varias semanas
de penosos sufrimientos y curas diarias,
Filipo consiguió recuperarse. A partir de
entonces su rostro quedaría marcado
para siempre por una gran cicatriz.
FOTO: ARCHAEOLOGY NEWS NETWORK; JOSÉ A. PEÑAS
política interna de Macedonia,
enviando al ejército de Pelópidas para asegurarse de que
se respetaran los derechos al
trono de los hijos de Amintas.
En esa ocasión, fueron enviados a Tebas como rehenes los
hijos de cincuenta destacadas
familias macedónicas. Entre
ellos volvió a estar Filipo.
no interno, varios de sus hermanastros pretendían
derrocarlo. Entre ellos se encontraban los hijos que
Amintas III había tenido con Gigea, una esposa anterior a Eurídice. Argeo se mostró como el más peligroso, movilizando a sus partidarios y a un ejército
de mercenarios, mientras Atenas le brindaba su
apoyo manteniendo las distancias a la espera de
acontecimientos. Pero en contra de lo esperado en
un principio, las tropas de Argeo fueron derrotadas
por Filipo, que acusó de traidor a su hermanastro
prisionero y ordenó su inmediata ejecución.
Varios frentes abiertos
A pesar de esta victoria, el ejército macedonio aún
estaba en clara desventaja con respecto a los del
resto de sus vecinos helénicos. Todavía no se había
recuperado de la humillante derrota sufrida por
Pérdicas III y, si Filipo quería poner en práctica su
ambicioso plan de conquistas para extender la hegemonía de Macedonia sobre el resto de Grecia, debía
contar con tropas entrenadas siguiendo el modelo
tebano. El monarca contemporizó con las principales polis griegas, desplegando una política de acuerdos, de pactos y de pago de tributos que tranquilizó
a sus enemigos exteriores, mientras ganaba el tiempo necesario para reconstruir el ejército macedonio.
Paciente y minucioso, la venganza que deseaba cobrarse por la muerte de su hermano podía esperar.
Entre sus rivales más peligrosos destacaba Atenas. Sin tener en cuenta el respaldo que los atenienses habían brindado a su hermanastro Argeo y
consciente de que en ese momento su reino no era
todavía lo suficientemente fuerte para enfrentarse
a ellos, Filipo maniobró hábilmente y desplegó una
política de entendimiento con gestos apaciguadores. A cambio obtuvo de Atenas el compromiso de
no intervenir en la política interna de Macedonia.
Neutralizada la amenaza ateniense, a Filipo todavía
le quedaban varios frentes abiertos por cerrar.
Arquelao, otro de los hijos bastardos de Amintas,
se postuló como candidato al trono macedonio con
el apoyo de sus hermanos Arrideo y Menelao. Filipo
no tuvo demasiados reparos en eliminar al pretendiente, mientras sus dos hermanos huían y buscaban refugio en Olinto, ciudad que lideraba la Liga
Calcídica, alianza formada por varias polis de la
Tracia bajo tutela de Macedonia. Solucionados con
mano firme los problemas dinásticos que habían
puesto en duda su legitimidad para ocupar el trono,
Filipo concentró todos sus esfuerzos en asentar los
cimientos de un Estado poderoso y respetado.
Tras tres años en el exilio tebano,
Filipo regresó a Macedonia y
puso en práctica lo allí aprendido.
milado en Tebas, al mismo tiempo que introducía
una serie de cambios para adaptarlas a las circunstancias del momento político y económico por el
que atravesaba Macedonia. El monarca prestó una
especial atención a la instrucción de los soldados,
adiestrando a nuevos reclutas al mismo tiempo que
contaba con la experiencia de curtidos veteranos.
La ausencia de una estructura social ciudadana y
la falta de recursos financieros le impidieron armar
una falange de estilo hoplita, de modo que optó por
la introducción de nuevas armas, que hicieron a sus
tropas mucho más móviles, y puso especial atención en la disciplina para mejorar su despliegue sobre el campo de batalla. Confiando en la capacidad
de su ejército y consciente de la debilidad por la que
atravesaban sus oponentes, Filipo se embarcó en
una serie de campañas militares que lo llevarían a
convertirse en el hombre más poderoso de Grecia.
Tras someter la Peonia, región situada al norte de
Macedonia y enclave estratégico que controlaba el
acceso al reino, los ilirios se convirtieron en el siguiente objetivo colocado en el punto de mira del
rey. El enfrentamiento era inevitable y, de este modo,
la batalla entre los dos ejércitos tuvo lugar en algún
punto indeterminado de la frontera iliria.
El renovado ejército macedonio tuvo la oportunidad de poner en práctica sus nuevas tácticas y Filipo
se hizo con la victoria. El rey Bardilis, el mismo que
había derrotado a Pérdicas III, pereció en la batalla.
De esta forma Filipo cobró su venganza.
La región de Tesalia y el reino de Epiro se sumaron
a la larga lista de conquistas del rey macedonio,
aportando sus riquezas y población al esfuerzo de
LIBRO
Filipo, Alejandro y el mundo
helenístico
Raquel López Melero,
Arco Libros, 1996.
Breve síntesis del
importante periodo histórico que va
desde la ascensión al
poder de Filipo II de
Macedonia hasta la
conquista romana de
Grecia y Oriente.
FOTOS: GETTY IMAGES
Expansión imparable
Con el propósito de extender los límites del reino,
garantizar la seguridad de sus fronteras y obtener
riquezas, Filipo emprendió la reforma de su ejército,
poniendo en práctica las enseñanzas que había asi-
Pella, cuna de reyes. En esta urbe nació el rey macedonio Filipo II y
vivió hasta los quince años, cuando fue exiliado a Tebas. En la foto, atrio
con mosaico de teselas con decoración geométrica en una mansión de
Pella, en la llanura central de la región griega de Macedonia.
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ALEJANDRO MAGNO
guerra. Tras asegurar para su reino una amplia salida al mar al apoderarse de las ciudades de Potidea
(en 356 a. C.) y Pidna y Metone (en 354 a. C.), conquistó Anfípolis, llave de acceso a las ricas minas
de oro y plata del Pangeo, monte sagrado situado
en la Tracia occidental. De esa forma se apropió de
una importante fuente de ingresos con los cuales
financiar su política expansionista.
Política matrimonial
PELÍCULA
Alejandro Magno
Oliver Stone (2004).
Comienza con el anciano faraón Ptolomeo
contando la historia
de Alejandro, a quien
de joven sirvió como
general. Se muestra
cómo el rey macedonio desde niño fue
testigo de la tensísima
relación entre sus padres, Filipo y Olimpia.
Puerto estratégico
Pidna es una ciudad de
la costa griega de Pieria
en el golfo Termaico.
Pasó a formar parte del
imperio macedonio
cuando Filipo la conquistó en 357 a. C.
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En su lucha por adueñarse de la mayor parte de Grecia, Filipo no tardó en chocar directamente con los
intereses de Atenas, polis que hasta entonces había gozado de una privilegiada posición de potencia
regional. Tras la conquista de la codiciada Anfípolis, el monarca consideró que su ejército estaba lo
suficientemente preparado como para hacer valer
su superioridad ante las tropas atenienses y las de
sus aliados. En aquel tiempo, la orgullosa Atenas
se encontraba debilitada. La llamada Guerra Social,
conflicto que la enfrentaba a las ciudades vasallas
cansadas de estar sometidas a su autoridad y al
pago de tributos abusivos, había menoscabado su
poder e influencia. Ante este nuevo panorama, Atenas consideró que no era el momento más adecuado para recurrir a las armas, firmando con Filipo de
Macedonia la llamada Paz de Filócrates.
Al mismo tiempo que las tropas macedonias
avanzaban victoriosas por suelo heleno, Filipo estrechó los lazos con los Estados conquistados mediante una política de matrimonios concertados
en la que él desempeñó el papel protagonista. Para
asegurarse el vasallaje de los ilirios, desposó a la
princesa Audata, hija del rey Bardilis, aunque no
incorporó el territorio a sus posesiones.
Dando prueba una vez más de su astuto talante
político, tomó como esposa a Fila, princesa de Elimea, región que formaba parte de la Alta Macedonia. Con este nuevo matrimonio, Filipo se aseguró
el apoyo de sus habitantes. Consumado maestro
en el complicado juego de alianzas sobre el tablero
helénico, el rey macedonio apoyó a los alévadas en
su lucha contra los tiranos de Feres, que contro-
Filipo estrechó los lazos con
los Estados conquistados
mediante una política de
matrimonios concertados
que él protagonizó.
laban el comercio que llegaba y partía del puerto
de Pagasas. Para reforzar su compromiso, contrajo
matrimonio con una princesa alévada de nombre
Filina antes de derrotar a los tiranos, ganando así
un nuevo aliado y un enclave estratégico de vital
importancia para sus ambiciones.
Esposas y amantes
En el año 357 a. C., el rey Neoptólemo, caudillo del
pueblo de los molosos, tribu dominante entre las
catorce que habitaban el reino de Epiro, entregó a
Filipo en matrimonio a su hija Olimpia, en agradecimiento a la ayuda recibida por el monarca macedonio en su lucha contra Bardilis. Según cuenta la
leyenda, Filipo cayó rendidamente enamorado ante
los encantos de la bella princesa cuando ambos
estaban siendo iniciados en los herméticos ritos
religiosos de la isla de Samotracia. Al margen de
condiciones sentimentales más o menos apasionadas, en el plano práctico Olimpia aportó como dote
nuevos territorios con los que Macedonia amplió
su frontera occidental. De esta unión nacerían el
mítico Alejandro Magno y su hermana Cleopatra.
Como vemos, además de territorios para su reino, el
polígamo Filipo también acumuló esposas. La princesa iliria Audata murió en el parto de su hija Cinane
y con Filina tuvo a su hijo Arrideo, niño que pronto
dio muestras de un grave retraso mental. Pero Olimpia no sería la última esposa de Filipo.
Después de ella vendrían tres más: la princesa
tracia Meda, la hija del rey escita Ateas y la macedonia Cleopatra, con quien tuvo una niña a la que
llamaron Europa. Al margen de estas parejas más
o menos estables, el monarca habría mantenido
numerosas relaciones fuera del matrimonio, tanto
con hombres como con mujeres, promiscuidad sexual que era frecuente entre los reyes macedonios.
Fruto de ellas habrían nacido numerosos hijos, no
reconocidos y apartados de la línea sucesoria, a los
que se refieren las crónicas de la época pero de los
que ni siquiera se sabe el nombre.
La victoria obtenida en 338 a. C. por Filipo en la
batalla de Queronea, frente a la alianza liderada por
Atenas y Tebas, le dio el absoluto dominio sobre Grecia. Esparta dejó de ocupar un papel determinante
en los asuntos helénicos, mientras Atenas quedaba
relegada a un segundo plano y Tebas, muerto Epaminondas, era reducida a la triste condición de olvidada ciudad provinciana. Filipo había unificado
su reino y neutralizado a sus principales enemigos,
FOTO: SUPPLIER OF: FACEBOOK © - GREEK OUR BEAUTIES
MUY INTERESANTE
Un monarca divino en la Tierra
T
Durante su reinado, Filipo (aquí, en
una estatua situada en Skopie, actual capital
de Macedonia) asentó el poder macedónico
tanto dentro como fuera de sus fronteras.
radicionalmente, los reyes
macedonios eran considerados
semidioses en vida y divinizados
a su muerte. Durante el reinado
de Filipo II este culto a la personalidad
se acentuó, haciendo hincapié en las
proezas heroicas del personaje. Las
continuas victorias obtenidas por el rey
en los campos de batalla extendieron
entre sus súbditos la creencia de que era
descendiente de Zeus a través de la línea
dinástica de Hércules.
Existen numerosos testimonios de la
época clásica que nos conducen a pensar
en este sentido. Así, sabemos que en Lesbos se habían levantado altares en honor
de Zeus Philippeios, identificando al rey
macedonio con el dios. Filipo también fue
adorado en la ciudad de Anfípolis y, tras
su victoria en Queronea, se aprobó una
ley para rendirle culto en un santuario
consiguiendo lo que ningún rey macedonio había
logrado. Arrastrado por la ambición de extender sus
dominios más allá de los límites del mundo helénico,
comenzó a hacer planes para llevar la guerra a Persia.
Sin embargo, la vida no le daría esa oportunidad.
FOTOS: GETTY IMAGES; BRITISH MUSEUM
Crimen por despecho
En julio del año 336 a. C. se celebró la boda de su
hija Cleopatra con Alejandro el Moloso, rey de Epiro.
Durante los festejos, Filipo acudió al teatro de Egeas
para mostrarse ante su pueblo. En una fastuosa y
cuidada puesta en escena, se presentó en medio del
gentío que lo aclamaba, acompañado por su hijo, llamado a convertirse en Alejandro Magno, y su yerno,
quienes lo seguían unos metros por detrás para no
robarle protagonismo mientras los integrantes de
su guardia personal permanecían en un segundo
plano. Filipo estaba disfrutando de un baño de multitud, ajeno a cuanto le rodeaba, cuando uno de sus
escoltas, de nombre Pausanias, lo atacó clavándole
un puñal que le provocó una muerte instantánea.
Los verdaderos motivos que llevaron a Pausanias
a cometer el regicidio nunca han sido aclarados. La
versión más extendida desde entonces apunta a un
crimen por despecho. Pausanias, antiguo miembro
de la Escuela de Pajes, habría sido amante del rey
hasta ser sustituido por otro joven del mismo nombre. El asesino, molesto por haber perdido el favor
de Filipo, habría puesto públicamente en duda la
valentía de su suplente. Éste, dispuesto a demostrar
su bravura, habría salvado la vida del monarca en el
transcurso de una batalla a costa de perder la suya.
Atalo, amigo del fallecido, consideró a Pausanias
erigido en honor de Hércules, su supuesto antepasado. El propio monarca habría
ordenado la construcción de un templo
donde se debía colocar una estatua
suya tallada en oro y marfil, materiales
reservados para las representaciones de
los dioses. Durante las celebraciones con
ocasión de la boda de su hija Cleopatra,
los invitados presenciaron una procesión
de doce estatuas de dioses del Olimpo a
las que seguía una de Filipo.
Méritos terrenales. Declarado
admirador de la cultura griega, siempre
puso especial cuidado en no ofender
sus tradiciones religiosas, situación que
hubiera podido producirse de comportarse como un impío al presentarse como
un dios. Esto ha llevado a pensar que las
representaciones de Filipo, lejos de tener
un carácter religioso, eran en realidad un
reconocimiento a sus méritos terrenales.
culpable de su muerte y juró vengarse. Con engaños
éste fue atraído por Atalo a un banquete, donde fue
emborrachado antes de ser entregado a un grupo
de arrieros que lo ultrajaron. Furioso y resentido,
Pausanias pidió justicia a Filipo, que se limitó a ofrecerle una cantidad de oro y un puesto en su guardia
personal para olvidar el asunto. Según esta teoría,
Pausanias habría decidido cobrarse la afrenta con
la vida del rey, su antiguo amante.
Puesto de rey vacante
Tras cometer el regicidio, el asesino se dio a la fuga,
pero fue alcanzado por dos guardias de Filipo, amigos personales de su hijo Alejandro, que le dieron
muerte con sus lanzas, impidiendo así su captura
con vida para ser interrogado. Según la opinión de
algunos autores clásicos como Plutarco, el crimen
habría sido instigado por Olimpia, madre de Alejandro, con el conocimiento de su hijo. El móvil habría
sido pasional con un ingrediente sucesorio. Olimpia,
resentida por haber sido sustituida por una nueva
esposa mucho más joven, querría así asegurar el derecho al trono de su hijo Alejandro frente a la descendencia que pudiera tener Cleopatra.
Al conocer la noticia del asesinato de Filipo,
Olimpia viajó desde el Epiro. Dicen que la misma
noche de su llegada fue al lugar donde había sido
crucificado el cuerpo de Pausanias y colocó una
corona de flores sobre su cabeza. Proclamado nuevo rey, Alejandro Magno recibió el legado de su
padre y se lanzó a la conquista de gran parte del
mundo conocido, realizando el sueño que nunca
pudo cumplir Filipo de Macedonia.
Madre de
Alejandro. Olimpia
de Epiro fue repudiada
por su esposo Filipo
II en 337 a. C. y sólo
volvió a Macedonia
cuando éste murió, al
año siguiente.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
Infancia y primera juventud
El elegido
de los
56
diose
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Desde su nacimiento, los
primeros pasos de Alejandro
estuvieron marcados por
la grandeza. Brillante y
precoz en partes iguales,
pronto sus contemporáneos
advirtieron que Macedonia
le quedaba pequeña. Y no se
equivocaron. Por Alberto Porlan
E
l mismo Sol que vio nacer en
Macedonia al príncipe Alejandro alumbró una nueva era en la
historia de Grecia y del mundo.
Nunca hasta entonces se había
visto a un líder como aquél en
el que se convertiría el bebé que
ahora lloraba enérgicamente en brazos de su
madre, la reina Olimpia. En el siglo IV a. C., Grecia era la nación más avanzada del planeta, pero
no la más poderosa. Organizada bajo la forma
de ciudades-Estado, sus habitantes eran cultos
y amaban sobre todas las cosas la libertad. Se
habían organizado de manera igualitaria según
un sistema de su invención que llamaron democracia, y el afán de sus ciudadanos por pensar
libremente en busca de la verdad producía entre
ellos verdaderos gigantes intelectuales.
La Hélade, foco cultural
s
La paternidad puesta en duda
Olimpia siempre defendió que el
verdadero padre de Alejandro era el
dios Amón, quien se le había aparecido
bajo el aspecto de una gran serpiente.
Ese afán por el conocimiento había hecho surgir
disciplinas como la geometría, la física o las matemáticas, y en el plano de las conquistas humanísticas había desarrollado un modo de pensar al que
Pitágoras llamó filosofía. Los avances habían comenzado en las islas del Egeo, y luego en Micenas
y en Creta, donde se vivía de una manera inimaginable para los pueblos ribereños del Mediterráneo.
Aquellos primitivos griegos habían desarrollado
técnicas navales superiores con las cuales exploraron el mar hasta sus límites, que para ellos suponían los confines del mundo. Después llegaron
los siglos de la Edad Oscura, entre 1200 y 800 a. C.,
los cuales cedieron el paso a una nueva era floreciente, que ahora llamamos arcaica. Ésos fueron
los tiempos de Homero y Hesíodo, que culminaron
en una época colonizadora y bélica a cuenta de las
disensiones internas y las amenazas externas por
parte de los persas, batallas que fortalecieron a las
ciudades griegas, hasta que apareció en escena la
ruda nación del norte.
Macedonia era, a ojos griegos, una nación de
bárbaros. Y tenían buenas razones para pensarlo
así. Su sistema político era el de los pueblos que
consideraban no civilizados: un caudillaje absoluto
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57
ALEJANDRO MAGNO
Biógrafos de Alejandro: Plutarco
P
lutarco, maestro de todos
los biógrafos, nació en
la ciudad de Queronea,
donde había tenido lugar
tres siglos antes la batalla decisiva
de los macedonios. Queronea
dista 30 kilómetros de Delfos, el
corazón espiritual de Grecia, pero
aquella Grecia heroica ya no era
más que un recuerdo para los
griegos, absorbidos ahora por
Plutarco fue uno de los últimos
representantes de la cultura helenística.
Su biografía del macedonio es una de
las mejores fuentes antiguas sobre la
vida del joven conquistador.
el Imperio romano. Plutarco se
formó en Atenas, pero se hizo
famoso en Roma como estudioso
y erudito. Grecia era entonces el
modelo, y el prestigio de Plutarco
creció después de cada una de
las conferencias que impartía. Su
conversación era tan apacible y tan
valiosa que quienes lo escuchaban
lo consideraban un médico del
alma. En Roma se formó en torno
suyo un círculo de amigos que
alimentaron todavía más su prestigio. Regresó después a Queronea, donde disfrutó el resto de su
larga vida del afecto y el respeto
de sus vecinos, moderado en todo
y benévolo con todos.
Una obra inmensa. En su
ciudad fue elegido arconte y
consejero del cónsul romano,
quien necesitaba su aprobación
antes de emitir cualquier edicto.
Además, Plutarco fue uno de
los autores más prolíficos de la
Antigüedad. Nos han llegado 150
obras suyas, la tercera parte de las
cuales son biografías encuadradas
en su monumental Vidas paralelas, un increíble trabajo de erudición histórica en el que, como no
podía ser de otra manera, ocupa
un lugar destacado su colosal
biografía de Alejandro Magno.
y hereditario que amparaba un régimen feudal y
aglutinaba un poderoso ejército siempre ansioso
por batallar. Los espartanos, antes que ellos, habían
hecho del combate la base misma de su sociedad,
y en ese empeño desarrollaron técnicas bélicas
que los convirtieron en hegemónicos. Pero no para
siempre. En el 371 a. C., Esparta fue derrotada por
el tebano Epaminondas en Leuctra, y aquel desastre marcó su punto de declive, que también había
afectado poco antes a los persas, tradicionales enemigos de los griegos.
Macedonia y su supremacía militar
Pronto, los macedonios heredaron el predominio
bélico que habían detentado los espartanos y los
tebanos. Partiendo de su base táctica tradicional,
que era la caballería pesada, introdujeron importantes cambios en la manera de combatir. Una de
las novedades consistió en importar máquinas de
guerra asiáticas: catapultas, arietes y torres rodan58
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tes con las cuales acercarse y superar las murallas
de las ciudades enemigas. Otra fue la invención
de la falange, unidad de combate que consistía en
una masa de guerreros acorazados formada por
columnas de 16 hombres en fondo y armados con
lanzas de seis metros y medio, las temibles sarisas, de modo que los de las filas traseras podían
introducir sus picas entre los hombres que iban
más adelante y multiplicar el número de puntas de
ataque. Se requería entrenamiento para usar aquellas larguísimas lanzas por entre los cuerpos de
los camaradas; pero, una vez entrenada, la falange
resultaba una especie de erizo al que era casi imposible acercarse, incluso para la caballería pesada
enemiga. Los macedonios no odiaban a los griegos,
sino que los admiraban. Hablaban la misma lengua y practicaban la misma religión que ellos, de
modo que se sentían ofendidos porque los demás
helenos no los aceptaban en plano de igualdad,
desdeñándolos por bárbaros. Su única posibilidad
de acercarse a ellos y superar aquel desdén era la
supremacía militar, y ése fue el camino que tomaron finalmente. En el año 359 a. C., Filipo II, hijo de
Amintas III, se hizo con el poder macedonio. Era el
aspirante más joven, pero después de oscuras luchas intestinas fue reconocido como el tutor oficial
del joven rey Amintas IV, su sobrino, que era todavía un niño. Y de preceptor pasó en el 356 a. C. a ser
el rey efectivo. Un monarca de 22 años que llegaba
al trono a la vez que daba a Macedonia un heredero
al que llamó Alejandro, como su abuelo y como
su hermano. Pero aquel Alejandro que acababa de
nacer iba a ser del todo diferente a los anteriores.
Filipo y Olimpia
Cuando recibió la noticia del nacimiento de su hijo,
la vida le sonreía abiertamente a Filipo: acababa de
rendir a la ciudad de Potidea, y junto con la buena
nueva de su paternidad le comunicaron que su general Parmenión había obtenido una gran victoria
frente a los ilirios y que su caballo había ganado en
las carreras de los Juegos Olímpicos. Era como para
sentirse amado por los dioses, y más si se consideran los extraños acontecimientos y señales que
habían marcado al niño desde antes de nacer. E
incluso antes de que sus padres se unieran en el
tálamo, pues Olimpia sostenía que la víspera de su
boda se desencadenó una tormenta y le cayó en el
vientre una bola de fuego que se fragmentó en pedazos a su alrededor antes de disolverse en el aire.
Por su parte, poco después de consumado el matrimonio, Filipo había tenido un sueño inquietante
en el que sellaba la vagina de su esposa e imprimía
en el sello la imagen de un león. Consultados los
adivinos, la mayoría aconsejó que el rey vigilara
más de cerca las actividades de Olimpia, pero hubo
uno que discrepó. Aristandro de Telmisio interpretó
FOTO: GETTY IMAGES
MUY INTERESANTE
que el sueño revelaba que Olimpia había quedado
embarazada, “pues lo que está vacío no se sella”, y
que su vientre alojaba a una criatura cuyo destino
era convertirse en un guerrero invencible.
Olimpia del Epiro no era una mujer vulgar. Era
hija del rey de Molosia, y desde niña estuvo fascinada por lo oculto y lo maravilloso –hoy diríamos
lo esotérico– hasta niveles de histeria. Así se explican las cartas que Alejandro le escribió a lo largo
de sus conquistas, donde describe para ella toda
suerte de prodigios absurdos como el cangrejo que
arrastra a un caballo, personas con seis brazos y
seis piernas, seres con tres ojos y cualquier otro
disparate que se le ocurría. Sabía que ésas eran las
cosas que su madre querría escuchar. Su nombre
de pila no era Olimpia, sino Políxena, pero se lo
cambió en memoria de la victoria olímpica de su
marido el mismo día del nacimiento de Alejandro. Amaba las serpientes, y se rodeaba de ellas.
Sostenía que el verdadero padre de Alejandro era
el dios Amón, que se había ayuntado con ella bajo
el aspecto de un dragón o una gran serpiente. Y
no sólo eso, sino que su marido había presenciado su cópula con el dios a través de la rendija de
una puerta, y por eso había perdido un ojo, ya que
Filipo era tuerto. Además de crédula y supersticiosa, Olimpia era una persona intrigante, capaz de
grandes odios cuya consecuencia habitual era el
asesinato. Es posible que participara incluso en el
del propio Filipo después de que éste la repudiara.
Vaticinios de grandeza
Alejandro nació a finales de julio, bajo el signo de
Leo, y el mismo día ardió violentamente el templo
de Juno en Éfeso, una de las siete maravillas del
mundo antiguo. Los adivinos y sacerdotes efesios juzgaron el incendio como anuncio de terribles males para Asia, que efectivamente terminó
cayendo treinta años después en las manos del
bebé que acababa de nacer. Todos los horóscopos parecían unánimes: aquella criatura estaba
predestinada para realizar grandes hechos que
quedarían en la memoria del mundo. El niño era
hermoso, sonrosado, muy claro de color y, según
los testigos contemporáneos, olía especialmente
bien, hasta el punto de que sus ropas quedaban
impregnadas de una delicada fragancia.
FOTO: GETTY IMAGES
Un niño muy especial
Según Plutarco, esto se debía a su complexión, que
era ardiente y fogosa, “pues el buen olor procede
de la cocción de nuestros humores debido al calor,
por lo cual los lugares más cálidos son los que producen los aromas más variados y sutiles”. En todo
caso, al margen de su buen olor corporal, la fuerza
y vehemencia de su carácter empezaron a ser obvias desde muy pronto, así como su capacidad de
Joven prodigio. Alejandro demostró desde muy temprano
que no era un muchacho cualquiera, ya que destacaba en
todo tipo de materias y destrezas. Por este motivo, su padre
Filipo le buscó el mejor maestro de su tiempo, y ése no era
otro que el gran filósofo Aristóteles, el estagirita.
Según avanzaba su formación, Filipo se
dio cuenta de que su hijo Alejandro era
un verdadero superdotado.
autocontrol y su continencia.Pero más que ninguna
otra cosa,el niño demostró precozmente saber muy
bien que era hijo del rey y que estaba preparado
para grandes acontecimientos. Resultó ser un hábil
velocista,pero cuando sus compañeros lo animaron
a participar en los Juegos Olímpicos como corredor,
descartó la idea diciendo que sólo estaba dispuesto a correr en una competencia si sus rivales eran,
como él, hijos de reyes.
En una ocasión se presentaron en Macedonia los
embajadores del rey de Persia y fue él quien los recibió, pues Filipo estaba guerreando lejos de Macedonia. Las crónicas de aquella embajada cuentan
que los persas se quedaron fascinados con aquel
niño príncipe que se abstuvo de hacerles preguntas
pueriles y superficiales, centrando la conversación
en cuestiones importantes como las comunicaciones en Persia, el poder de su ejército y el carácter
del rey. Les pareció incluso más sagaz que su padre,
aunque es posible que el niño se hubiera aprendido
de memoria las preguntas que sus consejeros querían proponer a los embajadores. Estaba rodeado
por un ejército de ayos, educadores y servidores
cuyo mayordomo era un pariente materno llamado
LIBRO
Me llamo
Alejandro Magno
Pau Miranda y Christian
Inaraja, Parramón,
2014. Ameno relato
sobre la vida del macedonio, desde su instrucción con Aristóteles
hasta sus últimos días
en Babilonia.
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59
MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
de Macedonia estaba dispuesto a reconstruir la ciudad de Estagira, cuna del filósofo, que el propio Filipo había arrasado hasta los cimientos nueve años
antes. Y no sólo eso, sino que permitiría el regreso a
la ciudad de todos aquellos ciudadanos de Estagira
que aún quedaban con vida, muchos de los cuales
eran fugitivos o habían caído en la esclavitud. Podría, sencillamente, haberlo obligado a ello apresando a Aristóteles y coaccionándolo, pero Filipo,
que era capaz de las mayores crueldades, también
era lo suficientemente listo para comprender que
aquél no era el camino. A cambio, exigió del filósofo
que transmitiera a su hijo cuanto sabía, tanto las
materias acroamáticas, las que podían enseñarse
a base de descripciones y razonamientos, como las
epópticas, relativas a los conocimientos secretos
que se adquirían en las iniciaciones a los misterios
y cuya divulgación estaba penada con la muerte.
Compañeros inseparables. Bucéfalo es seguramente el
caballo más famoso de la Antigüedad. Desde que el joven Alejandro lo domara, fue su montura durante todas las conquistas
del macedonio. Vivió casi 30 años, hasta sucumbir en la batalla
del Hidaspes. En su honor, Alejandro fundó una ciudad con su
nombre: Alejandría Bucéfala, situada en el actual Pakistán.
PERSONAJE
Aristóteles
(384-322 a. C.)
Uno de los filósofos
más destacados de
la Edad Antigua, su
pensamiento ejerció
una enorme influencia
en el desarrollo intelectual de Occidente.
Fue maestro del joven
Alejandro cuando éste
tenía 13 años.
60
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Leónidas, un sujeto severo, sobrio de costumbres y
de gran rectitud, asistido por un ayo principal de
nombre Lisímaco y carácter mucho más jovial y tolerante. Escuchando las noticias que le transmitían
los educadores del príncipe, Filipo estaba convencido de que su hijo Alejandro era un superdotado.
El niño no aceptaba las imposiciones que no se le
razonaban detalladamente; de hecho, no obedecía
ni a su padre si no entendía el motivo de las órdenes
que se le daban. Y se lamentaba en secreto de las
hazañas militares de su padre; no por envidia, sino
porque pensaba que las conquistas de Filipo eran
tan grandes que no iban a dejarle a él un terreno
que conquistar. Con esa base de carácter era evidente
que necesitaba un gran maestro, y el orgulloso padre
decidió procurárselo en la persona del mayor filósofo
de su época y uno de los más grandes de todos los
tiempos, Aristóteles, el estagirita.
En el año 341 a. C., Filipo hizo una oferta a Aristóteles que el filósofo no pudo rechazar. En pago extra
por sus servicios como maestro del príncipe, el rey
Alejandro tenía entonces trece años, y Aristóteles
los mismos que Filipo, cuarenta. El rey les regaló un bosquecillo próximo a la ciudad de Mieza
como espacio educativo, y el príncipe aprendió
de Aristóteles durante muchos meses lo suficiente como para desarrollar las potencialidades
que todos apreciaban en su carácter. Pero la instrucción intelectual no fue obstáculo para que
Alejandro desarrollara otras virtudes en el plano
físico, como la lucha, el manejo de las armas y la
equitación. Las fuentes biográficas se demoran
en describir la anécdota más celebrada de su adolescencia, relativa al que sería durante muchos
años su inseparable montura: Bucéfalo (Cabeza de
toro), un caballo de fuerza y belleza excepcionales
que se ofrecía en venta a Filipo por la formidable
suma de 13 talentos. A la prueba del caballo asistieron Alejandro, Filipo y varios de sus cortesanos.
Ciertamente el animal era una hermosura, pero
indómito. Se alzaba de manos ante cualquiera que
se le acercara y piafó, relinchó y no paró de hacer
corvetas hasta que finalmente el rey decidió no
comprarlo. Entonces el adolescente Alejandro se
levantó y reprochó a su padre que descartara a un
animal tan bello por no saber ni querer manejarlo. Filipo, divertido por aquella actitud, lo invitó a
intentarlo él mismo y convinieron en que, si no lo
lograba, pagaría el precio del animal.
El muchacho había visto algo que se les pasó
por encima a los adultos. Bucéfalo, al salir bruscamente de su oscuro establo a la luz del día, se
asustaba de su propia sombra. Así que Alejandro
lo mantuvo de cara al sol, lo acarició y lo montó de
un salto sin que el animal se resistiera. Luego lo
hizo caminar siempre de frente al sol, le dio rienda y lo dominó ante el asombro de todos. La frase
con que su padre lo recibió después de aquella
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La esmerada formación del príncipe
Diógenes y Alejandro
U
na de las anécdotas más brillantes en la vida de Alejandro
se produjo siendo príncipe
muy joven, con motivo de su
visita a Atenas poco después de que
Filipo perdonara a aquella ciudad tras la
batalla de Queronea. Los atenienses no
sabían cómo agradar mejor a aquel maravilloso príncipe que reunía en sí belleza,
inteligencia y destreza militar, así que le
preguntaron directamente qué era lo que
más le interesaba conocer de la ciudad, y
se quedaron pasmados cuando el joven
les pidió conocer a Diógenes. Porque
para muchos atenienses, el filósofo cínico
era un tipo despreciable y asocial, la
vergüenza de Atenas. Pero como Alejandro insistió, lo condujeron hasta el viejo
depósito de agua (la metroo) en el que
se había instalado Diógenes.
Un encuentro para la historia.
Encontraron al filósofo tomando el sol al
pie del depósito, donde jamás entraba
La visita a Diógenes es uno de los pasajes más
famosos de la juventud de Alejandro. Aquí, una pintura de
Sebastiano Ricci (1659-1734) que ilustra ese encuentro.
la luz y, tras observarlo un rato, Alejandro se acercó a él y se presentó diciendo
“Yo soy Alejandro, el príncipe, ¿qué
puedo hacer por ti?”. A lo que el otro
contestó sin moverse: “No me quites
el sol”. Tamaña descortesía motivó que
incluso uno de los nobles atenienses
que acompañaban a Alejandro desen-
brillante hazaña fue histórica, y también profética: “Tendrás que buscarte un reino a tu medida,
hijo, porque en Macedonia no cabes”. Bucéfalo fue
desde entonces su caballo de batalla y le sirvió
hasta que murió en las remotas tierras de Pakistán. Agradecido por los servicios prestados, su
regio amo inmortalizaría su nombre fundando
allí mismo una ciudad: Alejandría Bucéfala.
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Proezas en el campo de batalla
Con 16 años, el príncipe dio el salto a las campañas militares. Mientras Filipo peleaba contra
los bizantinos, su hijo vencía a los medos y entraba en su capital, que fue rebautizada como
Alejandrópolis. Pero donde convenció de verdad
al pueblo macedonio fue en la famosa batalla de
Queronea en el año 338 a. C., en la que a vista de
todos dirigió heroicamente el cuerpo del ejército
que se enfrentó y derrotó a la temible cohorte sagrada tebana. Queronea fue un punto de inflexión
decisivo en el dominio militar macedonio de toda
Grecia. Las ciudades-Estado sentían un fuerte recelo hacia la supremacía macedonia: veían a Filipo
como un lobo con piel de cordero que terminaría
con sus libertades democráticas, así que Tebas y
Atenas, seculares enemigas entre sí, firmaron un
pacto para oponerse a Filipo. En Atenas, uno de
sus principales oradores políticos, Demóstenes, se
hizo famoso por sus advertencias y sus terribles
invectivas contra el monarca macedonio, inaugurando un nuevo estilo oratorio: la filípica.
vainara la espada, pero Alejandro lo
contuvo con una frase histórica: “Déjalo
en paz, pues te aseguro que, de no ser
Alejandro, quisiera ser Diógenes”. Nunca más volvieron a verse, pero el destino
les había preparado otra extraña cita:
el mismo día que murió Alejandro en
Babilonia, murió Diógenes en Corinto.
El día de su nacimiento todos los
horóscopos fueron unánimes; estaba
predestinado a realizar hazañas
extraordinarias.
Una sucesión con tintes trágicos
Tras la victoria de Queronea, el rey macedonio se
convirtió en el amo real de Grecia, pero actuó con
magnanimidad. Hubiera podido destruir Atenas
hasta los cimientos (era lo que se temían los atenienses), pero en lugar de eso propició una liga bajo
condiciones razonables que todas las ciudades
aceptaron excepto la intransigente Esparta.Esa coalición, la Liga de Corinto, supuso la unidad de Grecia
bajo la supremacía encubierta de Macedonia, y permitió a Filipo proponer una gran ofensiva conjunta
contra el enemigo común persa. Aquél fue el nivel
más alto que alcanzó el reinado de Filipo, y hubiera subido más aún si su incontinencia sexual no lo
hubiera empujado a repudiar a Olimpia y casarse
con una jovencita llamada Cleopatra, lo que motivó
el desafecto de Alejandro y el odio mortal de su esposa, que muchos aseguran fueron las causas que
movieron el puñal del joven noble Pausanias, un integrante de la guardia personal de Filipo.El asesinato
se llevó a cabo durante la boda de un hermano de
Olimpia con una hija del propio Filipo, que se había
organizado para contentar a los nobles de Molosia,
muy molestos por el divorcio entre los reyes. Pero
esto ya es el comienzo de otra historia.
LIBRO
Vidas paralelas: Alejandro
Magno-César
Plutarco, Alianza, 2016.
Traducido por Antonio
Guzmán Guerra, esta
nueva edición del
clásico nos narra de
una manera didáctica
las trayectorias de
estas dos grandes
p
personalidades.
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61
ALEJANDRO MAGNO
Capítulo oscuro. Cuando en el año 335 a. C.
Alejandro decidió arrasar la ciudad de Tebas y
vender a sus habitantes como esclavos, quiso dar
una lección a los que osaban rebelarse contra él.
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MUY INTERESANTE
De Queronea al paso del Danubio
El sometimiento
de
Grecia
Antes de iniciar la invasión de Asia,
Alejandro y Filipo tuvieron que
solucionar los conflictos con las
polis griegas, a las que acabaron
por imponerse. Por Juan Antonio Guerrero
L
a punta de la caballería macedonia
se alineaba en formación de cuña
en la primera posición de vanguardia. El joven Alejandro, con 18
años apenas cumplidos, la encabezaba con la mirada fija en el ala
derecha del enemigo, que avanzaba al paso por la llanura. Impávido, contenía con
las riendas al inquieto Bucéfalo, mientras esperaba el momento preciso.
Su padre, Filipo II de Macedonia, que había
avanzado en oblicuo con sus hipaspistas y luego
comenzado a retroceder tras entrar en contacto
con los griegos, había creado con su aparente debilidad un hueco en las densas filas macedonias
que los atenienses y sus aliados se precipitaron a
ocupar, creyendo suya la victoria. Era el momento
que Alejandro esperaba para lanzar su caballería
a la carga, penetrar por la brecha ateniense y girar
envolviendo a los tebanos. Poco después, el invicto
Batallón Sagrado había sido casi aniquilado, con
254 de sus 300 hombres muertos sobre el campo
de batalla. Había comenzado la meteórica carrera
que haría de Alejandro uno de los guerreros más
gloriosos de la Historia.
Filipo II de Macedonia (382-336 a. C.), que había sido
rehén en Tebas durante tres años y aprendido educación militar de Epaminondas, partiendo de una
Macedonia empobrecida, la unificó políticamente,
fortaleció sus fronteras y estimuló el desarrollo de
renovadas actividades económicas. La base de esta
renovación estuvo sobre todo en la transformación
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63
ALEJANDRO MAGNO
El poder de los hetairoí. La caballería era la fuerza
de choque del ejército macedonio; sus potentes cargas
en forma de cuña provocaban estragos en las filas
enemigas. Aquí, una ilustración del paso del río Gránico.
LIBRO
Alejandro Magno
(I): El unificador
de Grecia
Gisbert Haefs, Quinteto,
2002. Primera parte
de una de las mejores
biografías del macedonio. Aborda su etapa
de juventud, marcada
por las relaciones con
su padre.
de su ejército, al que convirtió en una fuerza profesional muy alejada de las levas griegas que transformaban a hombres, viejos y casi niños en hoplitas
cuando sonaban las trompetas de guerra. No eran,
según Filipo,los reclutas ni los ciudadanos-soldados
quienes ganaban las guerras. Así que entrenó a sus
tropas y mejoró las tácticas e incluso la organización,
comenzando por la formación básica de la infantería
griega, la falange, que había sido clave en las victorias durante las Guerras Médicas.
La senda hacia Queronea
Para ello creó la syntagma, unidad básica de 256
hombres formados en 16 lochoi o filas,cada una de 16
infantes y mandada por un lochagos que la encabezaba.A mitad de la fila se encontraba un hemilochites
y en las posiciones intermedias, correspondientes
a la cuarta parte de cada fila, había sendos enomotarcas. Las cinco primeras filas tendían sus sarisas
(lanzas de carga o picas de 4.5 a 6.5 metros de longitud) por encima del hombro del hombre que les
precedía, mientras que los de atrás las mantenían
en alto, haciéndolas oscilar y entrechocar para que
su estruendo atemorizara al enemigo. De paso, ese
bosque de lanzas servía como protección, frenando los proyectiles arrojados contra la formación. La
sarisa se sujetaba con las dos manos, colgando del
cuello el escudo, que era redondo y más pequeño
que el hoplon de los griegos, lo que además proporcionaba un punto de apoyo para el peso de la pica y
permitía que las filas pudiesen estrecharse, dando
mayor densidad a la formación. Los de las primeras
filas podían llevar caras corazas,grebas y yelmos de
bronce,pero el resto sólo se protegía con armaduras
Filipo convirtió al ejército macedonio
en una fuerza profesional, muy alejada
de las levas de ciudadanos-soldados de
las polis griegas.
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de gruesas capas de lino, pegadas entre sí –como las
modernas de kevlar–, a las que progresivamente se
añadieron placas de bronce en el abdomen, el bajo
vientre y los hombros. El arma auxiliar era la kopis,
una espada parecida a la falcata ibérica, algo más
corta que la de los hoplitas griegos y diseñada para
golpear y cortar. Los flancos de la falange los cubría
un cuerpo especial de élite, más ligero y armado
con lanzas cortas, de unos 3.6 m de largo, y un escudo de mayor tamaño. Eran unos 3,000 hombres
denominados hipaspistas y sus formaciones eran
más abiertas y ágiles.
Filipo,a medida que ganó nuevos territorios,fue reclutando arqueros o lanzadores de jabalinas nativos
que utilizó como tropas ligeras. Además prestó especial atención a la caballería, convirtiéndola en un
importante elemento de su ejército. Los caballeros
procedían originalmente de la nobleza macedonia
y se autodenominaban hetairoí,“compañeros”,pero
más tarde sus filas incorporaron jinetes y caballos de
Tesalia, considerados los más resistentes de su época. Tras la anexión de Tracia, también se añadieron
soldados montados, convirtiéndose así la caballería
en la fuerza de choque principal, cuya formación de
ataque solía ser en cuña, la llamada “Punta”, por su
similitud a la moharra de la lanza. Filipo cuidó también la logística,incorporando a sus fuerzas ingenieros,carpinterosyherrerosqueconstruíanmáquinas
de asedio y se encargaban de salvar los obstáculos
del camino y de la preparación defensiva.
Hegemonía en la Hélade
No olvidó, sin embargo, que la base del triunfo es
el conocimiento del enemigo y para ello creó a los
bematistas, que eran exploradores encargados de
medir las distancias y tomar nota de las características topográficas, de determinar las zonas de
vivaqueo y reavituallamiento y de efectuar la cartografía necesaria para el desplazamiento de las
fuerzas macedonias. A veces realizaban también
tareas de información y espionaje. Esta perfecta
organización de guerra, entrenada y motivada, no
tuvo rival en su época y obtuvo siempre la superioridad táctica hasta la batalla de Pidna (168 a. C.), en
la que finalmente las legiones romanas vencieron
al rey Perseo, último monarca macedonio, casi dos
siglos después de la muerte de Alejandro. Filipo
supo desde siempre que para lograr la hegemonía
sobre los griegos tendría, en un momento u otro,
que derrotar a la polis de Atenas, así que tomó el
control de las ciudades coloniales griegas de la
costa del Egeo, región que los atenienses consideraban como propia. Nombrado por la Liga Anfictiónica hegemón o guía de las tribus griegas, declaró
la guerra a Amfisa, ciudad que se había atrevido a
cultivar en tierras sagradas, pero el temor contra
el creciente poder de Filipo llevó a Tebas, Atenas y
FOTOS: PETER CONNOLLY/ ESPASA-CALPE, MADRID
MUY INTERESANTE
FOTO: GETTY IMAGES; MAPA: JOSÉ ANTONIO PEÑAS
Una batalla decisiva
Aunque la posición exacta de ambos contendientes
se desconoce, se supone que los griegos formaron
una larga línea de oeste a este, organizados étnicamente con los atenienses en el ala derecha, los
beocios en el centro y los tebanos en el centro-izquierda, con el Batallón Sagrado en ese extremo. El
ala derecha ateniense unía su flanco con las mu-
Fillipo amaga un ataque
contra los atenienses
y, seguidamente,
finge una retirada
Fillipo contraataca
y envuelve a los
atenienses mientras
Alejandro dispersa
a los tebanos
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FILIPO Y LOS
HIPASPISTAS
(INFANTERÍA
PESADA)
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o
otras ciudades a aliarse contra él. En el verano del
339 a. C., los tebanos posicionaron una fuerza en la
carretera hacia Amfisa y otra en la frontera de Beocia, bloqueando el camino a las fuerzas macedonias
e impidiéndoles el paso hacia el Ática y, por tanto,
hacia Atenas. A pesar de que otras ciudades no se
unieron a la alianza de tebanos y atenienses, sólo
los foceos se pusieron del lado de Filipo.
Para cumplir con su obligación como hegemón en
el castigo de Amfisa, en la primavera del 338 a. C.
se enfrentó a una fuerza de 10,000 mercenarios, a
los que engañó fingiendo retirarse para regresar y
sorprenderlos tan pronto como bajaron la guardia,
apoderándose de la ciudad en apenas tres horas.
La coalición ateniense decidió entonces sostener
la inevitable batalla decisiva en la frontera con Focea, al noroeste de la ciudad de Queronea, en una
llanura de más de 3 kilómetros de ancho cruzada
por varios ríos, bordeada de colinas al norte y al
sur y limitada por tierras pantanosas en el este:
un espacio algo constreñido que creyeron podría
impedir a Filipo maniobrar ventajosamente. A finales de ese verano, los macedonios acampaban a
lo largo del río Cefiso, en el borde más oriental de
la llanura. Eran unos 30,000 infantes y 2,000 jinetes.
Un número similar de griegos, 30,000 infantes, en
su mayoría hoplitas, y 3,800 jinetes, se situó en el
extremo opuesto junto al arroyo Hemón.
Cep
hiso
ALEJANDRO Y
LOS HETAIROÍ
(CABALLERÍA
PESADA)
FALANGE MACEDONIA
7
6
Río
La falange
avanza y
remata la
lucha
4
Viendo un hueco entre
los aliados y los tebanos,
Alejandro carga con la
caballería y envuelve a
los tebanos.
4
3
ea
2
5
Los aliados
se suman al
Aislados, los tebanos
Los atenienses
ataque ateniense,
se desbandan, salvo
cargan contra Filipo,
desordenando ALIADOS
el Batallón Sagrado
creyendo que huye
la línea griega (BEOCIOS
vencido
Y TROPAS
MERCENARIAS)
BATALLÓN
SAGRADO
ATENIENSES
rallas de Queronea a través de unos 5,000 soldados
de infantería ligera aliada. Frente a ellos, el ala izquierda macedonia estaba ocupada por los hetairoí
de la caballería de élite, cuya cabeza era Alejandro,
acompañado, probablemente, por otros dos generales. El propio Filipo, con la mayoría de sus hombres más selectos, se encontraba enfrentado a los
atenienses, y el grueso de sus falanges se situaba en
el centro. La posición de los griegos era ligeramente
ventajosa ya que, si la línea macedonia cedía, se
podría ver obligada a internarse en las tierras pantanosas que, por otra parte, limitaban la capacidad
de maniobra de la caballería, mientras que, en el
mismo caso, los griegos aún podrían escapar hacia
el sur,hacia el paso de Kerata,donde la persecución
por la caballería enemiga sería muy difícil. Estratégica y tácticamente, se trataba de una posición
muy sólida, ya que no tenía otra finalidad que la
defensiva, la de cerrar el paso a los macedonios.
TEBANOS
Las estrategias
de la batalla de
Queronea. En el
338 a. C., los ejércitos
griegos y macedonios
se encontraron en la
llanura de Queronea
(en Beocia). El futuro
político de la Hélade
estaba en juego y,
debido a una brillante
planificación estratégica
(resumida en el
croquis de arriba), los
macedonios lograron
una victoria que cambió
la Historia.
El Batallón Sagrado de Tebas
D
El Batallón Sagrado cosechó victoria tras victoria
hasta su caída en Queronea ante las falanges macedonias
(arriba, una de éstas en un relieve en Tesalónica, Grecia).
urante más de tres decenios, el Batallón Sagrado fue la más
temida unidad de élite de Grecia y participó en las batallas de
Leuctra (371 a. C.) y Mantinea (362 a. C.), que marcaron el declive del poder de Esparta. Fue creado por Górgidas, se dice que a
imitación del famoso batallón de “Los 300” espartano, y estaba constituido
por 150 parejas homosexuales, cada una de ellas formada por un hombre
de más edad, el heniochoi o conductor, y otro más joven, el paraibatai o
compañero. Así, según Plutarco, este “ejército de amantes” se lanzaba a la
batalla con lazos más fuertes que la simple tribalidad, el parentesco familiar,
la camaradería o el más intenso corporativismo. Tras su victoria en la batalla
de Tegira, el genial político y militar Pelópidas lo convirtió en su guardia personal. La única derrota de esta unidad fue precisamente en Queronea, donde, a pesar de ser rodeado, el Batallón Sagrado luchó casi hasta el último
hombre. El propio Filipo, siempre según Plutarco, ante la pira de cadáveres
del Batallón amenazó a quienes calumniaran a aquellos valientes: “Muera
quien siquiera piense que estos hombres hicieron algo inapropiado”.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
La táctica favorita de Alejandro
D
urante la batalla de Queronea, y más tarde en las del Gránico (334 a. C.) e Issos (333 a. C.) contra el ejército persa de
Darío III, Alejandro empleó su táctica favorita, denominada
“el martillo y el yunque”, una maniobra de envolvimiento por
ambos flancos que no podía ser utilizada si los dos ejércitos enfrentados
no contaban con cierta paridad, siquiera aproximada, de efectivos. Alejandro y su padre Filipo distinguían en ella dos elementos. El “martillo”
se correspondía con los hetairoí o caballería pesada, que efectuaba el
flanqueo del enemigo, generalmente por el lado derecho, que mandaba Alejandro en persona, o por ambos, con la caballería ligera en el
izquierdo. Envolvían así a la formación enemiga en un espacio cerrado,
impidiendo sus movimientos salvo hacia el frente, donde era aplastada
contra el “yunque”, la falange macedonia y los hipaspistas o infantería de
élite, que entretanto habían efectuado su avance.
Garantía de éxito. Otras veces, como en Queronea, el flanqueo se
producía a través de una brecha abierta en la formación contraria, ya
fuera al ceder frente al empuje de los hipaspistas o, por el contrario, por
precipitarse el enemigo hacia un hueco real o simulado entre las filas
macedonias. El ataque de la caballería causaba un fuerte impacto sobre
la infantería enemiga mediante la velocidad y la potencia de su carga,
creando la mayoría de las veces una gran confusión al no poder distinguir sus mandos si las unidades se habían dispersado o simplemente
no estaban coordinadas. El método del doble envolvimiento no sólo
gozó de gran popularidad en la Edad Antigua, sino que su empleo se ha
extendido hasta nuestros días: el mariscal alemán Rommel lo utilizó en
la batalla de Gazala, en mayo de 1942, consiguiendo con ello la captura
de Tobruk y que sus fuerzas avanzaran casi hasta el Canal de Suez.
y avanzar. Más de un millar de atenienses perdieron
la vida y otros 2,000 cayeron prisioneros, y las bajas
fueron similares para los tebanos, que perdieron
casi por completo a su preciado Batallón Sagrado.
Se confirmaba el predominio del lochagos, el soldado profesional, sobre el hoplita griego, ciudadano-soldado, tal como siempre había creído Filipo.
Alejandro, un alumno aventajado
La riqueza a la que había llegado Macedonia gracias
a Filipo proporcionó a su hijo Alejandro una educación privilegiada, tanto intelectual como militar.
Curiosamente, fue en la predominante Tebas de
Epaminondas donde aprendió las tácticas que lo
llevaron a conquistar un imperio. Su padre le asignó a edades muy tempranas tareas de Estado, lo
nombró regente con tan sólo 14 años y le confió el
mando de la fuerza de élite, como se pudo ver en
Queronea. Ese mismo año Filipo le otorgó, incluso,
el cargo de gobernador de Tracia. Un nuevo matrimonio de su padre hizo peligrar su derecho al trono,
provocando que ambos se enfadaran y llegaran a
una disputa pública. Alejandro tuvo que marcharse
a Epiro junto con su madre. Filipo, consciente de las
muchas virtudes de su hijo, a quien había proclamado su sucesor, terminó por perdonarlo. No en
vano confiaba en él para su proyecto de conquista
de Asia, cuyos preparativos ya habían comenzado.
Dos años después de Queronea, mientras asistía
a la boda de su hija Olimpia en Egas, Filipo II fue
asesinado por el capitán de su guardia personal,
Pausanias. Alejandro fue proclamado rey por los
nobles macedonios y por el ejército, a pesar de que
algunos insinuaron su participación en el crimen,
hecho que arrojó ciertas sombras de maquiavelismo sobre el nuevo rey de Macedonia y que fue
aprovechado por algunos Estados que, al conocer la
noticia, se rebelaron contra él. Entre éstos estaban
Tebas, Atenas, Tesalia y las tribus tracias del norte.
Las ingeniosas
estrategias de
Alejandro fueron
clave en sus victorias
militares. Arriba, la
pintura Batalla del río
Gránico, de Charles le
Brun (1665).
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Filipo hizo avanzar sus hipaspistas en orden
oblicuo, como había aprendido de Epaminondas,
para luego fingir que se retiraba, lo que indujo de
inmediato a los atenienses a avanzar aprovechando esa aparente debilidad. Pero ese movimiento lo
que hizo fue crear un hueco en el centro griego, que
fue de inmediato aprovechado por la caballería de
Alejandro. Atravesada la línea, los compañeros del
Magno giraron a la izquierda mientras la caballería
ligera golpeaba por la derecha el flanco del Batallón
Sagrado. Las dos fuerzas montadas lograron rodear
a los tebanos. Al mismo tiempo, las muy entrenadas falanges macedonias detenían su retirada y se
mantenían firmes, sin ceder terreno para, una vez
debilitados los precipitados atacantes, rechazarlos
La respuesta de Alejandro fue rápida y contundente: a pesar de la oposición de sus asesores, reunió
a la caballería macedonia y se dirigió a Tesalia,
cuyo ejército estaba ocupando el paso entre los
montes Olimpo y Ossa. Sin inquietarse, los rodeó,
atravesando la montaña durante la noche, para
situarse a su retaguardia. No sólo se rindieron los
tesalios, sino que se acabaron incorporando a la
caballería para continuar con la marcha hacia el
Peloponeso. En las Termópilas fue, como su padre
antes, reconocido como el hegemón de la Liga Sagrada, y luego prosiguió su marcha hacia Corinto,
ciudad en la que fue nombrado el protector griego
contra los persas tan pronto como Atenas pidió la
paz y Alejandro perdonó a quienes no se hubieran
involucrado en el levantamiento.
FOTO: MUSÉE DU LOUVRE/ FRANCE
Grecia se rebela
Después de la pacificación de la
Hélade, Alejandro tuvo las manos
libres para emprender la conquista
del Imperio persa.
El paso hacia el Peloponeso. En 338 a. C., Filipo
conquistó la ciudad de Corinto, ubicada en el istmo
que separa la Grecia continental de la península del
Peloponeso. En la imagen de arriba, el Templo de
Apolo en Corinto, gran ejemplo de arquitectura dórica.
Para asegurar su frontera norte, en la primavera del 335 a. C., Alejandro tuvo que enfrentarse a
la revuelta de los ilirios y tribalios en Tracia. En su
marcha, reforzó sus efectivos con los agrianos de
la tribu de Langaro, que eran aliados y amigos de
Macedonia. Alcanzado el monte Hemo, donde los
tracios habían colocado una barrera de carros de
guerra, Alejandro ordenó a sus falanges marchar en
orden abierto y, cuando los carros tracios cargaron
contra ellas, sus disciplinados soldados abrieron
las filas de la falange para que los arqueros pudieran disparar sobre los tracios, que, perdido el ímpetu inicial, fueron eliminados por la infantería ligera.
La derrota de los rebeldes fue total. Alejandro se
adentró después en los territorios de los tribalios,
cruzando el Hemo y persiguiéndolos hasta la confluencia de los ríos Ligino y Danubio. Su rey, Sirmio,
se refugió en la isla de Peuce, situada entre ambas
corrientes fluviales, donde esperaba que Alejandro
no podría alcanzarlo. Pero el asedio sostenido y el
duro castigo que el macedonio infligió entre tanto
a sus aliados, los getas, lo inclinó a pedir la paz.
FOTOS: GETTY IMAGES; SAMUEL H. KRESS COLLECTION/ NATIONAL GALLERY OF ART
La ruina de Tebas
La campaña del Danubio continuó con el cerco de
Pelion contra las tribus ilirias, en lo que hoy es Albania. Al apoderarse de este paso, que proporcionaba acceso a Iliria y Macedonia, Alejandro pudo
marchar hacia Tebas, ciudad en la que la rebelión
había triunfado gracias, entre otras cosas, al oro
persa. No deseaba la destrucción de la ciudad,
antes al contrario: necesitaba a los tebanos para
su campaña contra Persia; ya contaba con las ciudades de Orcómeno, Platea, Fócida y alguna más,
que habían unido sus fuerzas a los macedonios.
Decidió usar la vía diplomática, que no era muy de
su agrado, enviando varias embajadas y exigiendo
sólo la entrega de los líderes de la revuelta. Pero la
respuesta tebana fue muy altanera, llegando incluso a aceptar la paz “a cambio de varios generales
macedonios”. Aun así, Alejandro siguió negociando, incluso a pesar de que los tebanos realizaron
una salida contra su campamento.
Una relación
compleja. Es la que
tuvieron Alejandro y
Filipo, un verdadero
filón que los artistas
han sabido aprovechar
a lo largo del tiempo.
Aquí, el óleo Alejandro
amenazado por su
padre (1700/1705),
del pintor italiano
Donato Creti.
Sin otra opción posible,inició el asalto de la ciudad.
Tras tantear las murallas, encontró un punto débil
por el que las tropas macedonias consiguieron entrar. La resistencia tebana rechazó a los invasores
hasta que el general Pérdicas, que encabezaba el
asalto, resultó herido, situación que conmocionó a
sus soldados y dio nuevos bríos a los tebanos, que,
con los macedonios en retirada,abandonaron la ciudad en su persecución.Alejandro los esperaba en las
afueras de la brecha y los dejó salir sólo para luego
interponer a sus hipaspistas entre los perseguidores
y las murallas. Pronto los perseguidores estuvieron
en desbandada y los amurallados tuvieron que abrir
las puertas para acogerlos. Alejandro aprovechó la
ocasión para penetrar en la ciudad, prosiguiendo la
lucha en las calles y plazas. A pesar de una encarnizada defensa que costó un número muy alto de bajas
a ambos bandos, la capitulación no se hizo esperar.
Alejandro,furioso por el costo y la arrogancia tebana,
decidió la destrucción completa de la ciudad y que
ésta sirviera como ejemplo a otros en el futuro. Más
de 6,000 tebanos perdieron la vida y casi 30,000 supervivientes fueron vendidos como esclavos; sólo se
salvaron los sacerdotes,los líderes promacedonios y
los descendientes del poeta Píndaro, al que Alejandro admiraba profundamente.Con la destrucción de
Tebas y pacificados sus vasallos en Europa, Alejandro tenía por fin las manos libres para emprender la
invasión de Persia, una empresa que su padre tanto
tiempo había deseado y planificado.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
En un enclave legendario. En el inicio de la campaña
de Asia, Alejandro con sus tropas llegó a la mítica ciudad de
Troya, donde visitó la tumba de Aquiles, de quien los reyes de
Epiro reivindicaban ser descendientes. Así Alejandro también
lo sería por parte de su madre Olimpia de Epiro. Este cuadro
de Giovanni Paolo Panini del siglo XVIII representa esa visita.
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Campaña militar de Asia
La conquista de
Oriente
Una vez liberadas las ciudades griegas de Asia Menor,
Alejandro partió con su ejército hacia el este para cruzar el
río Éufrates con el objetivo de continuar los planes de su
padre y apoderarse del Imperio aqueménida. Por Juan Carlos Losada
L
as conquistas de Alejandro fueron
fruto de la combinación del poderío
militar de su ejército y de su capacidad como general y líder, junto con
las debilidades y errores persas.
El rey macedonio había logrado aunar una fuerza pequeña pero homogénea, disciplinada, muy entrenada y sumamente
motivada por las ansias de botín. Los persas, en
cambio, eran muy numerosos, pero excesivamente
divididos en etnias y pueblos, lo que restaba mucha
eficacia militar. Al mismo tiempo la gran extensión
de su territorio los hacía proclives a sufrir movimientos separatistas en las provincias más alejadas, encabezados por sus sátrapas o gobernadores,
añadiéndose a estos conflictos los derivados de las
rivalidades internas de la familia real. Todo ello no
pasó inadvertido a los ojos de Alejandro, quien vio
acertadamente que el Imperio persa de la dinastía
aqueménida de Darío III era un gigante con pies
de barro, que podía ser batido con cierta facilidad.
FOTOS: THE WALTERS ART MUSEUM
De Troya a Issos
Las ansias de gloria de Alejandro, desmesuradas y
hasta enfermizas, también fueron determinantes.
A diferencia de otros genios militares como Aníbal,
César o Napoleón, no vaciló en combatir en primera
línea al frente de su escolta personal de caballería,
lo que elevó su prestigio y liderazgo, aunque le llevó a ser herido en varias ocasiones poniendo en
riesgo sus victorias. Pero tuvo suerte, pues cuando
le alcanzó la muerte ya había destrozado para siempre a los persas en las distintas batallas en las que
siempre resultó vencedor.
Alejandro se sentía heredero de los antiguos griegos que sometieron Troya mil años antes. Por ello,
tras cruzar el estrecho de los Dardanelos se dirigió a las ruinas de la vieja ciudad, donde hizo una
ofrenda a Aquiles, uno de los héroes con los que se
identificaba, para a continuación dirigirse a liberar
a las ciudades griegas de la costa de Asia Menor
que estaban sometidas al Imperio persa. A los pocos
días, en mayo del 334 a. C., se dio la primera batalla
de entidad cuando su ejército quiso cruzar el río
Gránico. Eran unos 20,000 los macedonios y griegos
que se disponían a hacerlo, esperándolos en la otra
orilla un ejército persa que los doblaba en número, siendo la mitad mercenarios helenos y el resto
combatientes originarios de distintos puntos del
Imperio. A su frente estaba precisamente un griego,
Memnón el Rodio, quien sabiendo que la debilidad
de Alejandro estaba en los suministros que debían
llegarle desde Grecia, defendía la estrategia de tierra quemada para debilitar al enemigo y evitar el
choque directo. Era conocido que el invasor necesitaba diariamente unas 225 toneladas de forraje
para sus caballos y mulos, así como 270,000 litros
de agua que, si no se obtenían mediante requisa en
los campos y terrenos próximos, debían traerse de
la retaguardia. Pero los sátrapas persas no querían
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
Valioso puerto de la antigua Caria. En el año
334 a. C., Alejandro Magno liberó Mileto –antigua
ciudad griega de la costa occidental de Anatolia– de los
persas que ocupaban la urbe y su estratégico puerto.
En la imagen, las ruinas de la ciudad en la actualidad.
Ataque por sorpresa
El mismo rey encabezó sus tropas de caballería y el
enemigo, que esperaba el ataque al amanecer, no
pudo ordenar sus fuerzas y fue desbordado. Alejandro luchó en vanguardia, de modo audaz, con dos
capitanes persas a los que mató, pero estuvo a punto de morir a manos de un tercero salvándolo uno
de sus capitanes, Clito el Negro. Al poco tiempo las
fuerzas persas huyeron en desbandada, lo que otorgó a los macedonios su primera victoria en Asia.
La victoria en el Gránico fue decisiva pues, por vez
primera, los helenos vencían a su tradicional enemigo en su territorio. Con ella Alejandro consiguió
importante bagaje de riquezas y vituallas, logrando
que se sumaran a su bando las ciudades griegas de
la costa jónica sometidas a Persia desde hacía siglos,
fuera por convencimiento o temor. Más importante aún fue asegurar varios puertos que permitieron
un abastecimiento más regular al ejército desde Europa. Sin embargo, el Imperio aqueménida seguía
contando con un enorme poder naval y bases marítimas en la costa siria y fenicia. Desde ella podía
lanzar sus naves contra las islas griegas, lo que hizo
contra Lesbos y la misma Grecia continental, obstaculizando las líneas de suministro de Alejandro
y tratando de sublevar con su oro a ciudades como
Atenas o Esparta, que aún no había acabado de digerir el dominio de la monarquía macedonia. Por
ello, antes de atacar el corazón del Imperio de Darío
III, tenía que consolidarse en Anatolia y, sobre todo,
anular su poder naval y su capacidad de contraataque, lo que llevó a descender hacia el sur, por la
costa, tomando en primer lugar la ciudad de Mileto.
Pánico y desbandada
Victoria decisiva para los griegos. La batalla de Issos fue un
triunfo táctico de Alejandro Magno y posiblemente su victoria más famosa.
Se estima que el ejército macedonio perdió a unos 7,000 hombres frente
a las 30,000 bajas causadas al ejército persa de Darío III. Aquí, el lienzo
renacentista alemán La batalla de Alejandro en Issos (1529).
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En su marcha, la segunda gran batalla que se libró fue la de Issos, en noviembre de 334 a. C., en
el golfo del mismo nombre al principio de la costa
sirio-palestina. El rey persa decidió encabezar personalmente un ejército de unos 100,000 hombres,
resuelto a acabar con la invasión macedonia, entre
los que se encontraban sus selectos guardias conocidos como los Inmortales. Para dar más pompa a la
FOTOS: ALTE PINAKOTHEK/ MUNICH; GETTY IMAGES
destruir sus cosechas y asolar sus campos, por lo
que decidieron ofrecer batalla, confiando en que
sus buenas posiciones defensivas disuadieran a los
griegos de vadear el río o a hacerlo en condiciones
desfavorables. Pero el macedonio, consciente de
sus carencias, precisamente sabía que debía atacar cuanto antes y hacerse con botín y reservas de
víveres; de esta manera elevaría la moral de sus
tropas y su avituallamiento. Por ello decidió atacar
sin demoras y lanzó a sus hombres a atravesar el río
aún de noche, tomando por sorpresa a los persas.
batalla había acudido con su madre, esposa, hijas y
demás familia real. Los hombres de Alejandro, por
su parte,alcanzaban los 40,000.Los persas se formaron con sus efectivos en una llanura, entre el mar y
las montañas, al norte del río Pinaro, mientras enfrente, al sur y en la otra ribera, estaban los griegos.
Darío confiaba en su superioridad numérica, pero
estaba encajonado en un campo de batalla donde le
era difícil explotar su ventaja. Considerando que su
caballería no podía maniobrar en las zonas escarpadas, la había concentrado en la llanura junto al mar,
en su flanco derecho, confiando en que en esa zona
se daría el choque decisivo. Sin embargo,Alejandro
volvió a atacar con sus jinetes de modo súbito por el
flanco derecho (la izquierda persa),por donde Darío
consideraba que era imposible al ser más abrupto,y
tras vadear el río se lanzó al ataque de modo un tanto imprudente, dejando un hueco en sus filas fruto
de la precipitación. Los persas podían haber contraatacado aprovechando este error, pero desconcertados no supieron reaccionar y dieron tiempo a
que la infantería helena avanzara, mientras que su
caballería los envolvía. Ello provocó que el grueso
de las fuerzas persas entrara en pánico y comenzara a desbandarse, contagiando a su caballería del
ala derecha, la cual era la única unidad que estaba
haciendo frente con éxito a los griegos. Viendo el
desmoronamiento Darío huyó del campo de batalla
precipitadamente, no vacilando en abandonar sus
estandartes personales y a su misma familia.
De tiro a Gaugamela
Las bajas fueron importantes por ambos bandos,sufriéndose unas 18,000 por parte persa y unas 6,000
por la griega.Pero las consecuencias políticas y militares fueron aún más trascendentales.Darío no tuvo
La victoria de Alejandro en la batalla del
Gránico fue decisiva, pues por primera
vez los helenos vencían al tradicional
enemigo en sus dominios.
otro remedio que replegarse a Mesopotamia, mientras que Alejandro descendía por la costa fenicia y
palestina tomando una a una todas las ciudades costeras, para dirigirse luego a ocupar Egipto. Así el Imperio perdió al poco tiempo sus puertos, su enorme
flota y por tanto la capacidad de contraatacar sobre
territorio heleno. Sin embargo, la marcha de expedición fue lenta debido a las necesidades logísticas, lo
que llevaba a acompasar la marcha del ejército a la
llegada de suministros y a las fechas de las cosechas
para que se pudiera abastecer sobre el camino.
Al principio en su avance hacia el sur por la costa no
tuvo dificultades, pues se rindieron Biblos y Sidón.
Pero encontró el gran obstáculo en la ciudad portuaria deTiro, cuyo sitio se inició en enero del año 332 a.
C., y en donde los persas mantenían el grueso de su
armada. Su toma era especialmente difícil, pues estaba ubicada tanto sobre tierra firme como sobre un
islote a menos de un kilómetro de la costa,protegido
por unas murallas de más de 40 metros de altura y
que contaba con dos puertos.
Para conquistarla Alejandro tuvo que construir
una lengua de tierra y madera para poder acercarse con sus máquinas de sitio a la isla, obra en la
que empleó casi ocho meses. Durante ese tiempo
los sitiados hicieron toda suerte de esfuerzos para
destruirla y el macedonio para defenderla y consolidarla.Al mismo tiempo organizó una flota de 200
navíos para cercar a la isla también por mar. Por
fin concluyó la construcción del espigón al tiempo
que montaba torres de asedio sobre trirremes, de
LIBRO
La conquista
de Asia: Alejandro Magno
334-323 a. C.
John Warry, RBA
Libros, 2011. Esta obra
describe en detalle
las principales batallas de la campaña
asiática de Alejandro
Magno: el Gránico,
Issos, Gaugamela, el
Hidaspes y el complicado sitio de Tiro.
Alejandro, el fundador de ciudades
FOTO: GETTY IMAGES
S
egún Plutarco, Alejandro fundó
sesenta ciudades a lo largo
de sus conquistas, siempre en
puntos estratégicos. El motivo
era que la urbe era el factor que podía
vertebrar el nuevo territorio conquistado.
Era la sede del poder político y militar, nudo de comunicaciones y centro
económico. Además funcionaba como
la base de las estructuras del Estado permanente que trató de implantar y que
seguía el modelo griego de civilización,
en contraste con el mundo mucho más
rural sobre el que estaba concebido el
Imperio persa. Además, las ciudades
eran el marco perfecto para edificar
grandes templos y convertirlas, por ello,
en centros de poder religioso, que se veía realzado
por la grandiosidad de
la arquitectura, donde la
cultura griega se fundió
con las aportaciones orientales, dando lugar a uno
de los elementos clave del
Situada en el sur de Turquía, Alejandreta
(Iskenderun en turco) fue fundada por Alejandro
llamado helenismo.
Magno como punto de control de las Puertas de Siria.
Muestra de megalomanía. Una ciudad majestuosa era un reflejo del nuevo poder, del
sus ansias de perpetuidad y su carácter
nuevo sistema político y administrativo, y
divino, rasgos megalómanos que con
por tanto expresión plástica de la autoriel tiempo fueron acentuándose en su
dad y prestigio del soberano que ordenó
personalidad, pues hay que recordar que
su construcción. Además, con la fundabautizó con su nombre a una veintena de
ción de ciudades Alejandro se aseguraba
esas nuevas ciudades.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
modo que los arietes y las catapultas comenzaron
a actuar tanto desde tierra firme como desde el
agua, aunque no por ello los tirios cejaron en su
acérrima defensa.
Fin del poder marítimo persa
Al final sus defensas cayeron y comenzó la masacre, siendo respetada únicamente la vida de los que
se habían refugiado en los templos. La represión
fue total para demostrar el destino que esperaba a
quien se resistiera a los conquistadores y así evitar
que otra ciudad pudiera retrasar su avance como lo
hizo Tiro. Con la conquista de la ciudad marítima se
acabó con el poderío persa en el mar y se conjuró
para siempre la posibilidad de que Darío pudiera
atacar ningún territorio griego europeo y cortar las
líneas de abastecimiento del ejército de Alejandro.
Cientos de naves persas, tripuladas por griegos jónicos, desertaron al bando griego, y otras tantas huyeron a Cartago y a otros puntos del Mediterráneo,
con lo que su poder naval se desintegró.
El siguiente obstáculo fue Gaza. La ciudad estaba
sobre una colina rodeada de murallas y para acceder
a ella había que superar pendientes que hacían inviable el empleo de máquinas de asedio. Por tanto, se
tuvieron que construir terraplenes que nivelaran el
terreno de forma que se pudo emplear la maquinaria
utilizada en Tiro y trasportada por mar hasta Gaza.
Tras dos meses de duro asedio, y en el que Alejandro
volvió a ser herido, Gaza cayó a finales del 332 a. C.
y, tras volver a perpetrar una nueva matanza de sus
habitantes como escarmiento, el camino a Egipto
quedó abierto, a donde llegó en pocas semanas.
Con Gaugamela, el Imperio aqueménida
se desvaneció y su último rey, Darío, se
convirtió en un fugitivo.
Control sobre Egipto
Muchos son los historiadores que consideran la
expedición al país del Nilo como un error militar.
Tras la toma de Tiro y Gaza, Egipto, que era una provincia alejada del Imperio persa, ya había escapado,
de hecho, a su control y su sátrapa era una figura
sin autoridad, por lo que nadie se resistió al conquistador, quien fue proclamado por la población
como liberador y nuevo faraón. La explicación cabe
buscarla en sus ansias de prestigio y poder. Sabía
que en el oasis egipcio de Siwa –cerca de la frontera con la actual Libia– sería elevado a la divinidad
por el gran sacerdote de Amón. También que con
el control de Egipto se aseguraba el enorme suministro de alimentos que producía el delta del Nilo,
en donde en uno de sus ramales fundó la ciudad
de Alejandría en el año 331 a. C. Mientras tanto sus
hombres de confianza que había dejado en la costa
sirio-palestina y Anatolia, reorganizaban el territorio, al tiempo que aseguraban la logística que debía
permitir la definitiva campaña hacia Mesopotamia
y el interior de Asia. Pero el desvío hacia Egipto pudo
haber tenido fatales consecuencias, pues podía
haber dado tiempo a Darío III a reorganizarse y a
atacar la retaguardia macedonia. Por suerte para
Alejandro, los persas, sumidos en la división interna, eran incapaces de contraatacar y sólo pensaban
en cómo resistir la inminente invasión.
En la primavera del 331 a. C., ya divinizado y en
la cumbre de su prestigio, partió de Egipto, regresó
sobre sus pasos, descansó unos días en Tiro, donde
se reforzó con hombres y bagajes, y partió hacia el
este hasta cruzar el Éufrates.
Sus fuerzas sumaban unos 47,000 hombres, todos de excelente calidad, destacando 7,000 jinetes
y sus falanges macedonias. En sus filas se mezclaban macedonios, tracios, cretenses y griegos de
distintas zonas y ciudades, pero todos
férreamente unidos bajo el liderazgo de
su comandante. Darío decidió esperarlo con un nuevo ejército en la llanura de
Gaugamela, cerca de la actual Mosul,
en las orillas del río Tigris, que había
incluso allanado y desbrozado preparándolas para facilitar la maniobrabilidad de su caballería.
Toque exótico en la contienda. En la llanura de Gaugamela, las
disciplinadas falanges macedonias fueron capaces de contener a la
numerosa caballería persa, acompañada por 20 elefantes (en la ilustración)
llegados de la India y doscientos carros con hoces afiladas en las ruedas.
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Sus efectivos han sido muy exagerados
por los clásicos, pero apenas doblarían
los de Alejandro. A diferencia de los atacantes, su infantería era muy poco combativa por su excesiva heterogeneidad
y falta de adiestramiento (había desde
bactrianos hasta indios pasando por escitas y armenios), a excepción de unos
4,000 mercenarios griegos y sus 10,000
FOTO: GETTY IMAGES
Persia lanza su caballería
El ejército de Alejandro
E
FOTOS: MUSEUM KUNSTPALAST/ GOOGLE CULTURAL INSTITUTE; JOHNNY SHUMATE/ ANCIENT HISTORY ENCYCLOPEDIA
l núcleo de su máquina de guerra
eran sus compactas falanges, de
hasta 16 filas de profundidad,
cuyo armamento más llamativo
era una larga lanza, la sarisa, de unos seis
metros de longitud. En formación de combate eran como un inmenso erizo impenetrable, capaces de maniobrar ágilmente
con letal disciplina. En combinación con
esta infantería actuaba la caballería pesada, los hetairoí o compañeros, siendo uno
de sus escuadrones la guardia personal
de Alejandro. La táctica consistía en que la
caballería rompiera la formación enemiga
con sus cargas, tras envolverlas por los
flancos y la retaguardia, para empujarlas contra las picas de las falanges. Era
también elemento imprescindible una
infantería más ligera que colaboraba con
la caballería, los hipaspistas (portadores
de escudo), cuya arma principal era una
lanza de dos metros y medio, siendo uno
de sus regimientos la guardia personal
de a pie de Alejandro, los agêma. Aparte
estaban las fuerzas auxiliares, tanto de
caballería ligera como de infantería, destacando los arqueros cretenses, así como
miles de mercenarios que actuaban como
fuerzas de reserva o refuerzo. Todo ello
formaba una organización militar flexible
capaz de combinarse en la batalla según
sus especialidades, y de vencer a pesar de
ser inferiores numéricamente.
El apoyo de artefactos pesados.
Mención especial merecen sus complejas máquinas de asedio, como torres de
asalto y pesados arietes, diseñadas por
ingenieros y construidas por cientos de
Inmortales, estando su verdadero poder en su entrenada caballería de unos 30,000 jinetes, muy superior numéricamente a la macedonia. Como toque
exótico, aunque muy poco efectivo contra los adiestrados griegos, también contaba con unos 200 carros
falcados y unos 20 elefantes traídos de la India. El
decisivo choque se produciría el 1 de octubre.
La táctica persa se basaba en aprovechar la superioridad de su caballería, a la que situó en vanguardia con la misión de asumir el protagonismo.
Debía lanzarse por las alas y envolver al enemigo
tras destrozar sus flancos; una vez conseguido, las
falanges macedonias, por muy efectivas que fuesen, acabarían siendo arrolladas.
Alejandro lo contrarrestó atacando en oblicuo, retrasando su ala izquierda para dificultar el envolvimiento enemigo. Su plan era entretener el ataque de
la caballería persa mientras él, en el momento oportuno, atacaría con lo más selecto de sus hombres,
su caballería pesada (los hetairoí o “compañeros”)
y sus falanges macedonias, contra el centro persa
donde estaba resguardado Darío. La ofensiva de los
jinetes aqueménidas fue contenida con dificultad,
aunque la de los carros y elefantes fracasó por completo ante las disciplinadas falanges. Los combates
más intensos acabaron librándose en el ala derecha
griega, hacia donde avanzó buena parte del centro
persa para apoyar el ataque. Pero eso supuso que
se abriera un hueco en las filas centrales persas,
lo que aprovechó Alejandro para lanzarse con sus
compañeros y lo más granado de sus fuerzas, logrando superioridad en ese punto concreto que era
donde estaba Darío. Viendo lo que se venía encima emprendió la huida abandonando a su ejército,
con lo que la moral se hundió, a pesar de que sus
Además de portar escudo, los
hipaspistas empleaban como arma
principal la lanza. La ilustración representa a ese tipo de soldado macedonio.
especialistas artesanos, que permitieron
la toma de Tiro, Gaza y otras ciudades
fortificadas, lo que supuso un hito en la
historia de las guerras de asedio.
hombres habían logrado poner en serios apuros al
ala izquierda griega, así como alcanzar sus carros
de bagajes que saquearon durante unos minutos,
lo que obligó a Alejandro a enviar urgente socorro
y detener la persecución del rey persa. Al final, la
mitad del ejército vencido cayó muerto,herido o prisionero, mientras que los griegos apenas sufrieron
unas 5,000 bajas entre muertos y heridos.
Con Gaugamela el Imperio aqueménida se desmoronó. Darío se convirtió en un fugitivo que trató
desesperada e infructuosamente de buscar nuevas tropas, pero cada vez más abandonado fue asesinado por los propios sátrapas de las provincias
orientales, en julio del año 330 a. C., con la esperanza de que Alejandro los mantuviera en el poder,
cosa que no lograron. De hecho, el conquistador ya
era el nuevo rey de Persia.
Una muestra de
humanidad. Tras la
batalla de Gaugamela,
el rey persa derrotado,
Darío III, emprendió
su huida hasta que los
sátrapas insurgentes lo
apuñalaron en 330 a. C.
Alejandro lo encontró
muerto y se cuenta que
lloró y lo tapó con su
manto. Arriba, el cuadro
recrea ese último
encuentro.
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73
MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
La helenización del mundo antiguo
en
74
Roma
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Tras la muerte de Alejandro, sus
seguidores fueron legión: tanto su vida
como sus conquistas se convirtieron
en un modelo a seguir. Sin la imitatio
alexandri no podría entenderse gran
parte de la historia de Roma y de los
romanos. Por Laura Manzanera
S
e cuenta que, estando en Hispania,
Julio César lloró ante una estatua de
Alejandro Magno; el emperador Augusto visitó su sepulcro en Alejandría; a Calígula le gustaba exhibir su
coraza; Trajano siguió su ejemplo al
emprender una guerra de conquista
contra el Imperio parto, que era la potencia oriental
de su tiempo… Ningún personaje histórico ha alimentado el inconsciente colectivo ni estimulado la
creatividad de pueblos de todo el globo como lo hizo
el rey macedonio, un referente desde su misma muerte que los romanos tuvieron siempre muy presente.
Helenización a la romana
anía
Durante la primera mitad del siglo II a. C., Roma conquistó los reinos helenísticos, herederos del imperio
que había forjado Alejandro. La cultura griega impregnó
el alma romana y ayudó a modelar la que sería una gran
civilización, como grande había sido la de Alejandro.
Fueron los aristócratas los que captaron los nuevos aires que llegaban de Oriente y los transmitieron al resto
de la sociedad. Muy pronto los romanos demostraron
tener un gran conocimiento de la cultura griega y terminaron aceptándola. En religión, introdujeron el ritus
graecus y asimilaron muchas divinidades helenísticas.
Los poetas latinos traducían la literatura griega al latín
y la primera Historia de Roma la escribió Quinto Fabio
Píctor en el siglo III a. C., pero en griego, lo cual indica
que muchos romanos dominaban la lengua de Homero.
Pese a esa innegable influencia, se llevó a cabo una
“helenización a la romana”, absolutamente controlada y que servía a intereses políticos concretos. Y en
ella, la figura del Magno jugó un papel estelar. La imitatio alexandri arrancó prácticamente con los sucesores
del macedonio, los reyes helenísticos que plasmaron
su efigie en las monedas; prosiguió por la africana Cartago, enfrentada a Roma por el control del Mare Nostrum, y fue más allá, como no podía ser de otro modo,
con los grandes generales y emperadores romanos.
Los primeros herederos
FOTO: GETTY IMAGES
Entroncar con un pasado glorioso
Fue lo que buscaron muchos emperadores
y generales romanos. Uno de los casos
más notables fue el de Octavio Augusto. Se
consideraba heredero del Magno, y visitó su
sepulcro en Alejandría (aquí, en un cuadro del
siglo XVII). Su idea de imperio universal era
reflejo de lo conseguido por el macedonio.
Y eso fue posible gracias al nexo permanente que Alejandro había establecido entre Oriente y Occidente,
facilitando un fructífero intercambio económico y cultural.Tanto es así que, tal vez, la existencia del mismo
Imperio romano o la difusión del cristianismo no hubieran tenido lugar sin él.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
pagar y aumentar la leyenda. Fue entonces cuando
se inició el “periodo helenístico de Roma”, en el que
personajes relevantes, sobre todo de la familia de
los Escipiones, se interesaron por el legado griego y
hallaron en Alejandro un espejo en el cual mirarse.
Aun así, seguía siendo bastante desconocido. Fue
durante la República tardía, iniciada en 168 a. C.,
cuando saltó a la palestra, no tanto por el filohelenismo como por su talante de conquistador imbatible. En gran parte, debió su fama y su marcada
influencia al gran general Publio Cornelio Escipión,
el Africano Mayor (236-183 a. C.).
El Alejandro Magno romano. Así lo consideraban muchos de sus
coetáneos. Publio Cornelio Escipión (aquí, en un relieve renacentista) venció a los
cartagineses, llevando a Roma a ser la potencia hegemónica del Mediterráneo.
Esta hazaña lo situó, según algunos, a la misma altura que el macedonio.
El Mediterráneo en
juego. Su control es
lo que se dirimía en la
Primera Guerra Púnica
(264-241 a. C.); abajo,
una de sus batallas en
una acuarela. La victoria
de la República romana
frente a Cartago le
otorgó, además de la
rica isla de Sicilia, un
predominio marítimo
indiscutible.
76
muyinteresante.com.mx
Desde un principio, su figura demostró ser un
eficaz instrumento de propaganda política, y por
esa razón fue imitado. Pero había sido él mismo
quien se había encargado de forjar su propio mito,
del que muchos, más o menos conscientemente,
sacaron un buen partido.
La huella alejandrina se detecta en Roma desde
tiempos de la República. Justo tras su muerte, la
imagen del Magno que circulaba en Roma era más
bien negativa,algo que empezó a cambiar en el siglo
II a. C. La presencia romana en Grecia y Oriente hizo
que pasara a ser visto como defensor de lo griego
y se iniciara una relación más continuada entre
Roma y el mundo helenístico, que ayudaría a pro-
Con su cargo de imperator, Escipión participó en las
principales guerras que libró Roma, tanto en Occidente como en Oriente. Sus paralelismos militares
con Alejandro incluían una sucesión de triunfos
que aumentaron su carisma frente a sus soldados
y que quiso aprovechar, igual que el macedonio,
para situarse por encima del resto. Adoptó algunas
costumbres griegas, cuya cultura admiraba, y por
eso sufrió cierto rechazo por parte de la sociedad
romana, como lo había sufrido Alejandro por su
orientalismo. Pero que vistiera la clámide, la capa
corta típica de los griegos, no significaba que quisiera imitarlos; en realidad, su gusto por las costumbres griegas no supuso un símbolo de ruptura como
el de Alejandro en Persia. Fuera como fuese, Escipión se adelantó a otros ilustres romanos, aunque
su relación con la figura del macedonio fue muy
distinta de la de sus sucesores.
Puesto que la expansión mediterránea de Roma
en el siglo II a. C. y la carrera militar de Escipión
fueron paralelas, ¿podría haber emulado al macedonio para sacar ventajas en lo militar? Polibio
comenta en sus Historias que las guerras púnicas
en las que Roma y Cartago se jugaban el control
del mundo habían sido el primer paso en el proceso de Roma hacia el dominio universal, y en ese
sentido Escipión, que en la segunda contienda se
impuso a los cartagineses de Aníbal, sí sería el
kosmókrator, el gobernador del orbe. Con la caída
de Cartago se abría para los romanos la posibilidad de la hegemonía mundial.
A partir de Tito Livio, que lo describe como físicamente impresionante y con una larga melena,
símbolo de fuerza (es decir, como otro Alejandro
pero romano), Escipión aparece como el artífice
de la supremacía de Roma. Incluso se ha sugerido que habría querido, desde Hispania, iniciar
la misma política que el macedonio en Oriente:
crear asentamientos que unificaran física e ideológicamente el Imperio. Otra coincidencia: ambos
se atribuían ejemplos de clemencia y generosidad
para con los vencidos, una inteligente forma de
captar nuevos partidarios.
FOTOS: GETTY IMAGES
El paralelismo con Escipión
Durante mucho tiempo circuló una leyenda sobre una charla en Éfeso entre Escipión y su archienemigo Aníbal sobre cuál había sido el mejor
general hasta ese momento. Aníbal citó, por este
orden, a Alejandro, a Pirro y a sí mismo. Acto seguido, Escipión le preguntó en qué posición quedaba él teniendo en cuenta que lo había vencido.
Aunque a todas luces falso, el supuesto encuentro,
justo antes de la batalla de Zama, parece una calca
del que tuvieron Alejandro y Darío III el día antes
de su enfrentamiento en Gaugamela. Difícilmente será casualidad que en ambos casos se muestre
a los enemigos admirándose mutuamente.
Defensores y detractores
Escipión se adelantó a otros generales del siglo I
a. C., como Pompeyo o Julio César. Otra cosa es que
su uso de elementos alejandrinos fuera consciente
y premeditado. Pero así quisieron mostrarlo autores posteriores que hicieron hincapié en sus paralelismos: su semejanza física, su supuesto origen
divino y el haber alcanzado el éxito siendo muy
jóvenes. Algo distinto fue el caso de su nieto Escipión Emiliano Menor, que a diferencia de su abuelo
defendía el poder unipersonal.Ése no debería haber
sido el motivo de su muerte, como tampoco de la
de Alejandro, aunque ambas sucedieron repentinamente y sobre ellas planeó la duda de un posible
asesinato.Cuando se impuso en Cartago,la idea del
kosmókrator ya había madurado.
Pero fue en su triunfo en la guerra en Hispania
cuando exhibió claramente su prohelenismo: en la
Con la caída de Cartago se abrió para los
romanos la posibilidad de la hegemonía
mundial, un proceso similar al de
Alejandro con los persas.
Celtiberia se enfrentó cara a cara en un duelo a un
jefe celta, como lo habían hecho Alejandro y Darío
III.Eso le permitió elevarse a la categoría de líder militar y de conquistador. Los Escipiones fueron parte de las oleadas de militares que Roma enviaba al
Oriente helenístico.Ninguno de estos‘herederos’ de
Alejandro cubrió las expectativas: sus antecesores
habían dejado el listón demasiado alto.
Otro destacado general que hizo gala de su “alejandromanía” fue Gneo Pompeyo Magno (106-48
a.C.).Y lo hizo,para empezar,adueñándose del apelativo Magnus. Así figura en monedas acuñadas en
Hispania durante la guerra contra César. Cónsul en
tres ocasiones y conquistador de los tres continentes entonces habitados (Europa, África y Asia), se le
considera el artífice del Imperio Romano de Oriente
y,como tal,otroAlejandro Magno,a quien admiraba
desde siempre y con el que tenía coincidencias más
allá del apodo. Como él, había demostrado poseer
grandes virtudes; al menos, eso pensaban quienes
apoyaron la Ley Manilia por la que se le concedía el
mando supremo de los ejércitos en Asia.
Si bien la imitatio alexandri tuvo lugar en la época
republicana, fue con el Imperio, que arrancó en el
año 27 a. C., cuando las opiniones sobre Alejandro
y su legado resultaron más polémicas. Entre sus
defensores a ultranza se hallaban autores como
Las grandes
edificaciones
romanas, como
las de la plaza del
Duomo de Siracusa,
son herederas directas
del colosalismo de la
arquitectura helenística.
Sus huellas en el arte
FOTO: GETTY IMAGES
D
esde que en 212 a. C. los
romanos conquistaran Siracusa
(Sicilia), que formaba parte
de la Magna Grecia –el sur de
Italia ocupado por colonias griegas–, el
arte helenístico empezó a llegar a Roma,
y pronto el retrato se puso de moda.
Alejandro sólo dejaba que esculpiera
su rostro un artista, Lisipo, que concedía
gran importancia a la personalidad del
retratado. Con él, por primera vez, el
arte occidental se esforzaba por captar
y expresar el fuero interno. Aun así, las
obras romanas no eran simples imitaciones; solía imprimírseles un sello propio.
Una característica de muchas piezas era
el hiperrealismo. Mientras que las helenísticas buscaban la belleza y perfección
en los rasgos, las romanas marcaban las
arrugas, la rudeza del rostro, la gravedad
en la mirada…, todo cuanto denotara
experiencia y sabiduría, rasgos inequívocos de los gobernantes del mundo.
Los romanos lograron que los artistas
griegos cambiaran su arte para expresar
los logros de Roma. La excelente técnica
griega se puso al servicio de su mensaje.
Finalidad determinada. También en
la arquitectura se aprecia el legado de
Alejandro y el helenismo. El colosalismo
y la teatralidad de las construcciones que
el macedonio ordenó levantar están presentes en las romanas. Su objetivo final
era recordar y magnificar a un personaje,
exaltar su poder y sus hazañas a través
de la piedra. La que pasaría a conocerse
como “arquitectura de la ostentación” alcanzó su apogeo en el Imperio y resucitaría, siglos después, con el Renacimiento.
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MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
La primera “novela” sobre Alejandro
A
medida que crecía la importancia de Roma, fueron apareciendo obras sobre Alejandro
escritas en latín. Entre las
conservadas destacan dos: tres capítulos
de las Historias filípicas del galorromano
Pompeyo Trogo y la Historia de Alejandro
Magno de un misterioso personaje conocido como Quinto Curcio Rufo, del que
se ignora prácticamente todo. Ni siquiera
se sabe cuándo y dónde vivió, pues al
perderse el prólogo de la obra no puede
comprobarse su datación, y tampoco existe mención a ella o a su autor en ningún
texto antiguo. Aun así, los expertos suelen
situarlo en el siglo I. Al margen del quién
y el cuándo, lo más curioso de su Historia,
cuyo contenido no varía apenas del de
otros escritos sobre el macedonio, es su
tono. Sin duda se trata de una obra histórica (hay batallas, discursos, personajes de
la época…), pero es claramente novelesca. Consigue mantener la emoción y
la atención en todo momento y, pese a
centrarse en acontecimientos reales, lo
que la diferencia es su valor literario y su
potente dramatismo.
Explotando el mito. Tanto es así que
se ha llegado a plantear que se trata de
una ficción de tema histórico, algo exagerado teniendo en cuenta que el autor
tiene muy presentes las fuentes, juzga
los acontecimientos y parece esforzarse
por explicar lo que realmente pasó.
De hecho, existe un equilibrio entre
realidad y ficción, como existe en nume-
Algunos intelectuales romanos lo
rechazaron radicalmente, acusándolo
de abrazar las costumbres bárbaras.
Ovidio o Vitrubio, y también emperadores, empezando por el primero, Octavio Augusto. A todos
ellos sirvió como propaganda favorable a una monarquía de tipo helenístico.
Muchos otros, sin embargo, lo rechazaban radicalmente, en especial la oposición del Senado y los que
Miniatura en una edición del siglo XV
de la Historia de Alejandro de Curcio Rufo,
que muestra el nacimiento del macedonio.
rosas novelas históricas actuales. Visto
así, Quinto Curcio Rufo fue un pionero;
eso sí, la fuerza del personaje elegido
debió facilitarle mucho la labor.
defendían las tradiciones republicanas. Un punto
muy criticado era que hubiese adoptado costumbres “bárbaras”, hasta el punto de haberse casado
y tenido un hijo con una de ellas. Esto provocó la
especial animadversión de bastantes autores, que
coincidían en tildar la relación de auténtico peligro
para la estabilidad del Estado y de compararla con
la de Marco Antonio y Cleopatra. Tampoco le perdonaban su intención de ser divinizado, la crueldad
con que trató a los compañeros que se opusieron a
su política en Oriente y, mucho menos, su tiranía.
Símbolo del helenismo. El grupo
escultórico de Laocoonte y sus hijos es uno de
los grandes exponentes del arte helenístico. Su
representación de las emociones humanas tuvo
un gran impacto en los artistas del Renacimiento.
78
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Así describió Valerio Máximo su paso de hombre
civilizado a bárbaro: “Desdeñó el ser hijo de Filipo
y tomó por padre a Júpiter Hammón; su desprecio
por las costumbres y los hábitos de los macedonios
lo llevó a adoptar la vestimenta y los usos de los
persas; lleno de desprecio por la naturaleza humana, trató de emular la divina. No se avergonzó, pues,
de renegar de su condición de hijo, de ciudadano
y de hombre”. Séneca, por su parte, le achacaba su
“megalomanía, soberbia y vanidad desmesuradas”
y un “afán de fama y posesión” que le impedía controlar sus pasiones –entre ellas, la bebida en exceso– y hacía de él alguien cruel. Más contundente,
si cabe, fue el sobrino de Séneca, Lucano, que lo
tachó directamente de loco, insensato y saqueador,
además de “plaga fatal para la Tierra y estrella de
mal agüero para la humanidad”.
En último término, había quienes mantenían una
actitud intermedia: ensalzaban su coraje, pero no
aceptaban su postura como hombre de Estado.
Veían un antes y un después de su triunfo en Gaugamela, en 331 a. C., y de su orden, un año más
tarde, de quemar el Palacio de Persépolis. A partir
FOTOS: GETTY IMAGES
Crítica a su orientalismo
de estos hechos habría sufrido un cambio radical
tanto en lo público como en lo personal. Como se
diría vulgarmente, a aquel militar fuera de serie, a
aquel virtuoso estratega de enorme talento, a aquel
hombre de fuerte carácter y férrea disciplina militar, la fama se le subió a la cabeza: se tornó vanidoso, colérico y sanguinario. Y la causa última de esta
transmutación no sería otra que su conversión a los
usos y costumbres orientales.
Uno de los acérrimos defensores de dicha teoría
fue Tito Livio, que en su Historia de Roma fabula sobre
una hipotética guerra entre las falanges de Alejandro y las legiones romanas. Sobra decir que el latino
hizo vencedor al ejército romano, “menos uniforme,
constituido por varios elementos, fácil de dividir y
fácil de reagrupar...”. Esta tentadora historia-ficción
la recogería veinte siglos después el escritor español Javier Negrete en Alejandro y las águilas de Roma,
novela de 2007 en la que el Magno, tras haber sobrevivido en Babilonia, regresa a Occidente para enfrentarse a una alianza entre Roma y Cartago.
FOTOS: MUSEUM OF FINE ARTS/ BOSTON; DALLAS MUSEUM OF ART
Un personaje poliédrico
En la Antigüedad, lejos de existir una sola imagen
del macedonio, su figura se dividía en múltiples caras. Por un lado estaba la del rey guerrero, conquistador, y sin un rival que pudiera frenarlo, inquieto,
valiente y fuerte a la hora de descubrir cosas nuevas
y enfrentarse a lo desconocido. Precisamente, sus
ganas de descubrir, conocer y aprender definen a
un hombre sabio y con un alto nivel cultural.
Como constata Elena Torregaray, profesora de
Historia Antigua en la Universidad del País Vasco, hay historiadores que en la imitatio alexandri
distinguen entre imitatio, el deseo consciente de
plagiar sus actos y maneras; aemulatio, ganas de
igualar y hasta de superar sus hazañas, pero sin
tener que imitarlo, y comparatio, según la cual los
“culpables” serían los autores clásicos que establecen comparaciones entre él y otros personajes
del pasado. Se pudo ver como héroe, y como tal sería audaz, generoso, caballeresco, amable; o como
un antihéroe al que la crueldad, la ambición, el
despotismo y la desmesura llevaron al “lado oscuro”. Para algunos fue alguien más cercano al
mundo de la divinidad que al humano; para otros,
la mismísima encarnación del diablo.
Las visiones contrapuestas ayudan a forjar su
personalidad poliédrica y dan una idea de cómo
fue utilizado a gusto del consumidor y las circunstancias del momento. Resultó útil para aproximar
a Roma al Oriente helenístico y para justificar su
dominio allí. Su imagen de gobernante del mundo
dejó una estela que guiaría a los conquistadores
que llegaron a aquellos lejanos lares y a los gobernantes que debían llevar las riendas del que sería
el mayor imperio del mundo.
Una rivalidad para la historia... Fue la que protagonizaron Alejandro Magno y Darío
III. Uno de los relatos más controvertidos habla de una reunión entre ambos antes de la
batalla de Gaugamela (arriba, en un cuadro) en la que se mostraron mutua admiración.
Entre los romanos más mitómanos se encontraba
Caracalla, emperador de 211 a 217. Según se desprende de los escritos de Dion Casio y Herodiano,sufría una auténtica obsesión, no sólo por parecérsele,
sino por ser el nuevo Alejandro. Loaba con suma frecuencia sus hazañas,imitaba sus modales y gestos y
hasta se vestía como él.Su predilección por el pueblo
macedonio y su ejército lo condujo a mandar erigir
estatuas de su héroe en campamentos militares,
templos y ciudades; visitó simbólicamente y llevó
ofrendas a su tumba en Alejandría.Y un último dato
nada menor: se hizo llamar Magnus y Alexander…
Caracalla reencarna el mito
En el plano religioso, veneró a divinidades griegas y
orientales relacionadas con Alejandro o los lugares
clave de su vida, y protagonizó sacrificios a dioses
y héroes como Hércules y Aquiles (dos de los principales modelos de su ejemplo a seguir), dando fe
de su sincretismo con religiones greco-orientales.
...Que también
fue imitada. A
imagen y semejanza
del encuentro de
Alejandro y Darío, una
leyenda creó el mito
de otro entre Escipión
el Africano y Aníbal en
Éfeso (aquí, en una
imagen que lo recoge).
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79
MUY INTERESANTE
ALEJANDRO MAGNO
El emperador Caracalla lo
emuló hasta el extremo,
siguiendo sus pasos en la
conquista de Oriente.
los alamanes. Eso lo animó a planificar su gran
proyecto: una expedición a Oriente, el punto culminante de su imitatio.
Un gobierno
corto pero intenso
Lucio Septimio Basiano,
mejor conocido como
Caracalla, estuvo al
frente del Imperio sólo
seis años, lo que no le
impidió embarcarse en
destacadas campañas
militares en Asia. Arriba,
en una ilustración, en
sus famosas termas.
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Pretendía trazar un sendero de soberanía hacia la
divinidad, y para ello intentó convencer a todos de
que los dioses estaban de su parte. Tras la muerte
de su padre, Septimio Severo, Caracalla ansiaba
convertirse en el gobernante único, ya que compartía el poder con su hermano Geta, por lo que urdió
un plan para eliminarlo haciendo creer que éste lo
quería traicionar y asesinar. Según su testimonio,
sólo la intervención de los dioses, que hicieron que
su espada se girara en el último instante matando
a su atacante, lo salvó para que pudiera ser el emperador. Y para reafirmarse como el elegido, agradeció su acción a los dioses en un edicto (Constitutio
Antoniniana) que extendía la ciudadanía romana
a todos los habitantes del Imperio, y además incluía que todos colaboraran en un agradecimiento
general. Al hacer participar a todos los súbditos
en un acto religioso global, o sea, al imponer la
obligatoriedad del culto imperial, y al optar por el
sincretismo de dioses romanos y orientales (Isis y
Serapis), recordaba mucho a Alejandro.
Hay asimismo pruebas iconográficas de su devoción por el macedonio, como el camafeo que
muestra a su madre, Julia Domna, vestida como
Olimpia, la madre de Alejandro. Pero, probablemente, la evidencia más clara de que lo tenía siempre presente sea la adopción del título de Magnus
Imperator. Y es que también él era “grande”, conquistador, cohesionador de pueblos y cosmopolita; precisamente todo lo que lo distinguía del
común de los habitantes del Imperio romano.
Y si Caracalla quería parecerse a Alejandro, no
podía olvidar el terreno estratégico y militar, así
que también se encuentran similitudes en sus
proyectos de conquista en Oriente. En 213, concentró sus campañas en el área fronteriza del Rin
y el Danubio y obtuvo triunfos remarcables contra
Dejó Roma para atravesar Tracia, cruzar el Helesponto (el actual estrecho de los Dardanelos) y
llegar a Nicomedia. Allí pasaría el invierno para luego continuar y establecerse en Antioquía, la línea
de salida de su expedición a Oriente. Tras fracasar
en intentar recuperar Armenia, se encaminó a Egipto, concretamente a Alejandría, la ciudad a la que
su héroe cedió el nombre. Allí visitó su sepulcro,
convertido en un centro de peregrinaje. Si hacemos caso a Herodiano, la cosa fue así: “Se quitó su
manto de púrpura, sus anillos de piedras preciosas, su cinturón y todo lo que llevaba de valor, y lo
depositó sobre el sepulcro del héroe”. Cumplido el
ritual, volvió a Antioquía para emprender su mayor
ambición: la conquista del reino de los partos, a los
que los romanos llamaban “bárbaros de Oriente” y
a los que, según Herodiano, soñaba con vencer en
el campo de batalla, puesto que eran la potencia extranjera más importante que se oponía al Imperio.
Antes le pasó por la cabeza casarse con la hija del
rey parto, Artabano V. De nuevo un paralelismo: Alejandro se casó con Roxana, hija de Oxiartes, sátrapa
(gobernador) de Bactria, región en el actual norte de
Afganistán. Caracalla no lo logró y optó por luchar.
Su ejército acabó con la mítica ciudad de Arbelas,
conquistada en su día por el macedonio. No tardó
en enviar un mensaje al Senado. Anunciaba que
en “el reino situado al este de Mesopotamia todo el
mundo reconocía su autoridad”.
En 217, mientras iba de Edesa a Carras, fue asesinado en una emboscada orquestada por Macrino,
su prefecto del pretorio, que le sucedería al frente
del Imperio. Tenía sólo 29 años y había gobernado seis. Cuando Alejandro falleció, a los casi 33,
era dueño del mundo. Como su maestro, aunque
con distinta suerte, Caracalla intentó ampliar los
limes (fronteras) del Imperio en Oriente y hacer
partícipes a otros pueblos de la “civilizadora y
civilizada” romanización. El macedonio había
cohesionado a varios pueblos y etnias y materializado el primer intento de globalización fusionando a Oriente y Occidente, con la consiguiente
aparición de un mundo distinto: el helenismo.
El romano cohesionó a todos alrededor del orbis
Romanus, un nuevo imperio unido política y jurídicamente y que, a fin de cuentas, supuso la primera gran globalización de la Historia.
FOTO: GETTY IMAGES
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